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14 de noviembre del 2003

"Hasta aquí", al modo de Pablo
Por Iria González-Rodiles

Si quisiera, el régimen cubano podría aplicarle la Ley Mordaza al cantautor criollo Pablo Milanés y acusarlo de agente de la CIA o mercenario asalariado del imperialismo, dadas las últimas declaraciones del afamado artista. Pero, ¿quién lo creería, a estas alturas? ¿Cuánto más perdería el gobierno de Cuba ante el mundo?

Visto sin barricadas, las críticas hechas en Colombia por el trovador cubano sobre la falta de libertad de expresión, el miedo y "las ideas estalinistas de presiones sobre el pensamiento y la libertad" existentes en la Isla, poco se diferencian de "las dos o tres mier..." (palabras que Pablo empleó) pronunciadas o escritas por los 75 disidentes condenados durante la 'primavera negra' a exorbitantes años de cárcel, sentencias que el cantautor califica de inconcebibles.

Aunque no es la primera vez que Pablo señala públicamente "los errores" del gobierno cubano, sus recientes declaraciones tampoco indican el "hasta aquí llegué" de Saramago o el "hasta aquí llegó mi amor" de Mercedes Sosa, pero es un cierto "hasta aquí" al modo de Pablo Milanés. El suyo. Con toda la carga de nobleza que sus allegados reconocen en él y que siempre distinguí durante encuentros informales y algunas entrevistas que le realicé, en tiempos ya bastante lejanos.

Con una sinceridad ajena a la simulación del mundillo intelectual criollo y de la sociedad misma, sus palabras aún se matizan con algunos reconocimientos al régimen cubano en aspectos tan recurrentes como la salud y la educación, y con "otras cosas bonitas aseguradas" o "dos o tres cosas" que se hacen mejores en Cuba, pero que ni él mismo alcanza a precisar. De todas formas, Pablo ha sido oportuno en cierta medida dado el momento crucial que delinea la extrema represión desatada en la Isla a partir de marzo pasado. Ojalá otros hicieran lo mismo.

A pesar de que este tipo de noticia se silencia en Cuba, siempre trasciende, de alguna u otra forma, a la población. Necesitados como están el país y el alma cubana de reacciones similares en figuras de la talla de Pablo Milanés, el rumor ha caído cual bálsamo estimulante entre los multitudinarios 'fans' del trovador y entre mucha de gente de pueblo, inconforme y desesperanzada.

Según Pablo afirma, cuando en Cuba se ejerce el derecho a criticar "uno se siente solitario". Pero a estas alturas él no sólo goza de la amistad que le profesan las grandes figuras del arte internacional, sino también, aunque sea en silencio, de la gente humilde y anónima de su tierra natal.

Y, aunque sus declaraciones no sean radicales, porque aún no ha roto ni perdido sus lazos con los pasados "días de gloria", el "querido Pablo" se torna aún más querible cuando se expresa con sinceridad, aunque no tenga permiso.

 

 


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