Sociedad Interamericana de Prensa | Hora de CierreImpunidad | Home

Noviembre del 2003

Sin ojo por ojo, ni...

Por Iria González-Rodiles

Aunque lejos de ser respaldadas por declaraciones oficiales de la Isla, justos son también los reclamos de otras familias cubanas que sufren impedimentos impuestos por el gobierno cubano

Visto con estricta humanidad, sin barricadas políticas ni militares y sin tomar en cuenta los improperios de las reclamaciones hechas desde Cuba por Olga Salanueva y Adriana Pérez, justo es que ellas visiten a sus respectivos esposos en las cárceles estadounidenses, donde ambos cubanos han sido confinados por espionaje.

Aunque resulta inevitable la desconfianza de las autoridades norteamericanas hacia las esposas de los reos, bajo rigurosas medidas de seguridad bien podría propiciarse la reunión familiar. Gesto de mayor equidad aún, es permitir que la pequeñita Ivette González Salanueva conozca a su papá, René, quien junto a Gerardo Hernández, ha sido privado de los encuentros familiares, debido a que Estados Unidos no concede visas a las dos esposas residentes en la Isla.

Ambos --René y Gerardo--, además de Ramón Labañino, Fernando González y Antonio Guerrero, cumplen en las cárceles norteamericanas condenas que oscilan entre 15 años y cadena perpetua, tras el proceso judicial que los consideró culpables de atentar contra la seguridad nacional de los Estados Unidos.

Hasta aquí, tal vez este artículo, con algunas mutilaciones, podría aparecer en el periódico gubernamental Granma o en otros medios oficialistas cubanos. Pero no lo que sigue. La continuación de este texto nunca sería publicado de no ser por la existencia del periodismo alternativo en Cuba, a pesar de la Ley Mordaza que lo proscribe y dispensa hasta 20 años cárcel por ejercerlo.

Pero cuando se apela o invocan los derechos humanos --como Olga, Adriana y las autoridades cubanas lo hacen--, no pueden establecerse distinciones de ningún tipo: al margen de nuestra opinión o tendencia política, todos somos iguales; todos, humanos.

Visto así, también son igualmente justas las exigencias de otras familias cubanas que, lejos de ser respaldadas por declaraciones oficiales de la Isla, sufren a consecuencia de los impedimentos que el gobierno les impone. Ejemplos, sobran:

Justo sería que a Blanca Reyes --esposa del poeta y periodista Raúl Rivero, condenado en Cuba a 20 años de prisión por el ejercicio del periodismo libre--, le permitieran visitar a su único hijo, Miguelito, en Miami.

También, que a la doctora Hilda Molina --eminente científica cubana, retenida por disentir-- se le concediera permiso de viaje a la Argentina, para encontrarse con su hijo y conocer a su pequeño nieto, nacido en 1994.

O bien, que se permita a la familia Cohen --residente en la Isla, pero con visado concedido por Estados Unidos-- reunificarse con José Cohen, ex funcionario de la inteligencia cubana que desertó en 1994. Y muy justo hubiese sido permitir a los hermanos del opositor cubano Oswaldo Payá Sardiñas, residentes en España, entrar a Cuba para despedirse de su madre moribunda.

No, ninguna familia debe convertirse en víctima a causa de cualquier determinación personal o castigo de alguno de sus seres queridos o allegados. Tampoco ningún preso debe pagar penas adicionales a la sentencia impuesta.

Y, en tal sentido, también hay mucho contado y por contar sobre el presidio en Cuba: desde la extrema lejanía de las cárceles, donde confinan a los condenados respecto a los lugares de residencia de sus familias, hasta las condiciones carcelarias infrahumanas en que subsisten los presos.

Acoto: según observo en las imágenes que trasmite la propia Televisión gubernamental cubana --única en la Isla-- las cárceles norteamericanas brillan en limpieza y los reos cubanos hasta se fotografían con sus familiares durante las visitas u otras ocasiones, por tan solo poner dos ejemplos, aunque podría citar otros tantos observados en las imágenes escapadas --supongo que involuntariamente-- por la pequeña pantalla.

Sin embargo, aquí, en Cuba, su propia tierra natal, se prohíbe a los familiares tomarse fotos en la prisión con los encarcelados y portar una cámara con ese propósito puede costarle al prisionero y a la familia, la visita, el pabellón y la entrega de las jabas de alimentos. Quizás, algo más, también.

Entre otros motivos, todas estas prohibiciones, probablemente se deban a lo que mi amigo y colega, Manuel Vázquez Portal --condenado en Cuba a 18 años de cárcel por ejercer el periodismo independiente-- me describe en una de sus cartas "extraída de prisión por Fuente Ovejuna, señor": "...para qué decirte que vivo en una pocilga, si Cuba entera es un chiquero; (...) para qué decirte que los presos mueren de hambre, si Cuba entera dormita con el estómago estragado; para qué decirte que vivo bajo una represión constante, si Cuba se desangra aprisionada por un cepo de hierro. Habría ahora que repetir con Martí: "Para Cuba, que sufre, la primera palabra".

Y he aquí la palabra --aunque pueda ser incomprendida y atacada-- para todos los presos y las familias cubanas que sufren por igual, sin establecer diferencias impropias hacia la condición humana.

 

 



preguntas y comentarios? escríbanos
Copyright © 2003 Inter American Press Association. All rights reserved.
Powered by SurMedia Inc.