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29 de diciembre del 2003

“La SIP me salvó la vida”


Bernardo Arévalo Padrón llamó por teléfono desde Cuba a la oficina de la SIP el 29 de diciembre de 2003 para agradecer a sus autioridades el hecho de que siempre denunciaron su encarcelamiento y pidieron continuamente su liberación.

Arévalo dijo a la SIP que estas fiestas de fin de año las compartirá con su madre, Warquria Paola Padrón Sotolongo, su esposa Libertad Acosta Díaz y su hijo de 12 años, Irán Abiff Arévalo Carrillo. Este 31 de diciembre por la noche Bernardo agradecerá estar en libertad. Irá a la iglesia Jesús de Nazareno en Aguada de Pasajeros, localidad a 270 kilómetros de La Habana, y donde nació hace ya casi 39 años, el 5 de enero de 1965.

Bernardo agradeció inmensamente a la SIP y a todas las otras organizaciones que defienden la libertad de prensa y que se preocuparon de su caso. “Estas denuncias permanentes son un factor esencial y por las cuales los régimenes totalitarios se miden (de no maltratarnos) mucho”, dijo. “

Bernardo siempre supo que la SIP jamás abandonó su caso y que su nombre fue incluído en todos los informes semestrales y en las resoluciones. “Mi esposa me hizo llegar informaciones sobre la asamblea en Chicago que se habló de mi”. Bernardo expresó que gracias a esas denuncias “ellos se aguantaron más y ya no me golpearon... la campaña de la SIP me salvó la vida”.

Bernardo salió en libertad el 13 de noviembre del 2003. El régimen castrista le dio el beneficio de la libertad 48 horas antes de que se cumpliera la totalidad de su sentencia de seis años de prisión, condenado por desacato al presidente Fidel Castro.

“Estos fue una burla, me rebajaron 48 horas y me lo dijo el comandante del Ministerio de Interior Hermes Hernández Alvarez, quien también me amenazó con que si volvía a escribir me pondrían otros 15 años en la cárcel.”

En su relato a la SIP, Bernardo, dijo que lo peor de vivir seis años en una celda de 4 por 2 metros, fueron las torturas físicas y sicológicas. “No solamente me decomisaban hojas, lapiceras y libros de periodismo, si no que me negaban muchas visitas de familiares”. Recordó dos fechas, el 12 de noviembre de 1998 y 16 de septiembre del 2001, cuando su hijo y su padre lo visitaron, luego de viajar 300 kilómetros desde la localidad de Vertientes, y les dijeron que no lo podían ver porque estaba castigado por indisciplina.

“Me decían que si le escribía a Castro arrepintiéndome, me dejarían ver a mi hijo... eran chantajistas”, señaló.

A pesar de la libertad, el futuro de Bernardo no es promisorio. Fue al Ministerio del Trabajo a buscar trabajo como cantinero o ferroviario, dos de sus oficios, pero le dijeron que si quería una labor debía entrar a la reserva militar, algo que no aceptó.

Tal vez, por pedido de su madre, acepte irse de Cuba. “Es que soy hijo único”, dijo Bernardo. El 14 de enero a las 8:30 de la mañana tiene cita en el Departamento de Refugiados de la Sección de Intereses de Estados Unidos en La Habana.



 

 



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