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INFORMES
CUBA
Informe ante la Reunión de Medio Año
Cartagena de Indias, Colombia
16 al 19 de marzo del 2007
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El
periodismo en Cuba muestra en este período
un agravado panorama de inmovilismo y control gubernamental.
La ausencia de Fidel Castro del poder por casi ocho
meses, no ha cambiado un ápice el andamiaje
totalitario impuesto por 48 años sobre los
medios de comunicación y las prácticas
informativas en el país, mientras que el gobernante
interino, su hermano Raúl Castro, recrudece
la represión contra los periodistas independientes,
intenta amordazar a los corresponsales extranjeros
acreditados en la isla, y persigue a los ciudadanos
nacionales que deciden acceder a fuentes alternativas
de información y entretenimiento.
Las
señales son cada vez más preocupantes
para el movimiento de comunicadores independientes
y para la búsqueda de información pública
al margen de las normativas oficiales.
Desde
octubre se ha registrado un incremento notable de
las acciones represivas contra los periodistas independientes;
entre los 47 hechos coercitivos reportados figuran
amenazas policiales, interrogatorios arbitrarios,
actos de repudio por grupos progubernamentales, golpizas
en plena calle, detenciones temporales, multas por
desobediencia, allanamientos y registros de domicilio,
desalojos, incautación de dinero y objetos
personales, limitación de movimiento en el
territorio nacional y retención indefinida
del permiso para emigrar, y hasta despidos laborales
en represalia contra familiares del periodista por
supuesta falta de confiabilidad.
La
cifra de periodistas encarcelados se elevó
a 28, la mayoría de ellos con serias afectaciones
de salud. Son crecientes también las denuncias
sobre la depauperación física y los
transtornos sicológicos causados por los maltratos,
la inadecuada alimentación y la deficiente
atención médica en las cárceles.
Las sentencias dictadas contra los periodistas cubanos
que permanecen en centros penitenciarios a lo largo
del país suman en total 456 años de
prisión.
El
20 de noviembre, tras cumplir un año y cuatro
meses de arresto sin que se le formularan cargos delictivos,
fue liberado el periodista Oscar Mario González,
del grupo de trabajo Decoro. González, de 63
años, permaneció detenido en una prisión
de La Habana, sin derecho a fianza, desde el 22 de
julio del 2005, cuando la policía lo interceptó
cerca de su casa bajo suposiciones de que se dirigía
a una protesta antigubernamental. Luego de su excarcelación,
González se ha mantenido muy activo en el ejercicio
profesional.
También
fue liberado, el 12 de diciembre, el reportero Ahmed
Rodríguez Albacia, de la agencia Jóvenes
sin Censura, luego de nueve días de reclusión
e interrogatorios en una unidad policial habanera.
Rodríguez, de 22 años, fue acusado de
“difundir noticias falsas que atentan contra
la paz internacional” y tiene una prohibición
que le impide trasladarse fuera de los límites
de Ciudad de La Habana, su provincia de residencia.
Otros
cuatro periodistas fueron condenados por su comportamiento
disidente:
•
Guillermo Espinosa Rodríguez (Agencia de Prensa
Libre Oriental) fue sentenciado el 6 de noviembre
a dos años por transmitir informaciones sobre
la epidemia de dengue en Santiago de Cuba.
• Raymundo Perdigón Brito (Yayabo Press)
fue sentenciado el 5 de diciembre a cuatro años
bajo acusaciones de “peligrosidad social predelictiva”.
• Ramón Velázquez Toranso (Agencia
Libertad) fue detenido el 23 de enero y sentenciado
en juicio sumario a tres años por “peligrosidad
social predelictiva”.
• Roberto de Jesús Guerra Pérez
(Nueva Prensa Cubana) fue sentenciado el 27 de febrero
a un año y 10 meses bajo cargos de desorden
público.
Un
caso de violación flagrante de las normas procesales
es el de Armando Betancourt, corresponsal de Nueva
Prensa Cubana en la provincia de Camagüey. Betancourt
permanece arrestado, sin derecho a fianza desde el
23 de mayo del 2006 por tratar de reportar un desalojo
en un barrio marginal. Fue detenido cuando tomaba
notas del incidente y entrevistaba a personas afectadas
por la decisión de las autoridades de la Dirección
Municipal de Vivienda. Se le imputa el delito de desorden
público, con una penalidad de tres años
de cárcel. El juicio ha sido suspendido en
dos ocasiones, al parecer por inconsistencias en los
testimonios y las pruebas del encausamiento.
Es
preciso discernir las diversas modalidades legales
de la represión contra el movimiento de periodistas
independientes. Al emplearse términos como
“prisión domiciliaria” y “delito
de peligrosidad social”, se resta precisión
al verdadero carácter de la penalización
contra la libertad de informar en Cuba.
La
prisión domiciliaria no está prevista
como sanción en el Código Penal de 1987
y sólo el término reclusión domiciliaria
tiene sentido como medida cautelar para los acusados
pendientes de juicio. A los periodistas independientes
se les aplican realmente las sanciones de privación
de libertad, que pueden sustituirse por la limitación
de libertad o el trabajo correccional, con o sin internamiento.
Pero que es, esencialmente, un régimen de cárcel.
El
delito de peligrosidad tampoco existe en el Código
Penal, lo que implica una situación peor para
periodistas independientes y ciudadanos en general.
Los cubanos pueden ser declarados en “estado
peligroso” simplemente por su conducta “en
contradicción manifiesta con las normas de
la moral socialista”. En consecuencia, se aplican
medidas de seguridad, no sanciones, que pueden llegar
hasta cuatro años de internamiento en centros
especializados para trabajo o estudio, es decir, cárceles
camufladas.
Aun
fuera de las celdas, la situación no deja de
ser hostil para los periodistas de la llamada Causa
de los 75 que fueron beneficiados con una licencia
extrapenal por motivos de salud. Jorge Olivera, Oscar
Espinosa Chepe, Carmelo Díaz Fernández
y Edel García han recibido visas de refugiados,
junto a sus familiares, para emigrar a Estados Unidos.
Sin embargo, el gobierno cubano los mantiene en un
limbo, sin recibir respuesta a sus reiteradas solicitudes
de salida.
Durante
el último año, Olivera ha recibido tres
citaciones del tribunal municipal de Habana Vieja
para recordarle que no debe asistir a actividades
públicas, ni transgredir los límites
de Ciudad de La Habana, y que se encuentra sujeto
a controles de organizaciones progubernamentales de
su vecindario. Una situación similar de restricciones
y vigilancia comparten los restantes periodistas excarcelados.
Los
que permanecen en prisión, con sanciones de
hasta 27 años, encaran la impunidad de un sistema
penitenciario que se muestra reacio a las inspecciones
internacionales. Al menos 18 de los periodistas presos
están seriamente enfermos, con padecimientos
crónicos que se han agravado en el confinamiento
o con afecciones adquiridas en la cárcel. El
gobierno se niega a concederles la libertad por razones
humanitarias, ni siquiera en el caso de un minusválido,
el ingeniero Miguel Galván Gutiérrez,
condenado a 26 años.
Los
casos más alarmantes en prisión son
actualmente los de Juan Carlos Herrera Acosta, sancionado
a 20 años, y Normando Hernández, condenado
a 25 años.
Herrera
Acosta, de 40 años, protagonista de varias
huelgas de hambre para reclamar sus derechos, se cosió
la boca el 26 de diciembre en protesta por los maltratos
a que es sometido en el penal de Kilo 8, en Camagüey.
Su acción motivó que las autoridades
carcelarias lo enviaran a una celda de castigo, donde
tuvo que dormir en el suelo al acecho de insectos
y roedores. Con anterioridad fue hospitalizado por
padecimientos cardíacos, hipertensión,
problemas siquiátricos, polineuritis, vitiligo
y asma. Reportes recientes dan cuenta de que ha recibido
golpizas de los carceleros, a pesar de que se encuentra
extremadamente débil y desnutrido.
Hernández,
de 38 años, está en la prisión
de Kilo 5 ½ , en Pinar del Río. Padece
del síndrome de mala absorción intestinal,
úlceras y en reiteradas ocasiones el análisis
de tuberculosis dio alterado, lo que obligó
a hospitalizarlo en el 2005 por seis meses. El 9 de
marzo su esposa, Yaraí Reyes, informó
que un análisis realizado al reo a comienzos
de este mes confirmó el contagio de tuberculosis.
Los
periodistas independientes que se mantienen ejerciendo
la profesión en medio de dificultades materiales
y advertencias policiales, tuvieron que enfrentar
un semestre particularmente tenso.
El
10 de diciembre, Día Internacional de los Derechos
Humanos, turbas gubernamentales agredieron una manifestación
pacífica en un céntrico parque de la
zona de El Vedado, en La Habana. Los manifestantes
fueron violentamente agredidos y sacados por la fuerza
del lugar, entre ellos el periodista independiente
Carlos Ríos, de la agencia Nueva Prensa Cubana.
El
30 de enero, la periodista Haydee Rodríguez,
de 78 años, fue detenida arbitrariamente y
su vivienda sometida a un registro por agentes de
la Seguridad del Estado tras una breve visita a La
Habana. Rodríguez, que dirige la agencia La
Voz de Oriente, fue interceptada en la estación
ferroviaria de Santiago de Cuba y sometida a un registro
domiciliario, que concluyó con la confiscación
de libros, revistas, dos radios pequeños y
un equipo de video. Las autoridades la han amenazado
con desalojarla de la vivienda y recluirla en un hospicio
para ancianos si no abandona el país, ya que
ella ha adquirido la ciudadanía española.
En
la madrugada del 2 de marzo el periodista y sociólogo
Guillermo Fariñas fue golpeado por miembros
de la llamada Asociación de Combatientes de
la Revolución en la ciudad de Santa Clara.
Tras una discusión política, el periodista
y otros dos disidentes fueron abofeteados y pateados
por seis individuos vestidos de civil. Fariñas,
director de la agencia Cubanacán Press, cobró
notoriedad internacional el pasado año con
un prolongado ayuno por el acceso libre a la internet.
A pesar de ser agredido, fue conducido esposado a
una estación policial, donde permaneció
retenido por una hora.
Al
periodista Luis Guerra Juvier, acogido al programa
de refugiados de Estados Unidos, las autoridades cubanas
procedieron a retirarle el permiso de salida que le
habían otorgado el 15 de septiembre del 2005.
El alcance de la restricción llegó hasta
su esposa, Virgen Aurora del Toro, que el pasado 17
de enero fue bajada del avión y le retiraron
también la llamada tarjeta blanca. El 26 de
enero un oficial del Ministerio del Interior notificó
a Juvier que ambas medidas eran “decisiones
colegiadas”.
Para
la prensa extranjera acreditada en Cuba, la situación
no es menos inquietante. En una estrategia de atrincheramiento
para enfrentar situaciones de crisis y coberturas
especiales, el gobierno dio a conocer un nuevo reglamento
para los corresponsales extranjeros. El documento
titulado “Reglamento para el ejercicio de la
prensa extranjera en Cuba”, tiene fecha del
28 de octubre y fue distribuido a comienzos de diciembre.
Mediante
esta resolución, el Centro Internacional de
Prensa (CPI) de la Cancillería cubana tiene
potestad para suspender temporalmente o retirar definitivamente
la acreditación periodística cuando
el titular realice “acciones impropias o ajenas
a su perfil y contenido de trabajo”, así
como cuando se considere que “ha faltado a la
ética periodística y/o no se ajuste
a la objetividad en sus despachos”.
El
reglamento se sustenta básicamente en reglas
existentes desde 1997 para el funcionamiento de las
corresponsalías extranjeras en la isla, pero
resulta más exhaustivo en relación con
las restricciones impuestas, el uso de acreditaciones
y los periodistas en tránsito.
Con
el documento recién estrenado, las autoridades
del CIP procedieron a desembarazarse de corresponsales
considerados incómodos. El 22 de febrero César
González Calero, del diario El Universal (México),
Gary Marx, del Chicago Tribune (EEUU), y Stephen Gibbs,
de la cadena BBC de Londres, fueron informados de
que no se les renovarían sus visas periodísticas,
debido a que “su forma de enfocar la situación
cubana no es la más conveniente para el gobierno
cubano”.
El
gobierno prosiguió su ofensiva contra la proliferación
de señales clandestinas de televisión
por satélite y las conexiones no autorizadas
a la internet.
El 9 de febrero se anunció el comienzo de un
proceso judicial contra cuatro ciudadanos cubanos
acusados por la fabricación y reparación
ilegal de antenas y equipos receptores de televisión
por satélite. Los acusados deberán responder
por el delito de actividad económica ilícita
y podrían ser condenados a penas de hasta tres
años de cárcel, así como a multas
de 300 a 1.000 pesos cubanos.
El
anuncio oficial de ese encausamiento –con fines
intimidatorios- es apenas la punta del iceberg de
un vigoroso mercado clandestino, que involucra a unos
30.000 usuarios en La Habana y zonas aledañas.
Son personas que pagan cuotas entre los $10 y $15
dólares por el servicio satelital, pirateado
a las señales que reciben sólo hoteles,
centros turísticos, residentes extranjeros
e instituciones autorizadas.
La
embestida gubernamental contra las antenas parabólicas
tiene una motivación política adicional
desde el 18 de diciembre, cuando la emisora Radio
TV Martí –entidad estadounidense para
transmisiones a Cuba- alquiló tiempo para sus
emisiones en los satélites Direct TV y Dish,
cuyas señales se reciben en la isla. Cuba interfiere
la programación de Radio TV Martí por
considerarla ilegal y subversiva.
Desde
entonces se han incrementado las redadas policiales
en los barrios para localizar los centros de redistribución
de las señales pirateadas, desmantelar las
redes de servicio, incautar equipos e imponer multas
a los infractores. El más reciente operativo
fue el 8 de marzo en la barriada habanera de Santos
Suárez.
El
otro foco de atención estratégica es
la internet, que en Cuba está limitada a organismos
centrales del Estado, instituciones educaciones y
culturales, y extranjeros que abonan el servicio en
moneda convertible. Ningún cubano puede acceder
libremente a la red, ni siquiera pagando la comunicación
en moneda convertible.
El
gobierno cubano sostiene que las limitaciones para
el servicio individualizado a la internet están
condicionadas por el embargo estadounidense, que impide
las conexión por fibra óptica con un
enlace de banda ancha, y determina que el acceso de
la isla a la red global tenga que hacerse vía
satélite.
Sin
embargo, también reconoce sus intenciones de
regular el uso de internet “con medidas que
contribuyan a incrementar la seguridad del país”,
como afirmó el flamante ministro de Informática
y Comunicaciones, Ramiro Valdés, al inaugurar
un foro internacional en La Habana, el 12 de febrero.
Según
dijo Valdés ante la XII Convención y
Expo Internacional Informática 2007, “el
potro salvaje” de las nuevas tecnologías
debe ser dominado, y agregó que éstas
constituyen hoy “uno de los peores mecanismos
de exterminio global que se hayan inventado”.
De
ahí que Cuba abogue por el uso social y controlado
de la internet, lo que justifica el bloqueo de páginas
digitales consideradas “dañinas”
y la implementación de una política
dirigida a “remodelar estrategias y acciones
que contribuyan al constante incremento de la seguridad”
de sus redes.
Durante
la convención Informática 2007, Cuba
presentó uno de los proyectos más avanzados
en los que trabajan sus especialistas para garantizar
el “uso masivo, ordenado y eficiente”
de la internet: un buscador llamado 2 X 3 con una
base de datos de 150.000 páginas exclusivamente
dedicadas a sitios cubanos, y una sección especial
para localizar los discursos de Fidel Castro.
Las
expectativas inmediatas de Cuba para obtener una conexión
de fibra óptica están cifradas en un
acuerdo firmado con Venezuela el pasado 24 de enero,
el cual permitirá la instalación de
un cable submarino de 1.552 kilómetros para
el acceso a la red a alta velocidad y bajo costo en
el año 2008.
Caracas
y La Habana consideran que esta iniciativa es clave
para avanzar en la independencia de las comunicaciones
y hacer frente a los “intentos hegemónicos”
de Estados Unidos en el “nuevo campo de batalla”.
El
pasado 13 de enero, durante el VIII Festival Nacional
de la Prensa Escrita en Cuba, funcionarios y periodistas
del oficialismo se pronunciaron por dar a los contenidos
periodísticos “un lenguaje combativo”
y por emplear la red como un ámbito de influencia
política y cultural contra “la desinformación
del imperialismo”, bajo la inspiración
de las ideas de Castro.
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