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Los Cabos
CUBA
El panorama del periodismo
en Cuba continúa marcado por acontecimientos
cada vez más deplorables contra el ejercicio
libre de la profesión, los valores democráticos
y la dignidad humana.
Tras la oleada represiva que hace un año dejó
28 periodistas independientes condenados a entre 14
y 27 años de prisión, confinados a cárceles
de alta seguridad, y alejados cientos de kilómetros
de sus hogares y familias, parecía imposible
un peor escenario para el caso cubano. Sin embargo,
el gobierno de Fidel Castro se resiste a todo pronóstico
de cordura: periodistas presos y sus familiares, y
quienes aún tratan de cumplir su misión
informativa o acceder a tecnologías de comunicación
desafiando el control estatal, han podido comprobar
en estos meses que las reservas represivas del régimen
son tan desgarradoras como ilimitadas.
El único paso de avance en el período
fue la liberación del periodista Bernardo Arévalo
Padrón, el 13 de noviembre. Arévalo
Padrón, fundador de la desaparecida agencia
Línea Sur, en la provincia de Cienfuegos, cumplió
hasta el último día una sanción
de seis años de prisión y trabajos forzados,
acusado de desacato a la figura del presidente Fidel
Castro y del vicepresidente Carlos Lage en 1997.
Aún así, Cuba conserva amplia primacía
como la mayor cárcel de periodistas del mundo,
duplicando las cifras de detenidos de sus más
cercanos competidores en este infame rubro: Birmania
(15), Eritrea (14) y Nepal (13).
Sordo ante los reclamos internacionales de jefes de
Estado y gobierno, partidos políticos, y organizaciones
humanitarias, profesionales y religiosas, el régimen
cubano mantiene actualmente encarcelados a 32 periodistas
en condiciones precarias, con pésima alimentación
y deficiente atención médica, sometiéndolos
a aislamientos, prohibiciones de visitas y severos
castigos cuando optan por ayunar o no cumplir los
reglamentos carcelarios en protesta por los maltratos
recibidos.
Tres de los arrestados se encuentran en espera de
juicio por más de dos años, en abierta
violación de sus derechos procesales:
• Carlos Alberto Domínguez (Agencia Cuba
Verdad). Encarcelado en la Prisión de Valle
Grande, La Habana, desde el 23 de febrero del 2002.
• Léster Téllez Castro (Agencia
de Prensa Libre Avileña). Encarcelado en la
Prisión de Canaleta, Ciego de Ávila,
desde el 4 de marzo del 2002.
• Carlos Brizuela Yera (Colegio de Periodistas
Independientes de Camagüey). Encarcelado en la
Prisión Provincial de Holguín desde
el 4 de marzo del 2002.
Muchos de ellos comparten celda con presos comunes
de alta peligrosidad o enfermos mentales, quienes
son frecuentemente usados por los carceleros para
hostigarlos.
No solamente han sido desestimados todos los recursos
de casación interpuestos ante el Tribunal Supremo
Popular, sino también una petición de
familiares al Consejo de Estado de la República
de Cuba para la excarcelación excepcional de
presos políticos por razones humanitarias,
sustentado en el Decreto-Ley 62 de 1987. Las autoridades
han mantenido estricto silencio sobre esa solicitud
de licencias extra penales, que incluye a varios periodistas
enfermos y de avanzada edad, a pesar que la legislación
vigente establece un plazo de 60 días para
dar una respuesta.
Seis de ellos se encuentran actualmente hospitalizados
en salas médicas de los centros penitenciarios
o en hospitales provinciales.
El caso de mayor gravedad entre los periodistas enfermos
en prisión continúa siendo Oscar Espinosa
Chepe, de 63 años, a quien médicos del
Hospital Militar de La Habana diagnosticaron tumores
cancerosos el pasado mes. El diagnóstico le
fue transmitido al reo tras practicarle dos pruebas
de tomografía axial computarizada. Sus familiares
han denunciado los métodos de tortura física
y psicológica a que está sometido Espinosa
Chepe, quien padece de cirrosis hepática, pólipos
en el colon, hipertensión arterial y sinusitis.
El prisionero -condenado a 20 años- permanece
incomunicado en una celda del hospital, donde no existen
las condiciones mínimas para un enfermo grave.
Otro prisionero con serias afecciones de salud es
Carmelo Díaz Fernández, de 66 años,
el periodista de mayor edad entre los confinados,
afectado de problemas cardiovasculares. Después
de permanecer por seis meses con hipertensión
y trastornos circulatorios, las autoridades accedieron
a realizarle un examen cardiológico, que arrojó
una anomalía en el ventrículo izquierdo,
con pronóstico de intervención quirúrgica.
Díaz estaba en la prisión de Guanajay
y se encuentra ahora en el hospital del Combinado
del Este, en La Habana.
Edel José García, de 58 años,
sin visión en el ojo izquierdo y con lesiones
en el derecho, además de trastornos psiquiátricos,
tuvo que ser operado de urgencia el 20 de noviembre
tras una crisis de hemorroides. García ha sido
trasladado de la Prisión Provincial de Santiago
de Cuba al hospital del Combinado del Este.
Además, entre los enfermos figuran Raúl
Rivero, con hipertensión arterial y problemas
hepáticos y circulatorios; Jorge Olivera, con
hernia hiatal y graves trastornos digestivos (hospitalizado);
Julio César Gálvez, cálculos
de vesícula e hipertensión (hospitalizado);
Jorge Luis García Paneque, con trastornos psiquiátricos
(hospitalizado); Miguel Galván Gutiérrez,
discapacitado físico, con problemas hepáticos
y estomacales; Normando Hernández González,
con hipertensión arterial; Ricardo González
Alfonso, con adenopatía y un quiste en la garganta,
pendiente de operación; Víctor Rolando
Arroyo, con trastornos hepáticos; y Carlos
Brizuela Yera, con problemas gástricos.
Las inhumanas condiciones de encarcelamiento y la
falta de atención médica continúan
motivando manifestaciones de protesta e insubordinación
entre los prisioneros. En la mayoría de los
casos, las represalias de los carceleros han sido
violentas, según testimonios obtenidos por
sus familiares.
El 18 de octubre los periodistas Iván Hernández
Carrillo, Mario Enrique Mayo y Adolfo Fernández
Saínz, junto a otros cuatro prisioneros de
conciencia confinados en la Prisión Provincial
de Holguín, protagonizaron una huelga de hambre
para demandar atención médica y mejor
alimentación. La protesta se prolongó
por casi 20 días y movilizó incluso
a esposas y madres, que viajaron desde otras provincias
para interesarse por la suerte de sus familiares.
En represalia por su comportamiento, Mayo fue separado
del grupo y enviado a la prisión de Mar Verde,
en Santiago de Cuba.
El 6 de diciembre Adolfo Fernández Saínz
fue brutalmente golpeado por un preso común
que desempeña responsabilidades internas. El
periodista protestó por un atropello que se
cometía con otro preso común de su celda
y fue advertido de que no podía hacer ninguna
reclamación, porque allí no estaba permitido.
Al insistir, fue golpeado hasta perder el conocimiento,
lo que obligó a los carceleros a trasladarlo
a la enfermería para curarle las lesiones causadas
en un ojo. El agresor no fue requerido por este acto
injustificado de violencia.
Al cierre de este informe, Hernández Carrillo
y Fernández Saínz mantenían otra
huelga de hambre, iniciada el 25 de febrero, para
protestar por las condiciones del internamiento y
las agresiones que reciben por parte de carceleros
y presos comunes.
El 8 de diciembre, Ricardo González Alfonso
inició una huelga de hambre en la Prisión
Kilo 8, en Camagüey, en protesta por ser enviado
a celdas junto a prisioneros comunes peligrosos, entre
ellos individuos condenados por homicidio. Como castigo
por su indisciplina, fue trasladado el 14 de diciembre
a la celda semi tapiada, con escasa luminosidad.
A una celda de castigo en la Prisión Kilo 5
½, en Pinar del Río, fue destinado también
en diciembre Normando Hernández González,
por negarse a vestir el uniforme penitenciario. La
celda la compartió con prisioneros comunes
de alta peligrosidad, estrategia seguida por las autoridades
para atemorizarlo y desestabilizarlo emocionalmente.
El 31 de diciembre, Víctor Rolando Arroyo fue
golpeado salvajemente por tres carceleros en la Prisión
Provincial de Guantánamo. Arroyo fue sacado
del destacamento 4B y llevado por la fuerza a una
habitación, donde fue atropellado por los tres
militares. La golpiza fue en represalia a las reiteradas
protestas del reo, inconforme por su ubicación
en un destacamento carcelario donde conviven hacinados
235 presos comunes en deplorables condiciones higiénicas.
En las últimas semanas, algunos familiares
han reportado un relativo cambio de actitud hacia
los prisioneros de la llamada “Primavera de
Cuba”. Desde mediados de febrero algunos han
comenzado a ser trasladados a cárceles más
cercanas a sus hogares y a varios de ellos se les
están practicando exámenes médicos.
También en ciertos casos, se les ha aumentado
la frecuencia de visitas y la comunicación
telefónica, así como el volumen de alimentos,
medicinas y artículos de aseo personal permitidos
(“jabas familiares”).
Más que un paso de sentido común ante
el deterioro físico y espiritual de los confinados,
la movida oficial parece estar destinada a calmar
las crecientes peticiones de amnistía y las
críticas internacionales por el trato a los
prisioneros de conciencia, en vísperas de las
sesiones de la Comisión de Derechos Humanos
de Naciones Unidas en Ginebra, Suiza.
Mientras, la embestida oficial contra una treintena
de representantes de la prensa independiente que se
mantienen activos en todo el país ha sido implacable
durante el último semestre. Valiéndose
de amenazas, registros de domicilios, retenciones
temporales, interrupciones telefónicas e incluso
de agresiones violentas en plena calle, el aparato
policial está empeñado en liquidar los
focos de creatividad profesional libre que sobreviven
en municipios y ciudades.
A pesar de que las principales agencias noticiosas
fueron desarticuladas y sus directores y promotores
encarcelados durante la ola represiva del pasado año,
el trabajo de los profesionales independientes dentro
de la isla se sostiene gracias a los esfuerzos individuales
de personas que envían sus reportes a Radio
Martí, Cubanet y Nueva Prensa Cubana, en Miami.
Ante la imposibilidad de publicar revistas y boletines
alternativos dentro de la isla, Cubanet inició
el pasado octubre la publicación de una revista
bimestral de 48 páginas, con textos de periodistas
independientes. La revista ha editado ya cuatro números.
Cubanet ha enviado mil ejemplares de cada uno para
su distribución y circulación en Cuba.
Por otra parte, periodistas independientes exiliados
forzosamente, crearon en diciembre en Miami el semanario
digital A Fondo (www.semanarioafondo.com), con el
fin de promover un periodismo investigativo, veraz
y esclarecedor, sobre la realidad cubana.
Golpeada, perseguida y sin el dinamismo alcanzado
en los años precedentes, la prensa independiente
se ha mantenido contra viento y marea, con el impulso
decisivo de las mujeres incorporadas al movimiento.
El desempeño femenino ha sido un pilar en esta
hora difícil, desde la joven Saily Navarro,
de 18 años, quien comenzó a transmitir
informes tras el arresto de su padre el pasado año,
hasta Haydée Rodríguez, la más
veterana con 76 años.
El caso más notorio de este frente femenino
resulta Claudia Márquez, vicepresidenta de
la Sociedad de Periodistas Manuel Márquez Sterling
e integrante del consejo de redacción de la
revista bimestral De Cuba. Desafiando las carencias
materiales y las advertencias policiales, Claudia
y su colega Tania Quintero -actualmente exiliada en
Suiza- lograron poner en circulación, en septiembre,
400 copias artesanales de un tercer número
de De Cuba, con testimonios y denuncias sobre los
75 opositores arrestados durante la ola represiva
del pasado año.
De Cuba, dirigida por Ricardo González Alfonso
y asesorada por Raúl Rivero, había surgido
en diciembre del 2002 con el fin de abrir una alternativa
de información para los lectores de la isla.
La revista fue una de las “pruebas” usadas
por la fiscalía en los procesos sumarios contra
los periodistas independientes, el pasado abril.
Además de editar De Cuba clandestinamente,
Claudia Márquez comenzó a insertar sus
punzantes artículos sobre la vida cotidiana
y las incongruencias del gobierno cubano en renombradas
publicaciones estadounidenses como San Antonio Express-News,
Los Angeles Times y The New York Times. Que un artículo
suyo haya aparecido en The New York Times (“Free
Trade Won’t Free Cuba’’, Noviembre
6, 2003, p.A31) fue sin dudas una auténtica
legitimación al periodismo libre dentro de
la isla. La reacción de la policía política
no se hizo esperar, atacando justamente los “puntos
vulnerables” de la periodista de 26 años:
su hijo menor, fruto del matrimonio con el disidente
Osvaldo Alfonso, quien cumple una condena de 18 años
de prisión.
La política de acoso policial suele a veces
desembocar en consecuencias fatales. Advertido de
que sus labores periodísticas podrían
depararle la cárcel, el 7 de diciembre Omar
Darío Pérez Hernández, corresponsal
de Nueva Prensa en Camagüey, decidió abandonar
el país a bordo de una embarcación que
salió de la costa de Santa Cruz del Sur con
otros cuatro compatriotas. Los cinco pasajeros se
hallan desaparecidos hasta el momento.
Otros actos represivos ocurridos en el período
son los siguientes:
El 29 de octubre fue arrestado Abel Escobar Ramírez,
corresponsal de la agencia CubaPress en la localidad
de Morón, Ciego de Ávila. Tras 72 horas
de detención, fue liberado con un acta de advertencia
y bajo compromiso firmado de que no continuaría
sus labores periodísticas.
El 1ro. de noviembre la periodista Adela Soto fue
citada por la policía política de Pinar
del Río. Se le acusó de preparar una
salida ilegal del país y de continuar sus actividades
profesionales independientes. También se le
prohibió asistir el 22 de febrero a una tertulia
literaria en una institución cultural pública
de su localidad.
El 26 de noviembre fue interrogada, registrada y amenazada
en Camagüey, Maidelín Guerra, esposa del
periodista preso Mario Enrique Mayo. Guerra ha sido
acosada y en varias ocasiones ha recibido advertencias
por seguir ejerciendo el periodismo independiente.
El 10 de diciembre, Jesús Álvarez del
Castillo, reportero de CubaPress, fue impedido de
visitar a su sobrino en una cárcel de Ciego
de Ávila. Las autoridades del penal no le permitieron
participar de la visita familiar argumentando sus
“actos ilegales con la prensa independiente”.
El 28 de enero, la vivienda del periodista José
A. Reiner, en Santiago de Cuba, fue sometida a un
registro policial. Se le decomisaron una grabadora
y un radio, y fue amenazado con un posible proceso
judicial por sus “actividades ilegales”
como corresponsal de La Voz de Oriente.
El 16 de febrero, el periodista Carlos Ruiz Otero,
de la agencia Havana Press, fue visitado por agentes
de Seguridad del Estado en su casa en La Habana y
acusado de alertar a la prensa extranjera sobre la
realización de una audiencia judicial contra
activistas de derechos humanos.
El 20 de febrero, la periodista María Elena
Alpízar fue agredida en plena calle en el poblado
de Placetas, Villa Clara. Alpízar se encaminaba
a reportar una redada policial contra personas de
la localidad, cuando un automóvil con agentes
policiales la embistió en presencia de testigos.
La periodista fue detenida por varias horas y sancionada
con una multa de 30 pesos.
El periodista de CubaPress, Urbano Fidel Lorenzo,
ha denunciado que las autoridades de Cabaiguán,
Sancti Spiritus, interrumpen constantemente el servicio
telefónico de su domicilio para obstruir sus
transmisiones periodísticas. Similar restricción
limita las actividades del periodista Juan Carlos
Garcel, radicado en Moa, Holguín.
Los desafueros gubernamentales no sólo afectan
a los comunicadores independientes, sino que se ciernen
sobre cualquier alternativa de información
ciudadana al margen del control oficial. El último
cerco tendido por la censura estatal es la resolución
120 del Ministerio de la Informática y las
Comunicaciones (MIC), con fecha del 31 de diciembre
del 2003.
El decreto ministerial constituye otra vuelta de tuerca
sobre el ya restringido acceso de los cubanos a la
Internet. Según las nuevas reglas, puestas
en vigor desde enero, queda prohibido el acceso a
la red global a través del sistema telefónico
estatal que la mayoría de los ciudadanos ordinarios
tienen en sus hogares, y sólo se exceptúa
a “aquellos que por necesidad social y con carácter
limitado, se autorice por los órganos y organismos
de la administración central del Estado e instituciones
del país”.
En consecuencia, quedan sin opción centenares
de cubanos que lograban acceder a la Internet sin
la autorización gubernamental, usando computadoras
y cuentas de la red informática prestada o
adquirida en el mercado negro a precios de hasta $50
dólares. A partir de ahora, la conexión
a la red sólo será posible desde una
cuenta telefónica que se abone en dólares
o utilizando una tarjeta prepagada en moneda convertible,
que se puede adquirir en las oficinas de correo.
La resolución advierte que se usarán
medios técnicos para detectar e impedir el
acceso a la Internet desde las líneas no autorizadas.
De hecho, un ciudadano cubano no puede contratar una
cuenta telefónica en dólares para su
domicilio; el servicio sólo está disponible
para extranjeros. En las oficinas de correo y la mayoría
de cibercafés abiertos en el país, los
nacionales pueden enviar y recibir correos electrónicos,
y acceder a una Intranet exclusivamente para sitios
oficiales cubanos, al estilo impuesto por países
como China.
El gobierno afirma que las cuentas electrónicas
superan las 480 mil, apenas 98 mil de éstas
con acceso a la Internet, cuyo uso ha quedado privilegiado
“en el ámbito social”, es decir,
en las ramas y organismos estatales. Sólo en
lugares muy restringidos puede un cubano común
conectarse a la red sin restricciones al prohibitivo
precio de $5 dólares la hora, cifra que equivale
al 75 por ciento del salario mensual promedio en la
isla.
La escalada de prohibiciones se anuncia además
contra el “uso del correo electrónico
de forma indiscriminada” bajo la forma de buzones
gratuitos del tipo Yahoo.com, así como del
“chat” internacional para quienes tienen
permiso de acceder a la Internet dentro del país.
Todos los sitios cubanos en la red estarán
obligados a tener sus servidores en la isla.
Esta “batalla de medios técnicos”
para regular la navegación en Internet, contrasta
con la retórica empleada por La Habana en la
reciente Cumbre Mundial de la Sociedad de la Información,
en Ginebra, donde la representación del régimen
cubano abogó por “reducir las diferencias
entre países industrializados y del Tercer
Mundo en la esfera de la informática y las
comunicaciones, incluida la brecha digital”
y reclamó como impostergable “un nuevo
orden mundial de la información”.
En su afán por desacreditar internacionalmente
la disidencia interna, los periodistas oficiales encargados
de escribir los libros Los Disidentes y El Camaján,
han realizado en los últimos meses varias giras
por América Latina y Europa para promover sus
versiones de intriga contra figuras del movimiento
opositor y el periodismo independiente. Las presentaciones
van acompañadas de nuevas tiradas de esos volúmenes,
financiadas por el gobierno cubano.
Una de las “atracciones” de la XIII Feria
Internacional del Libro de La Habana, celebrada a
comienzos de año, fue el relanzamiento de Los
Disidentes con la asistencia de Manuel David Orrio,
uno de los agentes de la Seguridad del Estado infiltrados
en el movimiento de la prensa independiente. El informante
devenido estrella del oficialismo, estuvo en la presentación
para firmar libros y compartir sus “experiencias”
de delación con el público asistente.
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