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Informe Panamá
Marzo, 2005
CUBA
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La situación del
periodismo se perpetúa en el inmovilismo y
la anulación. El gobierno mantiene por 46 años
el monopolio informativo con fines propagandísticos,
rechaza y reprime las expresiones independientes,
y desoye los reclamos internacionales por la liberación
de periodistas presos, muchos de ellos seriamente
enfermos.
La noticia de este período
es la excarcelación de Raúl Rivero,
vicepresidente regional de la Comisión de Libertad
de Prensa e Información de la SIP y Premio
UNESCO 2004, por razones humanitarias. Rivero fue
beneficiado por una “licencia extrapenal”
el pasado 30 de noviembre, y desde entonces ha reiniciado
gradualmente su colaboración con la SIP y sus
labores profesionales.
A pesar de las gestiones
emprendidas para que las autoridades cubanas permitieran
su salida temporal del país, lamentablemente
su asistencia a esta asamblea no fue posible. Rivero
ha dedicado varias semanas a trámites burocráticos
con el fin de viajar con su familia a España
y oficializar los documentos de su hija adoptiva de
11 años, pero aún aguarda por la tarjeta
blanca, salvoconducto obligado para todo ciudadano
cubano que aspire a salir al extranjero.
También en este
período obtuvieron “licencia extrapenal”
por razones de salud otros tres periodistas independientes:
Oscar Espinosa Chepe, condenado a 20 años;
Jorge Olivera, director de la agencia Havana Press,
quien cumplía una condena de 18 años;
y Edel José García, director de la agencia
Centro Norte, sancionado a 15 años. Espinosa
Chepe, de 64 años, padece de serios trastornos
hepáticos; García, de 59, tiene problemas
siquiátricos y pérdida de la visión;
y Olivera, de 43, está afectado por severos
problemas gástricos e hipertensión arterial.
Con estas excarcelaciones
suman ya seis los periodistas independientes del llamado
Grupo de los 75 a quienes se les ha concedido una
licencia extrapenal por problemas de salud desde mediados
del 2004.
La licencia extrapenal
–amparada por el Decreto Ley 62, de 1987- no
comprende una amnistía o supresión de
la sanción penal, sino el cumplimiento de la
condena en reclusión domiciliaria, y deja abierta
la posibilidad de un retorno a la cárcel en
caso de que el individuo reincida en acciones antigubernamentales.
Por lo tanto, aunque
la cifra de periodistas encarcelados se redujo a 25
el pasado octubre, el número de profesionales
sobre quienes aún pesan condenas de entre 27
y tres años de prisión es de 31. La
mayoría de ellos fueron confinados tras la
ola represiva contra el movimiento disidente en marzo
del 2003.
La única liberación
efectiva en el período fue la de Carlos Brizuela
Yera, del Colegio de Periodistas Independientes de
Camagüey, quien salió el 2 de marzo tras
cumplir hasta el último día una condena
de tres años de cárcel. Había
sido arrestado en marzo del 2002 y hallado culpable,
en un juicio de abril del 2004, de los cargos de “desacato
a la figura de Fidel Castro, desacato policial y desorden
público”.
De los periodistas que
permanecen enfermos en prisión, los casos más
críticos son los siguientes:
- Adolfo Fernández
Saínz, de 56 años, Prisión Provincial
de Holguín: hipertrofia prostática,
hipertensión arterial, conjuntivitis crónica,
enfisema pulmonar, hernia hiatal y quistes renales.
Ha perdido 45 libras de peso en el último año.
- Julio César Gálvez Rodríguez,
de 60 años, Prisión Combinado del Este,
La Habana: hipertensión arterial, hígado
graso, artrosis cervical, sacro lumbalgia y estados
depresivos.
- Ricardo González Alfonso, de 54 años,
Hospital Nacional para Presos, Combinado del Este,
La Habana: fue sometido a una operación de
vesícula y tiene un soplo cardíaco congénito,
adenopatía y quiste en la garganta.
- Normando Hernández González, de 35
años, Sala para presos del Hospital Provincial
de Pinar del Río: síndrome de mala absorción
intestinal y quistes parasitarios. Se descartó
el padecimiento de tuberculosis, aunque sí
tuvo contacto con el bacilo. No recibe la dieta apropiada
ni el agua hervida que requieren sus trastornos estomacales.
- Jorge Luis García Paneque, de 39 años,
Hospital Nacional para Presos, La Habana: agudas crisis
depresivas, cólicos nefríticos, mala
absorción intestinal y parasitosis.
- José Gabriel Ramón Castillo, de 45
años, Sala de presos del Hospital Militar Carlos
J. Finlay, La Habana: hipertensión arterial
y trastornos circulatorios.
- Mario Enrique Mayo, de 40 años, Combinado
del Este, La Habana: hipertensión arterial,
glaucoma en el ojo izquierdo, enfisema pulmonar, gastritis,
problemas prostáticos y hemorroides (pendiente
de cirugía).
- Omar Ruiz Hernández, de 57 años, Prisión
de Canaleta, Ciego de Ávila: hipertensión
arterial, ensanchamiento de la aorta y desprendimiento
de la retina.
- Juan Carlos Herrera Acosta, de 38 años, Prisión
Kilo 8, Camagüey: hipertensión arterial
afecciones de la piel (vitiligo) y pérdida
de 30 libras de peso. Sus familiares denunciaron que
se le ha impedido tomar sol en los últimos
seis meses.
- Miguel Galbán
Gutiérrez, de 40 años, Combinado del
Este, La Habana: trastornos digestivos, enfermedad
tumoral (osteocondromas) e inflamación de las
articulaciones y extremidades, con dolores crónicos.
Es impedido físico (brazo izquierdo) como consecuencia
de un accidente de tráfico sufrido en 1998.
No han cesado los actos
de acoso y ensañamiento contra los periodistas
encarcelados, mayormente provenientes de reos comunes
instigados por las autoridades carcelarias. Son además
frecuentes las requisas de las celdas para despojar
a los prisioneros de provisiones y medicamentos proporcionados
por sus familiares, las limitaciones para llamadas
telefónicas y el confinamiento a cubículos
de castigo.
Las visitas familiares
siguen siendo de dos horas cada tres meses y las conyugales
cada cinco meses, condicionadas al comportamiento
del reo. Las visitas familiares se limitan generalmente
a dos personas.
Las represalias contra
los prisioneros se prolongan hasta sus familiares,
tratando de acallar el activismo cívico de
éstos. El 26 de enero el periodista Héctor
Maseda, condenado a 20 años, fue llevado a
un área de “seguridad incrementada”
en una prisión de Santa Clara, Villaclara.
La medida contra Maseda, de 62 años, parece
destinada a neutralizar a su esposa, Laura Pollán,
cuya vivienda en La Habana se ha convertido en un
bastión en defensa de los prisioneros de conciencia
y sus familiares. Pollán ha sido citada en
varias ocasiones por el Instituto Nacional de la Vivienda
bajo amenazas de perder el inmueble y ha recibido
advertencias de la policía política
para que desista de sus actividades públicas
como líder del movimiento conocido como Damas
de Blanco.
Pollán encabezó
una campaña de recojo de firmas para solicitar
una amnistía general de los prisioneros de
conciencia y el pasado 18 de febrero hizo historia
al liderar una insólita marcha de 20 mujeres
por las calles de La Habana, desde su vivienda hasta
las oficinas del Consejo de Estado, para entregar
allí la carta con miles de firmas pidiendo
la liberación de los presos.
En cuanto a la actividad
profesional independiente dentro de Cuba, unos 30
informadores se mantienen activos a duras penas, desafiando
las hostiles condiciones de sobrevivencia. Desde la
oleada represiva que dos años atrás
llevó a 28 periodistas a la cárcel con
severas condenas, las principales agencias de noticias
y focos de creatividad profesional no han logrado
reestructurarse, ni han vuelto a publicarse los boletines
y revistas artesanales que llegaron a elaborarse y
distribuirse en todo el país. La presión
policial es incesante sobre los periodistas independientes,
que tienen dificultades para hallar incluso un teléfono
de donde transmitir sus reportes hacia el exterior.
La represión tiene
diferentes modalidades. El 15 de octubre, en el municipio
Sibanicú, Camagüey, la periodista Marilyn
Díaz Fernández, fue acosada en plena
calle por dos desconocidos que la insultaron y acorralaron,
incitando a los presentes a sumarse al repudio porque
se trataba de “una contrarrevolucionaria difamadora”.
Poco después el jefe de la policía municipal
le manifestó que en Cuba podría haber
cambios políticos, pero que ni ella ni su esposo
los verían. El esposo de la periodista se encuentra
en espera de un juicio por motivos políticos.
El 20 de octubre el periodista
Carlos Serpa Maseira, residente en el poblado de La
Demajagua, Isla de la Juventud, fue detenido en su
hogar y conducido a una unidad policial para ser interrogado.
Los agentes policiales lo acusaron de participar en
“actividades contrarrevolucionarias” durante
una visita a La Habana y le levantaron un acta de
advertencia por peligrosidad, antesala de un posible
encausamiento, la cual no fue firmada por el periodista.
El 11 de enero se conoció
que los periodistas Santiago DuBouchet, Jaime Leygonier,
Luis Guerra Juvier, Estrella García y Carlos
Ríos, fueron amenazados por las autoridades
con aplicarles la ley y encarcelarlos si continuaban
reportando para la página cibernética
de Nueva Prensa Cubana en Miami.
El 17 de febrero, el
periodista Iván García, reportero deportivo
de la agencia Cuba Press y colaborador de la página
cibernética de la SIP y Encuentro en la Red,
fue citado por la policía política en
La Habana para recomendarle que “debería
dejar de escribir o en el futuro lo podría
lamentar”. Los agentes advirtieron a García
de que esperarían entre dos y tres meses para
proceder con otras medidas, y le alertaron de que
de no “cooperar” no le otorgarían
el permiso de salida temporal para visitar a su madre,
la también periodista Tania Quintero, exiliada
en Suiza.
Una parte significativa
de los periodistas independientes, entre ellos los
recién excarcelados, planea emigrar con carácter
definitivo. En la etapa final de trámites migratorios
figuran Claudia Márquez, ex redactora de la
revista De Cuba; Manuel Vázquez Portal, del
Grupo de Trabajo Decoro; Edel José García,
Jorge Olivera, María Elena Rodríguez
y Jesús Álvarez Castillo. La emigración
por razones de salud o reunificación familiar
es una tabla de salvamento en momentos en que no se
avizora una opción creativa independiente y
el régimen recurre a una política de
centralización estatal, férreo control
ideológico y limitación totalitaria
de las tecnologías de comunicación.
De hecho, la prensa independiente
es actualmente un fenómeno atomizado. Se sostiene
gracias a esfuerzos aislados, que enfrentan las adversidades
y las amenazas policiales de encausarlos bajo la Ley
de Protección de la Independencia Nacional
y la Economía de Cuba, la “ley mordaza”
de 1999, y logran enviar sus textos o grabaciones
telefónicas a Cubanet, Nueva Prensa Cubana,
Carta de Cuba, Encuentro en la Red y otros sitios
en Internet de asuntos cubanos, o participar en espacios
de Radio Martí y emisoras locales de Miami.
Se trata de una actividad precaria e irregular, impedida
de interactuar en el panorama nacional, sin la impetuosidad
del movimiento que floreció a partir de 1995.
La única retroalimentación
que tiene ese periodismo dentro de Cuba proviene de
revistas como Cubanet, Enepecé y Carta de Cuba,
conformadas con textos de periodistas independientes
y cuyos ejemplares logran circular subrepticiamente
dentro de la isla.
Aunque no es un proyecto
de la prensa independiente, debe mencionarse que a
finales de diciembre se produjo la salida del primer
número de Consenso, una revista bimestral con
el auspicio de organizaciones disidentes moderadas.
La revista está disponible a través
de un sitio en Internet, pero la versión en
papel no puede distribuirse legalmente dentro de Cuba.
La más reciente
aventura de la propaganda gubernamental comenzó
en la pasada Navidad, cuando se desencadenó
la “guerra de los carteles” contra la
Oficina de Intereses de Estados Unidos en La Habana
(SINA). Frente a la sede diplomática, el régimen
colocó gigantescos carteles con fotos del injusto
tratamiento a los prisioneros de la cárcel
de Abu Ghraib, en Irak, en respuesta a un cartel lumínico
que la SINA colocó con el número 75
en su interior, el cual aludía a la cantidad
de disidentes arrestados en marzo del 2003.
La batalla ideológica
contra la SINA ha incluido recientemente una serie
de dibujos animados, programados por la televisión
estatal, en los cuales se ridiculiza al jefe de esa
misión diplomática, James Cason.
Los vínculos con
el periodismo oficialista venezolano ya están
planteados en términos de alianza estratégica.
El pasado febrero, en los predios aledaños
a la SINA en La Habana, se presentó el primer
número de Patria Grande, una revista de “doble
nacionalidad” creada como “símbolo
de hermandad entre Cuba y Venezuela”. Según
sus editores, esta revista “combatirá
la vileza del poder mediático” y exaltará
“el sentimiento de protesta contra la privatización
de la naturaleza, la pobreza, la modificación
de la vida y el pillaje que significa la globalización
neoliberal impuesta por el imperialismo”.
Continúan bloqueadas
las gestiones migratorias de Bernardo Arévalo
Padrón (Línea Sur Press) tras cumplir
una condena de seis años por acusaciones de
desacato a la figura de Fidel Castro. Tanto Estados
Unidos como Francia le negaron visa como refugiado
político el pasado año, presuntamente
por sus anteriores vínculos con el Ministerio
del Interior cubano.
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