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14 de julio del 2004

La Habana: Bumerang de verano
 

¿Solución o remiendo?
Las nuevas medidas de Washington se suman ahora a la agonía cotidiana del cubano de a pie.

Por Iván García

Para muchos, Bush es el americano feo. El Aeropuerto Internacional José Martí, en La Habana, parece por estos días un polvorín a punto de explotar.

Caras largas y llanto, salpicados con ofensas de todo tipo a la administración del ranchero tejano George W. Bush. Por favor, si usted está de acuerdo con las medidas aplicadas por el hombre fuerte de Washington para acelerar la caída de Fidel Castro, no lo vaya a expresar en alta voz en la sala de espera de la terminal aérea. Pueden lincharlo.

Numerosos emigrados cubanos que viven en la Florida merodean con prisa y con bastante mal humor por los salones del aeropuerto. Todos quieren salir cuanto antes de la Isla para no violar la nueva ley, so pena de ser multados con cifras a partir de los 7.500 dólares. El ajetreo es intenso. Y por supuesto, despegan muchos más aviones cargados con cubanos residentes en Estados Unidos que en días habituales.

Andrés Argüelles, 52 años, vive hace 17 en La Pequeña Habana de Miami, y por su rostro sonrojado y numerosas cadenas de oro de 14 quilates, parece que la vida no le va mal. "Yo voté por Bush en 2000. También estoy en contra de Castro, pero con estas medidas el perjudicado es el pueblo cubano", dice con cierta rabia contenida.

Amarilys Ortiz, 27 años y con diez de residencia en Estados Unidos, llora con desconsuelo. "¿Tú sabes lo que es ver a mi abuelita cada tres años, y limitar los regalos y el dinero que deseo enviarle? Esto no tiene justificación. Bush es un hijo de puta. Lo odio tanto como a Castro u Osama Bin Laden", expresa la joven cubanoamericana.

Ciertamente, los cubanos cuando dan rienda suelta a sus emociones van sin pausa del cero al cien. O todo o nada. No hay término medio.

Gritos desde la otra orilla

Mucho menos reflexión serena. Los cubanos que viven en la Isla, en su mayoría, tampoco están de acuerdo con las regulaciones implementadas por Bush. De 53 personas encuestadas para Encuentro en la Red, 47 estuvieron en contra. Sólo seis felicitan al mandatario norteño por decidirse --al fin-- a poner la soga al cuello al gobierno de Castro.

A Jorge Arias, 21 años, ingeniero, las medidas le afectan. "Yo tengo parte mi familia en Estados Unidos, pero ya es hora de cortar de una vez y por todas con los dólares que oxigenan el aparato represivo y perpetúan en el poder a Fidel Castro", explica Arias.

Incluso, los familiares de los 75 presos políticos puestos tras las rejas por largos años en la primavera de 2003, no están de acuerdo con las medidas, aunque la detención de sus seres queridos fue la que provocó en parte la respuesta de Bush.

"Podrá ser en solidaridad con los 75 y la violación de los derechos humanos en Cuba, pero no estoy de acuerdo porque el gran perdedor es el cubano de a pie, ese que está tan cansado de la dinastía de los hermanos Castro y del embargo, como de la prepotencia y arrogancia de los yanquis", señala Blanca Reyes, 54 años, esposa del poeta y periodista Raúl Rivero, encarcelado por 20 años en la prisión de Canaleta, Ciego de Ávila, a casi 700 kilómetros de su hogar.

Claudia Márquez, 26 años, periodista independiente, coincide en parte con la esposa de Rivero. Márquez, quien tiene a su cónyuge Osvaldo Alfonso tras las rejas sancionado a 18 años de prisión, cree que las medidas son absurdas y no van a afectar la capacidad de reprimir, ni causará grietas en el poder absoluto de Castro. Si alguien está de fiesta por las nuevas medidas es el gobierno de La Habana. Tal parece que los asesores de Bush son agentes de Castro. Ahora el comandante único tiene más combustible para su larga e irracional "batalla de ideas" contra Estados Unidos.

Cada nueva vuelta de tuerca al embargo, o leyes como las aplicadas por la administración Bush a partir del 30 de junio, desatan una feroz propaganda de los medios en Cuba y tratan de vender la imagen de "víctimas del imperialismo yanqui". Claro, el pueblo no es bobo. Cierto que Bush no es bien visto por muchos en la Isla, pero a Castro, además de aburrir con su largo discurso, ya una gran parte de los cubanos le piden a gritos los cambios que traigan nuevos bríos a la economía y la vida del país.

"Bush es un estúpido que no ha sabido enfocar la guerra contra el terrorismo y tampoco ha acertado en su respuesta a la represión en Cuba. Deseo que llegue noviembre para que salga como bola por tercera de la Casa Blanca", alega Luis Martín, 23 años y estudiante de arquitectura, quien piensa que John Kerry, candidato demócrata a la presidencia, ocupará el poder en las elecciones de otoño.

El camino errado

En Cuba todo va de mal en peor. La economía no crece y las inversiones extranjeras cayeron un 50% en comparación con 1998. Hay entre 500.000 y 800.000 trabajadores excedentes de sus puestos laborales, y la deuda externa supera los 12.000 millones de dólares. Y no se ven soluciones a corto plazo. Cuba no está integrada al ALCA, ni a ningún otro acuerdo comercial serio.

No puede acceder a préstamos del Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial o el Banco Interamericano de Desarrollo. Depende exclusivamente del turismo, el níquel, el tabaco y las remesas familiares, principal rubro económico con más de 800 millones de dólares frescos para las arcas del gobierno.

En este siglo XXI, los casi dos millones de cubanos exiliados que viven por medio mundo son de importancia estratégica para Castro. Por supuesto, los emigrados no pueden olvidar que el comandante está lejos de ser el santo padre de la reunificación familiar. Todo lo contrario. Si alguien ha humillado y ninguneado a la emigración cubana, ese es Fidel Castro.

En los años sesenta, setenta y ochenta, ser emigrante era la última carta de la baraja. El gobierno los llamaba "gusanos" y reprimía a aquellos parientes que desde la Isla mantenían contacto por carta o teléfono con su familia. Ningún cubano que se respete puede olvidar 1980.

En ese año negro salieron a la luz los bochornosos actos de repudio --émulos de actos similares que practicaban los gobiernos fascistas de Hitler y Mussolini--, que tuvieron que sufrir en carne propia más de 120.000 cubanos que emigraron por el puerto de Mariel. En esos actos de repudio se llegó a las vejaciones y a la violencia física.

También Castro prohibió, hasta 1993, la tenencia de dólares que enviaban familiares desde EE UU. Muchos pasaron por la prisión por poseer el billete verde el enemigo. La sola idea de marcharse del país podía costar años de cárcel. Eso no lo pueden olvidar los cubanos del exilio, ni los que viven en la Isla. Al régimen cubano jamás le ha interesado la unión familiar ni el exilio. Ahora, en estos tiempos, sólo por interés político y económico, y por que necesita los dólares más que nunca, ha derogado leyes que penaban la "salida ilegal" y la "tenencia de dólares", y promueve con desespero la unión familiar.

Pero que Castro haya sido implacable con los exiliados cubanos no es óbice para que Bush implementara las nuevas medidas. La razón es una y simple: el único afectado es el pueblo cubano. Pueblo que no tiene por qué tener vocación de mártir, ni madera de héroe, y que ha sufrido con las numerosas improvisaciones económicas, guerras en África, penurias materiales, falta de comida, agua, luz y dinero, por parte del gobierno cubano, para añadir la pesada cruz que intenta echar sobre sus espaldas el presidente norteño.

Anoten esta cifra: cerca del 60% de los cubanos reciben de una forma u otras remesas familiares. Si el presidente Bush cree que con presiones de este tipo la gente se lanzará a las calles y sucederá una revolución de terciopelo, puede que esté equivocado. La mayoría del pueblo y el exilio cubanos desea cambios. Pero ese no es el camino.

 

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