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28 de octubre del 2004

La Habana: ¿Impuesto revolucionario?

El gravamen sobre el dólar destapa el enojo de los cubanos y pone contra las cuerdas la ya moribunda economía familiar.

Por Iván García

Santiago Pino, de 41 años, quisiera volar al planeta Marte. Ingeniero civil y padre de tres hijos, no ha tenido un buen día. El lunes 25 de octubre, Castro --enfundado en su anacrónica casaca verde olivo, con el brazo derecho inmovilizado y su rodilla derecha recién operada-- anunció desde el Palacio de la Revolución una serie de medidas financieras que han caído como un mazazo sobre las personas como Pino.

Sentado en la sala de su casa, este hombre se mece frenéticamente en su sillón carmelita y fuma como un poseso un cigarrillo tras otro. "Es un robo descarado al esfuerzo de los cubanos en el extranjero. Este impuesto revolucionario se me parece al que cobra la ETA militar a hombres de negocio en el País Vasco", dice indignado el ingeniero. Su hermano, que reside en la Florida hace 15 años, le envía todos los meses 150 dólares para intentar que su familia tenga una vida más digna.

"Ahora tendré que pagar 15 dólares de impuesto cuando haga el cambio por 'chavitos' (como se le conoce popularmente al peso convertible en Cuba). Imagínate, con los precios por las nubes, la carestía de la vida y ahora con menos plata. Son unos piratas", alega Pino con gesto peripatético.

Como él piensa Estela Román, una ama de casa de 67 años, que vive mejor gracias a los 100 dólares que le envía su hijo, un abogado que reside en Coral Gables, en la Florida. "Si a este impuesto canallesco, tú le sumas la falta de libertades, las carencias de todo tipo y los altos precios en las tiendas por dólares, te juro que quisiera morirme", apunta la anciana con rabia contenida.

De una forma u otra, algo más de un 60 por ciento de la población cubana recibe dólares producto de las remesas familiares. La CEPAL maneja cifras que rondan los mil millones de dólares anuales por este concepto.

Castro nunca ha publicado la cantidad que recauda anualmente en las tiendas de divisas. Pero son varios cientos de millones que su régimen necesita para poder mantenerse en el poder. A raíz de las nuevas medidas decretadas por la administración de George W. Bush, que recortan los viajes a la Isla de cubanos que viven en Estados Unidos y sólo permiten enviar 100 dólares por mes, además de que el Departamento del Tesoro está a la caza de cuentas poco transparentes del gobierno cubano y el lavado de dinero, Castro desató su vendetta.

Lo embolsado y lo por embolsar

Cincuenta personas encuestadas, con edades comprendidas entre 18 y 70 años, de ambos sexos y de todas las razas, están contra las prohibiciones del mandatario norteño, pero están aún más molestos con las contramedidas de Fidel Castro. En junio subió los precios de los productos en dólares, entre un 10 y un 20 por ciento. Ahora grava el dólar en un 10 por ciento. Eso significa, según un economista que prefiere el anonimato, que a partir del 8 de noviembre se embolse más de 30 millones de dólares extras al mes por este nuevo impuesto.

"Además, por el cambio de dólares por chavitos obtendrá entre 500 y 700 millones de dólares frescos", señala el economista.

Es evidente que Castro está tras el dólar. Sus problemas de liquidez, debidos al mal gobierno, le hacen dictar medidas impopulares. Luego, con su proverbial manipulación, culpa de los males de la economía al gobierno norteamericano. En estos 45 años, EE UU y su embargo siempre pagan el pato. La mayoría en la Isla está contra el embargo, pero también cansados y hastiados de la política unipersonal de Castro.

Vea usted: cuando se vive en un país en el cual uno se levanta sin luz eléctrica, toma café por desayuno, demora un par de horas para llegar a su trabajo por el mal servicio del transporte público, almuerza un bodrio en su centro de trabajo, y luego en casa, la cena no es mucho mejor, gana 200 pesos al mes (8 dólares), paga 23 pesos por la libra de carne de cerdo, 35 por la de jamón y 11 por la de frijoles, es evidente que resulta patético vivir en esta isla hermosa y verde que se llama Cuba. Si a eso le agregamos que los dólares, que con no poco sacrificio le remiten los familiares en el exterior y ahora son devaluados, la respuesta del cubano es escapar. Y si es a Estados Unidos, mucho mejor.

"La revolución cubana es una contradicción abismal", dice José Arias, historiador. "A 45 años necesitamos el dinero de los gusanos y de los inversores capitalistas, como un camello busca agua en el desierto. Poco se ha logrado con el socialismo totalitario, sólo pobreza", señala Arias.

La contradicción es real. Para vivir un poco mejor en la Isla, tienes que tener el billete verde. La moneda local es una parodia. Un signo de estas contradicciones del régimen de Castro, se observó por televisión la noche del 25 de octubre. Mientras el comandante único informaba sobre el impuesto revolucionario, a sus espaldas se veía un espléndido paisaje de Tomás Sánchez, pintor cubano que hace 10 años vive exiliado en la Florida.

El mensaje que intenta vender Castro de que vivimos mal pero vamos bien, cada día tiene menos adeptos en la Isla.

 

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