Sociedad Interamericana de Prensa | Hora de CierreImpunidad | Home


Ricardo Trotti

Blanca y Raúl: lo mágico de los miércoles*

Raúl Rivero y su esposa Blanca Reyes ya no están juntos. Una sumarísima sentencia tiró a Raúl por 20 años en la Prisión Provincial de Canaletas a 461 kilómetros de La Habana.


8 de febrero del 2004.

Una nostálgica melodía se regó por el pasillo de la prisión e invadió la celda de Raúl. En ese preciso instante se sintió cerca de su amada, casi como acariciándola, a pesar de los cientos de kilómetros que lo separan de ella. En ese mismo instante, la voz carrasposa de Aznavour también se entrometió, aunque más libremente, en el living de la casa de Blanca, quien a lo lejos, se imaginó tomándole la mano a su amado, y paseando acaramelada por el Malecón, en épocas en que estaban los dos más jóvenes y relucientes... como el Malecón.

Es un momento mágico que se produce invariablemente cada miércoles por la noche, allá en Cuba, entre las 8 y 9 de la noche, cuando la radio toca al francés, a Mocedades o a Karina y los Stops y otras músicas del ayer con las que Blanca olvida la separación forzada del hoy. Así el programa radial Nocturno conecta a estas dos almas que el destino, o mejor dicho, la Seguridad del Estado, ha separado desde hace ya casi un año.

Raúl Rivero y su esposa Blanca Reyes ya no están juntos. Una sumarísima sentencia tiró a Raúl por 20 años en la Prisión Provincial de Canaletas a 461 kilómetros de La Habana.

Es verdad, ya no están juntos. ¡Pero siguen unidos!

Unidos y ''conectados'', como le gusta decir a Blanca, quien sonrojada por la posible cursilería de esa conexión de inmediato tensa su voz y espeta: ``De esta forma... conectados... nos sentimos libres en esta cárcel grande que sufrimos''.

El nuevo código de comunicación es un mecanismo de defensa para soportar la adversidad, no decaer aún más en la depresión, no permitir que la presión sanguínea se eleve hasta la estratosfera y no perder la esperanza de que la pesadilla pueda algún día terminar... ''si es que él lo quiere'', como dice resignada y admitiendo que sólo existe una persona que puede sacar a Raúl y a otros compañeros de conciencia de la cárcel. Y en ese él no se esconde referencia alguna a la voluntad divina.

''No creo en la justicia de mi país, porque de lo contrario mi esposo no estaría preso, no pueden poner preso a una persona que escribe lo que piensa'', deja escapar con voz firme, casi enojada.

Una de las tareas que tenemos en la Sociedad Interamericana de Prensa es llamar por teléfono en forma periódica a Blanca Reyes, la esposa de Raúl Rivero, y a otros familiares de periodistas independientes presos, para ver de qué otras formas podemos ayudar ante la impotencia de tener que lidiar con un sistema y una justicia que escapan a los cánones de países tradicionales.

Pero confieso que me gusta llamar a Blanca los jueves.

Es que es el día que Blanca espera ansiosa el llamado de Raúl y, aunque ella no lo note, uno se puede dar cuenta de que su voz se torna más enérgica, más viva, como si recibiera una dosis de optimismo. Es cuando a borbotones le reaparecen imágenes e ideas de lucha que durante el paso de los días se van desvaneciendo o frustrando. Es el día en que Blanca tiene noticias frescas de Raúl. Es cuando él le pregunta por la suerte de sus poemas y crónicas publicados y por publicar. Es cuando ella le relata hechos del mundo entero que meticulosamente anota cada vez que visita el cybercafé en el Capitolio por cinco dólares la hora, después de la última cerrazón que la dictadura puso a los internautas en enero, o cada vez que accede gratis a la internet dos horas por semana en la Sección de Intereses.

Y este jueves pasado fue muy especial. Raúl la llamó por 35 minutos con un tarjeta que ella le dejó en la visita anterior. El la llama todos los jueves entre la 1 y 5 de la tarde. A veces habla 15 minutos y otras 50, ''depende del guardia'', según ella. Lo que no termina de contarle se lo relata en una o dos cartas que le envía por semana, en las que le dice ''cosas de nosotros nomás'' y en las que ya optó por no contarle cosas tristes como la muerte reciente de un amigo, ``para no preocuparlo más de lo que está''.

Este jueves por teléfono también hablaron de ''nosotros'', se confesaron que la noche anterior ''se habían conectado'' con Aznavour y Blanca le contó sobre las peripecias que hará cuando vaya a visitarlo el 15 de febrero. Tiene derecho a seis visitas al año. Cuatro de ellas cada tres meses son consideradas familiares y le permiten estar dos horas con él. Dos visitas son conyugales y se las espacian cada cinco meses.

Dice que Raúl está bien, pero ''porque se porta bien''. 'Cuando le dicen `basta' en el teléfono, él lo deja de inmediato... Lo respetan, porque es un hombre importante.

''A veces me dice que está sereno, pero que las semanas se le hacen cada vez más largas'', dice Blanca. ''Tememos que explote'', agrega y así se refiere a la madre de Raúl, Hortensia, Teté, de 84 años, que se refugia en las telenovelas y que juró que nunca irá a visitar a su hijo porque teme que el corazón ``no me dé''.

Blanca también me confiesa que tiene sus bajones. Estos últimos cuatro días se encerró en su casa y compartió las telenovelas con Teté. ''Estuve de última'', dice, pero tuvo que sacar fuerzas porque sabía que el jueves se aproximaba, y no quería que fuera Raúl, como muchas veces sucede, quien tuviera la iniciativa de ``levantarle el ánimo al otro''.

Además de las cartas, el teléfono y varios telegramas semanales, Blanca se comunica con familiares de otros presos, a quienes les dan turno los viernes y sábados para llamar, de tal forma que le puedan pasar más mensajes a Raúl.

Dijo que Raúl está muy bien de ánimo, que bajó mucho de peso y que se refugia en la lectura y en escribir poemas de amor, y que ése es el único tema sobre el que le permiten escribir. Raúl le dijo que hace poco le decomisaron cuatro poemas de un grupo de doce porque, según los carceleros, tenían tinte político. El 15 de febrero Blanca se los llevará consigo con la consigna de publicarlos.

La actividad literaria los mantiene vivos y conectados. El refugiándose en la creación y ella en la gerencia de esa creatividad. ''Estoy viendo ahora cómo publicar una antología de la obra de Raúl con los siete libros de poesía y los cinco de crónicas'', dice entusiasmada. Advierte que algunos son libros que nacieron en épocas en que a Raúl no le hubiesen mandado a la cárcel, y de inmediato una respuesta se antepone a cualquier sospecha: ``El no niega su pasado con la revolución ni cuando era corresponsal de Prensa Latina en Moscú''.

Pero la determinación de esta mujer no sólo pasa por la obra literaria de un poeta reconocido. Ahora se ha agudizado aún más después de que se reconoce que ya no es una simple ama de casa. ``En los 15 años junto a Raúl he aprendido mucho y varias veces hablamos sobre la posibilidad de que él fuera a la cárcel y sabía que este momento podría llegar. Por eso estoy estudiando todo este proceso''.

Ante el temor internacional de que sus palabras y acciones contra el régimen le puedan traer consecuencias y pesadillas, dice que ella no ''hace esto como un desafío'', sino porque ``tengo la razón... Cómo pueden poner preso a un hombre por escribir cosas que no ofendían, cosas inteligentes.

''Es mentira que Raúl recibió dinero del gobierno de Estados Unidos'', dice en referencia a una de las acusaciones en la sentencia. ''Que me lo demuestren, son mentiras, Raúl jamás recibió dinero que no fuera por sus publicaciones'', afirma.

Justamente éste es el norte que ahora tiene Blanca. Está pidiendo la ayuda de la SIP para detectar los periódicos que publicaron y pagaron a Raúl, de tal forma de hacer una revisión de la causa y demostrar así algunos de los infundios de la sentencia.

Desde allá por 1993 la SIP viene apoyando al movimiento de periodistas independientes y Raúl Rivero fue nombrado en 1998 vicepresidente regional por Cuba. Desde el 2000 la SIP contribuye todavía hoy con un emolumento económico a cambio de artículos que generan hoy los periodistas que no están en las cárceles, como una forma concreta de promover la libertad de prensa y el profesionalismo periodístico. Las notas se insertan en la página especial www.informecuba.com y quedan a disposición para ser publicadas por algunos de los 1,300 periódicos socios de la SIP en las tres Américas.

La SIP desde hace décadas mantiene una comisión permanente sobre Cuba, la que tiene como misión brindar informes especiales sobre la situación de la libertad de prensa durante sus dos reuniones en el año. De éstas emergen resoluciones que estratégicamente se envían a gobiernos y organismos intergubernamentales no sólo denunciando hechos, sino también invitando a tomar acciones. Los informes críticos de la SIP le han valido represalias por parte del gobierno castrista. En 1988 Cuba influenció y votó dentro de la ONU para que se retire a la SIP su status de organización no gubernamental, y jamás se ha recibido una respuesta del gobierno o se permite la entrada de las autoridades de la SIP a suelo cubano.

El respeto por Cuba y sus periodistas y directores de medios cubanos exiliados hizo que la SIP les permitiera un status especial por el que están eximidos de contribución económica alguna a la organización.

En una estrategia global, la organización viene utilizando los foros internacionales como la UNESCO, la Comisión de los Derechos Humanos en Ginebra, la Organización de Estados Americanos y, entre otros, el Comité Coordinador de Organizaciones Mundiales de Libertad de Prensa para denunciar los atropellos del régimen.

Desde marzo del 2003, en que Raúl fue encarcelado junto con otros 30 periodistas, la SIP hilvanó campañas editoriales a través de sus socios, mantuvo reuniones en Miami con cancilleres, cónsules y líderes latinoamericanos, alertando sobre los peligros cada vez mayores de la dictadura.

Pero la lucha de la SIP no es reciente. La denuncia sobre el régimen de Castro comenzó en los albores de la revolución, cuando el romanticismo ideológico enceguecía a más de uno. Tampoco se salvó Fulgencio Batista. El predecesor autoritario también fue denunciado por Jules Dubois, quien en la época era presidente de la Comisión de Libertad de Prensa, y hoy su nombre engalana la sede de la SIP en Miami.

Blanca está determinada a luchar por su marido. En La Habana la suelen ver caminando con la sentencia y el currículum de Raúl en sus manos. Le entrega los documentos a cualquier persona importante que aparezca por Cuba. ''No es delito ni propaganda enemiga andar con la sentencia porque ya fue publicada'', dice ella, que quiere sorprender a todo el mundo ``con las ridiculeces que tiene la sentencia''.

Les ha escrito a políticos, premios Nobel, literatos, actores..., ''pero nada cambia, no puede ser que esté preso alguien que no hizo nada... que no es un criminal'', repite resignada y con esas propias frases que le indignan toma fuerzas para seguir despotricando.

Hace poco le envió una carta de agradecimiento a Robert Duvall por haber criticado a Steven Spielberg, quien dijo que sus momentos gloriosos los había vivido cuando se entrevistó con él. Se puso contenta al saber que en Miami un canal sacó el programa argentino Poné a Francella del aire.

''Es que no me entra en la cabeza cómo algunos artistas e intelectuales pueden hablar bien `de esto cuando otros artistas e intelectuales están presos'', dice indignada.

Blanca seguirá adelante con la revisión de la causa. La ayudará una abogada que sin mucha suerte defendió a Vladimiro Roca con La patria es de todos. Sabe que no tiene muchos chances en un país donde el sistema de justicia es brazo del poder político.

Pero lo intentará, a pesar de los temores de Raúl sobre que una revisión de la causa le servirá al régimen para crear efectos adversos. ''Tengo que hacer algo, no puedo quedarme con los brazos cruzados'', dice restándole ánimos a una impotencia que se torna insoportable.

Reiterándole la pregunta o el temor de que puedan ensañarse con ella, responde segura: ''Conmigo ya se han ensañado''. El gobierno le ha negado viajar a Miami para visitar a Miguel, su hijo, y de esa forma le han prohibido ``buscar un poco de amor.

''Ese es mi castigo'', dice Blanca. ''Esa es mi cárcel''. En realidad Raúl y Blanca comparten la tragedia de la prisión. Cada uno a su modo, claro, pero encerrados ambos.

Después de una larga y habitual conversación me despido de Blanca. Estoy seguro de que ella ansía el momento de que llegue otro miércoles por la noche, para así de nuevo disfrutar de una hora de melodías que la transporten al lado de su amado y admirado Raúl.

Esa es la única libertad que le queda a Blanca... y sabe que es la única que él no le puede arrebatar.

rtrotti@sipiapa.org

*Publicado en El Nuevo Herald, el 8 de febrero del 2004.

preguntas y comentarios? escríbanos
Copyright © 2003 Inter American Press Association. All rights reserved.
Powered by SurMedia Inc.