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Periodista cubana disidente llega como refugiada
Wilfredo Cancio Isla
El Nuevo Herald, 12 de junio de 2005

La joven periodista cubana que protagonizó reclamos por la liberación de los presos de conciencia y denunció el régimen de Fidel Castro con incisivos artículos en The New York Times y otros influyentes diarios estadounidenses, tomó el camino del exilio.

Claudia Márquez Linares, de 27 años, y su hijo Cristian Alfonso, de 8, llegaron a los Estados Unidos como refugiados políticos el pasado 2 de junio. Ambos se han radicado temporalmente en la casa de familiares en Naples.

''He comenzado a dar mis primeros pasos en libertad'', confesó Márquez en entrevista con El Nuevo Herald. "Nunca logré sentirme libre en mi propio país, pero creo que tengo el tiempo a mi favor para supe-rarme, trabajar, sentirme útil en esta sociedad y darle un futuro a mi hijo''.

Esta es su primera salida al extranjero. Cuando niña soñaba con ser traductora de inglés, el cual habla y escribe con bastante fluidez, y viajar por el mundo, pero siempre con retorno a La Habana. Sin embargo, desde sus primeros años su vida se ha visto enfrentada a circunstancias desgarradoras, desencuentros y retos que desembocaron en este viaje sin regreso inmediato a la isla.

Su padre abandonó el país durante el éxodo del Mariel, en 1980. Nunca más supo de él, aunque tiene referencias de que estaba en Miami y ahora tratará de encontrarlo. A los cinco años visitaba la prisión de Manto Negro, en La Habana, para ver a su madre, condenada entonces a tres años de prisión por tenencia ilícita de dólares.

Todavía hoy permanece marcada por los sucesos del 18 de marzo del 2003, cuando el régimen castrista desató una oleada represiva contra el movimiento disidente. Doce agentes de la Seguridad del Estado irrumpieron esa tarde en la vivienda que ella compartía con su esposo, Osvaldo Alfonso, condenado luego a 18 años de cárcel.

''Fue un impacto emocional, porque nunca había sentido la represión de un modo tan brutal'', recordó. "Se llevaron mis libros que eran mis tesoros más preciados, mis archivos, mis materiales de trabajo; desbarataron mi casa. Todo se fue abajo. Sentí mucho miedo''.

Desde 1998 Márquez pertenecía al ilegal ''Grupo de Trabajo Decoro'', donde inició su carrera en el periodismo independiente. Poco después asumió la vicepresidencia de la Sociedad de Periodistas Independientes Manuel Márquez Sterling, y figuró en el consejo de redacción de la revista De Cuba, que vio la luz en diciembre del 2002.

Pero no fue hasta los arrestos y las condenas al llamado Grupo de los 75 que su nombre comenzó a figurar activamente en las denuncias salidas de Cuba.
''A pesar de lo que estaba sufriendo, fueron momentos de mucha creatividad'', comentó Márquez. "Escribía con una tristeza muy grande, pero sabía que era importante denunciar las injusticias ante la opinión pública mundial''.

En septiembre del 2003, Márquez logró confeccionar artesanalmente y distribuir por todo el país unas 400 copias del tercer número de la revista, al cumplirse seis meses del arresto de los 75 opositores pacíficos. El director de la publicación, Ricardo González Alonso, y su asesor, Raúl Rivero, habían sido condenados a 20 años de cárcel.

''Fueron dos meses completos y varias noches sin dormir, con mucho sigilo para no despertar sospechas'', contó Márquez. "Me ayudó mucho [el disidente] Vladimiro Roca, porque yo estaba entonces completamente sola, hasta miembros de mi familia se alejaron de mí''.

Sus artículos, escritos en inglés, revelando los tentáculos de la represión en Cuba, el adoctrinamiento en el sistema escolar, la imposibilidad del acceso a la internet de los cubanos y la imposibilidad de viajar libremente fuera de la isla, tuvieron acogida en diarios como The New York Times, Los Angeles Times, San Antonio Express News y The Miami Herald.

La Seguridad del Estado no esperó más. Dos agentes la detuvieron y la interrogaron por dos horas, el 28 de octubre del 2003, conminándola a dejar sus labores periodísticas.

''Me amenazaron con condenarme a 20 años de prisión y perder al niño'', relató Márquez. "Yo caí en una profunda depresión''.

Apenas una semana después del incidente, la sección de opiniones de The New York Times incluyó un artículo de Márquez en respuesta a legisladores norteamericanos que buscaban levantar las restricciones de comercio y viajes a la isla: ''Sólo puedo esperar'', escribió ella, 'que en sus deliberaciones, el Presidente [George W. Bush], los legisladores y los granjeros que ellos representan, tengan en cuenta que en los años venideros, la única 'libertad de movimiento' que vamos a disfrutar las esposas de los presos políticos cubanos va a ser la de viajar, una vez cada tres meses, para sólo pasar tres horas con nuestros esposos''.

En enero del 2004, Márquez decidió abandonar el país. Sus nervios estaban destrozados. Sobrevino el divorcio con Alfonso, las dificultades de vivienda, el temor por el hijo. "Me alejé de todo, el único recurso de sobrevivencia que me quedaba era el silencio''.

Alfonso fue excarcelado el pasado noviembre con una licencia extrapenal por razones humanitarias, pero las autoridades estadounidenses no le otorgaron visa para emigrar con su hijo.

La Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) alertó en un informe a comienzos del pasado año sobre la neutralización profesional de Márquez, "acosada por problemas personales, sentimentales y de vivienda que los agentes de Seguridad del Estado han sabido explotar con maquiavélica premeditación''.
''Siento mucho dolor por Cuba'', manifestó Márquez. "La gente vive como zombies, sin saber reclamar sus derechos, y los jóvenes como yo están pensando en irse o en aislarse de todo. Hay un escepticismo total respecto a la política, y los refugios más socorridos son la droga, el alcoholismo y la prostitución''.

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