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Por Iván García
LO QUE LA REVOLUCIÓN NOS DEJÓ
Este es el siglo 21, Cuba vive la peor versión de un capitalismo de estilo africano con una mezcla de socialismo en retirada. A 45 años del triunfo de los barbudos, en la isla de buen clima y buena gente escasea todo. Pero la salud y la educación, las dos vitrinas sagradas, siguen siendo un orgullo para el gobierno de Castro. Démosle un vistazo por dentro.


Miami Enero del 2004

Junto con el otoño y las lluvias de noviembre llega para Amparo, 67, ama de casa, la tristeza. Es como un ladrón que le roba fuerzas. En el mes de noviembre, siete años atrás, su hija Yolanda, 22, estudiante universitaria, falleció víctima de una hemorragia interna en un hospital de la ciudad de La Habana.

Yolanda,- cuenta la madre, comenzó a tener fuertes dolores bajo en vientre. La llevé al cuerpo de guardia y 16 horas después la sacaba en una camilla envuelta en una sábana, rumbo a la funeraria”. El médico del policlínico le había diagnosticado amenaza de aborto pues tenía unas seis semanas de embarazo. “El médico le recetó calmante para los dolores y descansar con los pies en alto”, recuerda Amparo mientras sus callosas manos se afearan a un viejo sillón.

A la semana los dolores iban en aumento. Casi desfallecida llegó al hospital. Fue entonces cuando descubrieron que era un embarazo ectópico. Ya era tarde. El personal médico hizo lo que estaba a su alcance, pero no pudieron impedir que la muerte se la llevara en plenitud de vida. “Fueron días terribles. Sólo Dios sabe lo que sufrí. Me queda el consuelo de mis otros dos hijos, pero no puede arrancarme el dolor que me da pensar que Yolandita murió por negligencia médica”, confiesa mientras con un descolorido pañuelo se seca las lágrimas.

El dolor que todavía siente esta madre habanera no es tan infrecuente en la Cuba del 2003. Sí, es cierto que todavía mueren mujeres a causa de embarazos ectópicos, pero los logros de los que Fidel Castro se ufana en el campo de la salud pública cubana son reales. Pero en ocasiones ocurren negligencias médicas.

Igualmente son reales esos logros en la educación y también es realidad que los ciudadanos cubanos nacen ya con el signo de la libreta de racionamiento –implantada en marzo de 1962- y rodeados de escaceses y estrechez material. En tiempos de internet y globalización, en Cuba sigue faltando comida, ropa, zapatos, viviendas y libertades.

Trasladarse de un lugar a otro en la ciudad puede demorar varias horas por la falta de transporte urbano. El salario promedio de 200 pesos se diluye como agua entre las manos cuando se va al agromercado, donde los precios de frutas y vegetales suenen estar por las nubes.

Para el cubano es una odisea –o un acto de predisgitación- desayunar, almorzar y comer. Sólo una minoría puede darse el lujo de no pensar qué va a pasar a poner a su familia en la mesa al día siguiente. Vivimos mal, pero vamos bien de acuerdo al presidente cubano. Quien desde hace tres año se ha volcado en una revolución cultural (otra más en cuatro décadas) y en un combate ideológico denominado batalla de ideas. Esto no le impide idear nuevos planes para que siga existiendo, con más o menos brillo, las vitrinas-insignias de la revolución cubana: salud y educación.

Ciertamente cada año el gobierno puede enorgullecerse del cumplimiento de una nueva meta en dos esferas vitales para cualquier sociedad, sean más médicos o más maestros, más hospitales y escuelas reparadas. Pero también es muy cierto que dentro del círculo vicioso – y desquiciante- en que se ha convertido, comer, vestirse, bañarse e intentar tener una casa limpia se le va la mayor parte del tiempo y del dinero al cubano común, por lo regular ajeno a la metralla diaria de doctrina política salida de la radio y la televisión. En 1996, por ejemplo, la radio transmitía 301,0 horas diarias y en el 2001 fueron 395,4. La televisión, por su parte, en 1996 transmitía 7,9 horas diarias y en el 2001 aumentó a 12,7.

El bombardeo noticio no afecta demasiado a los cubanos quienes sin perder su sonrisa roban cuanto pueden en sus centros de trabajo y son bastante indiferentes a la situación interna: a casi ninguno le importa la suerte de los casi 400 presos políticos existentes en la isla y entre los cuales se encuentran varios médicos como el Dr. Oscar Elías Biscet. Tampoco al cubano de a pie las palabras libertad y derechos humanos le dicen mucho.

El 60 por ciento de la población cubana actual (11 millones 243,358 hasta el 31 de diciembre del 2001, los resultados del Censo de Población y Viviendas realizado en septiembre del 2002 todavía no se ha hecho público) nació bajo el emblema de la revolución. Y durante 45 años de actos y discursos de les ha hecho creer que salud y educación gratuitas son sinónimo de libertad y democracia.

Salud para todos

El embarazo ectópico que mató a Yolanda y que cada año se lleva la vida de mujeres en edad reproductora, no figura entre las principales causas de muerte en Cuba. Según cifras del año 2001, en primer lugar aparecen enfermedades del corazón, con 20,727 víctimas anuales: en segundo los tumores malignos (16,805) y en tercero las enfermedades cerebro vasculares (8,067). Le sigue en cuarto puesto la influenza y la neumonía, que si en 1995 fue causa de muerte en 3,760 personas, en el 2001 casi se duplico en 6,982. En quinto lugar aparece los accidentes, 4,829 mortales, menos que en 1995 (5,847).

En el libro Cuba, más allá de los sueños, de la periodista Silvia Martínez publicado en el 2003 por la Editorial José Martí y de donde se han extraído éstos y otros datos, se mencionan los suicidios y lesiones auto infligidas, cifras consideradas tabú. Allí se lee que en 1995 hubo 2,223 suicidios: 2,056 en 1998; 2,051 en 1999: 1,845 en el 2000 y 1,649 en el 2001. Ojalá que los números hayan seguido bajando en el 2002 y 2003.

Lo que si no baja es el porcentaje de la población indiferente a los conceptos de libertad, democracia y derechos humanos. Para Carlos, 21, estudiante universitario, democracia es sinónimo de poder cursar una carrera de medicina sin que sus padres hayan tenido que pagar un centavo. “Es verdad que hay un solo partido y un único discurso. Es verdad también que uno públicamente no puede decir lo que piensa, pero en Cuba no hay desaparecidos ni escuadrones de la muerte y cuando usted llega a un hospital nade le pregunta si usted es disidente cristiano, militante o comunista. Le atienden sin cobrar un centavo”, responde enfático Carlos.

Y lleva razón. Eso es algo bueno. Para ser un país del Tercer Mundo estamos en primera fila en materia de salud y educación. Vea usted: tenemos, según datos de 2001, 67,128 médicos (un médico por cada 167 habitantes): 84,232 enfermeras y auxiliares y 16 mil estudiantes de ciencias médicas, como Carlos. Es más a pesar de tener sobre nuestras espaldas, desde 1962 la angustiosa libreta de racionamiento (seis libras de arroz, cinco libras de azúcar, 20 onzas de frijoles, una libra de pollo y dos pescados jurel con cabeza, per cápita mensual y un panecillo 80 gramos diarios por persona). En la escuela Latinoamericana de Medicina ubicada en Mariel, a 20 kilómetros al oeste de La Habana, estudian unos mil estudiantes procedentes de 24 países –para el 2005 la matrícula será de 10 alumnos de unas 66 etnias distintas.

Las limitaciones alimenticias no son óbice para que a partir de 1963 Cuba comenzara a enviar personal médico y paramédicos a las llamadas misiones internacionalistas, (el primer grupo, ese año, fue a Argelia) y que en la actualidad cerca de 3 mil galenos y personal de salud brinda sus servicios en 14 naciones. El caso más notorio es el fuerte contingente enviado a Venezuela.

Si usted recorre a pie zonas de la ciudad de La Habana alejadas de los centros turísticos podrá ver el pésimo estado de muchas viviendas así como calles y aceras rotas. Pero el deterioro paulatino de la capital cubana no ha impedido tener 350 mil trabajadores de la salud; 267 hospitales más de 14 mil consultorios médicos en los barrios; 444 policlínicos; 295 hogares de ancianos y 13 institutos de investigaciones, entre otros.

Es de aplaudir también la tasa mortalidad infantil: 6,5 por cada mil nacidos vivos en el 2002. Lo que no merece aplausos es l a cantidad de criaturas nacidas con bajo peso. Hortensia, 35, oficinista, lo achaca a la mala alimentación. Su esposo afirma que el estrés con que se vive en Cuba es el culpable. Ninguno de los dos reconoce que una de las causas de que su hija, ahora con 10 años haya sido clasificada como niña baja de peso y de estatura, se debe a que los dos son fumadores habituales y que la madre durante el embarazo no dejó de fumar.

En un estudio realizado en 1981 por el profesor Ubaldo Farnot sobre factores de riesgo en las gestántes cubanas, se planteaba que el 42 por ciento de las mujeres que dieron a luz en la etapa de la investigación, eran fumadoras y el 28 por ciento fumaron durante el embarazo. Para la Dra. Elba Gómez, renombrada especialista gineco-obstetricia, en estos momentos la situación “es igual o peor, pues Cuba es uno de los pocos países del mundo en el que no se ha observado una disminución marcada del hábito de fumar” (Granma 27-10-03).

Según la Organización Mundial de la Salud, el peso de un bebé al nacer debe rondar de los 2,500 gramos. Sin embargo, en Cuba se han producido casos alarmantes. En Las Tunas, provincia a 677 kilómetros de La Habana, una recién nacida pesó solamente 380 gramos.

Al mal hábito de fumar se unen factores nutricionales, ambientales y genéticos. Y no solamente están naciendo en el país niños bajos de peso y talla, sino también con distintos tipos de retraso mental o deficiencia física. De ahí que en los últimos años el gobierno haya puesto énfasis en la educación especial y creara una licenciatura de la cual se han graduado 10,204 profesionales. Más de 55 mil niños con retraso mental o en el desarrollo psíquico, sordos, ciegos, débiles visuales y con trastornos de conducta y del lenguaje, entre otros estudian en 429 escuelas especiales diseminadas por la isla. 76 de estas se encuentran en la Ciudad de La Habana provincia donde se concentra el mayor número de niños con problemas.

Más preocupante todavía es el hecho de que la sociedad cubana está envejeciendo aceleradamente. Según estadísticas del año 2000 el 1.3 por ciento de la población tenía menos de un año (142,674); el 5.3 por ciento de 1 a 4 años (593,070): 14,7 por ciento de 5 a 14 años (1,644,415); de 15 a 49 el 54,0 por ciento (6,058,602); de 50 a 59 el 10,5 por ciento (1,176,346) y de 60 y más el 14,2 por ciento (1,601,993). Para ilustrar mejor la situación, el Dr. Enrique Vega, director nacional del Adulto Mayor y Asistencia Social del MINSAP (Ministerio de Salud Pública) muestra este cuadro: dentro de diez años, un médico de la familia atenderá a 118 personas mayores y 92 niños. “Sin embargo, recalca, todavía los conocimientos sobre la salud en la tercera edad ocupan un pequeño espacio en la preparación de los estudiantes de medicina actualmente”.

La Habana vieja no sólo será una zona famosa de la parte colonial, sino literalmente una capital de gente vieja. Tiene un 16.9 por ciento de población mayor de 60 años, es la segunda del país, después de Villa Clara. En encuestas recientes llevada a cabo en 15 municipios de la capital por la Oficina Nacional de Estadísticas, y el MINSAP, en 1,905 personas se supo que en el 42 por ciento de las viviendas habaneras reside por lo menos un adulto de 60 años o más.

En dicho estudio las mujeres quedan mejor paradas que los hombres aunque se caen y sufren fracturas el doble que los hombres. En diabetes, artritis, osteoporosis y enfermedades del corazón, triplican al sexo masculino. “Es lógico, sobre nosotras recae todo el peso del hogar y la responsabilidad de alimentar a la familia. Y eso en Cuba es muy difícil y enajenante”, declara Ada, 71, jubilada.

Si los pies defectuosos y urgidos de calzado apropiado influyen en las caídas de las ancianas, el panorama no es más halagüeño en relación con la dentadura. Se ha hecho común ver a hombres y mujeres con frecuencia jóvenes, a quienes les faltan piezas, las tienen careadas o usan prótesis. “Casi nadie tiene el cajetín completo”, cuenta un vendedor de periódicos que sin complejo muestra sus encías. Según especialista en estomatología, si en los años 1982 y 1995 el índice era de 28 piezas menos en las dentaduras de personas de 60 años, en la actualidad el promedio es de 18 a 20 dientes perdidos en la edad avanzada. “Sinceramente, no lo creo, porque yo lo que veo cada día es gente desdentada, a veces bien vestida y preparada, pero sin dientes o con dientes postizos”, opina Lázaro, 38, gastronómico.

El llanto de un bebé

Para Alberto, 52, sociólogo, “el envejecimiento acelerado de la sociedad cubana es producto de las difíciles situaciones económicas durante décadas lo que ha provocado que las parejas lo piensen dos veces antes de tener un hijo”. También añade, “ha influido la falta de un futuro claro y el hecho de habitar numerosas personas en una misma casa. Cuando se deciden a tener descendencia, por lo general tienen uno o a lo sumo dos hijos”.

Con los criterios del sociólogo coincide Marlene, 32, ingeniera, quien a su edad ya está deseosa de ser madre. “Mi esposo y yo nos llevamos muy bien, pero no tenemos un hogar en común, y en la Cuba de hoy con 900 pesos (35 dólares), la suma del salario de los dos, no alcanza para mantener a un niño”, expresa Marlene mientras se alisa su negro cabello.

Pese a las dificultades, Marlene sueña con tener pronto un bebe. “pero no quisiera tenerlo en Cuba” dice risueña. Los sueños devinieron pesadilla para Luisa, 26, obrera. Ella ya conoce los dolores de cabeza que da mantener a un hijo como madre soltera: Luisa se separó de su marido cuando tenía cuatro meses de embarazo.

“Con un salario de 263 pesos (10 dólares) me las vi negra”, señala. En su familia tuvieron que hacer una colecta y le compraron una cuna y artículos imprescindibles de canastilla. “Mi hijo no tuvo coche ni corral y las ropitas eran todas de uso de las que se le habían ido quedando a mis sobrinos”, recuerda melancólica. Esta solidaridad es habitual en Cuba, donde existe una especie de cofradía entre las futuras madres, sus familias amigos.

Lo utilizado por un niño se guarda para una hermana, una prima o una compañera de trabajo. Las cunas en ocasiones han sido utilizas por padres y abuelos y después cuando el último nieto creció se presta, se regala o se vende a un vecino, probablemente tan necesitado o más. No obstante las inmensas dificultades, las parejas saben que vale la pena enfrentarlas a cambio de ver crecer y desarrollarse a un hijo.

En Cuba la preocupación no es la atención médica a las embarazadas ni a los recién nacidos. Es cierto que los hospitales materno-infantiles (30 en todo el país), no disponen de grandes comodidades o suelen ser agradables a la vista, pero la tasa de mortalidad en el 2002 fue de 6,5 por cada mil nacidos vivos (en el 2001 fue aún más baja, 6,2). En contraste, debido a dificultades como las enumeradas, es alarmante la tasa de natalidad: 12.5 por ciento en el 2001, la más baja en cien años (en 1899 fue de 32,8 por ciento). Cuando Fidel Castro llegó al poder, en enero de 1959, la tasa de natalidad era de 28.2 por ciento. El decrecimiento comenzó en 1970, año en que este indicador fue de 28.6 por ciento. Once años más tarde en 1981 era la mitad, 14.1 por ciento.

Después de 59 años en que más niños nacieron en Cuba fueron en 1963 (35.0 por ciento), en 1964 (36.6 por ciento) y en 1965 (35.4 por ciento). Pero el año de verdadera explosión demográfica en la isla se produjo en 1917, el 47.6 por ciento. Joel, 25, desocupado, vive ajeno a estas cifras. Es más ni le interesan ni las entiende. Cuando terminó el servicio militar dejó los estudios, se enamoró y comenzó a vivir con una muchacha. “Al año ella estaba dando a luz, un varón, que ya cumplió nueve meses, tiempo en que empieza lo bueno; hay que comenzar a darle comida y se puede tener descalzo pues pronto debe empezar a dar sus primeros pasos”, alega.

Joel calcula que para darle todo lo que un bebé necesita desde que nace hasta el segundo año de la vida hacen falta no menos de 600 dólares, cantidad que en Cuba equivale a 15 mil pesos. Y 15 mil pesos es lo que gana un médico de categoría en tres años de trabajo. Es por ello que el matrimonio formado por Antonio, 27, y Omara, 26, maestros los dos, se rascan la cabeza cuando se les pregunta sobre sus planes de tener hijos. Entre los que ganan 700 pesos (menos de 30 dólares mensuales). “Aún habrá que esperar, dice Antonio. Y abraza con cariño a su media naranja.

Y sin embargo se mueve

Castro tiene casi una obsesión con el embargo económico instaurado por la administración de John F. Kennedy en 1962. Según el gobierno cubano y sus medios el bloqueo es el culpable de que muchos en la isla vivan de forma precaria. El 4 de noviembre el canciller Felipe Pérez Roque presentó ante las Naciones Unidas un documento atestiguando que las pérdidas a consecuencia del bloqueo superan los 72 mil millones de dólares.

179 países votaron en contra del absurdo embargo. Sólo tres naciones (Estados Unidos, Israel y las Islas Marshall) estuvieron a favor de mantenerlo. Variadas y sin contundencia han sido las razones de 10 administraciones estadounidenses para no levantarlo. Más que un absurdo el embargo es una estupidez.

Mientras Cuba dependía de la tubería rusa – por donde incesante fluía el petróleo- del bloqueo apenas se hablaba. Durante la etapa de la Guerra Fría, la desaparecida URSS nos sostenía con 4 mil millones de rublos al año. La ayuda soviética permitió a Castro mantener el amplio sistema de salud, educación, cultura y deportes a lo largo de toda la isla. Pero también fue una etapa donde se dilapidaron recursos.

Un sinnúmero de planes e ideas descabelladas o irrealizables se pusieron en marcha. Fueron años de derroche apoyando a las guerrillas en medio mundo. La larga participación cubana en la guerra de Angola costó miles de millones de dólares. Acerca de esta etapa se calla y no se ofrecen cifras de los colosales gastos.

El embargo es injusto. Es una breve encuesta a 44 personas para esta página de la SIP en edades comprendidas entre los 18 y 82 años, 41 dijeron “estar contra el bloqueo” Pero 36 manifestaron “estar también cansados del añejo gobierno de los hermanos Castro”.

Cuando en 1989 el Muro de Berlín se vino abajo y el socialismo ruso dejó de existir, Castro retomó el bloqueo (nombre que se le da en Cuba al embargo) como un arma de combate. Si la economía fuera eficiente y en vez de un millón y medio de turistas a la isla viniera 5 o 10 millones al año se podría comprar cualquier clase y cantidad de mercancías en otras partes del planeta, aunque, claro a precios más altos por la transportación. Y los medicamentos no escasearían. Y habría más ómnibus para el transporte público, más viviendas y más alimentos.

Pero las arcas están vacías. Urge comprar más cerca y más barato. A 90 millas de nuestras costas, en Estados Unidos, el mercado natural - y tradicional- de Cuba. Al margen del discurso duro y de la frenética propaganda cubana, el embargo ha provocado daños visibles en la salud, por ser Estados Unidos el mayor y mejor productor de tecnología médica y productos farmacéuticos de última generación.

El efecto negativo del embargo puede verse en el Cardiocentro del hospital William Soler al sur de la capital. Los médicos allí tienen que hacer milagros para que no mueran los niños con problemas congénitos del corazón. Marian Fariñas, vive hace varios meses en una de las salas de Pediatría. Cuando tenía 60 días de nacida le diagnosticaron un neuroblastomo en estadio cuatro. Desde ese momento Marian permanece en una cuna rodeada de mujeres y hombres con batas blancas, luchando diariamente por su vida.

Su madre, Jacquelin Sánchez, no tiene con qué agradecer tamañas atenciones. “Los medicamentos no le han faltado. Mi niña va por el cuarto cielo de quimioterapia y ninguno ha sido suspendido por falta de un suero citostático. Se que el tratamiento es muy caro, pero nada le ha faltado”, declara Jacquelin. Su hija no es la única en estado patético en esa sala.

La doctora María del Carmen Barroso, especialista en quimioterapia apunta: “fue muy duro saber que a pesar de tener el dinero, Estados Unidos se niega a vendérnoslo. Muchas veces tuvimos que hacer cambios en los esquemas de tratamiento, para poder sustituir un medicamento por otro”.

Funcionarios del MINSA a menudo recorren Europa en busca de una medicina específica para un casa específico.

A más de 700 kilómetros al este de La Habana, en la provincia de Holguín se encuentra el hospital docente Vladimir Ilich Lenín. Allá a las 28 semanas de gestación nació una criatura con un peso de 840 gramos. Cabía en la palma de la mano. “La atención para este bebé superaría 150 mil dólares en Estados Unidos”, aclara el doctor Luis Llopis, jefe de neonatología en el referido hospital. Decisivo ha sido el suministro de Survanta, medicamento Made in USA.

Debido al embargo, la medicina tuvo que ser adquirida a miles de kilómetros de la isla. Y ni así resulta fácil: hay proveedores que no se lo venden al gobierno de Castro para no ser sancionados por el Departamento de Tesoro de Estados Unidos. El embargo prohíbe comprarles a subsidiarias estadounidenses. Ni una aspirina. Afectados también por la obsoleta política son alrededor de 300 niños urgidos de tratamientos avanzados contra el cáncer.

Hace un par de años el senado de Estados Unidos flexibilizó el embargo de los acápites de medicinas y alimentos. Hasta la fecha, las autoridades cubanas han dispuesto de 500 millones de dólares en efectivo para adquirir alimentos. La cifra destinada a la compra de medicamentos no se conoce. Según el gobierno, el costo del embargo al sistema cubano de salud se eleva a más de 1,750 millones de dólares.

De sol y de sombra

La escasez de medicamentos avanzados y de antibióticos de cuarta y quinta generación así como de equipos y tecnologías de punta puede haber provocado la muerte de equis número de pacientes. Pero la negligencia médica en casos de jóvenes como Yolanda, fallecida a causa de un embarazo ectópico, no se puede achacar al embargo. Tampoco se le puede achacar al bloqueo que un diagnóstico errado pudo haberle costado la vida a Yania, ahora una hermosa niña de 9 años, pero que en 1995 por poco muere después de una semana siendo tratada con Metronidazol para una supuesta amibiasis cuando en realidad era Shigella, bacteria con altos índices de mortalidad en menores de dos años y que fácilmente se controla con ácido nalidíxico.

El embargo no es culpable del deterioro en hospitales y policlínicos ni de la falta de higiene, mobiliario y enseres mínimos en una consulta médica o en un cuarto hospitalario. Cuando alguien tiene que ingresar para ser operado debe llevar toallas, sábanas, cubos de agua y hasta bombillos para los baños, habitualmente oscuros. Y disponer de un mínimo de recursos, como Leandro, 48, diabético crónico, que hace regalos a su doctora para que lo atienda con rigor.

¿Se puede culpar al embargo de las difíciles condiciones en que labora el personal de salud y a quien no solamente le faltan implementos sino que excepcionalmente pueden disponer de comedores donde los alimentos sean buenos y estén bien cocinados? Una médica intensivista contaba que tras varías horas lidiando con un caso grave una madrugada, de pronto alguien dijo: “Cuánto daría por poder tomarme un café caliente y un bocadillo de jamón cuando salga del salón”. De ahí que pacientes como Leandro obsequian frutas, bocadillos y muslos de pollo fritos a sus médicos.

Al embargo no se le puede culpar el robo descarado en hospitales y otras instalaciones sanitarias. “Se roba de todo; desde algodón hasta termómetros y vitaminas.”, dice una empleada de un importante hospital habanero. Porque todo es vendible en el mercado negro. Y a esta clase de robo se une el de los ladronzuelos que recorren las habitaciones y se llevan lo mismo un calzoncillo que un ventilador, aprovechando que los enfermos duermen y sus acompañantes están rendidos tras varias noches de tensión.

El robo es también habitual en farmacias. En La Habana existen 376 y difícilmente haya una donde sus empleados no extraigan medicamentos – a veces de mutuo acuerdo con sus jefes – para venderlos a sobreprecio. El surtido ideal en una farmacia cubana de 368 tipos de medicamentos, pero lo normal es que oscile entre 260 y 300. Claro, lo que da resultado son aquellas medicinas difíciles como el Meprobamato, Clorodiazepóxido y vitamina C entre otros. “Nadie negocia la Nitroglicerina, que cuesta 0.10 centavos el frasco de 20 pastillas porque además de que es un medicamento vital para salvar a un infartado, nunca falta y es baratísimo”, explica Yadira, 21, empleada de una farmacia.

Pese a medidas administrativas y sanciones laborales, el mercado negro de medicinas parece imparable. “Yo prefiero pagar 10 pesos por una medicina en la calle que estar detrás de ella en una farmacia aunque su precio oficial sea de un peso”. Dice Luisa, 81, jubilada.

El Color del dinero

Se rumorea que el cúmulo de éstas y otras deficiencias dieron al traste en el 2002 con el puesto de ministro de salud pública del doctor Carlos Dotres. En su lugar fue designado Damodar Peña, hombre cercano a Castro y quien tiene la misión de imprimir nuevos bríos a una de las vacas sagradas de la revolución.

La medicina cubana es gratuita para la ciudadanía. Pero no goza de buena salud. Tenemos muchos y buenos médicos pero los hospitales dan grima. La cosa cambia cuando se trata de la atención en dólares a turistas y visitantes. Los extranjeros disponen de una red de clínicas como Cira García o el centro de rehabilitación La Pradera. Fue precisamente aquí donde se intentó desintoxicar contra las drogas al genial futbolista argentino Diego Armando Maradona.

El tratamiento de El Pibe fue de primera, similar al que le hubiera ofrecido la decadente sociedad occidental. Desde hace años, Cuba pone a disposición de los extranjeros que lo puedan pagar, tratamientos antidrogas. Era la época en que se creía que el flagelo mundial no afectaría al hombre nuevo pronosticado por el Che. Pero las drogas llegaron y jóvenes menores de 20 años se volvieron adictos a la marihuana, cocaína, alcohol y sicotrópicos. Fue en enero del 2003 cuando públicamente se reconoció el mal y se lanzó la operación Coraza. Capos locales fueron arrestados y encarcelados. Pero las víctimas, los consumidores, están al pairo.

Una minoría de adictos recibe tratamiento. Otros, la mayoría no acude a desintoxicarse. Por temor. Aunque la legislación actual no sanciona a los consumidores, éstos no se confían y piensan que podrían parar en la cárcel. Leonel, 24, se ha sometido a varias terapias, pero siempre vuelve a las drogas. Y cada vez con más fuerza. Sus padres están desesperados.

Los alcohólicos son más numerosos que los drogadictos pero menos que los fumadores (31.9 por ciento de la población). Según el Dr. Ricardo González, especialistas en el tema, entre un 5 a 6 por ciento de la población padece de alcoholismo. Según un investigador que prefirió el anonimato, “esa cifra es demasiado conservadora. En estos momentos sobrepasa el 15 por ciento”. Y ya se sabe, que el hábito de fumar es tan dañino como el de beber.


La extraña enfermedad de Leticia

Si a Leticia, 27, maestra de primaria, le dieran a escoger tres cosas para llevarse al otro mundo, sin dudas escogería su perro salchicha, el último libro de Gabriel García Márquez y su título de licenciada en pedagogía. Contrario a algunos jóvenes cubanos que estudian magisterio para escapar del servicio militar o para quedar bien con sus padres, desde pequeña Leticia quiso enseñar a niños.

Sus problemas cotidianos eran muy similares a los de la mayoría. Ir todos los días al trabajo luego de un magro desayuno por lo regular consistente en pan con mayonesa, café o un jugo de frutas. De su modesto ropero escogía vestidos recatados de algodón, “porque para un maestro es primordial pasarse ante sus alumnos lo mejor presentados posible, aclara Leticia.

De regreso al hogar hacía faenas domésticas, cenaba frugalmente y después de que terminaba el noticiero de TV hasta aproximadamente las 11 de la noche se sentaba a preparar las clases del día siguiente.

Era una excelente maestra. Para ya no puede ejercer. Una tarde cualquiera, a fines del 2000, sintió un dolor en el hombro izquierdo. Se untó pomadita china y se tomó una dipirona. Logró dormirse y cuando despertó notó que lo tenía levemente hinchado. El dolor había cedido, pero tenía molestias en la axila. Su mamá le dijo que era por el desodorante y le auguró una golondrina. Se lavó bien debajo de los brazos y no se puso desodorante ni nada que le pudiera irritar. No se preocupó más y siguió su vida normal.

Al cabo de una semana el dolor arreció. Apenas podía levantar el brazo. Parecía que tenía un pedazo de carbón ardiente. Fue al policlínico. El médico de guardia la miró la zona dolorida y le dijo que era bursitis. Le indicó Indometacina, reposo de ese brazo y bolsas de agua caliente. A la semana, al no producirse mejoría fue al médico de guardia de un hospital. Este la reconoció diagnosticó hombro congelado. Le dio un certificado médico por 15 días y en vez de Indometacina le recetó Ibuprofen y le mando hacer una radiografía. La citó para dos semanas más tarde.

Pero Leticia no volvió. Los dolores eran insufribles y la hinchazón era alarmante. Una familiar la llevó a un hospital ortopédico. El especialista que la reconoció exhaustivamente se percato de que aquello no era busitis ni hombro congelado. La ingresaron y le hicieron una biopsia. Cuando estuvo el resultado la remitieron con urgencia al hospital oncológico: tenía un Sarcoma de Erwing.

Leticia no ha vuelto a dar clases. Probablemente no pueda ejercer la profesión que tanto ama. Ha transcurrido un año y los malos momentos de quimioterapia atrás. Perdió su abundante y rizada cabellera y sin complejos sale a la calle sin pañuelo aunque ya el pelo le ha vuelto a crecer. Leticia era militante comunista pero después de lo vivido, se ha refugiado en la iglesia. En Dios a puesto toda su fe.

Maestros por doquier

Antes de 1959 ser maestro era un honor. Celia Cruz, la guarachera de Cuba fallecida el 16 de julio del 2003 en Estados Unidos, siempre se vanaglorió de haber cursado la Escuela Normal de Maestros de La Habana, uno de los claustros más prestigiosos que había en la isla y de donde salió lo mejor del magisterio cubano. Otra famosa cantante, La Lupe, también fue maestra graduada en Santiago de Cuba.

“Es difícil que una persona nacida antes del 59 no recuerde a sus maestros en la primaria. El bachillerato o la universidad”, dice Ana, 75, maestra jubilada. En aquella época en escuelas e institutos públicos o privados daban clases poetas de la talla de Emilio Ballagas o el mejor orador cubano de todos los tiempos, Salvador García Agüero. El escritor Alejor Carpentier también fue maestro. Tuvimos grandes pedagogos: Enrique José Varona, María Luisa Dolz, Alfredo M. Aguayo y Ramón Rosaínz. Entre otros muchos.

Por supuesto había desigualdades y las universidades no estaban al alcance de todos. La enseñanza era pública o privada, laica o religiosa. El analfabetismo rondaba el 23.6 por ciento y el nivel escolar era de sexto grado. En el campo escaseaban aulas y maestros. Entonces llegó el comandante y mandó a parar. El 6 de julio de 1961 se dictó la ley de nacionalización de la Enseñanza. Fue ese el año de la Alfabetización. Más de un millón de cubanos aprendieron a leer y escribir. En el 61 se formaron cientos de maestros voluntarios para “llevar la luz de la verdad por llanos y montañas”.

Los proyectos eran fabulosos. Algunos se cumplieron, como las escuelas de superación de la mujer y de corte y costura para miles de muchachas campesinas. Muchos maestros emigraron cuando se percataron de la excesiva politización de la enseñanza tras en cierre de colegios privados y religiosos. Algunos locales como el del seminario de los Hermanos Maristas, en el reparto Sevillano, devinieron centros represivos: hoy es sede del Departamento de Seguridad del Estado, la tenebrosa Villa Marista.

De 44 entrevistados, 40 desearían que un futuro gobierno sin los hermanos Castro se mantenga la salud y educación gratuita y cuatro quisieron que ésta se cobrara, para poder exigir buena atención. Las 44 personas, de 18 a 82 años (mitad hombres y mitad mujeres), aplaudirían la apertura de colegios religiosos, “porque los curas y las monjas son rectos, pero educan bien”, opinaron.

El 99 por ciento de los cubanos en su sano juicio saben leer y escribir. El gobierno apostó alto y creó escuelas de todo tipo y niveles. Según cifras del curso escolar 2001-1002, existen 12,195 escuelas con un personal docente de 218,036. La matrícula inicial de ese año fue de 2,292,319 alumnos. En el curso 2000-2001, el número general de graduados ascendió a 471, 227. Unos 433, 755 estudiantes son becarios y 539, 201 aprenden semi-internados, almorzando en la escuela, (la comida ofrecida no es para tirar cohetes). A ello se suma la existencia de 1, 117 círculos infantiles con capacidad para 146, 586 niños. Unas 429 son escuelas especiales y prepararan personal docente emergente, instructores de arte, profesores de educación física y deportes y otros profesionales. Hay una red de escuelas de donde se gradúan más de 500,000 estudiantes. A la educación se dedica el 11.4 por ciento del producto interno bruto (2,386,6 millones de pesos en el 2001).

Pero de la avalancha de maestros tan jóvenes como sus alumnos, sin la brillantez de Balagas o García Agüero y por lo regular sin demasiada vocación por el magisterio, no se puede aspirar a resultados óptimos, en materia de educación. El tiempo dirá si del alumnado preparado por estos maestros emergentes saldrán ciudadanos con conocimientos y comportamientos como los preparados por los maestros de antaño. Pero vivimos en una isla donde lo primordial no es precisamente el pensamiento ilustrado, sino dominar la lectura escritura y operaciones básicas de matemáticas.

No hay sitio, por muy lejano que se encuentre, que no disponga de escuela o por lo menos de un aula. Unas 2, 320 escuelas rurales fueron electrificadas con paneles solares. El 90 por ciento de las escuelas poseen un televisor en cada aula y una sala de computación. Pero todas esas ventajas, incluido el aumento de salarios y el mejoramiento de condiciones laborables, no ha impedido el éxodo de maestros hacia la llamada área dólar.

Con la llegada del período especial en 1990 y con el desarrollo del turismo y de las tiendas recaudadoras de divisas, muchos educadores comenzaron a desertar. Y sin ningún prejuicio aceptaban empleos como maleteros en el aeropuerto, custodios en un hotel o cajeros en una shoping.

A fin de cuentas, 20, 30 o 50 Dólares mensuales representaban varias veces su salario como maestro. “Y, sí, es muy lindo enseñar y ser maestro pero más lindo es poder cubrir necesidades elementales todos los meses”, Confiesa Emilio, 36, barman en un restaurante de lujo y quien en su casa tiene en una gaveta su diploma de maestro.

Maestros y Meriendas

La deserción de maestros y la improvisación e inexperiencia de los formados emergentemente han afectado la calidad de la enseñanza. Para suplir las diferencias, muchos padres contratan maestros privados que dan clases y repasan en las casas. No es legal, pero el gobierno se ha hecho de la vista gorda. Andrés, 56, funcionario, paga 10 dólares a una maestra de inglés y 10 pesos la hora (0.50 centavos de dólar) cuando se aproximan exámenes a profesores de matemáticas, física, química e historia. Su hija está en el último año de pre-universidad y aspira a una plaza en la licenciatura de turismo.

En el caso de Andrés, se justificaría, pero no en el de Marta, 31, peluquera. Todos los sábados sus hijos de 6 a 8 años reciben clases y fijación de conocimientos por parte de una maestra jubilada. “Es que los maestros emergentes que tienen mis niños no saben mucho”, alega Lidia, 57, que se jubiló hace dos años y ahora gracias a las clases particulares, vive un poco mejor. Recibe 211 pesos de retiro (menos de 10 dólares) y dando clases u repasos en su domicilio el mes que menos gana 800 o mil pesos (40 a 50 dólares).

¿Proseguirán aumentando los maestros por cuenta propia? De momento sí, pero si de algo se vanagloria el gobierno cubano es de la gratuidad de sus sistemas educativos y sanitarios. Consultas médicas particulares no existen y cada vez van quedando menos dentistas privados, por lo regular con gabinetes desde antes del triunfo de la revolución. A los médicos como a los abogados y en general a empleados y funcionarios de la administración pública se les suele dar “algo” por debajo de tapete. Ese “algo” varía según el bolsillo del paciente o cliente; dinero (sobre todo en dólares), ropa, prendas, equipos electrónicos o comida, que en el caso de la gente del campo puede ser un saco de malanga o una pierna de puerco.

Nada de esto es desconocido por las autoridades. Castro en persona, en el 2001 tomó cartas en el asunto en lo que a educación respecta. Creó un ejército de jóvenes entre 15 a 18 años que no tenían claro su futuro y los preparó como maestros y trabajadores sociales, Posteriormente en otros cursos emergentes de graduaron enfermeros, auxiliares y técnicos de la salud.

Dentro de la categoría de maestros emergentes se creó otra, la de los maestros valientes, destinados a la enseñanza secundaria y que por misión tienen la de cubrir todas las asignaturas en una misma aula. De tamaña integralidad los salva el hecho de que una buena parte de las clases son impartidas por televisión, bien por el Canal Educativo, inaugurado por Fidel Castro en el 2001 o por Cubavisión y Tele Rebelde, los tres canales nacionales de TV. En los dos últimos desde el año 2000 se imparten cursos de la Universidad para Todos (en la semana del 16 al 22 de noviembre se ofrecían clases de francés, geografía de Cuba, español y biotecnología entre otros).

Entre las medidas tomadas para rescatar la calidad de la enseñanza, además de dotar con televisores y computadora a las escuelas, se limitó a 20 niños por maestro en las aulas de primaria y 15 en secundaria. Ortelio, 51, director de una escuela habanera, considera que “con estas medidas, los muchachos retendrán mejor los conocimientos”. Se instalaron bebederos de agua fría en todas las escuelas. El almuerzo para los que estudian como semi-internados en primaria, los hijos de madres trabajadoras y casos sociales, no ha mejorado mucho, pero a partir de este curso casi todas las secundarias del país tienen dos sesiones diarias, mañana y tarde, con un horario para una merienda (pan con una hamburguesa confeccionada con proteína vegetal y yogurt de soya), considerada reforzada, pero que no quita el apetito del buen número de adolescentes y quienes suelen llevar en una vasija almuerzo casero. “Es una torta insípida, horrenda, el yogurt de soya es malísimo” dice Ycana, 14, alumna de noveno grado.

En la primaria es un poco mejor: arroz, frijoles, huevo hervido o una porción de pescado y de vez en vez ensalada y un poquito de dulce. Muchos niños llevan también su “almuerzo” y además merienda prepara en casa para la hora del recreo (pan con salchicha, galleticas, agua, jugo o refresco). Antes de 1959 las escuelas públicas tenían sesión por la mañana para los varones y por la tarde para las hembras o viceversa, pues no existía la enseñanza mixta, salvo en los colegios privados. Los gobiernos anteriores a Castro no destinaban tanto dinero del presupuesto a gastos de educación (78 millones de pesos en 1958), pero ofrecía gratis, desayunos (leche con chocolate o con gofio) y meriendas (galletas dulces o saladas). Y, sin dudas, el profesorado estaba conformado por mujeres y hombres con verdadera vocación para el magisterio. “Los maestros eran personas de mucho respeto, se vestían correctamente, eran blancos y negros, pero nunca jovencitos como los que ahora se ven, con más tipo de raperos o jineteras que de maestros”, recuerda Nilda, 62, jubilada.

Cuando los muchachos regresan a sus casas, al final de la tarde llegan muertos de hambre. Van directo al refrigerador a la cocina, a comer algo antes de la hora de la cena. “Mi hija lleva la mochila como si fuera para un campismo: merienda, almuerzo, agua, servilletas, vaso, cubiertos. Yo le doy cinco pesos para lo que encuentra de comer en el camino. Y cuando viene me quiere comer a mí, del hambre que trae. Y eso que ella aunque desde el año pasado no le dan leche por la libreta de racionamiento, porque ya cumplió 8 años gracias a Dios, todos los días desayuna café con leche y pan con mantequilla”, relata Esperanza, 34, dependienta de una tienda de divisas.

Existir, no pensar

El verde caimán de la enseñanza se divide en tres etapas. Primaría, de preescolar a sexto grado; Secundaria de séptimo al octavo grado; Preuniversitario (bachillerato) y del décimo al duodécimo grado. Los que concluyen el noveno grado pueden optar por estudios en institutos tecnológicos y graduarse con algún oficio y diploma de técnico medio. Los que tienen aptitudes artísticas o deportivas pueden aspirar a una escuela de arte o de educación física y deportes.

La Universidad también ha crecido en comparación con 45 años atrás. En la isla existen 46 instituciones universitarias, aunque la Universidad de La Habana sigue siendo la más grande e importante. La meta es de 169 centros de nivel universitario, uno en cada municipio. Una locura. Una nación pequeña como Suiza, pero sumamente desarrollada, con más de diez Premios Nobel, dispone de 10 universidades cantonales y dos escuelas politécnicas federales, en Zurich y en Lausana.

Escuelas hay en Cuba de todo tipo y en cualquier lugar, excepto colegios privados y religiosos. Desde hace más de una década, la iglesia católica cubana viene pidiendo que el gobierno les permita tener sus propios colegios como medio siglo atrás. Castro estudió en el Colegio de Belén, regido por padres jesuitas. Distintas órdenes religiosas tenían sus centros de enseñanza, en todo el país.

Lo ha pedido el Cardenal Jaime Ortega, Arzobispo de La Habana, máxima autoridad del catolicismo nacional. Y también lo ha pedido el Papa, quien en enero de 1998 visitó la isla. Pero el gobierno no quiere ceder espacio a la iglesia en la rama educacional. Sus motivos son simples: desde los primeros grados existe una fuerte carga ideológica en la formación de los educados.

Muchos niños de segundo y tercer grado, que ya saben leer no saben quién es Antoine de Saint-Exupéry o Hans Christian Andersen, autores infantiles mundialmente conocidos, pero sí saben quiénes son Ernesto Guevara y Camilo Cienfuegos, incluso por encima de patriotas como José Martí y Antonio Maceo. En octubre de 1999 el jefe del departamento ideológico del comité central del partido comunista, Rolando Alfonso Borges expresaba: “La primera trinchera del trabajo político-ideológico con los niños es la escuela” (Granma, 16.10.99). Lo decía en la clausura del II Taller Nacional sobre el trabajo político ideológico del sistema educacional efectuado en Santiago. Borges recalcaba: “Los primeros combatientes con los maestros y demás trabajadores de la enseñanza”.

Un mes después, el 25 de noviembre, con la descomunal campaña propagandística que se puso en marcha en pro del retorno a Cuba del niño balsero Elián González, quedó más que evidente cuán perfeccionada está la labor de adoctrinamiento político que se inicia en el preescolar y no concluye hasta que un cubano muere.

El departamento que dirige Borges no sólo se ocupa de la politización en el sistema educacional, sino también en la cultura, el deporte, las ciencias, los sindicatos, las organizaciones juveniles y, por supuesto, los medios (radio, TV, periódicos y revistas).

Décadas atrás era más importante saber desarmar en minutos un fusil AK-47, de fabricación soviética, que conocer a Mozart. El ruso era el idioma principal, después de español. Hoy las cosas han cambiado y el inglés ocupó el lugar del ruso. Castro en persona se ocupa de revertir la cultura en una nación donde no hay analfabetos, el nivel mínimo es de noveno grado y existen 800 mil graduados universitarios. La meta es hacer de Cuba una potencia cultural a la vuelta de diez años.

De momento, muchos están cero. En los últimos tiempos con el auge de video y la computación, la tendencia es ver programas basura, telenovelas mexicanas, colombianas, venezolanas o brasileñas, shows televisivos realizados en Miami y películas de tiros y sangre. En libros el panorama no es muy halagüeño. Han proliferado las novelitas rosa y de vaqueros pero los ministerios de cultura y educación laboran arduo para revertir el panorama. Una solución ha sido la impresión de rústicas bibliotecas familiares con clásicos de la literatura cubana y universal y la organización anual de ferias del libro, entre otros proyectos.

Pero cultura y libertad tienen que ir de la mano, o no marchan. Existe censura. Es larga la lista de libros “subversivos” y de autores no gratos (Vargas Llosa, Cabrera Infante, Jorge Edwards, Carlos Fuentes, Zoe Valdés, George Orwell). El poeta Raúl Rivero, 58, condenado a 20 años de privación de libertad en una cárcel de Ciego Avila. A 400 kilómetros de su domicilio, también está prohibido en la isla.

En 1961 Fidel Castro fue tajante: “Con la revolución todo, contra la revolución nada”. Por lo tanto, la política editorial es supervisada por el departamento ideológico del partido comunista. Entre sus misiones está “orientarnos” qué debemos leer. Cierto que antes de 1959 había solamente 32 bibliotecas públicas y hoy existen 392, sin contar 6 mil escolares. Pero no somos libres para elegir lo que queremos leer, sean libros, periódicos o revistas.

El eslogan la universidad es para los revolucionarios, se cumple a rajatabla. Hasta el 12 grado cualquiera puede estudiar, proceda de una familia disidente, de Testigos de Jehová o masones. Pero no todos pueden acceder a las aulas de nivel superior. En la década del 60 y 70, incluso en los 80 todavía, los que confesaban su credo religioso eran excluidos. A principios de los 90, cuando el socialismo en Europa del Este se fue a bolina, Castro permitió en su partido la entrada de creyentes (el libro Fidel y la Religión de Frei Betto, se convirtió en un best seller nacional).

Pero la apertura no fue incondicional: quien piense distinto a sus concepciones políticas no coincidan con las oficiales no tiene acceso, porque “la universidad es para l os revolucionarios”. Tampoco existe autonomía universitaria. Javier, 21, estudiante universitario, se queja de la excesiva propaganda política. “Es tabú hablar de democracia o derechos humanos en el aula o comentar sobre la situación de los presos políticos pues pones en peligro tu carrera". La politización incluye otros aspectos: en los albergues estudiantiles se mira con malos ojos a los que pegan publicidad occidental en sus taquillas o a los que visten con ropa con marcas capitalistas o emblemas estadounidenses.

Dentro del concepto de publicidad occidental entra desde fotografías de autos hasta afiches con Jenifer López, Ronaldo o Madona. Lo políticamente correcto es adornar con los símbolos patrios, fotos del Che y de artistas locales como Silvio Rodríguez. “Lo que la prensa no critica es el mal estado de los albergues universitarios, dice Rosa, 23, una de los 41 mil becarios en residencias estudiantiles. Su hermana, Elvira, 31, afirma que en sus años como becada universitaria los recuerda como un infierno chiquito. “Hubo de todo: sexo, promiscuidad, robo, bebidas alcohólicas y hasta mariguana”, rememora.

Para tratar de enmendar la situación y conducir a los jóvenes “por el camino correcto”, la FEU (Federación Estudiantil Universitaria, ha tomado cartas en el asunto. Hasaan Pérez, líder estudiantil de hablar atropellado y famoso por su incondicionalidad al régimen, está intentando cambiar el panorama y demostrar que el hombre nuevo existe y no hay necesidad de clonarlo. Olvidarse de “las podridas sociedades de consumo” y poner el alma y el corazón al servicio del estado socialista de obreros y campesinos es la gran meta.

Que Cuba se abra al mundo y el mundo se abra a Cuba

Eso dijo el Papa durante su visita del 21 al 25 de enero de 1998. Su presencia en la isla fue el suceso más importante en 45 años de revolución. A seis años del histórico acontecimiento, se puede aseverar que fue un golpe de efecto del gobierno cubano. Juan Pablo 11 criticó el embargo, para beneplácito de los gobernantes locales. Y donde ha sido más dañino, es en la educación y en la salud.

Pero el pastor que vive en Roma criticó también al estado cubano por alejar a niños y jóvenes de sus familias, enviándolos a estudiar y trabajar en las llamadas escuelas en el campo. Según el Sumo Pontífice, estas becas en el campo han sido culpables del desarraigo familiar y la promiscuidad sexual – la edad promedio en que las niñas cubanas comienzan a tener relaciones sexuales es a los 12 años y se ha vuelto común atender a muchachitas de 14 y 15 años embarazadas muchas de las cuales acuden a hacerse abortos y a otras no les queda más remedio que parir un hijo no deseado.

La iglesia no ve con buenos ojos esta realidad. Víctor, 42, bancario, hizo lo indecible para que su hija, Dayana, 16, pudiera matricular en un preuniversitario urbano. “Mi hija tiene problemas de salud y no puede becarse en el campo, pero si hubiera sido saludable hubiera pagado lo que me pidieran por un certificado médico porque yo estuve becado y sé como las muchachas son tratadas: no sólo se ven obligadas a hacer sexo con sus compañeros sino también con los maestros”.

Cuando el Santo Padre pidió que Cuba se abriera al mundo estaba mandando un mensaje de ida y vuelta a las autoridades. El fundamental: para mantener logros como la salud y la educación debemos democratizar la sociedad. Y entonces el mundo se abriría a Cuba. Ni lo uno ni lo otro ha ocurrido. Castro sigue encerrado cual caracol en su concha. Medio planeta critica la falta de libertades y la represión desatada en marzo del 2003, que llevó a la cárcel a 79 opositores y periodistas independientes, entre ellos el poeta Raúl Rivero.

El mundo también reconoce los avances logrados en salud y educación. Mas con eso no basta. Mientras los cubanos estamos en una encrucijada y para una mayoría, el futuro es una mala palabra. Cuba, de acuerdo al gobierno, es un paraíso. Y lo reafirma con cifras impresionantes en sus dos vitrinas.

Pero estos números y datos nada le dicen a Amparo, la madre de la joven de 21 años que murió de una hemorragia interna a consecuencia de un embarazo ectópico. También le son ajenas a Leticia, la maestra que convivió con un cáncer maligno durante dos años por impericia médica. Quien crea que esta viva por la quimioterapia se equivoca. “Estoy viva por mi fe en Dios”. Y la felicidad que encontraba en su aula ahora la encuentra en la iglesia, a la que asiste todos los días. Para estas dos mujeres los aplausos a la revolución ya cesaron. Una se refugia en el Señor para aliviar la pérdida de su hija y la otra para rogarle que la permita vivir un poco más.

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