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Por Iván
García
LO QUE LA REVOLUCIÓN NOS DEJÓ
Este es el siglo 21, Cuba vive la peor versión
de un capitalismo de estilo africano con una mezcla de socialismo
en retirada. A 45 años del triunfo de los barbudos,
en la isla de buen clima y buena gente escasea todo. Pero
la salud y la educación, las dos vitrinas sagradas,
siguen siendo un orgullo para el gobierno de Castro. Démosle
un vistazo por dentro.
Miami
Enero del 2004 Junto
con el otoño y las lluvias de noviembre llega para
Amparo, 67, ama de casa, la tristeza. Es como un ladrón
que le roba fuerzas. En el mes de noviembre, siete años
atrás, su hija Yolanda, 22, estudiante universitaria,
falleció víctima de una hemorragia interna
en un hospital de la ciudad de La Habana.
Yolanda,- cuenta la madre,
comenzó a tener fuertes dolores bajo en vientre.
La llevé al cuerpo de guardia y 16 horas después
la sacaba en una camilla envuelta en una sábana,
rumbo a la funeraria”. El médico del policlínico
le había diagnosticado amenaza de aborto pues tenía
unas seis semanas de embarazo. “El médico le
recetó calmante para los dolores y descansar con
los pies en alto”, recuerda Amparo mientras sus callosas
manos se afearan a un viejo sillón.
A la semana los dolores iban
en aumento. Casi desfallecida llegó al hospital.
Fue entonces cuando descubrieron que era un embarazo ectópico.
Ya era tarde. El personal médico hizo lo que estaba
a su alcance, pero no pudieron impedir que la muerte se
la llevara en plenitud de vida. “Fueron días
terribles. Sólo Dios sabe lo que sufrí. Me
queda el consuelo de mis otros dos hijos, pero no puede
arrancarme el dolor que me da pensar que Yolandita murió
por negligencia médica”, confiesa mientras
con un descolorido pañuelo se seca las lágrimas.
El dolor que todavía
siente esta madre habanera no es tan infrecuente en la Cuba
del 2003. Sí, es cierto que todavía mueren
mujeres a causa de embarazos ectópicos, pero los
logros de los que Fidel Castro se ufana en el campo de la
salud pública cubana son reales. Pero en ocasiones
ocurren negligencias médicas.
Igualmente son reales esos
logros en la educación y también es realidad
que los ciudadanos cubanos nacen ya con el signo de la libreta
de racionamiento –implantada en marzo de 1962- y rodeados
de escaceses y estrechez material. En tiempos de internet
y globalización, en Cuba sigue faltando comida, ropa,
zapatos, viviendas y libertades.
Trasladarse de un lugar a otro
en la ciudad puede demorar varias horas por la falta de
transporte urbano. El salario promedio de 200 pesos se diluye
como agua entre las manos cuando se va al agromercado, donde
los precios de frutas y vegetales suenen estar por las nubes.
Para el cubano es una odisea
–o un acto de predisgitación- desayunar, almorzar
y comer. Sólo una minoría puede darse el lujo
de no pensar qué va a pasar a poner a su familia
en la mesa al día siguiente. Vivimos mal, pero vamos
bien de acuerdo al presidente cubano. Quien desde hace tres
año se ha volcado en una revolución cultural
(otra más en cuatro décadas) y en un combate
ideológico denominado batalla de ideas. Esto no le
impide idear nuevos planes para que siga existiendo, con
más o menos brillo, las vitrinas-insignias de la
revolución cubana: salud y educación.
Ciertamente cada año
el gobierno puede enorgullecerse del cumplimiento de una
nueva meta en dos esferas vitales para cualquier sociedad,
sean más médicos o más maestros, más
hospitales y escuelas reparadas. Pero también es
muy cierto que dentro del círculo vicioso –
y desquiciante- en que se ha convertido, comer, vestirse,
bañarse e intentar tener una casa limpia se le va
la mayor parte del tiempo y del dinero al cubano común,
por lo regular ajeno a la metralla diaria de doctrina política
salida de la radio y la televisión. En 1996, por
ejemplo, la radio transmitía 301,0 horas diarias
y en el 2001 fueron 395,4. La televisión, por su
parte, en 1996 transmitía 7,9 horas diarias y en
el 2001 aumentó a 12,7.
El bombardeo noticio no afecta
demasiado a los cubanos quienes sin perder su sonrisa roban
cuanto pueden en sus centros de trabajo y son bastante indiferentes
a la situación interna: a casi ninguno le importa
la suerte de los casi 400 presos políticos existentes
en la isla y entre los cuales se encuentran varios médicos
como el Dr. Oscar Elías Biscet. Tampoco al cubano
de a pie las palabras libertad y derechos humanos le dicen
mucho.
El 60 por ciento de la población
cubana actual (11 millones 243,358 hasta el 31 de diciembre
del 2001, los resultados del Censo de Población y
Viviendas realizado en septiembre del 2002 todavía
no se ha hecho público) nació bajo el emblema
de la revolución. Y durante 45 años de actos
y discursos de les ha hecho creer que salud y educación
gratuitas son sinónimo de libertad y democracia.
Salud para todos
El embarazo ectópico
que mató a Yolanda y que cada año se lleva
la vida de mujeres en edad reproductora, no figura entre
las principales causas de muerte en Cuba. Según cifras
del año 2001, en primer lugar aparecen enfermedades
del corazón, con 20,727 víctimas anuales:
en segundo los tumores malignos (16,805) y en tercero las
enfermedades cerebro vasculares (8,067). Le sigue en cuarto
puesto la influenza y la neumonía, que si en 1995
fue causa de muerte en 3,760 personas, en el 2001 casi se
duplico en 6,982. En quinto lugar aparece los accidentes,
4,829 mortales, menos que en 1995 (5,847).
En el libro Cuba, más
allá de los sueños, de la periodista Silvia
Martínez publicado en el 2003 por la Editorial José
Martí y de donde se han extraído éstos
y otros datos, se mencionan los suicidios y lesiones auto
infligidas, cifras consideradas tabú. Allí
se lee que en 1995 hubo 2,223 suicidios: 2,056 en 1998;
2,051 en 1999: 1,845 en el 2000 y 1,649 en el 2001. Ojalá
que los números hayan seguido bajando en el 2002
y 2003.
Lo que si no baja es el porcentaje
de la población indiferente a los conceptos de libertad,
democracia y derechos humanos. Para Carlos, 21, estudiante
universitario, democracia es sinónimo de poder cursar
una carrera de medicina sin que sus padres hayan tenido
que pagar un centavo. “Es verdad que hay un solo partido
y un único discurso. Es verdad también que
uno públicamente no puede decir lo que piensa, pero
en Cuba no hay desaparecidos ni escuadrones de la muerte
y cuando usted llega a un hospital nade le pregunta si usted
es disidente cristiano, militante o comunista. Le atienden
sin cobrar un centavo”, responde enfático Carlos.
Y lleva razón. Eso es
algo bueno. Para ser un país del Tercer Mundo estamos
en primera fila en materia de salud y educación.
Vea usted: tenemos, según datos de 2001, 67,128 médicos
(un médico por cada 167 habitantes): 84,232 enfermeras
y auxiliares y 16 mil estudiantes de ciencias médicas,
como Carlos. Es más a pesar de tener sobre nuestras
espaldas, desde 1962 la angustiosa libreta de racionamiento
(seis libras de arroz, cinco libras de azúcar, 20
onzas de frijoles, una libra de pollo y dos pescados jurel
con cabeza, per cápita mensual y un panecillo 80
gramos diarios por persona). En la escuela Latinoamericana
de Medicina ubicada en Mariel, a 20 kilómetros al
oeste de La Habana, estudian unos mil estudiantes procedentes
de 24 países –para el 2005 la matrícula
será de 10 alumnos de unas 66 etnias distintas.
Las limitaciones alimenticias
no son óbice para que a partir de 1963 Cuba comenzara
a enviar personal médico y paramédicos a las
llamadas misiones internacionalistas, (el primer grupo,
ese año, fue a Argelia) y que en la actualidad cerca
de 3 mil galenos y personal de salud brinda sus servicios
en 14 naciones. El caso más notorio es el fuerte
contingente enviado a Venezuela.
Si usted recorre a pie zonas
de la ciudad de La Habana alejadas de los centros turísticos
podrá ver el pésimo estado de muchas viviendas
así como calles y aceras rotas. Pero el deterioro
paulatino de la capital cubana no ha impedido tener 350
mil trabajadores de la salud; 267 hospitales más
de 14 mil consultorios médicos en los barrios; 444
policlínicos; 295 hogares de ancianos y 13 institutos
de investigaciones, entre otros.
Es de aplaudir también
la tasa mortalidad infantil: 6,5 por cada mil nacidos vivos
en el 2002. Lo que no merece aplausos es l a cantidad de
criaturas nacidas con bajo peso. Hortensia, 35, oficinista,
lo achaca a la mala alimentación. Su esposo afirma
que el estrés con que se vive en Cuba es el culpable.
Ninguno de los dos reconoce que una de las causas de que
su hija, ahora con 10 años haya sido clasificada
como niña baja de peso y de estatura, se debe a que
los dos son fumadores habituales y que la madre durante
el embarazo no dejó de fumar.
En un estudio realizado en
1981 por el profesor Ubaldo Farnot sobre factores de riesgo
en las gestántes cubanas, se planteaba que el 42
por ciento de las mujeres que dieron a luz en la etapa de
la investigación, eran fumadoras y el 28 por ciento
fumaron durante el embarazo. Para la Dra. Elba Gómez,
renombrada especialista gineco-obstetricia, en estos momentos
la situación “es igual o peor, pues Cuba es
uno de los pocos países del mundo en el que no se
ha observado una disminución marcada del hábito
de fumar” (Granma 27-10-03).
Según la Organización
Mundial de la Salud, el peso de un bebé al nacer
debe rondar de los 2,500 gramos. Sin embargo, en Cuba se
han producido casos alarmantes. En Las Tunas, provincia
a 677 kilómetros de La Habana, una recién
nacida pesó solamente 380 gramos.
Al mal hábito de fumar
se unen factores nutricionales, ambientales y genéticos.
Y no solamente están naciendo en el país niños
bajos de peso y talla, sino también con distintos
tipos de retraso mental o deficiencia física. De
ahí que en los últimos años el gobierno
haya puesto énfasis en la educación especial
y creara una licenciatura de la cual se han graduado 10,204
profesionales. Más de 55 mil niños con retraso
mental o en el desarrollo psíquico, sordos, ciegos,
débiles visuales y con trastornos de conducta y del
lenguaje, entre otros estudian en 429 escuelas especiales
diseminadas por la isla. 76 de estas se encuentran en la
Ciudad de La Habana provincia donde se concentra el mayor
número de niños con problemas.
Más preocupante todavía
es el hecho de que la sociedad cubana está envejeciendo
aceleradamente. Según estadísticas del año
2000 el 1.3 por ciento de la población tenía
menos de un año (142,674); el 5.3 por ciento de 1
a 4 años (593,070): 14,7 por ciento de 5 a 14 años
(1,644,415); de 15 a 49 el 54,0 por ciento (6,058,602);
de 50 a 59 el 10,5 por ciento (1,176,346) y de 60 y más
el 14,2 por ciento (1,601,993). Para ilustrar mejor la situación,
el Dr. Enrique Vega, director nacional del Adulto Mayor
y Asistencia Social del MINSAP (Ministerio de Salud Pública)
muestra este cuadro: dentro de diez años, un médico
de la familia atenderá a 118 personas mayores y 92
niños. “Sin embargo, recalca, todavía
los conocimientos sobre la salud en la tercera edad ocupan
un pequeño espacio en la preparación de los
estudiantes de medicina actualmente”.
La Habana vieja no sólo
será una zona famosa de la parte colonial, sino literalmente
una capital de gente vieja. Tiene un 16.9 por ciento de
población mayor de 60 años, es la segunda
del país, después de Villa Clara. En encuestas
recientes llevada a cabo en 15 municipios de la capital
por la Oficina Nacional de Estadísticas, y el MINSAP,
en 1,905 personas se supo que en el 42 por ciento de las
viviendas habaneras reside por lo menos un adulto de 60
años o más.
En dicho estudio las mujeres
quedan mejor paradas que los hombres aunque se caen y sufren
fracturas el doble que los hombres. En diabetes, artritis,
osteoporosis y enfermedades del corazón, triplican
al sexo masculino. “Es lógico, sobre nosotras
recae todo el peso del hogar y la responsabilidad de alimentar
a la familia. Y eso en Cuba es muy difícil y enajenante”,
declara Ada, 71, jubilada.
Si los pies defectuosos y urgidos
de calzado apropiado influyen en las caídas de las
ancianas, el panorama no es más halagüeño
en relación con la dentadura. Se ha hecho común
ver a hombres y mujeres con frecuencia jóvenes, a
quienes les faltan piezas, las tienen careadas o usan prótesis.
“Casi nadie tiene el cajetín completo”,
cuenta un vendedor de periódicos que sin complejo
muestra sus encías. Según especialista en
estomatología, si en los años 1982 y 1995
el índice era de 28 piezas menos en las dentaduras
de personas de 60 años, en la actualidad el promedio
es de 18 a 20 dientes perdidos en la edad avanzada. “Sinceramente,
no lo creo, porque yo lo que veo cada día es gente
desdentada, a veces bien vestida y preparada, pero sin dientes
o con dientes postizos”, opina Lázaro, 38,
gastronómico.
El llanto de un bebé
Para Alberto, 52, sociólogo,
“el envejecimiento acelerado de la sociedad cubana
es producto de las difíciles situaciones económicas
durante décadas lo que ha provocado que las parejas
lo piensen dos veces antes de tener un hijo”. También
añade, “ha influido la falta de un futuro claro
y el hecho de habitar numerosas personas en una misma casa.
Cuando se deciden a tener descendencia, por lo general tienen
uno o a lo sumo dos hijos”.
Con los criterios del sociólogo
coincide Marlene, 32, ingeniera, quien a su edad ya está
deseosa de ser madre. “Mi esposo y yo nos llevamos
muy bien, pero no tenemos un hogar en común, y en
la Cuba de hoy con 900 pesos (35 dólares), la suma
del salario de los dos, no alcanza para mantener a un niño”,
expresa Marlene mientras se alisa su negro cabello.
Pese a las dificultades, Marlene
sueña con tener pronto un bebe. “pero no quisiera
tenerlo en Cuba” dice risueña. Los sueños
devinieron pesadilla para Luisa, 26, obrera. Ella ya conoce
los dolores de cabeza que da mantener a un hijo como madre
soltera: Luisa se separó de su marido cuando tenía
cuatro meses de embarazo.
“Con un salario de 263
pesos (10 dólares) me las vi negra”, señala.
En su familia tuvieron que hacer una colecta y le compraron
una cuna y artículos imprescindibles de canastilla.
“Mi hijo no tuvo coche ni corral y las ropitas eran
todas de uso de las que se le habían ido quedando
a mis sobrinos”, recuerda melancólica. Esta
solidaridad es habitual en Cuba, donde existe una especie
de cofradía entre las futuras madres, sus familias
amigos.
Lo utilizado por un niño
se guarda para una hermana, una prima o una compañera
de trabajo. Las cunas en ocasiones han sido utilizas por
padres y abuelos y después cuando el último
nieto creció se presta, se regala o se vende a un
vecino, probablemente tan necesitado o más. No obstante
las inmensas dificultades, las parejas saben que vale la
pena enfrentarlas a cambio de ver crecer y desarrollarse
a un hijo.
En Cuba la preocupación
no es la atención médica a las embarazadas
ni a los recién nacidos. Es cierto que los hospitales
materno-infantiles (30 en todo el país), no disponen
de grandes comodidades o suelen ser agradables a la vista,
pero la tasa de mortalidad en el 2002 fue de 6,5 por cada
mil nacidos vivos (en el 2001 fue aún más
baja, 6,2). En contraste, debido a dificultades como las
enumeradas, es alarmante la tasa de natalidad: 12.5 por
ciento en el 2001, la más baja en cien años
(en 1899 fue de 32,8 por ciento). Cuando Fidel Castro llegó
al poder, en enero de 1959, la tasa de natalidad era de
28.2 por ciento. El decrecimiento comenzó en 1970,
año en que este indicador fue de 28.6 por ciento.
Once años más tarde en 1981 era la mitad,
14.1 por ciento.
Después de 59 años
en que más niños nacieron en Cuba fueron en
1963 (35.0 por ciento), en 1964 (36.6 por ciento) y en 1965
(35.4 por ciento). Pero el año de verdadera explosión
demográfica en la isla se produjo en 1917, el 47.6
por ciento. Joel, 25, desocupado, vive ajeno a estas cifras.
Es más ni le interesan ni las entiende. Cuando terminó
el servicio militar dejó los estudios, se enamoró
y comenzó a vivir con una muchacha. “Al año
ella estaba dando a luz, un varón, que ya cumplió
nueve meses, tiempo en que empieza lo bueno; hay que comenzar
a darle comida y se puede tener descalzo pues pronto debe
empezar a dar sus primeros pasos”, alega.
Joel calcula que para darle
todo lo que un bebé necesita desde que nace hasta
el segundo año de la vida hacen falta no menos de
600 dólares, cantidad que en Cuba equivale a 15 mil
pesos. Y 15 mil pesos es lo que gana un médico de
categoría en tres años de trabajo. Es por
ello que el matrimonio formado por Antonio, 27, y Omara,
26, maestros los dos, se rascan la cabeza cuando se les
pregunta sobre sus planes de tener hijos. Entre los que
ganan 700 pesos (menos de 30 dólares mensuales).
“Aún habrá que esperar, dice Antonio.
Y abraza con cariño a su media naranja.
Y sin embargo se mueve
Castro tiene casi una obsesión
con el embargo económico instaurado por la administración
de John F. Kennedy en 1962. Según el gobierno cubano
y sus medios el bloqueo es el culpable de que muchos en
la isla vivan de forma precaria. El 4 de noviembre el canciller
Felipe Pérez Roque presentó ante las Naciones
Unidas un documento atestiguando que las pérdidas
a consecuencia del bloqueo superan los 72 mil millones de
dólares.
179 países votaron en
contra del absurdo embargo. Sólo tres naciones (Estados
Unidos, Israel y las Islas Marshall) estuvieron a favor
de mantenerlo. Variadas y sin contundencia han sido las
razones de 10 administraciones estadounidenses para no levantarlo.
Más que un absurdo el embargo es una estupidez.
Mientras Cuba dependía
de la tubería rusa – por donde incesante fluía
el petróleo- del bloqueo apenas se hablaba. Durante
la etapa de la Guerra Fría, la desaparecida URSS
nos sostenía con 4 mil millones de rublos al año.
La ayuda soviética permitió a Castro mantener
el amplio sistema de salud, educación, cultura y
deportes a lo largo de toda la isla. Pero también
fue una etapa donde se dilapidaron recursos.
Un sinnúmero de planes
e ideas descabelladas o irrealizables se pusieron en marcha.
Fueron años de derroche apoyando a las guerrillas
en medio mundo. La larga participación cubana en
la guerra de Angola costó miles de millones de dólares.
Acerca de esta etapa se calla y no se ofrecen cifras de
los colosales gastos.
El embargo es injusto. Es una
breve encuesta a 44 personas para esta página de
la SIP en edades comprendidas entre los 18 y 82 años,
41 dijeron “estar contra el bloqueo” Pero 36
manifestaron “estar también cansados del añejo
gobierno de los hermanos Castro”.
Cuando en 1989 el Muro de Berlín
se vino abajo y el socialismo ruso dejó de existir,
Castro retomó el bloqueo (nombre que se le da en
Cuba al embargo) como un arma de combate. Si la economía
fuera eficiente y en vez de un millón y medio de
turistas a la isla viniera 5 o 10 millones al año
se podría comprar cualquier clase y cantidad de mercancías
en otras partes del planeta, aunque, claro a precios más
altos por la transportación. Y los medicamentos no
escasearían. Y habría más ómnibus
para el transporte público, más viviendas
y más alimentos.
Pero las arcas están
vacías. Urge comprar más cerca y más
barato. A 90 millas de nuestras costas, en Estados Unidos,
el mercado natural - y tradicional- de Cuba. Al margen del
discurso duro y de la frenética propaganda cubana,
el embargo ha provocado daños visibles en la salud,
por ser Estados Unidos el mayor y mejor productor de tecnología
médica y productos farmacéuticos de última
generación.
El efecto negativo del embargo
puede verse en el Cardiocentro del hospital William Soler
al sur de la capital. Los médicos allí tienen
que hacer milagros para que no mueran los niños con
problemas congénitos del corazón. Marian Fariñas,
vive hace varios meses en una de las salas de Pediatría.
Cuando tenía 60 días de nacida le diagnosticaron
un neuroblastomo en estadio cuatro. Desde ese momento Marian
permanece en una cuna rodeada de mujeres y hombres con batas
blancas, luchando diariamente por su vida.
Su madre, Jacquelin Sánchez,
no tiene con qué agradecer tamañas atenciones.
“Los medicamentos no le han faltado. Mi niña
va por el cuarto cielo de quimioterapia y ninguno ha sido
suspendido por falta de un suero citostático. Se
que el tratamiento es muy caro, pero nada le ha faltado”,
declara Jacquelin. Su hija no es la única en estado
patético en esa sala.
La doctora María del
Carmen Barroso, especialista en quimioterapia apunta: “fue
muy duro saber que a pesar de tener el dinero, Estados Unidos
se niega a vendérnoslo. Muchas veces tuvimos que
hacer cambios en los esquemas de tratamiento, para poder
sustituir un medicamento por otro”.
Funcionarios del MINSA a menudo
recorren Europa en busca de una medicina específica
para un casa específico.
A más de 700 kilómetros
al este de La Habana, en la provincia de Holguín
se encuentra el hospital docente Vladimir Ilich Lenín.
Allá a las 28 semanas de gestación nació
una criatura con un peso de 840 gramos. Cabía en
la palma de la mano. “La atención para este
bebé superaría 150 mil dólares en Estados
Unidos”, aclara el doctor Luis Llopis, jefe de neonatología
en el referido hospital. Decisivo ha sido el suministro
de Survanta, medicamento Made in USA.
Debido al embargo, la medicina
tuvo que ser adquirida a miles de kilómetros de la
isla. Y ni así resulta fácil: hay proveedores
que no se lo venden al gobierno de Castro para no ser sancionados
por el Departamento de Tesoro de Estados Unidos. El embargo
prohíbe comprarles a subsidiarias estadounidenses.
Ni una aspirina. Afectados también por la obsoleta
política son alrededor de 300 niños urgidos
de tratamientos avanzados contra el cáncer.
Hace un par de años
el senado de Estados Unidos flexibilizó el embargo
de los acápites de medicinas y alimentos. Hasta la
fecha, las autoridades cubanas han dispuesto de 500 millones
de dólares en efectivo para adquirir alimentos. La
cifra destinada a la compra de medicamentos no se conoce.
Según el gobierno, el costo del embargo al sistema
cubano de salud se eleva a más de 1,750 millones
de dólares.
De sol y de sombra
La escasez de medicamentos
avanzados y de antibióticos de cuarta y quinta generación
así como de equipos y tecnologías de punta
puede haber provocado la muerte de equis número de
pacientes. Pero la negligencia médica en casos de
jóvenes como Yolanda, fallecida a causa de un embarazo
ectópico, no se puede achacar al embargo. Tampoco
se le puede achacar al bloqueo que un diagnóstico
errado pudo haberle costado la vida a Yania, ahora una hermosa
niña de 9 años, pero que en 1995 por poco
muere después de una semana siendo tratada con Metronidazol
para una supuesta amibiasis cuando en realidad era Shigella,
bacteria con altos índices de mortalidad en menores
de dos años y que fácilmente se controla con
ácido nalidíxico.
El embargo no es culpable del
deterioro en hospitales y policlínicos ni de la falta
de higiene, mobiliario y enseres mínimos en una consulta
médica o en un cuarto hospitalario. Cuando alguien
tiene que ingresar para ser operado debe llevar toallas,
sábanas, cubos de agua y hasta bombillos para los
baños, habitualmente oscuros. Y disponer de un mínimo
de recursos, como Leandro, 48, diabético crónico,
que hace regalos a su doctora para que lo atienda con rigor.
¿Se puede culpar al
embargo de las difíciles condiciones en que labora
el personal de salud y a quien no solamente le faltan implementos
sino que excepcionalmente pueden disponer de comedores donde
los alimentos sean buenos y estén bien cocinados?
Una médica intensivista contaba que tras varías
horas lidiando con un caso grave una madrugada, de pronto
alguien dijo: “Cuánto daría por poder
tomarme un café caliente y un bocadillo de jamón
cuando salga del salón”. De ahí que
pacientes como Leandro obsequian frutas, bocadillos y muslos
de pollo fritos a sus médicos.
Al embargo no se le puede culpar
el robo descarado en hospitales y otras instalaciones sanitarias.
“Se roba de todo; desde algodón hasta termómetros
y vitaminas.”, dice una empleada de un importante
hospital habanero. Porque todo es vendible en el mercado
negro. Y a esta clase de robo se une el de los ladronzuelos
que recorren las habitaciones y se llevan lo mismo un calzoncillo
que un ventilador, aprovechando que los enfermos duermen
y sus acompañantes están rendidos tras varias
noches de tensión.
El robo es también habitual
en farmacias. En La Habana existen 376 y difícilmente
haya una donde sus empleados no extraigan medicamentos –
a veces de mutuo acuerdo con sus jefes – para venderlos
a sobreprecio. El surtido ideal en una farmacia cubana de
368 tipos de medicamentos, pero lo normal es que oscile
entre 260 y 300. Claro, lo que da resultado son aquellas
medicinas difíciles como el Meprobamato, Clorodiazepóxido
y vitamina C entre otros. “Nadie negocia la Nitroglicerina,
que cuesta 0.10 centavos el frasco de 20 pastillas porque
además de que es un medicamento vital para salvar
a un infartado, nunca falta y es baratísimo”,
explica Yadira, 21, empleada de una farmacia.
Pese a medidas administrativas
y sanciones laborales, el mercado negro de medicinas parece
imparable. “Yo prefiero pagar 10 pesos por una medicina
en la calle que estar detrás de ella en una farmacia
aunque su precio oficial sea de un peso”. Dice Luisa,
81, jubilada.
El Color del dinero
Se rumorea que el cúmulo
de éstas y otras deficiencias dieron al traste en
el 2002 con el puesto de ministro de salud pública
del doctor Carlos Dotres. En su lugar fue designado Damodar
Peña, hombre cercano a Castro y quien tiene la misión
de imprimir nuevos bríos a una de las vacas sagradas
de la revolución.
La medicina cubana es gratuita
para la ciudadanía. Pero no goza de buena salud.
Tenemos muchos y buenos médicos pero los hospitales
dan grima. La cosa cambia cuando se trata de la atención
en dólares a turistas y visitantes. Los extranjeros
disponen de una red de clínicas como Cira García
o el centro de rehabilitación La Pradera. Fue precisamente
aquí donde se intentó desintoxicar contra
las drogas al genial futbolista argentino Diego Armando
Maradona.
El tratamiento de El Pibe fue
de primera, similar al que le hubiera ofrecido la decadente
sociedad occidental. Desde hace años, Cuba pone a
disposición de los extranjeros que lo puedan pagar,
tratamientos antidrogas. Era la época en que se creía
que el flagelo mundial no afectaría al hombre nuevo
pronosticado por el Che. Pero las drogas llegaron y jóvenes
menores de 20 años se volvieron adictos a la marihuana,
cocaína, alcohol y sicotrópicos. Fue en enero
del 2003 cuando públicamente se reconoció
el mal y se lanzó la operación Coraza. Capos
locales fueron arrestados y encarcelados. Pero las víctimas,
los consumidores, están al pairo.
Una minoría de adictos
recibe tratamiento. Otros, la mayoría no acude a
desintoxicarse. Por temor. Aunque la legislación
actual no sanciona a los consumidores, éstos no se
confían y piensan que podrían parar en la
cárcel. Leonel, 24, se ha sometido a varias terapias,
pero siempre vuelve a las drogas. Y cada vez con más
fuerza. Sus padres están desesperados.
Los alcohólicos son
más numerosos que los drogadictos pero menos que
los fumadores (31.9 por ciento de la población).
Según el Dr. Ricardo González, especialistas
en el tema, entre un 5 a 6 por ciento de la población
padece de alcoholismo. Según un investigador que
prefirió el anonimato, “esa cifra es demasiado
conservadora. En estos momentos sobrepasa el 15 por ciento”.
Y ya se sabe, que el hábito de fumar es tan dañino
como el de beber.
La extraña enfermedad de Leticia
Si a Leticia, 27, maestra de
primaria, le dieran a escoger tres cosas para llevarse al
otro mundo, sin dudas escogería su perro salchicha,
el último libro de Gabriel García Márquez
y su título de licenciada en pedagogía. Contrario
a algunos jóvenes cubanos que estudian magisterio
para escapar del servicio militar o para quedar bien con
sus padres, desde pequeña Leticia quiso enseñar
a niños.
Sus problemas cotidianos eran
muy similares a los de la mayoría. Ir todos los días
al trabajo luego de un magro desayuno por lo regular consistente
en pan con mayonesa, café o un jugo de frutas. De
su modesto ropero escogía vestidos recatados de algodón,
“porque para un maestro es primordial pasarse ante
sus alumnos lo mejor presentados posible, aclara Leticia.
De regreso al hogar hacía
faenas domésticas, cenaba frugalmente y después
de que terminaba el noticiero de TV hasta aproximadamente
las 11 de la noche se sentaba a preparar las clases del
día siguiente.
Era una excelente maestra.
Para ya no puede ejercer. Una tarde cualquiera, a fines
del 2000, sintió un dolor en el hombro izquierdo.
Se untó pomadita china y se tomó una dipirona.
Logró dormirse y cuando despertó notó
que lo tenía levemente hinchado. El dolor había
cedido, pero tenía molestias en la axila. Su mamá
le dijo que era por el desodorante y le auguró una
golondrina. Se lavó bien debajo de los brazos y no
se puso desodorante ni nada que le pudiera irritar. No se
preocupó más y siguió su vida normal.
Al cabo de una semana el dolor
arreció. Apenas podía levantar el brazo. Parecía
que tenía un pedazo de carbón ardiente. Fue
al policlínico. El médico de guardia la miró
la zona dolorida y le dijo que era bursitis. Le indicó
Indometacina, reposo de ese brazo y bolsas de agua caliente.
A la semana, al no producirse mejoría fue al médico
de guardia de un hospital. Este la reconoció diagnosticó
hombro congelado. Le dio un certificado médico por
15 días y en vez de Indometacina le recetó
Ibuprofen y le mando hacer una radiografía. La citó
para dos semanas más tarde.
Pero Leticia no volvió.
Los dolores eran insufribles y la hinchazón era alarmante.
Una familiar la llevó a un hospital ortopédico.
El especialista que la reconoció exhaustivamente
se percato de que aquello no era busitis ni hombro congelado.
La ingresaron y le hicieron una biopsia. Cuando estuvo el
resultado la remitieron con urgencia al hospital oncológico:
tenía un Sarcoma de Erwing.
Leticia no ha vuelto a dar
clases. Probablemente no pueda ejercer la profesión
que tanto ama. Ha transcurrido un año y los malos
momentos de quimioterapia atrás. Perdió su
abundante y rizada cabellera y sin complejos sale a la calle
sin pañuelo aunque ya el pelo le ha vuelto a crecer.
Leticia era militante comunista pero después de lo
vivido, se ha refugiado en la iglesia. En Dios a puesto
toda su fe.
Maestros por doquier
Antes de 1959 ser maestro era
un honor. Celia Cruz, la guarachera de Cuba fallecida el
16 de julio del 2003 en Estados Unidos, siempre se vanaglorió
de haber cursado la Escuela Normal de Maestros de La Habana,
uno de los claustros más prestigiosos que había
en la isla y de donde salió lo mejor del magisterio
cubano. Otra famosa cantante, La Lupe, también fue
maestra graduada en Santiago de Cuba.
“Es difícil que
una persona nacida antes del 59 no recuerde a sus maestros
en la primaria. El bachillerato o la universidad”,
dice Ana, 75, maestra jubilada. En aquella época
en escuelas e institutos públicos o privados daban
clases poetas de la talla de Emilio Ballagas o el mejor
orador cubano de todos los tiempos, Salvador García
Agüero. El escritor Alejor Carpentier también
fue maestro. Tuvimos grandes pedagogos: Enrique José
Varona, María Luisa Dolz, Alfredo M. Aguayo y Ramón
Rosaínz. Entre otros muchos.
Por supuesto había desigualdades
y las universidades no estaban al alcance de todos. La enseñanza
era pública o privada, laica o religiosa. El analfabetismo
rondaba el 23.6 por ciento y el nivel escolar era de sexto
grado. En el campo escaseaban aulas y maestros. Entonces
llegó el comandante y mandó a parar. El 6
de julio de 1961 se dictó la ley de nacionalización
de la Enseñanza. Fue ese el año de la Alfabetización.
Más de un millón de cubanos aprendieron a
leer y escribir. En el 61 se formaron cientos de maestros
voluntarios para “llevar la luz de la verdad por llanos
y montañas”.
Los proyectos eran fabulosos. Algunos se cumplieron, como
las escuelas de superación de la mujer y de corte
y costura para miles de muchachas campesinas. Muchos maestros
emigraron cuando se percataron de la excesiva politización
de la enseñanza tras en cierre de colegios privados
y religiosos. Algunos locales como el del seminario de los
Hermanos Maristas, en el reparto Sevillano, devinieron centros
represivos: hoy es sede del Departamento de Seguridad del
Estado, la tenebrosa Villa Marista.
De 44 entrevistados, 40 desearían
que un futuro gobierno sin los hermanos Castro se mantenga
la salud y educación gratuita y cuatro quisieron
que ésta se cobrara, para poder exigir buena atención.
Las 44 personas, de 18 a 82 años (mitad hombres y
mitad mujeres), aplaudirían la apertura de colegios
religiosos, “porque los curas y las monjas son rectos,
pero educan bien”, opinaron.
El 99 por ciento de los cubanos
en su sano juicio saben leer y escribir. El gobierno apostó
alto y creó escuelas de todo tipo y niveles. Según
cifras del curso escolar 2001-1002, existen 12,195 escuelas
con un personal docente de 218,036. La matrícula
inicial de ese año fue de 2,292,319 alumnos. En el
curso 2000-2001, el número general de graduados ascendió
a 471, 227. Unos 433, 755 estudiantes son becarios y 539,
201 aprenden semi-internados, almorzando en la escuela,
(la comida ofrecida no es para tirar cohetes). A ello se
suma la existencia de 1, 117 círculos infantiles
con capacidad para 146, 586 niños. Unas 429 son escuelas
especiales y prepararan personal docente emergente, instructores
de arte, profesores de educación física y
deportes y otros profesionales. Hay una red de escuelas
de donde se gradúan más de 500,000 estudiantes.
A la educación se dedica el 11.4 por ciento del producto
interno bruto (2,386,6 millones de pesos en el 2001).
Pero de la avalancha de maestros
tan jóvenes como sus alumnos, sin la brillantez de
Balagas o García Agüero y por lo regular sin
demasiada vocación por el magisterio, no se puede
aspirar a resultados óptimos, en materia de educación.
El tiempo dirá si del alumnado preparado por estos
maestros emergentes saldrán ciudadanos con conocimientos
y comportamientos como los preparados por los maestros de
antaño. Pero vivimos en una isla donde lo primordial
no es precisamente el pensamiento ilustrado, sino dominar
la lectura escritura y operaciones básicas de matemáticas.
No hay sitio, por muy lejano
que se encuentre, que no disponga de escuela o por lo menos
de un aula. Unas 2, 320 escuelas rurales fueron electrificadas
con paneles solares. El 90 por ciento de las escuelas poseen
un televisor en cada aula y una sala de computación.
Pero todas esas ventajas, incluido el aumento de salarios
y el mejoramiento de condiciones laborables, no ha impedido
el éxodo de maestros hacia la llamada área
dólar.
Con la llegada del período
especial en 1990 y con el desarrollo del turismo y de las
tiendas recaudadoras de divisas, muchos educadores comenzaron
a desertar. Y sin ningún prejuicio aceptaban empleos
como maleteros en el aeropuerto, custodios en un hotel o
cajeros en una shoping.
A fin de cuentas, 20, 30 o
50 Dólares mensuales representaban varias veces su
salario como maestro. “Y, sí, es muy lindo
enseñar y ser maestro pero más lindo es poder
cubrir necesidades elementales todos los meses”, Confiesa
Emilio, 36, barman en un restaurante de lujo y quien en
su casa tiene en una gaveta su diploma de maestro.
Maestros y Meriendas
La deserción de maestros
y la improvisación e inexperiencia de los formados
emergentemente han afectado la calidad de la enseñanza.
Para suplir las diferencias, muchos padres contratan maestros
privados que dan clases y repasan en las casas. No es legal,
pero el gobierno se ha hecho de la vista gorda. Andrés,
56, funcionario, paga 10 dólares a una maestra de
inglés y 10 pesos la hora (0.50 centavos de dólar)
cuando se aproximan exámenes a profesores de matemáticas,
física, química e historia. Su hija está
en el último año de pre-universidad y aspira
a una plaza en la licenciatura de turismo.
En el caso de Andrés,
se justificaría, pero no en el de Marta, 31, peluquera.
Todos los sábados sus hijos de 6 a 8 años
reciben clases y fijación de conocimientos por parte
de una maestra jubilada. “Es que los maestros emergentes
que tienen mis niños no saben mucho”, alega
Lidia, 57, que se jubiló hace dos años y ahora
gracias a las clases particulares, vive un poco mejor. Recibe
211 pesos de retiro (menos de 10 dólares) y dando
clases u repasos en su domicilio el mes que menos gana 800
o mil pesos (40 a 50 dólares).
¿Proseguirán
aumentando los maestros por cuenta propia? De momento sí,
pero si de algo se vanagloria el gobierno cubano es de la
gratuidad de sus sistemas educativos y sanitarios. Consultas
médicas particulares no existen y cada vez van quedando
menos dentistas privados, por lo regular con gabinetes desde
antes del triunfo de la revolución. A los médicos
como a los abogados y en general a empleados y funcionarios
de la administración pública se les suele
dar “algo” por debajo de tapete. Ese “algo”
varía según el bolsillo del paciente o cliente;
dinero (sobre todo en dólares), ropa, prendas, equipos
electrónicos o comida, que en el caso de la gente
del campo puede ser un saco de malanga o una pierna de puerco.
Nada de esto es desconocido
por las autoridades. Castro en persona, en el 2001 tomó
cartas en el asunto en lo que a educación respecta.
Creó un ejército de jóvenes entre 15
a 18 años que no tenían claro su futuro y
los preparó como maestros y trabajadores sociales,
Posteriormente en otros cursos emergentes de graduaron enfermeros,
auxiliares y técnicos de la salud.
Dentro de la categoría
de maestros emergentes se creó otra, la de los maestros
valientes, destinados a la enseñanza secundaria y
que por misión tienen la de cubrir todas las asignaturas
en una misma aula. De tamaña integralidad los salva
el hecho de que una buena parte de las clases son impartidas
por televisión, bien por el Canal Educativo, inaugurado
por Fidel Castro en el 2001 o por Cubavisión y Tele
Rebelde, los tres canales nacionales de TV. En los dos últimos
desde el año 2000 se imparten cursos de la Universidad
para Todos (en la semana del 16 al 22 de noviembre se ofrecían
clases de francés, geografía de Cuba, español
y biotecnología entre otros).
Entre las medidas tomadas para
rescatar la calidad de la enseñanza, además
de dotar con televisores y computadora a las escuelas, se
limitó a 20 niños por maestro en las aulas
de primaria y 15 en secundaria. Ortelio, 51, director de
una escuela habanera, considera que “con estas medidas,
los muchachos retendrán mejor los conocimientos”.
Se instalaron bebederos de agua fría en todas las
escuelas. El almuerzo para los que estudian como semi-internados
en primaria, los hijos de madres trabajadoras y casos sociales,
no ha mejorado mucho, pero a partir de este curso casi todas
las secundarias del país tienen dos sesiones diarias,
mañana y tarde, con un horario para una merienda
(pan con una hamburguesa confeccionada con proteína
vegetal y yogurt de soya), considerada reforzada, pero que
no quita el apetito del buen número de adolescentes
y quienes suelen llevar en una vasija almuerzo casero. “Es
una torta insípida, horrenda, el yogurt de soya es
malísimo” dice Ycana, 14, alumna de noveno
grado.
En la primaria es un poco mejor:
arroz, frijoles, huevo hervido o una porción de pescado
y de vez en vez ensalada y un poquito de dulce. Muchos niños
llevan también su “almuerzo” y además
merienda prepara en casa para la hora del recreo (pan con
salchicha, galleticas, agua, jugo o refresco). Antes de
1959 las escuelas públicas tenían sesión
por la mañana para los varones y por la tarde para
las hembras o viceversa, pues no existía la enseñanza
mixta, salvo en los colegios privados. Los gobiernos anteriores
a Castro no destinaban tanto dinero del presupuesto a gastos
de educación (78 millones de pesos en 1958), pero
ofrecía gratis, desayunos (leche con chocolate o
con gofio) y meriendas (galletas dulces o saladas). Y, sin
dudas, el profesorado estaba conformado por mujeres y hombres
con verdadera vocación para el magisterio. “Los
maestros eran personas de mucho respeto, se vestían
correctamente, eran blancos y negros, pero nunca jovencitos
como los que ahora se ven, con más tipo de raperos
o jineteras que de maestros”, recuerda Nilda, 62,
jubilada.
Cuando los muchachos regresan
a sus casas, al final de la tarde llegan muertos de hambre.
Van directo al refrigerador a la cocina, a comer algo antes
de la hora de la cena. “Mi hija lleva la mochila como
si fuera para un campismo: merienda, almuerzo, agua, servilletas,
vaso, cubiertos. Yo le doy cinco pesos para lo que encuentra
de comer en el camino. Y cuando viene me quiere comer a
mí, del hambre que trae. Y eso que ella aunque desde
el año pasado no le dan leche por la libreta de racionamiento,
porque ya cumplió 8 años gracias a Dios, todos
los días desayuna café con leche y pan con
mantequilla”, relata Esperanza, 34, dependienta de
una tienda de divisas.
Existir, no pensar
El verde caimán de la
enseñanza se divide en tres etapas. Primaría,
de preescolar a sexto grado; Secundaria de séptimo
al octavo grado; Preuniversitario (bachillerato) y del décimo
al duodécimo grado. Los que concluyen el noveno grado
pueden optar por estudios en institutos tecnológicos
y graduarse con algún oficio y diploma de técnico
medio. Los que tienen aptitudes artísticas o deportivas
pueden aspirar a una escuela de arte o de educación
física y deportes.
La Universidad también
ha crecido en comparación con 45 años atrás.
En la isla existen 46 instituciones universitarias, aunque
la Universidad de La Habana sigue siendo la más grande
e importante. La meta es de 169 centros de nivel universitario,
uno en cada municipio. Una locura. Una nación pequeña
como Suiza, pero sumamente desarrollada, con más
de diez Premios Nobel, dispone de 10 universidades cantonales
y dos escuelas politécnicas federales, en Zurich
y en Lausana.
Escuelas hay en Cuba de todo
tipo y en cualquier lugar, excepto colegios privados y religiosos.
Desde hace más de una década, la iglesia católica
cubana viene pidiendo que el gobierno les permita tener
sus propios colegios como medio siglo atrás. Castro
estudió en el Colegio de Belén, regido por
padres jesuitas. Distintas órdenes religiosas tenían
sus centros de enseñanza, en todo el país.
Lo ha pedido el Cardenal Jaime
Ortega, Arzobispo de La Habana, máxima autoridad
del catolicismo nacional. Y también lo ha pedido
el Papa, quien en enero de 1998 visitó la isla. Pero
el gobierno no quiere ceder espacio a la iglesia en la rama
educacional. Sus motivos son simples: desde los primeros
grados existe una fuerte carga ideológica en la formación
de los educados.
Muchos niños de segundo
y tercer grado, que ya saben leer no saben quién
es Antoine de Saint-Exupéry o Hans Christian Andersen,
autores infantiles mundialmente conocidos, pero sí
saben quiénes son Ernesto Guevara y Camilo Cienfuegos,
incluso por encima de patriotas como José Martí
y Antonio Maceo. En octubre de 1999 el jefe del departamento
ideológico del comité central del partido
comunista, Rolando Alfonso Borges expresaba: “La primera
trinchera del trabajo político-ideológico
con los niños es la escuela” (Granma, 16.10.99).
Lo decía en la clausura del II Taller Nacional sobre
el trabajo político ideológico del sistema
educacional efectuado en Santiago. Borges recalcaba: “Los
primeros combatientes con los maestros y demás trabajadores
de la enseñanza”.
Un mes después, el 25
de noviembre, con la descomunal campaña propagandística
que se puso en marcha en pro del retorno a Cuba del niño
balsero Elián González, quedó más
que evidente cuán perfeccionada está la labor
de adoctrinamiento político que se inicia en el preescolar
y no concluye hasta que un cubano muere.
El departamento que dirige
Borges no sólo se ocupa de la politización
en el sistema educacional, sino también en la cultura,
el deporte, las ciencias, los sindicatos, las organizaciones
juveniles y, por supuesto, los medios (radio, TV, periódicos
y revistas).
Décadas atrás
era más importante saber desarmar en minutos un fusil
AK-47, de fabricación soviética, que conocer
a Mozart. El ruso era el idioma principal, después
de español. Hoy las cosas han cambiado y el inglés
ocupó el lugar del ruso. Castro en persona se ocupa
de revertir la cultura en una nación donde no hay
analfabetos, el nivel mínimo es de noveno grado y
existen 800 mil graduados universitarios. La meta es hacer
de Cuba una potencia cultural a la vuelta de diez años.
De momento, muchos están
cero. En los últimos tiempos con el auge de video
y la computación, la tendencia es ver programas basura,
telenovelas mexicanas, colombianas, venezolanas o brasileñas,
shows televisivos realizados en Miami y películas
de tiros y sangre. En libros el panorama no es muy halagüeño.
Han proliferado las novelitas rosa y de vaqueros pero los
ministerios de cultura y educación laboran arduo
para revertir el panorama. Una solución ha sido la
impresión de rústicas bibliotecas familiares
con clásicos de la literatura cubana y universal
y la organización anual de ferias del libro, entre
otros proyectos.
Pero cultura y libertad tienen
que ir de la mano, o no marchan. Existe censura. Es larga
la lista de libros “subversivos” y de autores
no gratos (Vargas Llosa, Cabrera Infante, Jorge Edwards,
Carlos Fuentes, Zoe Valdés, George Orwell). El poeta
Raúl Rivero, 58, condenado a 20 años de privación
de libertad en una cárcel de Ciego Avila. A 400 kilómetros
de su domicilio, también está prohibido en
la isla.
En 1961 Fidel Castro fue tajante:
“Con la revolución todo, contra la revolución
nada”. Por lo tanto, la política editorial
es supervisada por el departamento ideológico del
partido comunista. Entre sus misiones está “orientarnos”
qué debemos leer. Cierto que antes de 1959 había
solamente 32 bibliotecas públicas y hoy existen 392,
sin contar 6 mil escolares. Pero no somos libres para elegir
lo que queremos leer, sean libros, periódicos o revistas.
El eslogan la universidad es
para los revolucionarios, se cumple a rajatabla. Hasta el
12 grado cualquiera puede estudiar, proceda de una familia
disidente, de Testigos de Jehová o masones. Pero
no todos pueden acceder a las aulas de nivel superior. En
la década del 60 y 70, incluso en los 80 todavía,
los que confesaban su credo religioso eran excluidos. A
principios de los 90, cuando el socialismo en Europa del
Este se fue a bolina, Castro permitió en su partido
la entrada de creyentes (el libro Fidel y la Religión
de Frei Betto, se convirtió en un best seller nacional).
Pero la apertura no fue incondicional:
quien piense distinto a sus concepciones políticas
no coincidan con las oficiales no tiene acceso, porque “la
universidad es para l os revolucionarios”. Tampoco
existe autonomía universitaria. Javier, 21, estudiante
universitario, se queja de la excesiva propaganda política.
“Es tabú hablar de democracia o derechos humanos
en el aula o comentar sobre la situación de los presos
políticos pues pones en peligro tu carrera".
La politización incluye otros aspectos: en los albergues
estudiantiles se mira con malos ojos a los que pegan publicidad
occidental en sus taquillas o a los que visten con ropa
con marcas capitalistas o emblemas estadounidenses.
Dentro del concepto de publicidad
occidental entra desde fotografías de autos hasta
afiches con Jenifer López, Ronaldo o Madona. Lo políticamente
correcto es adornar con los símbolos patrios, fotos
del Che y de artistas locales como Silvio Rodríguez.
“Lo que la prensa no critica es el mal estado de los
albergues universitarios, dice Rosa, 23, una de los 41 mil
becarios en residencias estudiantiles. Su hermana, Elvira,
31, afirma que en sus años como becada universitaria
los recuerda como un infierno chiquito. “Hubo de todo:
sexo, promiscuidad, robo, bebidas alcohólicas y hasta
mariguana”, rememora.
Para tratar de enmendar la
situación y conducir a los jóvenes “por
el camino correcto”, la FEU (Federación Estudiantil
Universitaria, ha tomado cartas en el asunto. Hasaan Pérez,
líder estudiantil de hablar atropellado y famoso
por su incondicionalidad al régimen, está
intentando cambiar el panorama y demostrar que el hombre
nuevo existe y no hay necesidad de clonarlo. Olvidarse de
“las podridas sociedades de consumo” y poner
el alma y el corazón al servicio del estado socialista
de obreros y campesinos es la gran meta.
Que Cuba se abra al mundo y
el mundo se abra a Cuba
Eso dijo el Papa durante su
visita del 21 al 25 de enero de 1998. Su presencia en la
isla fue el suceso más importante en 45 años
de revolución. A seis años del histórico
acontecimiento, se puede aseverar que fue un golpe de efecto
del gobierno cubano. Juan Pablo 11 criticó el embargo,
para beneplácito de los gobernantes locales. Y donde
ha sido más dañino, es en la educación
y en la salud.
Pero el pastor que vive en
Roma criticó también al estado cubano por
alejar a niños y jóvenes de sus familias,
enviándolos a estudiar y trabajar en las llamadas
escuelas en el campo. Según el Sumo Pontífice,
estas becas en el campo han sido culpables del desarraigo
familiar y la promiscuidad sexual – la edad promedio
en que las niñas cubanas comienzan a tener relaciones
sexuales es a los 12 años y se ha vuelto común
atender a muchachitas de 14 y 15 años embarazadas
muchas de las cuales acuden a hacerse abortos y a otras
no les queda más remedio que parir un hijo no deseado.
La iglesia no ve con buenos
ojos esta realidad. Víctor, 42, bancario, hizo lo
indecible para que su hija, Dayana, 16, pudiera matricular
en un preuniversitario urbano. “Mi hija tiene problemas
de salud y no puede becarse en el campo, pero si hubiera
sido saludable hubiera pagado lo que me pidieran por un
certificado médico porque yo estuve becado y sé
como las muchachas son tratadas: no sólo se ven obligadas
a hacer sexo con sus compañeros sino también
con los maestros”.
Cuando el Santo Padre pidió
que Cuba se abriera al mundo estaba mandando un mensaje
de ida y vuelta a las autoridades. El fundamental: para
mantener logros como la salud y la educación debemos
democratizar la sociedad. Y entonces el mundo se abriría
a Cuba. Ni lo uno ni lo otro ha ocurrido. Castro sigue encerrado
cual caracol en su concha. Medio planeta critica la falta
de libertades y la represión desatada en marzo del
2003, que llevó a la cárcel a 79 opositores
y periodistas independientes, entre ellos el poeta Raúl
Rivero.
El mundo también reconoce
los avances logrados en salud y educación. Mas con
eso no basta. Mientras los cubanos estamos en una encrucijada
y para una mayoría, el futuro es una mala palabra.
Cuba, de acuerdo al gobierno, es un paraíso. Y lo
reafirma con cifras impresionantes en sus dos vitrinas.
Pero estos números y
datos nada le dicen a Amparo, la madre de la joven de 21
años que murió de una hemorragia interna a
consecuencia de un embarazo ectópico. También
le son ajenas a Leticia, la maestra que convivió
con un cáncer maligno durante dos años por
impericia médica. Quien crea que esta viva por la
quimioterapia se equivoca. “Estoy viva por mi fe en
Dios”. Y la felicidad que encontraba en su aula ahora
la encuentra en la iglesia, a la que asiste todos los días.
Para estas dos mujeres los aplausos a la revolución
ya cesaron. Una se refugia en el Señor para aliviar
la pérdida de su hija y la otra para rogarle que
la permita vivir un poco más. |