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CONCLUSIONES
El asesinato
de un solo periodista en las Américas en un año es
un delito que sobra. Desde la Asamblea General de la SIP en Uruguay
en 1998, siete periodistas más fueron muertos mientras cumplían
sus deberes profesionales en México, Colombia y Argentina.
Tal número, si bien sigue siendo inaceptable, es menor que
el de los muertos el año anterior. En total, asesinos que
obraron con completa impunidad dieron muerte a más de 200
periodistas en las Américas en los últimos diez años.
En el curso del año pasado, la Sociedad Interamericana de
Prensa ha redoblado esfuerzos para crear conciencia pública
sobre estos crímenes impunes, así como para aminorar
la cantidad de los mismos. La campaña de la SIP contra estos
delitos impunes comienza a dar frutos. Han declinado los actos de
violencia contra periodistas en las Américas, y un número
creciente de gobiernos responde más positivamente a nuestras
iniciativas.
Aunque parecen declinar los asesinatos de periodistas en ejercicio,
en cambio prospera una campaña más sutil contra la
prensa. Por más que muchos creen que ahora la prensa trabaja
sin restricciones en un clima de democracia en las Américas,
la verdad es que la situación se ha tornado sumamente compleja.
Incluso en las naciones democráticas, los políticos
que se sienten incómodos con una prensa libre e independiente
están aprovechando todos los recursos a su alcance para callar
o presionar a sus críticos y limitar el poder vigilante de
los medios informativos.
En casi todas las naciones de las Américas, las amenazas
y desafíos legales acosan a los miembros de la SIP. A lo
largo y ancho del hemisferio, se traman maniobras legales contra
la prensa en los cuerpos legislativos y los tribunales . En número
cada vez mayor se plantean juicios de calumnia para intimidar a
los demandados, con pretextos tan baladíes como los de funcionarios
públicos que sostienen haber sufrido perjuicios o injurias
como resultado de publicaciones que, a la postre, resultan ceñirse
a la verdad. Las denuncias por calumnia a menudo implican penas
de cárcel u onerosas multas capaces de arruinar individualmente
a propietarios y editores.
Organos legislativos complacientes debaten cambios en las leyes
locales para limitar la libertad de expresión y la independencia
de la prensa. También aumentan las tretas en este sentido.
En particular, en Venezuela los actos de la Asamblea Constituyente
amenazan la libre condición de la prensa. La SIP continúa
preocupada por la situación que prevalece en Perú
y por el empeño de imponer nuevas trabas a la prensa nacional
en Paraguay.
Estos esfuerzos concertados para amordazar a una prensa independiente
y vigorosa son más insidiosos que crímenes más
burdos como el asesinato. Porque a políticos y militares
les queda fácil confundir al público escondiendo sus
verdaderas finalidades detrás de procedimientos judiciales
y maniobras legislativas. Los propietarios y editores, desde Argentina
y Uruguay hasta Perú y Colombia, encaran el espectro de condenas
por calumnia dictadas por jueces hostiles. El solo hecho de someter
un caso a un juez hostil a los medios constituye una forma eficaz
de intimidación aunque los hechos no apoyen tal caso. Hay
ejemplos de gobiernos dispuestos a usar a órganos legislativos
complacientes para amenazar abiertamente con la confiscación
de bienes de los medios.
En suma, la vigilancia y la estrategia proactiva emergen como las
opciones más al alcance de casi 500 delegados que asistieron
por la 55ª y última vez a una Asamblea General en este
siglo en Houston, Texas.
La publicación de la SIP "No más impunidad",
en tres idiomas, enfoca con mayor actualidad la violencia desatada
contra los periodistas en las Américas y la indiferencia
que al respecto han tenido los gobiernos a los que corresponde resolver
estos crímenes. En épocas pasadas, las delegaciones
de la SIP encontraban semejante indiferencia al tratar de investigar
casos sin resolver de asesinatos de periodistas. Pero ahora cuentan
con Equipos de Respuesta Rápida que viajan al país
involucrado inmediatamente después de cometido el crimen
para iniciar en el acto una investigación paralela de carácter
independiente y presionar con energía a las autoridades para
que procesen a los responsables.
En todo el hemisferio abundan grandes retos a la libertad de prensa.
Algunos son muy difundidos, como la represión en Cuba. Algunos
creyeron que, a raíz de la visita del Papa a Cuba en 1998,
se iniciaría la liberalización de la política
de su gobierno en materia de prensa, pero ha ocurrido todo lo contrario.
El gobierno no permitió que Raúl Rivero viajara a
Nueva York en agosto para recibir el premio María Moors Cabot
en la Universidad de Columbia. Los miembros de la SIP oyeron la
declaración que les hizo Rivero por teléfono desde
La Habana. Varios periodistas independientes siguen encarcelados
en La Habana. Otros han huido del país. Los periodistas independientes
que trabajan en Cuba son una especie en vía de extinción.
El acceso a Cuba para la prensa de Estados Unidos sigue restringido.
Y allí se aplica un proceso selectivo para excluir a determinados
periódicos.
Hay otros desafíos nuevos que inquietan a la SIP. En Venezuela
prosigue la consolidación del poder y del caos institucional
dirigido por el exoficial del ejército, el presidente Hugo
Chávez. Si bien el propio Chávez aseguró a
una delegación de la SIP en Washington, D.C. que estaba comprometido
con la libertad de prensa, es posible que los acontecimientos en
su país contradigan esa declaración retórica,
especialmente si Venezuela sigue sometida a mayores cambios y confusión
en lo político.
La Asamblea Constituyente que acaba de ser elegida ha propuesto
la reglamentación de la prensa por parte del gobierno, y
la limitación de los derechos de la ciudadanía a la
libertad de expresión.
Prosiguen con tenacidad de un país a otro los esfuerzos a
favor de colegios obligatorios de periodistas establecidos por el
gobierno con fines de vigilancia. Y si bien los delegados han derrotado
esos intentos, por ejemplo en Costa Rica, se abre un nuevo frente
de batalla en la vecina Nicaragua, donde periodistas prosandinistas
aspiran a formar un colegio.
Durante el examen de los informes país por país se
desarrollaron animados diálogos y debates, sobre todo acerca
de Cuba, Perú y Paraguay. Estos enérgicos cambios
de opinión son sello muy propio de las reuniones de la SIP.
Se ha progresado mucho para entronizar a la Declaración de
Chapultepec como coyuntura en verdad histórica en el desarrollo
de una prensa realmente libre en las Américas. El presidente
del Ecuador Jamil Mahuad firmó dicha declaración,
aumentando a más de 20 el número de naciones que la
han suscrito. Y tuvieron mucho éxito los foros sobre Chapultepec
celebrados en localidades regionales de México, Panamá,
Ecuador y Argentina.
Ante todo, la misión de la SIP sigue siendo la de preservar
la libertad de prensa en el hemisferio.
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