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Asamblea General
Lima, Octubre 26-29, Perú
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CONCLUSIONES
Tim Lopes, reportero de investigación de
la red O Globo de televisión en Brasil, fue secuestrado, torturado y
asesinado. Su cadáver fue descuartizado, quemado y enterrado clandestinamente.
La conmoción creada por este horrendo asesinato obligó a las autoridades
a actuar con prontitud y detener a los acusados.
Por otro lado, el propietario y presidente de Folha do Estado de la ciudad de
Cuiaba fue asesinado de seis tiros por publicar investigaciones y denuncias
sobre la instalación de las llamadas máquinas tragamonedas en
su región.
Colombia sigue siendo escenario de la brutalidad de narcotraficantes-guerrilleros
y paramilitares. En los últimos seis meses, cuatro reporteros fueron
asesinados a causa del ejercicio de su profesión y quedan por dilucidar
los móviles de los homicidios de otros dos. En Venezuela, en una de las
escaramuzas producto de las incitaciones y la violencia verbal del presidente
Hugo Chávez, perdió la vida el fotógrafo Jorge Tortoza.
Hubo también otros asesinatos en Ecuador, Bolivia y México cuyos
móviles aun no han sido esclarecidos.
Irónicamente, al mismo tiempo, se ha intensificado la “industria”
de la acción judicial contra diarios y periodistas. A tal punto que el
Colegio de Abogados de Paraiba en Brasil denunció la existencia de abogados
que quieren beneficiarse “cazando” aparentes perjudicados por informaciones
periodísticas y los convencen de presentar demandas por valores altísimos
debido a supuestos daños morales.
En el clima de hostigamiento continuo a la prensa en Venezuela se gesta ahora
un proyecto de la denominada Ley Orgánica de Participación Ciudadana
que contiene la creación de un Consejo Nacional de Vigilancia de los
Medios de Comunicación Social integrado por asociaciones vecinales que
tendrían facultades para imponer multas o decretar el cierre de cualquier
medio de comunicación que infrinja sus presuntas disposiciones.
En algunos países del Caribe se ha dicho que la Organización de
Estados de la región debería tratar de establecer un código
de ética para los medios de comunicación, como si los funcionarios
del Estado pudieran fijar normas morales de conducta a quienes ejercen la libertad
de expresión. El derecho humano a la libertad de expresión no
puede ni debe estar sujeto a comisiones y reglamentos especiales ni a licencias
previas, títulos universitarios o pertenencia a colegios. En ese contexto,
deben objetarse las normas y los proyectos existentes en Nicaragua, Panamá,
Guatemala, Colombia y República Dominicana.
Muchos gobiernos desean controlar el flujo de noticias y opiniones y pueden
utilizar con ese fin la proyectada “Cumbre Mundial sobre la Sociedad de
la Información” que se realizará en diciembre del 2003 en
Ginebra, Suiza.
Opinar libremente sigue siendo un delito en Cuba que se paga con cárcel.
La difusión de informaciones hacia el exterior también merece
sanciones y se ha llegado al extremo de anunciar la pérdida de derechos
a los reclusos comunes de una prisión por el envío de informaciones
afuera de la prisión por parte un periodista allí detenido.
La guerra o la amenaza de la guerra han contribuido a erosionar el acceso a
la información en Estados Unidos. Organizaciones periodísticas
norteamericanas han presentado infructuosamente solicitudes, inclusive en los
tribunales, para obtener información tan elemental como el nombre de
las aproximadamente 1,200 personas que han sido detenidas a raíz de los
ataques terroristas del 11 de septiembre.
En este panorama adquieren aun mayor trascendencia las reuniones sobre Justicia
y Prensa llevadas a cabo en Washington D.C. y Buenos Aires. En ambas, jueces
de las Supremas Cortes y periodistas de todo el continente coincidieron en afirmar
que prensa libre y justicia independiente son cada una condición indispensable
de la otra. La vigencia de estos principios es la garantía del ejercicio
de los derechos ciudadanos que definen a las democracias.
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