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61ª Asamblea General
The Westin Hotel
Indianápolis, Indiana
7 al 11 de octubre de 2005
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ALEJO MIRÓ QUESADA
Discurso de clausura ante la 61a Asamblea General
Indianápolis, Indiana
7 al 11 de octubre del 2005
Queridos colegas:
Ha transcurrido un año desde que en Antigua, Guatemala recibiese de
ustedes este honroso encargo. ¡Parece mentira! ¡Ha pasado tan rápido!
¡Y es que hay tantas cosas por hacer en la SIP que el tiempo siempre queda
corto!
Decía ayer en una presentación, que la SIP está hoy más
madura, influyente, numerosa y financieramente más sólida que
nunca. Pero decía también que, evidentemente, esa no había
sido tarea mía... que así la recibí.
Es por eso que creo que es este un buen momento para rendir homenaje a todos
presidentes que me han antecedido, y que, paso a paso, han ido haciendo de la
SIP la gran institución que es hoy. Por favor, un aplauso a los que están
hoy con nosotros y a los que no.
Para mí, hoy es momento de agradecer. Agradecer a los presidentes de
la Comisiones y a sus miembros que este año se enfrentaron incluso a
la tarea de hacer un Plan Anual y luego evaluar su cumplimiento;
Las comisiones de Libertad de Prensa, Chapultepec e Impunidad y el Instituto
de prensa, entre tantas otras, han realizado más de 100 actividades en
el hemisferio: ¡unas dos por semana! Por favor un aplauso para ellos.
Es momento de agradecer a los expositores y panelistas que aceptaron estar
con nosotros y trasmitirnos algo tan íntimo y valioso como son sus conocimientos.
Un fuerte aplauso por favor.
Y como no agradecerle al staff, que una vez más demostró
su alto nivel de eficiencia y me secundó con tanto cariño; que
confió en mí asumiendo con entusiasmo los nuevos retos sin amilanarse
por la consiguiente mayor carga de trabajo. Un fuerte aplauso, por favor.
Al Comité Ejecutivo que asume la parte menos lucida pero igualmente fundamental:
los engorrosos temas financieros y administrativos –la SIP mueve ahora
tres millones y medio de dólares al año--. Un fuerte aplauso por
favor.
Y a mis vicepresidentes, Diana y Rafael, que me apoyaron en todos mis planes.
Otro fuerte aplauso, por favor.
Disculpen el tiempo, pero no puedo dejar de agradecer también a mi empresa,
Empresa Editora El Comercio, que me apoyó todo este año dándome
las facilidades para desempeñar mi labor en la SIP y, por supuesto, financiándola.
Y cómo no agradecerles a los que hicieron posible que dejase mi trabajo
por más de 100 días: mi primo Bernardo Roca Rey Miró Quesada,
que durante mis ausencias me reemplazó en el cargo de Director -y me
reemplaza en estos momentos-; y a los editores de El Comercio que me secundan
con tanta lealtad y eficiencia.
Y a quienes me eligieron al cargo, gracias por tener confianza en mí.
Gracias por haberme permitido colmar esta ambición y coronar así
mi carrera periodística.
Gracias a mi padre y a mi madre, que me inculcaron los valores periodísticos
y humanos que he tratado de trasuntar durante mi período. ¡Cómo
les habría gustado estar aquí con tan buenos amigos de toda la
vida! Lamentablemente, los médicos ya no los dejan viajar.
A todos ellos, a todos ustedes, gracias y sólo espero, de todo corazón,
haber podido darle a la SIP tanto como he recibido de ella.
Doy así por terminado mi mandato entregando este ya tradicional ‘varayoc’
(el antiguo emblema inca del jefe, del curaca) a Diana Daniels. Y lo hago con
sumo placer porque estoy seguro de que Diana utilizará la autoridad que
emana de esta emblemática vara con toda eficiencia y sabiduría
para beneficio de la SIP y el periodismo intercontinental.
Muchas gracias
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