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61ª Asamblea General
The Westin Hotel
Indianápolis, Indiana
7 al 11 de octubre de 2005
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Raul Rivero
Palabras ante la 61a Asamblea General
Indianápolis, Indiana
7 al 11 de octubre del 2005
Queridos amigos:
La felicidad es un sentimiento pasajero, aéreo, limitado que deja casi siempre a quien lo experimenta endeudado y confuso. Yo, que soy levemente feliz esta noche porque me encuentro personalmente con ustedes, llego, impreciso y comprometido a empeñar el destino y la realidad de 23 periodistas cubanos que vivaquean en los calabozos por defender el derecho de informar en su país con decencia y profesionalismo.
Esta es la primera vez que puedo estar en una asamblea de nuestra institución y abrazar, saludar y agradecer de viva voz tantos años de solidaridad, tanto amparo y generosidad, tanto apoyo moral para quienes en Cuba tratamos de reinstalar la luminosidad, el resplandor que es siempre para una sociedad el periodismo sin mandato. Y, es también la primera vez que mi informe tiene el fragor amargo de la lejanía.
Las reseñas que enviamos de Cuba a finales del siglo pasado con los relatos de la vida cotidiana de los informadores, las amenazas, los encarcelamientos y el inventario de penurias de los pequeños grupos que fueron llenando la geografía cubana tenían una carga elemental y eran imperfectos, honrados y esperanzadores. Usábamos el teléfono, la grabadora y a última hora, casi pequeños documentales sobre la realidad del periodismo alternativo.
Tenían siempre un timbre intimo, testimonial, que se hacía luego abarcador y pleno por el trabajo de profesionales que desde el exterior Ie imprimían, Ie imprimen, periodistas como Humberto Castelló y Wilfredo Cancio para que todos los asociados tuvieran un plano general del escenario en que desarrollaba el trabajo.
Me refiero a un período de unos siete años. En ese tiempo, un movimiento que se inició con una docena de corresponsales, se convirtió en una corriente vigorosa de más de un centenar de hombres y mujeres empeñados en dar informaciones y opinar, seis o siete pequeñas boletines y revistas y una presencia permanente en paginas Web, emisoras de radio en el exterior y medios de prensa en Latinoamérica, Estados unidos y Europa.
He estado utilizando los verbos en pasado porque voy a hablar del provenir. La ola represiva que lanzó en el año 2003 la porfiada dictadura castrista cambió de repente esa atmósfera. Arrestó a 30 periodistas y los mandó a prisión a cumplir más años que los que el mismo régimen puede sobrevivir.
Recuerdo ahora que en uno de los juicios, después de que el tribunal Ie había solicitado una pena de 20 años a un periodista, se Ie acercó un oficial de la seguridad del en el intermedio del juicio y Ie dijo en voz baja: cambia tu declaración, que ya tú no estás para soportar 20 años. Ni ustedes tampoco, Ie respondió el hombre y se puso a mirar el techo del calabozo.
Pueden estar seguros, queridos amigos, que con ese ánimo asumieron los periodistas cubanos el circo que montaron unos gansters para que sus payasos y tarugos aplicaran la ley mordaza.
Otros, que quedaron libres provisionalmente, decidieron emigrar y un grupo mayor siguió trabajando en un clima violento, crispado, lleno de amenazas y con las rejas de la cárcel siempre a punto de caer delante de sus ojos.
Allá están, en las calles y los campos de Cuba. De alIá llegan sus crónicas, sus notas informativas y sus artículos en la apertura de una nueva etapa de trabajo, donde una de las zonas importantes a cubrir es la vida en prisión de quienes antes atendían otras coberturas. La labor nuestra ahora es ayudar, apoyar, amparar y darle fuerza cada día a los periodistas que están en activo y mantener en los medios, en los foros internacionales, en los despachos de los políticos, la presencia de los presos porque esa es la manera de demostrar nuestra fidelidad a quienes han perdido la libertad por defenderla.
En mi celda de polvo y herrumbre lo que hacía mas claro y cercana mi esperanza de libertad eran las noticias sobre los amigos de todo el mundo que escribían un articulo o una pequeña nota, una simple mención a mi condena.
EI gran desastre del preso no es Ia cantidad de años que Ie quedan por cumplir, la catástrofe es el olvido. Nosotros tenemos obligación moral de derrotar ese olvido.
Pido memoria y presencia permanente para los periodistas cubanos presos.
Quiero agradecer a la Sociedad Interamericana de Prensa, en particular los amigos Ricardo Trotti y Alberto Ibargüen, sus esfuerzos y su constante solidaridad conmigo y con mi familia durante mi tiempo de prisión.
Permítanme reiterarle a esta Asamblea mi disposición personal a continuar trabajando modestamente por nuestra institución porque estoy convencido de que la fuerza de la SIP nos ayudará a reconquistar la libertad de expresión en Cuba y que con ella vendrá la democracia.
Muchas Gracias
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