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Reunión de Medio Año
Los Cabos
Marzo 12 al 15,2004
México
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CANADÁ
En
los últimos meses Canadá ha tenido buenas y malas noticias con
respecto al derecho que reclaman los periodistas a proteger sus fuentes noticiosas,
hechos que The Globe and Mail de Toronto calificó de “victoria
histórica y atroz asalto” en los anales de la libertad de prensa.
Las malas noticias se referían a una incursión intimidatoria perpetrada
por la Real Policía Montada de Canadá (RCMP) a la casa y la oficina
de Juliet O’Neill, reportera del diario Ottawa Citizen, en la ciudad capital,
Ottawa. Provistos de una orden de cateo, los oficiales de la policía
buscaban ubicar la fuente de filtración de una información gubernamental
sobre el caso de Maher Arar, un ciudadano canadiense de origen sirio que fue
deportado a Siria por las autoridades de los Estados Unidos en 2002 y que regresó
a Canadá en octubre de 2003.
Las incursiones efectuadas el 21 de enero ocurrieron luego de que O’Neill
publicó un artículo el 8 de noviembre del 2003 en el que sostenía
que la RCMP había vinculado a Arar con la organización terrorista
Al-Qaeda, un alegato que Arar ha negado.
El allanamiento, en el que la RCMP confiscó los cuadernos de notas, archivos
informáticos y libretas de direcciones de O’Neill, se llevó
a cabo al amparo de la Ley de Seguridad de la Información, aprobada en
Canadá luego de los ataques terroristas del 11 de septiembre del 2001
en Estados Unidos. Dicha ley prohíbe la posesión o distribución
de documentos secretos del gobierno, por lo cual tanto O’Neill como su
periódico podrían enfrentar cargos penales.
El Instituto Internacional de la Prensa calificó los allanamientos de
la casa de O’Neill y de las oficinas del diario en el centro de la ciudad
como “una flagrante violación del derecho de las personas a ‘buscar,
recibir e impartir información e ideas a través de cualquier medio
y sin consideración de frontera alguna’”, consagrado en el
Artículo 19 de la Declaración Universal de Derechos Humanos.
La Asociación Canadiense de Diarios anunció que, como resultado
del incidente, asumiría “un rol de liderazgo en la búsqueda
de un punto de equilibrio entre el derecho que tiene el público a saber
y el interés del gobierno en prevenir la divulgación de ciertos
tipos de información”.
En el frente de la confidencialidad profesional, la buena noticia fue que la
Jueza de la Corte Superior de Ontario, Mary Lou Benotto, emitió un dictamen
sin precedentes en un caso aparte, el mismo día de las incursiones antes
mencionadas. En él, la jueza declaró que los medios noticiosos
gozan de un status constitucional especial en Canadá y que la protección
constitucional debe entenderse de modo tal que incluya la confidencialidad de
las fuentes de los reporteros.
“Las fuentes confidenciales son esenciales para el efectivo desenvolvimiento
de los medios en una sociedad libre y democrática”, dijo la Jueza
Benotto.
El dictamen se refería a un caso en el que estuvo involucrado un reportero
del National Post, quien había recibido documentos confidenciales que
supuestamente revelaban unas transacciones financieras del entonces Primer Ministro
Jean Chrétien, quien dijo que los documentos eran fraguados.
En otro tema relacionado con la libertad de expresión, el gobierno provincial
de Ontario presentó un total de 98 cargos penales y una querella civil
contra el autor canadiense Stephen Williams, cuya vivienda fue allanada por
la policía en más de una ocasión. La primera vez fue en
mayo pasado, cuando lo arrestaron y tuvo que pasar la noche en prisión.
En sus escritos, Williams había criticado duramente la labor de la policía
de Ontario, los fiscales públicos y la Fiscalía General. Según
informes procedentes de Toronto, las incursiones fueron calificadas como expediciones
de pesca realizadas por la policía con el fin de determinar si Williams
se había basado en lo manifestado por fuentes confidenciales y, de ser
así, averiguar quiénes eran dichas fuentes.
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