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Asamblea General de la SIP .
Antigua, Guatemala,
22 - 26 de octubre 2004
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COLOMBIA
Las principales trabas a la libertad de prensa en este período se han
presentado por la vía de la intimidación, mientras que, por primera
vez en ocho años, no se registró ningún asesinato de periodistas
por razones de oficio. Un hecho insólito fue el asesinato de un popular
voceador de prensa en la ciudad de Santa Marta por vender un periódico
donde se informaba de la captura de un grupo de paramilitares.
En casi
todas las zonas de conflicto armado reina un clima de miedo y un alto porcentaje
de los periodistas que trabaja allí de manera permanente reconoce que
practica la autocensura en noticias relacionadas con guerrilla o paramilitares.
Se registraron
oficialmente 22 amenazas a periodistas en los puertos de Buenaventura y Barrancabermeja,
y en las ciudades de Yopal, Neiva, Ibagué y Cúcuta, principalmente.
Un periodista salió al exilio por las amenazas.
La ciudad
de Cúcuta presentó la situación más complicada para
el ejercicio profesional. Nueve periodistas denunciaron amenazas y agresiones
por parte de funcionarios públicos y del propio alcalde de la ciudad,
hoy encarcelado por presuntos nexos con los paramilitares. Otro periodista de
esa ciudad fue víctima de un atentado en el que murió su hijastra.
Además
de las amenazas, se denunciaron 14 casos de periodistas agredidos por la fuerza
pública la cual obstruyó la cobertura de hechos de orden público.
En el campo
judicial, se presentaron decisiones significativas. La primera fue el cierre
investigativo parcial en el proceso por el asesinato del subdirector del diario
La Patria, Orlando Sierra, ocurrido el 30 de enero de 2002. La Fiscalía
acusó a dos coautores materiales y anunció que se iniciará
una investigación para determinar la autoría intelectual. La medida
causó el rechazo del gremio periodístico que consideró
que la Fiscalía descartó testimonios y pistas que señalaban
como presunto autor intelectual del homicidio al político local Ferney
Tapasco. El proceso fue reasignado a un fiscal especializado de Manizales.
La segunda
decisión fue la liberación de uno de los responsables materiales
del asesinato del director de El Espectador, Guillermo Cano, ocurrido el 17
de diciembre de 1986. Luis Carlos Molina Yepes recuperó su libertad tras
cumplir tan solo seis años de prisión, gracias al mecanismo de
rebaja de penas.
Por otra
parte, la Corte Constitucional declaró exequible un proyecto de ley que
reconoce legalmente la profesión del comunicador social, pero rechazó
todos los artículos que pretendían establecer certificaciones
estatales o exigencias académicas para el ejercicio del periodismo.
A través
de mecanismos judiciales que en algunos casos desconocen el derecho a la defensa
y sentencias de la Corte Constitucional, en este semestre se reportaron cinco
acciones de tutela, dos procesos penales y una demanda por calumnia e injuria
contra la Revista Cambio y los periódicos El Tiempo y El Nuevo Día
de Ibagué.
En el plano
legislativo, preocupan las reformas a los Códigos Nacional Electoral,
del Menor y el Tributario. La primera resulta restrictiva de la libertad de
expresión porque prohíbe la divulgación de publicidad y
encuestas el día de elecciones; la reforma al Código del Menor
impone a los medios obligaciones en términos de sus contenidos; y el
proyecto de Reforma Tributaria, introduce nuevamente el impuesto al papel periódico,
a los ejemplares, y a libros y revistas de importación y grava la publicidad
de periódicos pequeños.
El Congreso
ha iniciado el estudio de un proyecto por el cual se pretende regular el acceso
a la información y establecer la posibilidad de clasificar ciertas informaciones
como reservadas, que no estaban previstas en la legislación y que pueden
generar restricciones para el libre ejercicio periodístico.
En abril,
Norberto Antonio Castaño, director del informativo “El Imparcial”
de la emisora HJ Doble K de Neiva, departamento del Huila, denunció que
su vida corría peligro. Castaño advirtió de la presencia
de hombres armados frente a la emisora y denunció a la URR de la SIP
que las amenazas provendrían de paramilitares o miembros de la fuerza
pública que lo acusan de tener nexos con las FARC.
El 22 de
abril, Jorge Corredor, director del programa “El Pregón del Norte”,
de la emisora La Voz del Norte, en Cúcuta, Norte de Santander, fue víctima
de un atentado cuando un desconocido le disparó en su casa. El periodista
logró escapar pero su hijastra, de 20 años, recibió los
disparos y murió.
Corredor
dijo a la URR de la SIP que el alcalde de la Ciudad, Ramiro Suárez Corzo,
le exigió al gerente de la emisora que lo sacara del aire. “Como
condición para continuar con mi espacio, me hicieron firmar que no criticaría
más al alcalde”, afirmó el periodista. El alcalde está
detenido por vínculos con paramilitares.
Un oficial
de la Policía le exigió al jefe de Redacción de Vanguardia
Liberal en Barrancabermeja entregar fotos en las que manifestantes atacaron
a miembros de la fuerza pública para identificar a los responsables.
El diario rehusó.
En mayo,
el corresponsal de Caracol Noticias en el departamento de Antioquia fue agredido
por un miembro de la Policía cuando cubría una protesta en el
municipio de Barbosa. Días antes, siete periodistas también fueron
agredidos por la Policía Nacional mientras cubrían unas manifestaciones
públicas en Cartagena contra las negociaciones del Tratado de Libre Comercio.
Periodistas
de varios medios de comunicación reportaron presiones por parte de los
paramilitares durante las negociaciones entre el Gobierno y estos grupos en
Santafé de Ralito, zona de los diálogos. Los jefes de las autodefensas
exigieron mostrar el material que iban a enviar a Bogotá, para hacer
las correcciones que ellos consideraban pertinentes.
Periodistas nacionales e internacionales rechazaron la decisión del Gobierno
de imponer requisitos previos como la acreditación para el ingreso a
la zona de diálogos con los paramilitares porque dificulta el acceso
a la información.
En junio,
Olga Lucía Cotamo, Ángela Echeverri y Fernando Fonseca, periodistas
de RCN radio en Cúcuta, denunciaron haber sido amenazados a través
de un panfleto que los declaraba como objetivos militares por simpatizar con
la política del presidente Alvaro Uribe. “La amenaza es en serio
y no tiene reversa”, dice el volante que estaría firmado por un
comandante de la guerrilla del ELN.
El periodista
Cristian Herrera y el fotógrafo Carlos Patiño, del diario La Opinión,
de Cúcuta, fueron amenazados por un agente de la DIJIN quien les exigió
mostrar las fotografías que habían tomado del traslado de un capturado
en el aeropuerto de Cúcuta. Cristian Herrera había sido victima
de amenazas por parte del comandante de la Policía y el Alcalde de la
ciudad, por lo que tuvo que salir del país.
El 17 de
junio, Luz Dary Mora, reportera del canal local Enlace TV, de Barrancabermeja,
fue agredida en medio de las protestas que se presentaron entre sindicalistas
y la Policía Nacional. En la protesta también fueron agredidos
periodistas del Canal Caracol, y de dos canales locales de TV.
En julio,
Lucio Pabón, ex funcionario de la Fiscalía, demandó civil
y penalmente al diario El Tiempo por un informe sobre corrupción al interior
del Programa de Protección de Testigos que estaba a su cargo.
Fue dinamitado
el transmisor de la emisora Fuego Estéreo en Ciénaga, departamento
de Magdalena. La emisora no había recibido amenazas.
La Fiscalía
profirió resolución de acusación en contra de dos delincuentes
comunes por el homicidio del subdirector de La Patria, Orlando Sierra. Fueron
acusados como coautores materiales de homicidio agravado.
El 29 de
julio, el Consejo de Estado pidió a la emisora RCN “adecuar el
contenido” de un programa radial con un alto contenido sexual dirigido
a jóvenes. Argumentó que el programa radial iba contra “la
moral pública, las buenas costumbres, los valores, la integridad física
y psíquica de la sociedad”.
Germán
Hernández, periodista del Diario del Huila denunció que fue intimidado
por el comandante de la Novena Brigada de Neiva, Juan Pablo Rodríguez
Barragán. Hernández informó a la URR de la SIP de que luego
de un viaje a territorio controlado por la guerrilla, el comandante expresó
que los que iban a esa zona eran amigos de la guerrilla. Luego llamó
al gerente del periódico para advertirle que la permanencia de Hernández
en el diario no era buena para las relaciones con la Brigada. El periodista
recibió el respaldo del medio.
El 1 de agosto, el cronista Hollman Morris y un reportero italiano de la BBC
de Londres, fueron retenidos por la Armada Nacional en el departamento del Putumayo
cuando regresaban de realizar un documental sobre la frontera colombo-ecuatoriana.
Los uniformados dijeron que debían confirmar la identidad de los periodistas
y por eso fueron requisados y privados de sus pertenencias.
El semanario
El Espectador fue acusado por el Gobernador del departamento del Meta y amenazado
por algunos anónimos, luego de que su editor de Investigaciones, Norvey
Quevedo, denunciara sobrecostos en las contrataciones de la Gobernación.
El diario
El Nuevo Día de Ibagué recibió una amenaza a través
de un correo electrónico contra el periodista responsable de la publicación
de un artículo sobre el recientemente asesinado paramilitar Miguel Arroyave.
La amenaza decía que las sindicaciones contra Arroyave se pagaban con
la muerte.
Richard
Leguizamo, periodista del periódico Vanguardia Liberal en Valledupar
fue amenazado por los paramilitares tras un artículo sobre la muerte
de un destacado líder indígena Kancuamo. El periodista fue retirado
de la ciudad por la Fundación de Libertad de Prensa.
El periodista
de Radio Ipiales, Julio Horacio Bernal, fue agredido por un grupo de manifestantes
indígenas mientras cubría una protesta en el puente internacional
Rumichaca en la frontera colombo-ecuatoriana. Los indígenas acusan a
los reporteros locales de estar aliados con el alcalde de Ipiales.
En septiembre,
el Ministerio de Comunicaciones clausuró la primera radio indígena
del norte del Cauca, Radio Nasa, ganadora de varios premios internacionales,
por supuesta violación a los procedimientos establecidos por el Ministerio
para emisoras comunitarias.
Luis Alberto
Castaño Martínez, director de noticias de la emisora comunitaria
Café FM en Líbano, departamento del Tolima, tuvo que abandonar
el municipio debido a la existencia de un plan de los paramilitares para asesinarlo.
Castaño venía denunciando las muertes selectivas ocurridas en
la región en los últimos meses.
Claudia
Julieta Duque, periodista e investigadora del célebre caso del humorista
y comunicador Jaime Garzón, asesinado en agosto de 1999, denunció
amenazas telefónicas y seguimiento de vehículos que podrían
ser del Departamento de Seguridad (DAS).
El 21 de
septiembre, Luis Eduardo Gómez, director y propietario de la Revista
Urabá y columnista del diario local, denunció amenazas de funcionarios
del municipio de Arboletes en el departamento de Antioquia, tras informes del
periodista sobre irregularidades en la administración local.
El 30 de
septiembre, un popular voceador de periódicos de Santa Marta, capital
del Magdalena, Jaime Alberto Madero Muñiz, fue asesinado de tres disparos
por vender ejemplares del diario local El Informador que traía la noticia
sobre la captura de seis reconocidos paramilitares que operaban en esa región.
El voceador había sido advertido de que no podía pregonar esa
noticia. Hacerlo, le costó la vida.
En octubre,
Luis Carlos Molina Yepes, el hombre que procuró las armas y vehículos
a los sicarios que asesinaron en 1986 al director de El Espectador, Guillermo
Cano, recuperó su libertad tras solo seis años de prisión,
gracias al mecanismo de rebaja de penas. Molina Yepes se ganó la rebaja
haciendo escobas y veladoras en la cárcel. La liberación de Molina,
motivo de un pronunciamiento de la SIP, causó rechazo en el gremio periodístico
y la sociedad en general.
El 2 de
octubre, la revista Semana hizo público en un editorial haber recibido
amenazas y denunció que los teléfonos de algunos de sus periodistas
están interceptados por organismos de seguridad del Estado. Las amenazas
se presentaron luego de que la revista difundiera fragmentos de una conversación
entre los comandantes paramilitares de las Autodefensas Unidas de Colombia y
el alto comisionado para la Paz, Luis Carlos Restrepo.
Ese mismo
día fue asesinado John Henry Pava Solarte, hijo de un ex senador y director
de la emisora de música juvenil La Súper Estación, por
sicarios que le propinaron un disparo en la cabeza cuando salía de una
discoteca en el municipio de Yumbo, en el Valle del Cauca. Su muerte no obedece
al ejercicio del periodismo y según la Policía, está relacionada
con el no pago de una deuda.
El 12 de
octubre, una sentencia de la Corte Constitucional reconoció la actividad
periodística como profesión, pero rechazó todos los artículos
de un proyecto de ley que pretendía fijar exigencias previas, tales como
la tarjeta oficial de periodista o la certificación obligatoria del Estado.
Es periodista, según la Corte, quien se dedica al manejo de la información,
egresado o no de una universidad, y cuyo reconocimiento como tal no depende
en ningún caso del Gobierno.
El 30 de
marzo fue asesinado el jefe de prensa de la alcaldía de Aracataca, departamento
del Magdalena, Francisco Antonio Acevedo Rivera. El periodista había
sido director de la Casa de la Cultura Gabriel García Márquez
y fundador y locutor de la emisora Macondo Stereo. Su asesinato no tiene móviles
profesionales. En otro hecho violento, que tampoco obedece a razones de su oficio,
el 15 de octubre fueron muertos dos jóvenes locutores de una emisora
musical de Florida, departamento del Valle, por delincuentes que les robaron
el vehículo en el que se transportaban.
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