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Asamblea General
Lima, Octubre 26-29, Perú
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CUBA
El panorama del periodismo en Cuba continúa
marcado por el inmovilismo y la censura gubernamental, con nuevos episodios
de campañas propagandísticas en los medios oficiales, hostigamiento
a los periodistas independientes y desprecio por los intereses informativos
de la población.
En este período, los medios de comunicación controlados por el
Estado se han visto inundados por una estrafalaria e hipócrita campaña
a favor de la liberación de los llamados “Cinco Héroes Prisioneros
del Imperio”, cinco ciudadanos cubanos encausados y condenados por un
tribunal de Estados Unidos por pertenecer a una red de espionaje al servicio
del gobierno de la Isla. Las referencias a estos supuestos patriotas son permanentes,
con el argumento de que se trataba de personas infiltradas en Estados Unidos
para combatir el terrorismo y neutralizar las actividades de los grupos de la
comunidad cubana de Miami.
Simultáneamente, el principal periódico del país y órgano
del Partido Comunista, el Granma, desliza comentarios infamantes, aseverando
en uno de sus artículos “conmemorativos” por el primer aniversario
de los atentados terroristas en Nueva York y Washington, que “si el 11
de septiembre no hubiera ocurrido, el presidente George W. Bush y el complejo
militar industrial lo hubieran inventado”.
Sin embargo, los medios cubanos no han hecho la más mínima mención
a un caso de espionaje a favor de Cuba en el Departamento de Defensa de Estados
Unidos, detectado el pasado año y sentenciado hace unos días por
un juez federal en Washington. Este caso, protagonizado por la ciudadana estadounidense
Ana Belén Montes, constituye el incidente de espionaje de mayor envergadura
que involucra a Cuba en las últimas cuatro décadas, con comprometedoras
derivaciones sobre temas de seguridad nacional en Estados Unidos.
Otro de los espectáculos propagandísticos orquestados por la prensa
oficial fue la campaña de firmas para realizar una reforma constitucional
que declarara “irrevocable” al socialismo. La maniobra constituyó
una tácita respuesta a un proyecto de referendo presentado por grupos
opositores pacíficos, con el apoyo de más de 10.000 firmas de
ciudadanos cubanos residentes en el territorio nacional –el llamado Proyecto
Varela. Como es ya costumbre, el conocimiento de la población sobre el
suceso fue escamoteado y la información periodística sobre el
Proyecto Varela fluyó exclusivamente a través de la prensa independiente
y los medios internacionales.
Al silenciamiento oficioso del Proyecto Varela, el gobierno cubano opuso un
arrollador barraje propagandístico que inundó los medios de comunicación
con afirmaciones pueriles sobre el apoyo de la ciudadanía a las reformas
constitucionales, sin un complemento informativo de los reales motivos de esta
inusitada campaña.
Como consecuencia de esta política totalitaria, el desafío de
los periodistas independientes al control informativo del Estado sobre la información
pública sigue enfrentando el peso de la represión oficial.
El caso más notorio continúa siendo el de Bernardo Arévalo
Padrón, a quien recientemente las autoridades han trasladado para un
campamento de trabajo de máximo rigor, ubicado en la cárcel de
Ariza, Cienfuegos. La situación es alarmante, toda vez que los funcionarios
del penal informaron a los reclusos comunes que perderían visitas y otras
concesiones debido a las “indisciplinas” de Arévalo, quien
envió varios informes sobre la prisión a los medios de prensa.
Arévalo, fundador de la agencia independiente Línea Sur, cumple
una condena de seis años de cárcel desde el 28 de noviembre de
1997, bajo acusaciones de “desacato” a la figura del presidente
Fidel Castro y del vicepresidente Carlos Lage.
Otros acontecimientos significativos desde el pasado marzo son:
Los reporteros Léxter Téllez Castro y Carlos Brizuela Yera, de
la Agencia de Prensa Libre Avileña y del Colegio de Periodistas Independientes,
han recibido peticiones fiscales de seis y cinco años de cárcel,
respectivamente. Ambos fueron arrestados el pasado 4 de marzo durante una protesta
cívica en Ciego de Avila, y desde entonces han continuado enviando informaciones
sobre las condiciones de vida y los maltratos de que han sido testigos en los
centros penitenciarios donde permanecen.
El reportero Carlos Alberto Domínguez, de la agencia Cuba Verdad, está
detenido desde el pasado 29 de marzo en la prisión de Valle Grande, desde
donde ha continuado denunciando las pésimas condiciones de vida de los
reclusos en esa instalación penitenciaria. Aún no se le ha celebrado
juicio.
El corresponsal Angel Polanco, que reside en La Habana, permaneció encarcelado
por cinco días en la sede de la Seguridad del Estado en la capital. Los
agentes policiales revisaron su casa, le confiscaron equipos de oficina y le
incautaron sus archivos. También se le confiscaron $1,500 dólares.
El periodista había regresado de Miami, donde recibió tratamiento
médico.
El periodista Carlos Serpa Maceira fue víctima de una agresión
policial en Nueva Gerona, Isla de la Juventud, y posteriormente recibió
una multa de 30 pesos.
Otros miembros de la prensa independiente fueron objeto de los métodos
policiales que, con regularidad, prevalecen para obstruirles el acceso a las
fuentes de información y a la cobertura de eventos. En todo el país,
reporteros independientes recibieron el tratamiento acostumbrado de las autoridades
policiales: llamadas de intimidación, detenciones temporales en sus domicilios,
advertencias, multas, chequeos y expulsiones forzosas de los lugares adonde
acuden para realizar su trabajo.
Las gestiones de superación profesional, en Cuba o por invitaciones al
extranjero, son insistentemente bloqueadas. La Sociedad Manuel Márquez
Sterling –que agrupa a la mitad de los 120 periodistas independientes
de la isla- se ha visto impedida de realizar sus cursos de capacitación.
Al mismo tiempo, los periodistas Claudia Márquez, Marvin Hernández
Monzón, Víctor Domínguez y Luis García, invitados
en este período por el Centro Latinoamericano de Periodismo (CELAP) para
seminarios en Panamá y México, no pudieron siquiera iniciar sus
trámites de viaje debido a la renuencia de las autoridades migratorias.
Persisten asimismo las demoras y negativas de los permisos para emigrar o viajar
al extranjero. Al periodista y poeta Raúl Rivero, director de CubaPress,
se le mantiene en un “cautiverio nacional” que se prolonga ya por
catorce años, a pesar de las numerosas invitaciones que regularmente
recibe para participar en ferias y eventos literarios en el extranjero. No se
le otorga salida temporal, aunque se le “invita” a salir definitivamente
del país. Tras varios años de similares represalias, su esposa
pudo finalmente viajar a Estados Unidos para visitar a su hijo.
Se mantienen las mismas dificultades de los periodistas independientes para
hacer llegar sus informaciones a los espacios y agencias distribuidoras en el
exterior. Los reportes continúan transmitiéndose por vía
telefónica (cobro revertido) y, con menos frecuencia y posibilidades,
vía fax. El acceso al correo electrónico y la Internet sigue siendo
una quimera imposible para los profesionales independientes dentro de la Isla.
Se ha impedido incluso, bajo decreto estatal 383/2001, la venta de piezas y
utensilios tecnológicos que permitían a algunos ciudadanos hacerse
de una computadora personal mediante ensamblajes caseros y está prohibido
ingresar una computadora desde el exterior si la persona no cuenta con una carta
especial de autorización de la llamada Oficina Nacional de Seguridad
Tecnológica. Mientras, los servicios online habilitados en hoteles, cibercafés
y centros turísticos a través de tarjetas pagadas en moneda convertible,
están vedados para los representantes del periodismo independiente, cuyo
trabajo se considera una “labor contrarrevolucionaria pagada por el enemigo”.
A comienzos de septiembre, las autoridades estatales anunciaron la puesta en
marcha del primer proyecto cubano de televisión virtual en vivo en Internet,
las 24 horas al día. La presencia permanente de la televisión
cubana es fruto de la colaboración de entidades gubernamentales de la
isla y la corporación Hspeed Net de Alemania. Este servicio, dedicado
a promover hacia el exterior la visión triunfalista del régimen,
amplía la primera incursión de la televisión cubana en
la Internet, que en los últimos tres años ha sido una plataforma
para la transmisión, con carácter diario, de las llamadas Mesas
Redondas Informativas y otros programas de propaganda política que, en
el lenguaje de la demagogia gubernamental, son descritos como “frentes
de batalla contra la libertad de mentir”.
La oficialista Unión de Periodistas de Cuba (UPEC) ha anunciado desde
ahora y hasta febrero del 2003, una jornada de homenaje por el centenario del
natalicio del periodista checo Julius Fucik, en una desfasada maniobra de fortalecimiento
ideológico que han llegado a vincular incluso con la campaña de
liberación de los cinco espías prisioneros en Estados Unidos.
La fecha de muerte del controversial Fucik –8 de septiembre de 1943- era
utilizada en el bloque socialista para celebrar el Día Internacional
del Periodista, pero posteriormente la efeméride había sido sustituida
en Cuba por otra de carácter nacional, el 14 de marzo, día del
surgimiento de Patria, periódico fundado por José Martí
en 1892.
Un verdadero gesto de rancia demagogia y colosal ironía ocurrió
recientemente en La Habana, sede del Tercer Encuentro Mundial de Corresponsales
de Guerra. En el evento, se abogó por asumir el periodismo con ética
profesional y ser leales a “la verdadera libertad de prensa, la que es
fiel a los pueblos”, oponiéndola a “la secuestrada y proclamada
por los propietarios de los grandes medios”.
En este contexto de doble discurso, transcurrió la visita de 40 representantes
del periodismo de Estados Unidos, invitados por la Sociedad Americana de Editores
de Periódicos (ASNE). Eufemísticamente, las máximas autoridades
cubanas y los directivos de la UPEC hablaron a los visitantes sobre “vínculos
comunes”, espíritu cooperativo e intercambios bilaterales, a espaldas
del embargo informativo que el propio gobierno ha impuesto a los ciudadanos
nacionales. Una vieja estrategia que se sustenta en abrir el puente comunicativo
en una sola dirección, bajo la mirada fiscalizadora del Estado.
No queremos concluir este informe sin hacer mención al colega y amigo
Carlos Castañeda, miembro prominente del Comité de Libertad de
Prensa de la SIP, quien falleciera el pasado 10 de octubre en Lisboa. Castañeda,
quien estuvo responsabilizado con la elaboración del informe sobre la
situación del periodismo en Cuba por varios años, fue un apasionado
defensor de la prensa como instrumento de la democracia, el intercambio de ideas
y la participación ciudadana. Sus esfuerzos y desvelos por la restauración
de un sistema de prensa libre en una Cuba futura seguirán guiando nuestros
reclamos por lograr la restauración de un espacio democrático
de comunicación en la Isla.
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