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Reunión
de Medio Año
Ciudad de Panamá ,Marzo 11-14, Panamá
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CUBA
La situación
del periodismo se perpetúa en el inmovilismo y la anulación. El
gobierno mantiene por 46 años el monopolio informativo con fines propagandísticos,
rechaza y reprime las expresiones independientes, y desoye los reclamos internacionales
por la liberación de periodistas presos, muchos de ellos seriamente enfermos.
La noticia
de este período es la excarcelación de Raúl Rivero, vicepresidente
regional de la Comisión de Libertad de Prensa e Información de
la SIP y Premio UNESCO 2004, por razones humanitarias. Rivero fue beneficiado
por una “licencia extrapenal” el pasado 30 de noviembre, y desde
entonces ha reiniciado gradualmente su colaboración con la SIP y sus
labores profesionales.
A pesar
de las gestiones emprendidas para que las autoridades cubanas permitieran su
salida temporal del país, lamentablemente su asistencia a esta asamblea
no fue posible. Rivero ha dedicado varias semanas a trámites burocráticos
con el fin de viajar con su familia a España y oficializar los documentos
de su hija adoptiva de 11 años, pero aún aguarda por la tarjeta
blanca, salvoconducto obligado para todo ciudadano cubano que aspire a salir
al extranjero.
También
en este período obtuvieron “licencia extrapenal” por razones
de salud otros tres periodistas independientes: Oscar Espinosa Chepe, condenado
a 20 años; Jorge Olivera, director de la agencia Havana Press, quien
cumplía una condena de 18 años; y Edel José García,
director de la agencia Centro Norte, sancionado a 15 años. Espinosa Chepe,
de 64 años, padece de serios trastornos hepáticos; García,
de 59, tiene problemas siquiátricos y pérdida de la visión;
y Olivera, de 43, está afectado por severos problemas gástricos
e hipertensión arterial.
Con estas
excarcelaciones suman ya seis los periodistas independientes del llamado Grupo
de los 75 a quienes se les ha concedido una licencia extrapenal por problemas
de salud desde mediados del 2004.
La licencia
extrapenal –amparada por el Decreto Ley 62, de 1987- no comprende una
amnistía o supresión de la sanción penal, sino el cumplimiento
de la condena en reclusión domiciliaria, y deja abierta la posibilidad
de un retorno a la cárcel en caso de que el individuo reincida en acciones
antigubernamentales.
Por lo tanto,
aunque la cifra de periodistas encarcelados se redujo a 25 el pasado octubre,
el número de profesionales sobre quienes aún pesan condenas de
entre 27 y tres años de prisión es de 31. La mayoría de
ellos fueron confinados tras la ola represiva contra el movimiento disidente
en marzo del 2003.
La única
liberación efectiva en el período fue la de Carlos Brizuela Yera,
del Colegio de Periodistas Independientes de Camagüey, quien salió
el 2 de marzo tras cumplir hasta el último día una condena de
tres años de cárcel. Había sido arrestado en marzo del
2002 y hallado culpable, en un juicio de abril del 2004, de los cargos de “desacato
a la figura de Fidel Castro, desacato policial y desorden público”.
De los periodistas
que permanecen enfermos en prisión, los casos más críticos
son los siguientes:
- Adolfo
Fernández Saínz, de 56 años, Prisión Provincial
de Holguín: hipertrofia prostática, hipertensión arterial,
conjuntivitis crónica, enfisema pulmonar, hernia hiatal y quistes renales.
Ha perdido 45 libras de peso en el último año.
- Julio César Gálvez Rodríguez, de 60 años, Prisión
Combinado del Este, La Habana: hipertensión arterial, hígado graso,
artrosis cervical, sacro lumbalgia y estados depresivos.
- Ricardo González Alfonso, de 54 años, Hospital Nacional para
Presos, Combinado del Este, La Habana: fue sometido a una operación de
vesícula y tiene un soplo cardíaco congénito, adenopatía
y quiste en la garganta.
- Normando Hernández González, de 35 años, Sala para presos
del Hospital Provincial de Pinar del Río: síndrome de mala absorción
intestinal y quistes parasitarios. Se descartó el padecimiento de tuberculosis,
aunque sí tuvo contacto con el bacilo. No recibe la dieta apropiada ni
el agua hervida que requieren sus trastornos estomacales.
- Jorge Luis García Paneque, de 39 años, Hospital Nacional para
Presos, La Habana: agudas crisis depresivas, cólicos nefríticos,
mala absorción intestinal y parasitosis.
- José Gabriel Ramón Castillo, de 45 años, Sala de presos
del Hospital Militar Carlos J. Finlay, La Habana: hipertensión arterial
y trastornos circulatorios.
- Mario Enrique Mayo, de 40 años, Combinado del Este, La Habana: hipertensión
arterial, glaucoma en el ojo izquierdo, enfisema pulmonar, gastritis, problemas
prostáticos y hemorroides (pendiente de cirugía).
- Omar Ruiz Hernández, de 57 años, Prisión de Canaleta,
Ciego de Ávila: hipertensión arterial, ensanchamiento de la aorta
y desprendimiento de la retina.
- Juan Carlos Herrera Acosta, de 38 años, Prisión Kilo 8, Camagüey:
hipertensión arterial afecciones de la piel (vitiligo) y pérdida
de 30 libras de peso. Sus familiares denunciaron que se le ha impedido tomar
sol en los últimos seis meses.
- Miguel
Galbán Gutiérrez, de 40 años, Combinado del Este, La Habana:
trastornos digestivos, enfermedad tumoral (osteocondromas) e inflamación
de las articulaciones y extremidades, con dolores crónicos. Es impedido
físico (brazo izquierdo) como consecuencia de un accidente de tráfico
sufrido en 1998.
No han cesado
los actos de acoso y ensañamiento contra los periodistas encarcelados,
mayormente provenientes de reos comunes instigados por las autoridades carcelarias.
Son además frecuentes las requisas de las celdas para despojar a los
prisioneros de provisiones y medicamentos proporcionados por sus familiares,
las limitaciones para llamadas telefónicas y el confinamiento a cubículos
de castigo.
Las visitas
familiares siguen siendo de dos horas cada tres meses y las conyugales cada
cinco meses, condicionadas al comportamiento del reo. Las visitas familiares
se limitan generalmente a dos personas.
Las represalias
contra los prisioneros se prolongan hasta sus familiares, tratando de acallar
el activismo cívico de éstos. El 26 de enero el periodista Héctor
Maseda, condenado a 20 años, fue llevado a un área de “seguridad
incrementada” en una prisión de Santa Clara, Villaclara. La medida
contra Maseda, de 62 años, parece destinada a neutralizar a su esposa,
Laura Pollán, cuya vivienda en La Habana se ha convertido en un bastión
en defensa de los prisioneros de conciencia y sus familiares. Pollán
ha sido citada en varias ocasiones por el Instituto Nacional de la Vivienda
bajo amenazas de perder el inmueble y ha recibido advertencias de la policía
política para que desista de sus actividades públicas como líder
del movimiento conocido como Damas de Blanco.
Pollán
encabezó una campaña de recojo de firmas para solicitar una amnistía
general de los prisioneros de conciencia y el pasado 18 de febrero hizo historia
al liderar una insólita marcha de 20 mujeres por las calles de La Habana,
desde su vivienda hasta las oficinas del Consejo de Estado, para entregar allí
la carta con miles de firmas pidiendo la liberación de los presos.
En cuanto
a la actividad profesional independiente dentro de Cuba, unos 30 informadores
se mantienen activos a duras penas, desafiando las hostiles condiciones de sobrevivencia.
Desde la oleada represiva que dos años atrás llevó a 28
periodistas a la cárcel con severas condenas, las principales agencias
de noticias y focos de creatividad profesional no han logrado reestructurarse,
ni han vuelto a publicarse los boletines y revistas artesanales que llegaron
a elaborarse y distribuirse en todo el país. La presión policial
es incesante sobre los periodistas independientes, que tienen dificultades para
hallar incluso un teléfono de donde transmitir sus reportes hacia el
exterior.
La represión
tiene diferentes modalidades. El 15 de octubre, en el municipio Sibanicú,
Camagüey, la periodista Marilyn Díaz Fernández, fue acosada
en plena calle por dos desconocidos que la insultaron y acorralaron, incitando
a los presentes a sumarse al repudio porque se trataba de “una contrarrevolucionaria
difamadora”. Poco después el jefe de la policía municipal
le manifestó que en Cuba podría haber cambios políticos,
pero que ni ella ni su esposo los verían. El esposo de la periodista
se encuentra en espera de un juicio por motivos políticos.
El 20 de
octubre el periodista Carlos Serpa Maseira, residente en el poblado de La Demajagua,
Isla de la Juventud, fue detenido en su hogar y conducido a una unidad policial
para ser interrogado. Los agentes policiales lo acusaron de participar en “actividades
contrarrevolucionarias” durante una visita a La Habana y le levantaron
un acta de advertencia por peligrosidad, antesala de un posible encausamiento,
la cual no fue firmada por el periodista.
El 11 de
enero se conoció que los periodistas Santiago DuBouchet, Jaime Leygonier,
Luis Guerra Juvier, Estrella García y Carlos Ríos, fueron amenazados
por las autoridades con aplicarles la ley y encarcelarlos si continuaban reportando
para la página cibernética de Nueva Prensa Cubana en Miami.
El 17 de
febrero, el periodista Iván García, reportero deportivo de la
agencia Cuba Press y colaborador de la página cibernética de la
SIP y Encuentro en la Red, fue citado por la policía política
en La Habana para recomendarle que “debería dejar de escribir o
en el futuro lo podría lamentar”. Los agentes advirtieron a García
de que esperarían entre dos y tres meses para proceder con otras medidas,
y le alertaron de que de no “cooperar” no le otorgarían el
permiso de salida temporal para visitar a su madre, la también periodista
Tania Quintero, exiliada en Suiza.
Una parte
significativa de los periodistas independientes, entre ellos los recién
excarcelados, planea emigrar con carácter definitivo. En la etapa final
de trámites migratorios figuran Claudia Márquez, ex redactora
de la revista De Cuba; Manuel Vázquez Portal, del Grupo de Trabajo Decoro;
Edel José García, Jorge Olivera, María Elena Rodríguez
y Jesús Álvarez Castillo. La emigración por razones de
salud o reunificación familiar es una tabla de salvamento en momentos
en que no se avizora una opción creativa independiente y el régimen
recurre a una política de centralización estatal, férreo
control ideológico y limitación totalitaria de las tecnologías
de comunicación.
De hecho,
la prensa independiente es actualmente un fenómeno atomizado. Se sostiene
gracias a esfuerzos aislados, que enfrentan las adversidades y las amenazas
policiales de encausarlos bajo la Ley de Protección de la Independencia
Nacional y la Economía de Cuba, la “ley mordaza” de 1999,
y logran enviar sus textos o grabaciones telefónicas a Cubanet, Nueva
Prensa Cubana, Carta de Cuba, Encuentro en la Red y otros sitios en Internet
de asuntos cubanos, o participar en espacios de Radio Martí y emisoras
locales de Miami. Se trata de una actividad precaria e irregular, impedida de
interactuar en el panorama nacional, sin la impetuosidad del movimiento que
floreció a partir de 1995.
La única
retroalimentación que tiene ese periodismo dentro de Cuba proviene de
revistas como Cubanet, Enepecé y Carta de Cuba, conformadas con textos
de periodistas independientes y cuyos ejemplares logran circular subrepticiamente
dentro de la isla.
Aunque no
es un proyecto de la prensa independiente, debe mencionarse que a finales de
diciembre se produjo la salida del primer número de Consenso, una revista
bimestral con el auspicio de organizaciones disidentes moderadas. La revista
está disponible a través de un sitio en Internet, pero la versión
en papel no puede distribuirse legalmente dentro de Cuba.
La más
reciente aventura de la propaganda gubernamental comenzó en la pasada
Navidad, cuando se desencadenó la “guerra de los carteles”
contra la Oficina de Intereses de Estados Unidos en La Habana (SINA). Frente
a la sede diplomática, el régimen colocó gigantescos carteles
con fotos del injusto tratamiento a los prisioneros de la cárcel de Abu
Ghraib, en Irak, en respuesta a un cartel lumínico que la SINA colocó
con el número 75 en su interior, el cual aludía a la cantidad
de disidentes arrestados en marzo del 2003.
La batalla
ideológica contra la SINA ha incluido recientemente una serie de dibujos
animados, programados por la televisión estatal, en los cuales se ridiculiza
al jefe de esa misión diplomática, James Cason.
Los vínculos
con el periodismo oficialista venezolano ya están planteados en términos
de alianza estratégica. El pasado febrero, en los predios aledaños
a la SINA en La Habana, se presentó el primer número de Patria
Grande, una revista de “doble nacionalidad” creada como “símbolo
de hermandad entre Cuba y Venezuela”. Según sus editores, esta
revista “combatirá la vileza del poder mediático”
y exaltará “el sentimiento de protesta contra la privatización
de la naturaleza, la pobreza, la modificación de la vida y el pillaje
que significa la globalización neoliberal impuesta por el imperialismo”.
Continúan
bloqueadas las gestiones migratorias de Bernardo Arévalo Padrón
(Línea Sur Press) tras cumplir una condena de seis años por acusaciones
de desacato a la figura de Fidel Castro. Tanto Estados Unidos como Francia le
negaron visa como refugiado político el pasado año, presuntamente
por sus anteriores vínculos con el Ministerio del Interior cubano.
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