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57 Asamblea General
Washington, D.C.,octubre 12-16, 2001
EL SALVADOR
En este período persistió la tendencia
de parte de muchos funcionarios a retener información de interés
público, lo que dificulta la obtención de material, especialmente
en trabajos investigativos.
El más grave caso de intimidación a fuentes se produjo en el Ministerio
Público, cuando el fiscal general, Belisario Artiga, amenazó a
finales de agosto de este año con aplicar el Artículo 324 del
Código Penal contra funcionarios que supuestamente habrían filtrado
un documento a El Diario de Hoy.
El documento, un informe del fiscal específico Roberto Vidales sobre
el uso indebido que abogados -muchos de ellos con funciones de jueces- hacían
de títulos no refrendados por el Ministerio de Educación u obtenidos
de manera irregular, fue impreso por la Fiscalía General en un número
no determinado de copias repartidas a la Corte Suprema de Justicia, al Consejo
Nacional de la Judicatura y a otros funcionarios no especificados. El documento
no establecía en ninguna de sus partes el carácter de confidencialidad
alegado por la fiscalía ni tenia firma alguna que hiciera responsable
de su autoría a ninguna autoridad. No obstante, luego de confirmarse
la autenticidad del documento, partes del informe, incluyendo nombres de los
profesionales investigados, se publicaron en el mencionado matutino, por ser
su contenido de indudable interés público.
La persistente amenaza sostenida por la Fiscalía ante diversas instancias
ha generado el temor generalizado de fuentes del sector de justicia que ahora,
aun en casos de menor trascendencia, se niegan a responder preguntas de los
periodistas, con lo que se entorpece la libertad de información.
En otro hecho, el subcomisionado Wilfredo Avelenda, jefe de la Región
Metropolitana de la Policía Nacional Civil, expulsó de la delegación
policial a una redactora y una fotógrafa del periódico Más,
luego de haberles reclamado con violencia verbal por la publicación en
ese matutino de las acusaciones que actualmente se le formulan ante tribunales,
por acoso sexual.
La expulsión impidió a las periodistas cubrir adecuadamente la
captura y remisión de dos militares acusados de amenazas, con lo que
se atentó contra el libre ejercicio de la profesión periodística.
Una protesta verbal de parte de la dirección de Más ante la jefatura
de comunicaciones de la Policía Nacional Civil no ha obtenido respuesta
oficial hasta la fecha. Ninguna de las periodistas expulsadas y verbalmente
agredidas era autora de la información que molestó al subcomisionado
Avelenda.
El diario La Prensa Gráfica denunció dificultades que sus periodistas
confrontan en oficinas públicas para acceder a la información
en la Presidencia de la República y la Corte Suprema de Justicia.
En la Corte Suprema de Justicia, las resoluciones de las diferentes salas del
máximo tribunal son manipuladas por el jefe de comunicaciones, quien
reparte a discreción las resoluciones a los medios de su conveniencia
y ha expresado abiertamente su enojo con La Prensa Gráfica por lo que
considera un "mal trato" a los magistrados de la Corte. Se refiere
a críticas y reportajes que plantean deficiencias en la administración
de justicia.
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