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Reunión
de Medio Año
San Salvador, Marzo 21-24
El Salvador |
EL SALVADOR
Algunos de los problemas persistentes que entorpecen y dificultan la tarea de
los periodistas y medios de comunicación residen en que las instituciones
públicas, principalmente el Poder Ejecutivo, impiden el acceso a la información
y en la continuación de agresiones contra periodistas durante la cobertura
informativa.
A pesar del amparo constitucional, no existe en la práctica un mecanismo
legal que obligue a los funcionarios a entregar la información que emana
de cualquier institución pública y que cualquier ciudadano pueda
requerir.
Esta situación deja a criterio subjetivo del funcionario principal, o
de los mandos medios, la información que se decide revelar. Con más
razón, los periodistas sufren la negativa o el aplazamiento indefinido
de la información que solicitan.
Un ejemplo reciente de este manejo subjetivo se registra a partir de febrero
de este año en el área de salud. Las principales autoridades han
centralizado la información sobre pacientes y enfermedades, y no permiten
que los directores de los diferentes hospitales brinden información de
interés público. Con esta medida, el periodista sufre una permanente
desinformación, que se agrava en el momento en que precisa respuestas
sobre casos delicados, como epidemias.
Además, en la actual huelga que protagonizan los médicos, que
se inició en septiembre de 2002, el Instituto Salvadoreño del
Seguro Social maneja una política informativa escasa y ofrece datos incompletos.
En pocas ocasiones atiende las peticiones formuladas por los reporteros cuando
éstos solicitan una información precisa. Ello ha determinado que
no se pueda conocer el impacto real del conflicto en el sistema de salud del
país.
Algunos organismos autónomos con presupuesto estatal ejercen la misma
política de trabas informativas. La Administración Nacional de
Acueductos y Alcantarillados (ANDA) y la Comisión Ejecutiva Hidroeléctrica
del Río Lempa (CEL), generadora de energía, se oponen a dar información
sobre el manejo de su presupuesto. En esta misma situación se encuentran
otras instituciones de reciente creación como las Superintendencias,
la de Energía y Telecomunicaciones, la de Bancos y la de Valores.
Este problema en relación con el acceso a la información también
se observa en el Poder Judicial. Persiste una falta de información sobre
el manejo de su presupuesto en capítulos como gastos, contratación
de personal e inversiones. La Prensa Gráfica ha cuestionado los gastos
de la institución para los rubros de asesores y seguridad, pero en ningún
caso las denuncias han conducido a respuestas puntuales.
El acceso a los juicios en las diferentes salas de la Corte Suprema de Justicia
es una tarea prácticamente imposible. Además, el máximo
tribunal no revela las resoluciones emitidas.
La mayoría de los magistrados esquiva a los medios de comunicación
y deja en manos del presidente de la Corte Suprema toda la responsabilidad para
responder a las peticiones de los periodistas. De los 15 magistrados, más
de la mitad apenas ha aparecido en los medios, contando la ocasión en
que fueron electos.
Se mantiene también la mordaza en el Código Penal en el que se
dicta restricciones de acceso a las audiencias de los juicios, según
sus artículos 272 y 327. Dichos artículos imponen el establecimiento
de la reserva de los casos, pero siempre que se decida por medio de una resolución
por escrito y fundamentada.
Sin embargo, se han registrado innumerables casos en que los jueces dictan reserva
a los juicios sin una argumentación. La mayoría de funcionarios
judiciales ni siquiera explica a los redactores las razones de la reserva, que
en ocasiones también la solicita la Fiscalía General sin mayores
argumentos.
Asociaciones de periodistas y particulares han pedido desde el año 2001
las reformas de estos artículos en los códigos, pero hasta la
fecha la Asamblea Legislativa no ha tomado cartas en el asunto.
Tampoco han tenido efecto las promesas hechas por las principales autoridades
del Poder Judicial de recomendar a los jueces que no abusen de los artículos
mordaza.
En las leyes penales también se mantiene la presión a los periodistas
y medios de comunicación con la amenaza de la Inhabilitación Especial
(Artículo 180 del Código Penal) y la prisión en los delitos
de Calumnia, Difamación e Injuria. (Artículo 177, 178 y 179 del
Código Penal).
La Corte de Cuentas se ha cerrado por completo a los periodistas. Basados en
reformas efectuadas en septiembre de 2002 a la Ley Orgánica de la Corte
de Cuentas, específicamente en su Artículo 46, su presidente y
sus ejecutivos no revelan información sobre los resultados de las auditorías
realizadas a las diferentes instituciones públicas.
El presidente Flores no vetó la reforma mordaza en la Corte de Cuentas,
sino que le dio su aval al mes siguiente de su aprobación, con lo que
se logró obstaculizar el acceso periodístico a los informes de
los auditores.
Las auditorías se manejan de forma poco transparente y en ocasiones se
dan a conocer públicamente con fines políticos. En este contexto,
la Corte de Cuentas se mantiene politizada, ya que es controlada por el Partido
de Conciliación Nacional (PCN), una formación de derecha ubicada
como la tercera fuerza del Congreso.
El FMLN, cuyo secretario general ha sido también cabecilla del partido
comunista por más de 30 años, ha difamado y agredido de manera
sistemática a los medios de comunicación salvadoreños.
También sostiene abiertamente, como parte de su plataforma política,
denominada “Proyecto de País”, claros propósitos de
manipular y condicionar el ejercicio del periodismo independiente.
El FMLN se ha referido a un plan para “democratizar” la propiedad
de los medios de comunicación y declarar “ilegal” que sus
propietarios y directores expresen sus puntos de vista en los editoriales y
que intervengan en los asuntos de contenido.
Estas manifestaciones han estado precedidas, en los últimos meses, por
una serie de graves agresiones físicas contra periodistas en el contexto
de mítines públicos que ha encabezado ese partido.
Son igualmente sintomáticos otros signos de intolerancia democrática
de algunos de los principales dirigentes de ese partido. A la menor muestra
de fiscalización de sus actos como servidores públicos, buscan
una estrategia de deslegitimar moralmente a periodistas y a medios como un método
para desvirtuar la verdad.
El Diario de Hoy denunció que a uno de sus periodistas que quiso viajar
a Canadá en busca de pruebas contra una empresa involucrada en una investigación
de multimillonaria corrupción edil relacionada con el tratamiento de
basura en 10 municipalidades gobernadas por el FMLN, se le entorpeció,
durante dos días, su visado.
La visa fue solicitada de manera formal y la Embajada de Canadá con sede
en Guatemala, primero le exigió al periodista revelar el tema de su investigación
y después se le exigió la carta de invitación por parte
de un medio canadiense para permitirle al periodista ingresar al país.
Hubo de recurrirse a la intervención del Ministerio de Relaciones Exteriores
de El Salvador para que finalmente extendieran el visado.
Respecto a las restricciones al acceso a la información pública,
el diario El Mundo denunció que sus peticiones de información
a varios organismos gubernamentales fueron denegadas en 19 oportunidades en
este período.
El Mundo también denunció que tres de sus periodistas fueron víctimas
de agresiones a finales del 2002 por parte de grupos gremiales.
En marzo de 2002 una turba de sindicalistas de extrema izquierda se congregó
frente a las instalaciones de la corporación FM y destruyó varios
vehículos y equipos de propiedad de la estación radial. El evento
es importante, pues es parte de un patrón general de violencia en contra
de los medios independientes del país.
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