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Asamblea General
Lima, Octubre 26-29, Perú
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PANAMA
A pesar que los tres gobiernos democráticos que sucedieron a la dictadura
prometieron la derogatoria de las leyes restrictivas de la libertad de prensa
y de los controles sobre los medios de comunicación social, muy poco
se ha logrado hasta la fecha. Las distintas comisiones nombradas por todos esos
gobiernos para estudiar la situación dejaron de funcionar sin lograr
consenso sobre reformas concretas. Problemas tales como la idoneidad certificada
por el Gobierno para ejercer el periodismo, la penalización de la calumnia
y de la injuria, la obligación de revelar el origen de las informaciones
y otros asuntos por el estilo, impidieron que se alcanzara un acuerdo.
Después de muchos esfuerzos y constante presión de organizaciones
tales como Transparencia Internacional (Panamá), organismos gremiales,
fundaciones por los derechos humanos y medios de comunicación social,
se logró un acuerdo multipartidario en la Asamblea Legislativa, que permitió
la aprobación de la Ley 6 del 2002 sobre el libre acceso a la información
pública, que fue posteriormente sancionada por la Presidenta de la República
y debidamente promulgada en la gaceta oficial. Cinco meses más tarde,
el Ejecutivo dictó un decreto que, con el pretexto de reglamentar la
ley, la convierte en letra muerta por los kafkianos requisitos que establece.
Hay pendientes de ser resueltos por la Corte Suprema de Justicia un recurso
de inconstitucionalidad contra el decreto reglamentario y uno contencioso-administrativo
de nulidad porque un reglamento no puede contrariar a una ley ni estar por encima
de ella.
Hace dos meses, el gobierno inició una campaña contra los medios
de comunicación, a través de frecuentes declaraciones de altos
funcionarios contra “el abuso de la libertad de prensa y expresión”,
la creación de una nueva comisión para analizar las leyes existentes,
en la cual no participan representantes de los medios de comunicación
social, y un proyecto de ley que pretende establecer un sistema de censura previa
para radio, televisión y medios escritos. Ante las protestas, el gobierno
ha moderado sus posiciones y la Presidenta de la República se ha comprometido
a vetar cualquier ley que atente contra la libertad de prensa.
Continúa el hostigamiento contra los periodistas y los medios de comunicación,
por medio de querellas por delitos contra el honor, con interminables investigaciones
absolutamente sesgadas, en las que se desconocen las garantías del debido
proceso legal y se abusa de las declaraciones, indagatorias y otras diligencias
que consumen una enorme cantidad de tiempo sin resultado alguno, cuyo único
propósito es fastidiar a los periodistas.
En conclusión, Panamá es un país con una abundante legislación
restrictiva de la libertad de prensa. Además de las leyes específicas
sobre la materia, en casi todos los códigos de la República se
encuentran esparcidas muchas disposiciones peligrosas, que incluso permiten
el cierre de medios de comunicación por decisión de un gobernador,
un alcalde o un corregidor, en violación directa a la Convención
Americana sobre Derechos Humanos y varios tratados y declaraciones internacionales.
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