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57 Asamblea General
Washington, D.C.,octubre 12-16, 2001
ESTADOS UNIDOS
Tras los ataques terroristas del 11 de septiembre
se han planteado serias amenazas y preocupaciones en torno a la imposición
de restricciones a la prensa en Estados Unidos.
Se ha planteado una siniestra y nueva amenaza de bíoterrorismo por parte
de individuos o grupos todavía desconocidos en contra de organizaciones
de prensa. Un empleado murió y otros tres -posiblemente ocho- resultaron
infectados con ántrax en American Media Inc. En NBC, una empleada y posiblemente
una segunda, han sido infectadas. Y tal parece que otro caso de infección
se registró en las oficinas de ABC. La mortal bacteria fue enviada, en
forma de polvo, en cartas manipuladas por los empleados afectados, según
las autoridades.
Poco después de los atentados contra el World Trade Center de Nueva York
y el Pentágono, en Washington, funcionarios del Departamento de Estado
intentaron presionar a la Voz de América (VOA), un organismo de radiodifusión
del gobierno, para que no transmitiese una entrevista con el mulá Mohammed
Omar, el líder del movimiento Talibán de Afganistán, interfiriendo
de esa forma en su independencia editorial. A pesar de las presiones, la VOA
transmitió extractos de la entrevista.
Luego, la Casa Blanca pidió a ejecutivos de noticias de las principales
cadenas de televisión no transmitir, en su totalidad, los mensajes pregrabados
del terrorista Osama bin Laden y sus secuaces, a fin de no atemorizar a los
estadounidenses y difundir, sin proponérselo, posibles mensajes en clave
a otros terroristas. Las cadenas de TV accedieron, en conjunto, a limitar tal
cobertura. Esta autocensura envía un mensaje equivocado a los países
musulmanes respecto de los valores de la apertura y la libertad de prensa que
defienden Estados Unidos y sus aliados y niega al pueblo estadounidense el derecho
a estar plenamente informado.
Un fotógrafo independiente estadounidense, William Biggart, figura entre
los muertos confirmados en el World Trade Center. También se informó
de que varios trabajadores más de medios de comunicación desaparecieron
o resultaron heridos. El cadáver de Biggart fue encontrado el 15 de septiembre
entre los escombros del desastre, cerca de los de varios bomberos. Había
acudido al lugar con su cámara tras enterarse de los ataques.
En iniciativas legales posteriores a los ataques terroristas, las organizaciones
de prensa manifestaron su temor de que el Congreso pudiese imponer severas restricciones
a la intimidad personal en Internet con la aprobación de la Ley de Combate
al Terrorismo, que permitiría a las autoridades policiales instalar sistemas
capaces de vigilar subrepticiamente los mensajes de correo electrónico.
Las organizaciones de medios de información también previnieron
de los peligros de un proyecto de ley para prohibir el uso de mensajes electrónicos
codificados, aduciendo la necesidad de proteger la defensa y la seguridad nacionales.
Quienes defienden la libertad de prensa y las garantías ciudadanas temen
que un proyecto de este tipo coarte el derecho de los usuarios de Internet a
la privacidad y la confidencialidad.
Todavía no está claro si las autoridades aplicarán un conjunto
de normas utilizadas durante la Guerra del Golfo, que limitaron la cobertura
del conflicto y crearon grupos de reporteros para recopilación conjunta
de informaciones que, en algunas ocasiones, impidió que muchos grupos
de medios pudieran informar sobre la guerra. Aunque existe la sensación
de que esas normas no se impondrían de manera estricta, las autoridades
de Defensa han advertido a los empleados del gobierno que podrían verse
sujetos a consecuencias severas si filtran información confidencial que
ponga en peligro la vida de hombres y mujeres uniformados.
Las organizaciones de prensa han admitido que los medios de información
deben equilibrar las consideraciones de seguridad nacional con su deber de informar
al público de manera integral y precisa.
Las autoridades también han implementado otras medidas de seguridad,
tales como la restricción al sobrevuelo de helicópteros y avionetas
dentro de límites urbanos, lo que perjudica la cobertura noticiosa; clausurado
el acceso ciudadano a algunos materiales de uso público y establecido
nuevas excepciones estatutarias; e impedido a la vez el acceso del público
a otros materiales, tales como mapas o planos de bases e instalaciones militares
estadounidenses y de otros edificios públicos en Estados Unidos.
En una carta fechada el 20 de agosto, la fiscal federal Mary Jo White informó
al periodista de The Associated Press, John Solomon, de que la fiscalía
de distrito había conseguido los registros de sus llamadas telefónicas
hechas y recibidas entre el 2 y el 7 de mayo. La decisión de confiscar
los registros telefónicos del periodista, sin que se informa siquiera
al periodista o a AP y se les permitiera ponerla en tela de juicio, estuvo vinculada
a un artículo escrito por Solomon el 4 de mayo, en el que citó
declaraciones de funcionarios de seguridad, a quienes no identificó,
según las cuales el gobierno había interceptado electrónicamente
las conversaciones de un senador que en esos momentos estaba bajo investigación.
Según la ley federal, es ilegal que las autoridades del orden revelen
información conseguida mediante una intervención de las comunicaciones.
Muchos grupos periodísticos protestaron por la medida, que consideraron
como una violación de la libertad de prensa.
En una carta dirigida al Secretario de Justicia, John Ashcroft, el presidente
de AP, Louis Boccardi, manifestó:
"No se notificó anticipadamente al periodista o a su empresa, privándonos
del derecho legal a oponernos a su intrusión antes de ocurrir.
"El Departamento de Justicia no ha presentado prueba de que se hubieran
tratado o agotado otros métodos para conseguir la información.
"Las pautas establecen que, excepto en el caso de la más grave amenaza
contra una investigación, no debería permitirse una violación
de este tipo contra la confidencialidad del periodista".
La periodista y escritora independiente Vanesa Leggett ha estado confinada casi
tres meses en un centro federal de detención de Texas, por negarse a
entregar información confidencial solicitada por un gran jurado convocado
por la fiscalía de distrito. Esa información está vinculada
a material que recogía para la publicación de un libro acerca
de un asesinato que tuvo gran publicidad en Houston. Varias organizaciones periodísticas
enviaron una petición a la corte federal que la sancionó por desacato
a raíz de su negativa, así como cartas a las autoridades en las
que solicitaron su excarcelación, invocando privilegios calificados bajo
la Primera Enmienda a la Constitución estadounidense. Leggett, detenida
el 20 de julio, podría seguir hasta 18 meses en prisión si persiste
en su negativa de entregar las notas. Recientemente, un panel de tres jueces
del Tribunal de Apelaciones del Quinto Circuito federal, con sede en Texas,
rechazó, con diversos fundamentos, incluso el de que no estaba claro
si cumplía los requisitos legales para ejercer el periodismo, su solicitud
de revocar el fallo de desacato emitido por la corte federal. Los medios de
información han indicado su temor de que el caso pueda sentar un precedente
negativo.
En septiembre, un panel de jueces de apelaciones de Louisiana rechazó
peticiones de varios organismos de prensa para que se revoque la orden de un
juez federal que limita los contactos con los miembros de un jurado en una querella
entablada contra la fabricante de neumáticos Bridgestone/Firestone, Inc.
El juez federal Filemon Vera prohibió que una persona se ponga en contacto
con los miembros del jurado en el caso, sin solicitarlo antes por escrito y
recibir aprobación específica de la corte. Los medios de prensa
indicaron que la orden constituye una violación de la libertad de prensa
y el acceso irrestricto a la información garantizados por la Primera
Enmienda.
Otras decisiones judiciales que restringen las actividades periodísticas
incluyeron la de un tribunal de Florida por la que se impidió que el
Sun-Sentinel, de Fort Lauderdale, obtuviera las fotografías de la autopsia
de Dale Earnhardt, el piloto automovilista que murió durante una competencia
en febrero. La legislatura de Florida aprobó una ley por la que se penó
la divulgación de ese tipo de materiales. Los medios de prensa afirmaron
que el proyecto se excedió en la protección del derecho de una
familia a que se respete su intimidad, al obligar a cualquier persona a obtener
autorización judicial para ver fotografías de una autopsia.
El editor, David Carson, y el director, Ed Powers, de The New Observer, un periódico
mensual de Kansas City, fueron acusados de injuria criminal en marzo de este
año de conformidad con el código penal de Kansas que tipifica
este delito, y se enfrentan a varios años de prisión en caso de
que se les condene. Expertos en la Primera Enmienda señalaron, sin embargo,
que un veredicto de ese tipo no pasaría el tamiz constitucional. El caso
se refiere a la publicación por el periódico de información
inexacta sobre el alcalde que postulaba a la reelección en noviembre
del 2000. El diario se disculpó por su error, pero el cargo por injuria
se mantuvo.
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