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Asamblea General de la SIP .
Antigua, Guatemala,
22 - 26 de octubre 2004
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VENEZUELA
La situación de la libertad de expresión y de prensa, como de
las seguridades jurídicas que reclaman su ejercicio y protección,
no pueden sustraerse de su complejo y muy crítico cuadro institucional
y político.
Desde que
se aprobó la Constitución de la República Bolivariana de
Venezuela en 1999 que estableció la llamada información veraz
y el derecho de réplica, se han registrado violaciones sistemáticas
de la libertad de expresión y de prensa por actos del Estado. No han
sido pocos los perjuicios sufridos desde entonces por los distintos medios de
comunicación social privados, sus editores y los periodistas, que han
incluido atentados al derecho a la vida, la integridad personal y el trabajo.
En doce
oportunidades se ha pronunciado la Comisión Interamericana de Derechos
Humanos y en cuatro oportunidades lo ha hecho la Corte Interamericana desde
el año 2001, adoptando medidas cautelares y provisionales para proteger
los derechos de más de diecinueve comunicadores y diez (10) medios de
comunicación social. El Gobierno, sin embargo, ha hecho caso omiso de
las mismas. Y con apoyo del Tribunal Supremo de Justicia ha sostenido que las
medidas adoptadas por el Sistema Interamericano de Protección de Derechos
Humanos en beneficio de la prensa no son vinculantes.
La propia
Sala Constitucional del Alto Tribunal venezolano, en Sentencia 1.042 del 18
de diciembre de 2003 y luego de declarar como válidas las “leyes
de desacato” para el castigo penal de los periodistas quienes ofendan
con sus escritos a los titulares o miembros de los poderes públicos,
declaró que: “Si un organismo internacional, aceptado legalmente
por la República, amparara a alguien violando derechos humanos de grupos
o personas dentro del país, tal decisión tendría que ser
rechazada aunque emane de organismos internacionales protectores de derechos
humanos”.
Luego, la
sentencia en cuestión ajustó lo siguiente: “Que las recomendaciones
de los organismos internacionales, en particular la Comisión Interamericana
de Derechos Humanos (…) no son de obligatorio cumplimiento (…)”.
“Que la libertad de expresión no es un derecho absoluto de los
seres humanos (…)”.
El pasado
15 de agosto se realizó el referéndum revocatorio del mandato
presidencial del Teniente Coronel (Ejército) Hugo Chávez Frías,
resultando éste victorioso de acuerdo con las cifras ofrecidas por el
Consejo Nacional Electoral, que abiertamente controlan sus seguidores.
César
Gaviria, quien ha concluido recién su mandato como Secretario General
de la OEA, ha dicho que al Gobierno de Chávez le asiste en lo adelante
el derecho de avanzar en su proyecto político, pero con apego a los principios
de la Carta Democrática Interamericana; de donde le recomienda, por cierto
y textualmente, “pensar dos veces en los riesgos que entraña el
aumento de magistrados del Tribunal Supremo de Justicia”, iniciativa aprobada
por el Gobierno y sus Diputados en la Asamblea Nacional, para controlar políticamente
y de un modo definitivo al Poder Judicial.
No omite
el Secretario de la OEA una afirmación final que comparte con el ex presidente
Jimmy Carter: “el Gobierno ha ido consolidando su control de todos los
poderes públicos”; para antes prevenirnos acerca de lo que más
nos angustia:
Dentro de
este marco, el Gobierno ha anunciado que finalmente será aprobada la
llamada Ley de Contenidos o Ley de Responsabilidad Social de Radio y Televisión,
inspirada en los predicados de la conocida Sentencia 1.013 de la Sala Constitucional
con lo que se pretende el control estatal de los señalados medios de
comunicación.
El Ministro
de Comunicación e Información instaló una Mesa Técnica
para promover ese instrumento legislativo que contiene preceptos antidemocráticos.
a) En contravención
a lo dispuesto por la Constitución, la ley será aprobada como
ley ordinaria y no como ley orgánica: que requeriría, como toda
legislación sobre derechos humanos, de su aprobación por una mayoría
calificada del parlamento.
b) La misma
consagra la censura previa y le otorga al Gobierno la potestad para suspender,
sin mediación judicial, las programaciones de radio y de televisión
cuando considere que puedan atentar contra el orden público o la seguridad
nacional y hasta tanto sean definitivamente decididas las controversias al respecto.
c) Queda
prohibida, entre las 5 de la mañana y las 11 de la noche, toda programación
o noticiero que contenga formas de violencia moderada: por ejemplo, la caída
de las torres gemelas de Nueva York o cualquier confrontación callejera
entre la policía y manifestantes políticos.
d) No podrá
transmitirse ningún comercial producido en el extranjero.
e) No podrán
transmitirse informaciones contrarias a la información veraz e imparcial.
f) Han de
transmitirse, obligatoriamente, programas educativos, supervisados por el Estado.
g) El 60
por ciento de la programación ha de ser nacional y un 60 por ciento de
ésta debe ser realizada por los productores independientes que autorice
previamente el Gobierno.
h) Cada
medio de comunicación y sus directivos serán solidariamente responsables
de las expresiones de cualquier persona que sea presentada en programas en vivo.
i) Finalmente,
entre otras restricciones, el Gobierno podrá disponer a su arbitrio y
en los horarios que libremente disponga, de 70 minutos semanales para sus propias
transmisiones a través de las emisoras del país.
Otros hechos
puntuales que han afectado la libertad de prensa.
El Ministro
de la Defensa, General en Jefe (Ejército) Jorge Luis García Carneiro,
acusó a los medios venezolanos de enemigos del Gobierno y de sostener
movimientos armados paramilitares: situación que hubo de rechazar abiertamente
el Bloque de Prensa Venezolano.
La diputada
oficialista Iris Varela propuso quitar la nacionalidad a periodistas de origen
extranjero enemigos del régimen. Y el canciller de la República,
Jesús Pérez, acusó a los periodistas de sembrar odio y
cizaña. En tanto que el presidente del Consejo Nacional Electoral amenazó
a los medios con cerrarlos si vulneraban las reglas de la campaña electoral
reciente.
El caso
del diario El Universal, atacado una vez más por el jefe del Estado,
revela el desprecio profundo que siente el régimen por la libertad de
expresión.
El 26 de
septiembre último, en su programa semanal de radio y televisión
“Aló Presidente”, Chávez de nuevo agredió al
editor Andrés Mata y a su periódico, ya que, según aquél,
éste “no tiene patria... y le hace el juego a los intereses transnacionales
que ya quisieran adueñarse de Venezuela”. Y todo ello a raíz
de la publicación que realizara dicho diario, junto a unas declaraciones
en las que el rector electoral oficialista Jorge Rodríguez anuncia que
enviará a la cárcel a quien hable de fraude electoral, de otras
declaraciones dadas por el reconocido jurista venezolano Tulio Álvarez,
dando cuenta de un cúmulo de denuncias y de probanzas que pondrían
en tela de juicio los resultados electorales del referéndum revocatorio
presidencial del 15 de agosto último. Frente a las cámaras, el
jefe de Estado ordenó a sus colaboradores le acercaran un depósito
de basura, donde lanzó un ejemplar del periódico, vociferando
que lo enviaba “al basurero de la historia” junto con el “señor
Mata” y “todo lo que... representa”.
El ejercicio
del terrorismo judicial, por otra parte, se ha incrementado dada la ausencia
de la autonomía de los jueces y sus conocidas ataduras con el Gobierno,
como ha sido reseñado reiteradamente tanto por la Comisión Interamericana
de Derechos Humanos como por la Secretaría de la OEA, y también
por virtud del respaldo que a los ataques y restricciones a la libertad de expresión
les dieran las Sentencias 1.013 y 1.942 de la Sala Constitucional del Tribunal
Supremo de Justicia.
Son emblemáticos,
en este orden los casos judiciales entablados por el Coronel (Ejército)
Ángel Alberto Vellorí contra la periodista Ibéyise Pacheco,
quien fuera condenada a nueve meses de prisión por ejercer su labor informativa;
por el diputado oficialista Juan Barreto contra el periodista Miguel Ángel
Rodríguez, de Radio Caracas Televisión; por el presidente de la
televisora estatal Wladimir Villegas contra el periodista Nelson Bocaranda;
por la Fuerza Armada contra la periodista Patricia Poleo, acusándola
de ultraje a la institución.
También
se registró el juicio reciente, por los tribunales militares, del general
de Brigada Francisco Usón, oficial retirado del Ejército y quien
fuera ministro de Finanzas del Gobierno de Chávez, por haber expresado
una opinión técnica en un programa de televisión conducido
por la periodista Marta Colomina, acerca del uso del lanzallamas. Se debatía
públicamente una hipótesis, en efecto, sobre la muerte por aplicación
de tal arma contra varios soldados detenidos en una celda disciplinaria de Fuerte
Mara, en la ciudad de Maracaibo. Usón, quien ya no era militar activo
el momento de su opinión, fue condenado a 6 años de prisión
por ultraje a la Fuerza Armada.
Otras agresiones
registradas:
Durante
la jornada de reparos a las firmas que solicitarían el referéndum
revocatorio del presidente Chávez, fueron detenidos el director de la
Voz de Guarenas, Emilio Materán y otros periodistas de la emisora Televen.
Fueron agredidos físicamente la periodista Marta Palma Troconis, de Globovisión,
y su camarógrafo Joshua Torres; la periodista Najhla Paola Isaac y el
equipo de TVS; la periodista Ivonne Andara Berrío, atacada directamente
por una turba de más de cien personas liderada por el alcalde de Caracas,
Freddy Bernal, y por el diputado oficialista Juan Barreto.
Fueron atacadas
por los grupos de violencia callejera afectos al gobierno las sedes del diario
El Nacional, de Así es la Noticia, de Radio Caracas Televisión,
de TV Guayana y sus periodistas, y periodistas de Globovisión. Encapuchados
armados quemaron una camioneta y una cámara de televisión de Venevisión,
en el Estado Zulia.
El 11 de mayo fueron agredidos por funcionarios de la Inteligencia Militar el
periodista Félix Carmona y el fotógrafo Jorge Santos, quienes
trabajan para el diario El Universal. Fueron detenidos, luego, por efectivos
militares, los equipos reporteriles del diario La Verdad y de la emisora Globovisión,
quienes daban cobertura al conocido tema de los paramilitares. El 4 de septiembre
último fue torturado y luego asesinado el escolta que cuida la vida de
la periodista Patricia Poleo, acción que generó medidas cautelares
por parte de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.
Francisco
Bautista, Kiko, director del Diario El Mundo, renunció a su cargo bajo
presiones políticas del gobierno.
En otro
orden, el 27 de julio, la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia
sentenció, en línea contraria a la jurisprudencia de la Corte
Interamericana de Derechos Humanos, que la colegiación obligatoria de
los periodistas no contraviene el ejercicio de la libertad de expresión
y que su exigencia es potestad soberana del legislador nacional.
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