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Reunión de Medio
Año
República Dominicana
Casa de Campo
Marzo 15 al 19, 2002
MEXICO
En el país persiste un patrón de
ataques y crímenes contra periodistas llevados a cabo especialmente por
el crimen organizado, en particular el narcotráfico. Ello ocurre en una
zona muy específica, la frontera norte del país, vecina a Estados
Unidos donde la tarea periodística sigue siendo un oficio de alto riesgo.
La violencia ocurre en un entorno geográfico, económico y cultural
complejo, donde la presencia del narcotráfico ejerce un deterioro grave,
a veces brutal, en la vida de las comunidades. Con recursos económicos
sin límite, los capos de la droga logran la subordinación de múltiples
actores sociales, desde autoridades hasta padres de familia, pasando por casos
aislados de periodistas. Es posible concebir el dilema que enfrentan muchos
periodistas en la zona: o aceptan la sumisión o ponen en riesgo su vida.
O para citar un comentario común en la región: deben escoger entre
dos metales: oro o plomo.
Los riesgos no son menores incluso para los que aceptan tratos con el narcotráfico.
Pueden ser víctimas de una banda contraria o ejecutados si se les atribuye
una infidencia o una deslealtad, como en el caso del periodista Félix
Fernández, asesinado el 18 de enero pasado en la población de
Ciudad Miguel Alemán, Tamaulipas, fronteriza con el estado de Texas.
El periodista viajaba en su vehículo cuando fue alcanzado por ráfagas
de metralleta disparadas desde otro automóvil en marcha. Fernández
fue director de la revista Nueva Opción, propiedad de un ex alcalde local
que ha sido vinculado al narcotráfico por autoridades federales. Dos
personas fueron detenidas en relación con los hechos.
En el año 2001 tres periodistas fueron asesinados en la región
fronteriza, sin que las autoridades hayan informado de avances en el esclarecimiento
de los hechos. Se trató de José Luis Ortega Mata, muerto el 19
de febrero en Ojinaga, Chihuahua; Valentín Dávila Martínez,
muerto en agosto en Ciudad Juárez, Chihuahua, y Saúl Antonio Martínez,
el 24 de marzo en Matamoros, Tamaulipas.
Todavía sigue impune la muerte de los periodistas Héctor Félix
Miranda, del 29 de abril de 1988, y de Víctor Manuel Oropeza, del 3 de
julio de 1991, casos investigados por la SIP que han motivado recomendaciones
de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA, que ha definido
responsabilidad internacional del Estado mexicano por las violaciones cometidas.
Igualmente persisten deplorables retrocesos en materia judicial. Así
ocurre con el caso del periodista norteamericano Philip True, muerto en diciembre
de 1998 en una zona indígena del estado centro-occidental de Jalisco.
Los presuntos victimarios, que estaban en prisión en espera de sentencia,
fueron liberados en agosto de 2001, presumiblemente por desvanecimiento de pruebas.
Una apelación presentada por la señora Martha True, esposa del
periodista, conjuntamente con el fiscal (procurador) estatal, no ha tenido aún
resolución alguna por parte del Poder Judicial del estado.
El 2 de febrero de este 2002 fue encontrado en su oficina de la ciudad de México
el cuerpo sin vida del periodista cultural, escritor y director teatral Julio
Samuel Morales Ferrón, conocido como Severo Mirón, a punto de
cumplir 80 años de edad. Las autoridades no han esclarecido los hechos.
El 15 de enero el periodista Jesús Blancornelas, codirector del semanario
Zeta, de Tijuana, publicó en su columna haber recibido amenazas de muerte
cinco días antes por medio de un mensaje que le fue hecho llegar vía
correo electrónico. El 27 de noviembre de 1997 Blancornelas sufrió
un atentado en el que resultó gravemente herido y uno de sus acompañantes
perdió la vida.
En noviembre del 2001, el coordinador de la Policía Federal Preventiva
en México, el general Francisco Arellano Noblecía, presentó
ante un juez federal de la Ciudad de México una demanda por difamación
contra el periódico El Imparcial de Hermosillo, luego de que en julio
anterior ese diario publicara que Arellano Noblecía era el mismo personaje
que 25 años antes, en octubre de 1975, coordinó un operativo policial
para desalojar tierras en Sonora, con resultado de varios campesinos muertos.
Inicialmente, Arellano Noblecía hizo publicar en un diario de la Ciudad
de México copias de cheques presuntamente apócrifos, con los que
acusó a El Imparcial de recibir dinero del narcotráfico, lo que
llevó a esa casa editora a presentar una denuncia penal.
Informes en diarios nacionales y agencias de noticias como Associated Press,
indican que periodistas de Ciudad Juárez, Chihuahua, denunciaron hostigamiento
por parte de autoridades estatales, en respuesta a investigaciones periodísticas
a que dan cuenta de incapacidad oficial ante la inseguridad pública en
la zona, especialmente en el caso de la muerte de decenas de mujeres trabajadoras
de maquiladoras en la región.
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