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Reunión de Medio
Año
República Dominicana
Casa de Campo
Marzo 15 al 19, 2002
VENEZUELA
El ejercicio de la libertad de expresión
estuvo expuesto a muy graves peligros en este período. Padeció
violaciones que comprometen la vigencia de la democracia y del Estado de Derecho.
Los medios, editores y periodistas siguen expresándonos con el producto
de la valentía y de la conciencia cívica, pues la tarea de la
prensa ya no se puede ejercer sin consecuencias dañosas.
De sus conocidos insultos, agravios e intimidaciones contra los editores y los
comunicadores sociales y hechos públicos en cadenas semanales de radio
y de televisión, el presidente Hugo Chávez, ha transitado hacia
una fase de incitación sistemática al odio e instigación
directa a la violencia popular contra los periodistas. Ahora convoca o anima
a sus seguidores, miembros de los Círculos Bolivarianos, organizados
con apoyo y dineros gubernamentales para que, por la vía de los hechos,
cumplan actos de linchamiento moral y material contra los periodistas y sus
bienes, en circunstancias nunca antes conocidas.
En las semanas más recientes se han constituido "tribunales populares",
dirigidos por seguidores de la llamada Revolución Bolivariana, quienes,
prevalidos de la solidaridad presidencial, se han dado a la tarea de reunirse
en las plazas públicas para "ajusticiar" a quienes consideran
contrarrevolucionarios, en particular a los dueños de los medios y a
los periodistas que no han hecho causa común con las prédicas
y actuaciones disolventes del "chavismo": el periodista José
Domingo Blanco es una de sus víctimas inmediatas.
La institucionalidad formal no ha sido capaz de reaccionar de manera clara y
eficiente para proscribir y sancionar estos hechos delictivos, contrarios a
la Constitución y a las libertades, ya que es evidente que los poderes
públicos se encuentran bajo control de personas de confianza del presidente
y sometidos a sus dictados autocráticos.
El Tribunal Supremo de Justicia dictó su Sentencia 1013 para proteger
las incitaciones presidenciales. Hoy es considerada como base ideológica
y normativa del proyecto para amordazar a la prensa por parte del Estado. Asimismo,
adoptó otra decisión, en Sala Constitucional, eliminando el principio
de intangibilidad de la cosa juzgada, para hacer posible la reapertura, por
supuestas razones de interés público y de mero Derecho (ipso iure),
de las causas civiles, administrativas, comerciales, fiscales y de otro orden
que ya estuviesen judicialmente clausuradas; con lo que se deja en un limbo
jurídico a todos los ciudadanos, entre éstos los editores y los
periodistas, haciéndoles víctimas fáciles y potenciales
de los chantajes del poder.
En la audiencia pública celebrada recientemente ante la Comisión
Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) con motivo de la denuncia que hiciera
de la Sentencia 1013 el Bloque de Prensa Venezolano, el Gobierno declaró
que, para poner orden en el debate creado por los medios, se dictaría
una Ley de Contenidos: suerte de código que recogerá las prescripciones
restrictivas de la libertad de expresión contenidas en esa sentencia
y a la cual se refirió el presidente en sus alocuciones del 10 de diciembre,
ante las Fuerzas Armadas, y del 9 de enero, ante la Asamblea Nacional.
La Asamblea Nacional, a su vez, sancionó una Ley de Telecomunicaciones
que, desde ahora y en espera de la citada Ley de Contenidos, permite al Gobierno,
a su libre arbitrio, cerrar los programas de radio y de televisión que
considere contrarios al interés nacional: que no es otro que el interés
de la revolución. Entre tanto, bajo la amenaza coloquial de que estaría
estudiando una Ley de Prensa, la Asamblea decidió el 17 de enero, "exhortar
a los propietarios de los medios de comunicación para que discutan y
aprueben, libre y autónomamente, un Código de Ética que
norme su conducta".
El Ministerio Público y la Defensoría del Pueblo mantienen una
conducta indiferente ante todos estos hechos. El Ministerio Público,
que tiene su bajo su responsabilidad el ejercicio de las acusaciones penales
para impedir la violencia creciente contra periodistas y editores, es ocupado
por quien fuera hombre de confianza y vicepresidente del actual mandatario.
Y, si se trata del Poder Judicial en general, más del 80 por ciento de
sus jueces son provisorios. Su futura estabilidad está en manos del Tribunal
Supremo, que no les otorga la estabilidad para impedirles que ejerzan con autonomía
e independencia su ministerio y así sujetarlos a las manipulaciones y
requerimientos del Gobierno.
El Gobierno del presidente Chávez tiene en su haber 49 decretos ley dictados
en el 2001, en un solo día, al amparo de una Ley Habilitante que desbordó
tanto el principio constitucional de la "reserva legal" como las competencias
naturales del parlamento, en un claro ejemplo de la degeneración política.
Esos decretos han sido impugnados por múltiples acciones ante la Sala
Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia por ser, además, violatorios
de derechos fundamentales como el de propiedad, el de contratación colectiva,
el de asamblea, sin que exista respuesta por parte de tal instancia judicial
hasta el presente.
Una misión de la SIP y anteriormente el Secretario Ejecutivo de la CIDH
visitaron el país en febrero y coincidieron que en el país no
existe libertad de prensa.
En marzo, los editores, propietarios de estaciones de televisión y algunos
periodistas venezolanos fueron recibidos por el plenario de la CIDH, en Washington,
para un encuentro de trabajo; luego del cual se anunció la visita de
dicha institución a Venezuela para realizar en mayo una investigación
in loco. También tuvo lugar una audiencia pública sobre la Sentencia
1013, en la que el representante del Estado, amén de confirmar la iniciativa
del Gobierno en cuanto a la Ley de Contenidos, hizo expresa su inconformidad
con la Declaración de Principios sobre Libertad de Expresión de
la OEA -coincidentes con los de la Declaración de Chapultepec- y señaló
que la materia relacionada con la libertad de expresión estaba reservada
a la soberanía interna.
La CIDH adoptó este año medidas cautelares en favor de los Diarios
El Nacional y El Universal y de las estaciones de televisión Radio Caracas,
Globovisión y VeneVisión, para preservar el derecho a la vida,
la integridad personal y la seguridad de los bienes de sus periodistas, directivos
y propietarios. Más allá de las expresiones formales, el Gobierno
poco ha hecho para su cumplimiento.
En el caso del diario La Razón, cuyo director fue víctima de una
medida de privación de libertad y quien, por lo mismo, se encuentra exiliado
en Costa Rica, la Comisión de Funcionamiento y Reestructuración
del Poder Judicial finalmente suspendió al juez de la causa. Seguidamente,
fue eliminada la mencionada orden de encarcelamiento. Sin embargo, no se le
acordó a Pablo López Ulacio su libertad plena, exigiéndosele
presentarse ante el juez cada 30 días y prohibiéndosele declarar
públicamente acerca del proceso criminal que se le sigue por ejercicio
de su libertad de expresión. Dado el contexto nacional mencionado al
principio, es evidente que no podrá contar con un juez imparcial para
su juzgamiento debido.
Las persecuciones gubernamentales y las ofensas presidenciales repetidas contra
la Iglesia Católica, el cardenal Arzobispo de Caracas y contra el Arzobispo
de Mérida, presidente de la Conferencia Episcopal Venezolana, entre otros,
no han cesado; antes bien, se han incrementado. Los juicios contra tales arzobispos
y el expediente administrativo contra la estación de televisión
del episcopado VALE TV, a objeto de revocarles la concesión, siguen en
vigencia. Y merece mencionarse, dentro de este renglón, el agravio inferido
en enero al Nuncio Apostólico de Su Santidad, por parte del presidente
de Venezuela, luego de que aquél hiciese votos para que las políticas
del régimen pudiesen avanzar dentro de un ambiente de tolerancia y de
respeto.
En octubre, la Comisión Nacional de Telecomunicaciones abrió un
procedimiento administrativo, por orden del Presidente contra Globovisión,
a objeto de sancionar a la dicha planta televisora, por haber informado, según
una fuente en vivo y directa, que habían sido asesinados nueve taxistas,
como parte de la violencia criminal creciente que afecta a toda Venezuela.
Luego, en noviembre, fueron víctimas de amenazas e intimidación
militares las periodistas Patricia Poleo, del diario El Nuevo País; Ibéyise
Pacheco, del diario Así es La Noticia; Martha Colomina, del diario El
Universal, y Marianela Salazar, del vespertino Tal Cual, quienes publicaron
documentos e informaciones que involucraban a generales del ejército
en hechos graves de corrupción.
La periodista Ibéyise Pacheco, directora del diario Así es la
Noticia, asociado a El Nacional, fue objeto de la apertura de una investigación
penal por iniciativa del Comandante de la Guardia Nacional; dándose la
circunstancia, muy grave, de que cinco días después, el 31 de
enero, estalló una bomba en la puerta principal del rotativo y un día
después de haber hecho público, junto a sus citadas colegas, un
vídeo que registraba un encuentro no oficial entre efectivos de la Fuerza
Armada venezolana y miembros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia.
El 7 de enero, luego de la cadena nacional realizada el día anterior
por el presidente Chávez y en la que ofendía públicamente
al editor Miguel Henrique Otero e instigaba a sus seguidores a que lo reprendieran,
había tenido lugar la violenta manifestación de los Círculos
Bolivarianos en las puertas de El Nacional, que dio lugar a las medidas cautelares
de la OEA. Más tarde, el 20 de enero, fueron agredidos por manifestantes
del Movimiento V República, partido de gobierno, un grupo de periodistas
de Radio Caracas Televisión y de Globovisión.
La aprobación el 24 de enero de medidas cautelares por la OEA en favor
de El Universal para proteger la vida y la integridad personal de sus trabajadores
no inhibió a las turbas gubernamentales para hacerse presentes de nuevo
y días después en las puertas de este diario. Tres de sus periodistas:
Roberto Giusti, Alicia La Rotta y Eugenio Martínez, habían sido
víctimas de agresiones días antes.
El 4 de marzo le fue necesario al editor del diario Correo del Caroní
y de TV Guayana, quien además es presidente del Bloque de Prensa Venezolano,
denunciar ante el Fiscal General de la República las serias agresiones
y amenazas que han recibido él y sus familiares por parte del Gobierno
nacional y regional; haciendo constar que grupos de activistas seguidores de
Hugo Chávez, entrenados por los llamados "tupamaros" que dirige
la denominada Comandante Lina Ron, preparaban nuevas acciones de violencia contra
dichos medios, similares a las ocurridas frente a la televisora el 5 de febrero
y que incluirían la destrucción y el incendio de todas sus instalaciones.
La mayoría de los medios televisivos y de la prensa escrita de Caracas,
o de la provincia, están siendo invadidos rutinariamente por los ejércitos
gubernamentales (nacionales y municipales) de cobradores de impuestos y contribuciones,
más con un propósito de represalia que de ordenación en
las cuentas fiscales del Estado.
Reporteros de El Impulso y El Informador de esa ciudad también sufrieron
lesiones y daños a sus equipos el 19 de enero por parte de funcionarios
de la alcaldía del Municipio Iribarren, mientras cubrían un acto
convocado por las autoridades educativas del estado Lara.
El establecimiento de los Círculos Bolivarianos responde a la estrategia
de neutralización dirigida por el presidente contra sus adversarios y
que se inició con los ataques que, de manera sostenida, les infirió
en sus cadenas semanales durante los últimos dos años.
El mismo juramentó a estos grupos dedicados a la violencia durante un
acto público el 17 de diciembre en el que dijo: "El año 2002
va a ser el gran año de la ofensiva
marcado por una serie de eventos
que van ocurrir".
"Es el Movimiento Revolucionario 2000 que va a garantizar por encima de
todos los riesgos y peligros la consolidación revolucionaria a partir
de hoy mismo. Y uno de los principales deberes de todo revolucionario es defender
la revolución de las amenazas de los adversarios contrarrevolucionarios.
Allí está el gran reto de esta revolución y nosotros, o
lo logramos o morimos en el intento. Aquí el que retroceda es un traidor,
definitivamente".
La retórica revolucionaria se hizo así ofensa popular enardecida,
maltrato físico y hasta sangre. Las turbas de la señora Lina Ron
se dirigieron contra la humanidad, los equipos y los vehículos de los
reporteros y de los camarógrafos de VeneVisión el 3 y el 7 de
febrero en la ciudad de Maracay; de Radio Caracas Televisión, el 20 de
enero, el 19 de febrero, el 21 de febrero y el 27 de febrero en Caracas; de
Televen, el 21 febrero, también en Caracas; y de Globovisión,
el 21 de enero, igualmente en esta ciudad.
El 21 de febrero la señora Ron se presentó en la plaza del Rectorado
de la Universidad Central para impedir con la violencia una marcha estudiantil
pacífica y organizada contra el Gobierno. Allí, luego de amenazar
con el linchamiento a los trabajadores de Radio Caracas Televisión, procedió
con sus turbas a maltratar al periodista y lesionar de gravedad a uno de los
camarógrafos de la Corporación Televen.
Detenida, posteriormente, por orden de un juez y a instancias del Rector de
esa universidad, la Comandante Ron fue homenajeada públicamente por el
presidente Chávez: "Es una luchadora social y una patriota que merece
respeto", dijo en su programa radial del 10 de marzo; en el que atacó
duramente a los diarios de España y de Colombia, por falsos y mentirosos.
Este 13 de marzo, la Agencia oficial del Estado, no contenta con todo el daño
que le ha hecho el Presidente a la prensa y a los periodistas y a la libertad
de expresión, ha enviado a los medios una información delicada
en la que se especifica que el Gobierno, de ahora en adelante, llamará
narcoperiodistas a todos aquellos contrarrevolucionarios que trabajan en los
medios.
Luego de observar que "Noriega habría caído por haber roto
acuerdos con personajes del entorno de Bush, padre", apunta hacia el propio
país para decir que "los carteles de la droga no pueden mirar al
actual gobierno
como miraban a los anteriores, que les permitían
hacer y obrar como en su casa". Y ajusta, previamente, que nada restringe
tanto al movimiento corruptor de las drogas que una "opinión pública
alerta, informada, oportuna y verazmente, apoyando un gobierno honesto"
como el de Chávez.
Acto seguido, la información gubernamental precisa que la feroz y actual
embestida de los periodistas -Ibéyise Pacheco, Patricia Poleo y José
Domingo Blanco- contra el alto mando militar y contra el alto gobierno representa
"un fenómeno de narco-periodismo que debería ser investigado".
Y las palabras del redactor desconocido -un tal J. Valverde- al servicio de
la agencia noticiosa del régimen- alertan sobre los premios honoríficos
que "algunos personajes e instituciones extranjeras, en alguna medida influidos
y controlados por los carteles de la droga" otorgarían "para
la lavar la honorabilidad de nuestros narco-periodistas". Son muy pocos
los días transcurridos, paradójicamente, desde cuando la periodista
Poleo fuera premiada por su labor de manos de Su Majestad Juan Carlos, Rey de
España.
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