62ª
Asamblea General
Sociedad Interamericana de Prensa
Ciudad de México,
29 de septiembre al 3 de octubre del 2006
Hotel Camino Real
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URUGUAY
Informe ante la 62ª Asamblea General
Ciudad de México, México
29 de Septiembre - 3 de Octubre, 2006
La libertad de prensa sufrió un severo retroceso en este período,
durante el cual se han acumulado sentencias judiciales y ataques crecientes
desde el Poder Ejecutivo que encabeza el presidente Tabaré Vázquez.
El presidente Vázquez
inició el período con lo que parecían “buenas noticias”
para la libertad de prensa al declarar el 22 de marzo en la sede del sindicato
de periodistas que “la primera obligación del periodismo y de los
periodistas es la verdad y su primera lealtad no es hacia ningún gobierno,
sino hacia todos los ciudadanos”.
Sin embargo, en junio, el
Presidente señaló a nueve medios de comunicación (entre
ellos, tres periódicos miembros de la SIP) como “actores políticos”
que forman parte de la “oposición”, en un intento por restarles
autoridad y credibilidad ante el público.
Ello motivó que numerosos
funcionarios jerárquicos atacaran a esos medios procurando acallar noticias
u opiniones inconvenientes para la administración.
En setiembre, el instituto
gubernamental para las políticas de la infancia “plantó”
una “denuncia” proveniente de alguien “anónimo”
contra un periodista, acusándolo a él y a su esposa –también
periodista- de maltratar a un hijo de 6 años. La supuesta “denuncia”,
que el instituto se negó a proporcionar al periodista, se “plantó”
por parte del “fantasma acusador” después de la difusión
de una noticia que involucraba a las autoridades del organismo, que causó
revuelo en medios parlamentarios y periodísticos. El periodista tiene
ahora que llevar la carga de demostrar su inocencia ante una acusación
que le hace el Estado, procedente de alguien desconocido, a quien el Estado
no identifica y cuya presunta “denuncia” se niega a facilitar.
Los ataques hacia la prensa provenientes de la cúspide del Poder Ejecutivo
llevaron al senador Jorge Larrañaga (presidente del Partido Nacional,
principal de la oposición) a comparar al presidente Vázquez con
sus colegas de Argentina, Néstor Kirchner, y de Venezuela, Hugo Chávez.
En agosto, la Suprema Corte
de Justicia revocó un fallo anterior de un Tribunal de Apelaciones y
confirmó la condena a cinco meses de prisión para un periodista
que en el 2004 había denunciado presuntos actos de corrupción
en el gobierno departamental de Paysandú (350 km al noroeste de Montevideo).
La Suprema Corte, ignorando otras sentencias suyas y retrocediendo 20 años
en materia jurisprudencial, advirtió que “los delitos de difamación
e injuria ponen límite a la libertad de expresión y por ende a
la libertad de prensa”. En su sentencia, la Corte afirmó que el
periodista Carlos Dogliani, ejerció una “conducta delictiva”
y afirmó que para juzgar a los periodistas “no interesa”
que los hechos sobre los que informen u opinen sean “verdaderos”
porque lo único que importa es “la posibilidad de ofender la reputación
ajena”. La Corte hizo suya la tesis de que “habrá delito
incluso cuando la persona ofendida hubiera sido condenada por ese hecho”.
En este período,
el Senado aprobó el tratado entre los gobiernos de Uruguay y Venezuela
para integrar la cadena internacional de televisión Telesur y uno de
sus directores dijo en Montevideo que estaba gestionando con el gobierno de
Tabaré Vázquez la instalación en Uruguay de “una
de las fábricas de contenidos” de esa cadena.
Se mantiene impune el secuestro
y la tortura padecida por el periodista Marcelo Borrat entre el 17 y 18 de octubre
del 2005. Ni la Policía ni la Justicia han avanzado nada para esclarecer
este caso.
Otros hechos de consideración
durante el semestre:
El 23 de marzo, ediles de
la oposición denunciaron en la Junta Departamental de Montevideo que
el gobierno de la capital, ejercido por el Frente Amplio, adjudica discrecionalmente
publicidad oficial a favor de los periódicos Voces del Frente y La República,
ambos afines al oficialismo. El 24 de abril el gobierno explicó sus criterios,
pero sin convencimiento.
El 26 de marzo Eduardo Preve,
periodista de Saeta Televisión Canal 10 y de Radio Sarandí, denuncia
a la Policía que desconocidos le robaron de su automóvil, documentación
que le había sido suministrada en relación a tareas de cooperación
entre militares chilenos y uruguayos para esconder en Uruguay a personas involucradas
en violaciones a los derechos humanos en Chile. Hasta ahora, el caso se mantiene
irresuelto.
El ministro José
Mujica (Ganadería), que lidera el sector más poderoso del gobernante
Frente Amplio, atacó a los periodistas aduciendo que mantienen “a
la gente sumergida en una especie de tonta bobería” y convierten
“en temas esenciales” asuntos que “ni son urgentes”
ni están planteados y, de ese modo, alejan al público “de
cuestiones fundamentales”.
El 18 de mayo un juez penal
condenó a tres meses de prisión en suspenso al periodista Gustavo
Escanlar, imputándole el delito de “injurias”. La condena
se produjo a raíz de una denuncia presentada por el empresario periodístico
Federico Fasano, del diario La República, de las radios AM Libre y FM
Libre y del canal de televisión para abonados TV Libre. Fasano se había
sentido ofendido por un duro comentario crítico hacia él que Escanlar
había formulado el 18 de enero en el programa “La culpa es nuestra”
de Saeta Televisión Canal 10. Fasano dijo que no se sentía contento
cuando “se condena a un periodista”, cuando él había
pedido esa condena. Agregó que “quedará por primera vez
claro en la jurisprudencia uruguaya que no se pueden usar los medios”
para “insultar groseramente como se hizo”.
El 2 de junio, el Poder
Ejecutivo se comprometió públicamente a empezar a adoptar medidas
para racionalizar el uso de la publicidad oficial, luego de afirmar que durante
los gobiernos anteriores hubo exceso de gastos y ausencia de criterios técnicos
para definir los espacios contratados por el Estado en los medios de comunicación.
El 30 de junio el juez Hugo
Burella del departamento de San José (100 km al noroeste de Montevideo)
rechazó una acción de amparo interpuesta por el periodista David
Rabinovich, director del periódico San José Hoy, que reclamaba
conocer las actas de la Comisión de Presupuesto de la Junta Departamental.
El periodista había realizado la acción de amparo luego de pedir
el contenido de esos documentos, a pesar de que deberían ser de dominio
público ya que allí los representantes departamentales deliberan
sobre asuntos de interés público.
El 4 de julio el sindicato
de periodistas APU y la Asociación de Magistrados del Uruguay (AMU) cuestionaron
una decisión del Ministerio de Educación y Cultura que restringe
la libertad de expresión de los fiscales respecto a los dictámenes
que éstos emiten. La APU dice que esa restricción “afecta
directamente el derecho de los periodistas a informar a la población”
porque “se restringe el acceso de los ciudadanos a información
sobre procesos judiciales que afectan el interés general de la sociedad”.
El 15 de agosto el director
del periódico El Heraldo de Florida (98 km al norte de Montevideo), Alvaro
Riva, presentó ante la Suprema Corte de Justicia una acción de
inconstitucionalidad para evitar ser juzgado dos veces por el delito de “injurias”.
La “ley de prensa” vigente en Uruguay habilita a las personas que
se sientan ofendidas por artículos de prensa a repetir acciones penales
contra periodistas, aun después de
que la fiscalía y el juzgado correspondiente hayan decretado el archivo
en el juicio de primera instancia. Riva dice en su recurso que esa ley es inconstitucional
porque permite enjuiciar “repetidamente” a los periodistas “o
condenarlos a pesar de que anteriormente se haya solicitado su sobreseimiento”.
El 29 de agosto, el Directorio
del Instituto del Niño y del Adolescente del Uruguay (INAU), responsable
estatal para los políticas públicas hacia la infancia, difunde
entre sus funcionarios una dura declaración contra la prensa, adjudicándole
responsabilidad en la creación de una “sensación de inseguridad”
en la sociedad.
El 30 de agosto el comisario
inspector José Luis Fagúndez, jefe policial de Tacuarembó
(390 km al norte de Montevideo) denunció por “difamación”
e “injurias” a dos periodistas a quienes acusó de haber violentado
“groseramente” su honor al publicar artículos con sobre presuntos
actos de corrupción que lo involucran. El policía dijo ante un
juzgado los periodistas Miguel Olivera (del semanario local Acción Informativa)
y Victoria Alfaro (de la revista Rumbosur) “no dejan dudas” respecto
a su intención de “difamar” y configuran un “claro
desacato por ofensas” porque los reporteros hicieron una “campaña
de desprestigio de la Jefatura de la Policía de Tacuarembó”.
El periodista Olivera dice que Fagúndez lo amenazó y la periodista
Alfaro afirma que “en Tacuarembó existe el terror de Estado, impera
la ley del silencio y a los policías que no los apoyan los llaman traidores”.
El comisario Fagúndez retiró luego la denuncia tras acordar con
los periodistas que le hicieran entrevistas sobre sus puntos de vista.
El 1 de septiembre, la periodista
del diario El País, Loreley Nicrosi, recibió una citación
de la Dirección Nacional de Inteligencia de la Policía para ser
interrogada sobre sus averiguaciones en entrevistas a militares retirados. El
interrogatorio se concretó tres días después. Los policías
preguntaron a la periodista si sus contactos con los militares eran por su trabajo
como periodista, desde cuándo los conocía y a través de
qué medios se comunicaban.
El 7 de septiembre, el canciller
Reinaldo Gargano atacó con dureza a lo que llama la “prensa de
derecha” luego de que el semanario Búsqueda difundiera una encuesta
encargada por el Partido Socialista, que él preside, según la
cual el ministro tiene una “mala imagen” y debería abandonar
“por voluntad propia” su cargo en el gobierno.
Un juez penal procesó
sin prisión al propietario de un sitio web (“Mipais.com.uy”)
por reproducir ilícitamente para la venta los contenidos íntegros
de varios medios de prensa sin haber solicitado permiso ni a los autores, ni
a las empresas que los habían producido.
El 13 de septiembre, militares
vestidos de civil agredieron con golpes, insultos y amenazas a un grupo de periodistas
cuando cubría un acto organizado en homenaje al coronel retirado Juan
Antonio Rodríguez Buratti, quien se había suicidado tres días
antes para evitar ir a la cárcel por acusaciones que pesaban sobre él
por violaciones a los derechos humanos durante la dictadura militar (1973-1985).
El 16 de septiembre, la
ministra de Salud Pública, María Julia Muñoz, “sugiere”
a los periodistas ser “responsables” en el tratamiento de las noticias
sobre salud porque, dice, pueden crear “situaciones de alarma pública”
que generen ”afecciones, enfermedad y muerte”. La ministra —quien
durante el 2005 afirmó y nunca probó que en el país hay
periodistas que se reúnen semanalmente para “conspirar” contra
el gobierno, presunto grupo al que bautizó como “el eje del mal”—
dice que “los medios deben pararse frente a muchas situaciones como se
han parado frente al tratamiento del suicidio. Las autoridades tienen la responsabilidad
de ofrecer a los comunicadores información correcta y ellos deben tener
la responsabilidad de entender que la noticia, si provoca alarma, puede afectar
la salud de los ciudadanos”.
El 22 de septiembre, el
viceministro de Educación y Cultura, Felipe Michelini, atacó con
virulencia inusitada al semanario Búsqueda. El gobernante se molestó
por la difusión, el día anterior, de una investigación
periodística de ese medio, en la que el secretario de la Presidencia,
Gonzalo Fernández, identificó a un parapolicial argentino como
responsable por haber asesinado en 1976 en Buenos Aires a los ex parlamentarios
uruguayos Zelmar Michelini y Héctor Gutiérrez Ruiz.
En la última quincena
de setiembre, el periodista Alfonso Lessa, director del noticiero “Telemundo”
del Canal 12 de televisión, recibió un correo electrónico
de un oficial subalterno del Ejército que no se identificó, en
el que le manifestó estar en condiciones de matarlo de un balazo, en
una amenaza que respondió a un comentario que el periodista había
hecho durante el informativo sobre la situación interna de las Fuerzas
Armadas uruguayas después del envío a la cárcel de varios
militares por violaciones a los derechos humanos cometidas durante la última
dictadura (1973-1985). Lessa, quien denunció el caso ante la SIP, recibió
la amenaza a través de un correo electrónico que le hizo llegar
un familiar de un militar.
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