Discurso del presidente
de El Salvador, Elías Antonio Saca,
60a. Asamblea General de la S I P, Antigua,
25 de octubre de 2004
Siempre he creído que el trabajo en periodismo tiene
la virtud de acercar, a quien lo ejerce, a los problemas, necesidades y motivaciones
del ciudadano. Creo que nadie esta más cerca de entender las aspiraciones
ciudadanas, y por eso siempre he tenido un profundo respeto y admiración
por las buenas prácticas del periodismo.
Por eso
para comenzar mi mensaje, quiero utilizar una cita del presidente de la SIP,
el señor Jack Fuller, quien es uno de los más importantes pensadores
del periodismo en la actualidad. En su libro Los valores de la noticia dice
Jack que el reto de un periódico es hacer que las voces diversas suenen
juntas en una misma canción.
Quiero
partir de esa idea porque refleja el sentido incluyente y la vocación
democrática con la que deben actuar los medios de prensa independientes
en una sociedad libre. Creo que la frase, además, es relevante en vista
de las realidades de pluralidad y diversidad social de nuestros países.
Incluir
todas las voces diversas en una misma canción es conveniente para la
salud de una democracia. Quienes estamos en este foto sabemos que en algunos
países todavía hay gobiernos que mandan a callar a los medios
que dan espacio a las voces críticas, a las posiciones disonantes.
Y por
otro lado, también sabemos que en los países democráticos
las voces ciudadanas escuchadas por el periodismo cuando hay problemas, han
provocado cambios y enmiendas que garantizan la gobernabilidad y estabilidad.
También
sabemos de los abusos, pero nuestra obligación es vigilar que las libertades
nos sirvan para construir y para garantizar los valores positivos de la democracia.
Celebro
que ustedes estén reunidos aquí precisamente para reflexionar
sobre el papel de la prensa, sobre los valores del sistema democrático,
sobre los mejores estándares éticos del periodismo y en especial
sobre libertades y responsabilidades.
Para abonar
a su discusión, quiero referirme a tres conceptos que, dadas las circunstancias
que vivimos, son a mi juicio fundamentales si queremos consolidar las libertades
democráticas y los ideales de progreso.
1. El derecho a la libertad de expresión.
2. La obligación de transparencia de los gobiernos.
3. La responsabilidad de los medios de comunicación.
Sobre
el derecho a la libertad de expresión quizá lo más importante
es señalar enfáticamente que la libertad es un derecho. No se
trata de un favor o una concesión, no es un privilegio especial otorgado
por ninguna autoridad. La libertad de expresión es un valor inherente
a nuestra condición de sociedades libres.
La libertad
es un derecho individual que debemos proteger porque siempre está amenazado.
Así
lo proclamaron hace 52 años dos organizaciones de merecido prestigio
como son la Sociedad Interamericana de Prensa y la Asociación Internacional
de Radiodifusión, al suscribir conjuntamente la célebre doctrina
de Panamá, que estableció el compromiso de ambas organizaciones
para la defensa común de la libertad de expresión en los hemisferios
americanos y, como objetivo específico, el laborar por el mantenimiento
de los principios básicos de una sociedad libre y democrática
que permita la existencia de la libertad individual y la dignidad humana.
La libertad
es un derecho que en el pasado no hemos ejercido con tranquilidad en Latinoamérica,
porque vivimos muchas experiencias de intolerancia, persecuciones y también
reservas de expresar las verdades en público por medio de represalias.
Hemos
superado en los últimos años esos condicionamientos y miedos,
pero debemos tener claro que la intolerancia no ha muerto.
Ustedes
mejor que yo saben que la libertad no la puede regular nadie. La libertad
le pertenece al individuo y cuando se usa bien nos permite progresar y avanzar.
La libertad facilita nuestras posibilidades de superarnos en la medida en
que tomamos decisiones individuales y colectivas que abonan al progreso de
nuestros respectivos países.
La historia
nos ha regalado múltiples lecciones sobre la correlación entre
democracias efectivas y la libertad de los medios de comunicación.
Las democracias
que funcionan son aquellas donde la libertad de expresión es real,
donde las posibilidades del consenso y el disenso conviven libre y fluidamente.
No hay
democracias sanas donde no hay medios libres. No hay ciudadanos libres donde
no hay medios independientes. Las democracias sanas se alimentan del intercambio
libre de ideas, sustentadas por individuos que tienen acceso a información
abierta, diversa, plural y sobre todo información sin restricciones.
Pero nadie
es dueño de la libertad, sin embargo. Son los medios de comunicación
independientes los llamados a intermediar y ejercer el mejor uso de las libertades,
con un propósito constructivo, responsable y orientador, siempre al
servicio de los ciudadanos urgidos de que su voz se incluya en la canción,
como sugiere Jack.
También
deseo referirme al compromiso de los gobiernos con la transparencia.
Mi visión
particular es de apertura, pues la transparencia requiere compromiso e iniciativas
constantes. Creo que los gobiernos deben generar confianza, rindiendo cuentas,
informando, atendiendo las críticas y sobre todo escuchando. En mi
país el noble ejercicio de escuchar nos ha generado frutos muy positivos.
Pero además
de escuchar y abrirnos a la crítica, lo más importante para
la legitimidad democrática y gobernabilidad de cualquier gobierno es
hacer cumplir la ley. En Latinoamérica, especialmente, los gobiernos
estamos llamados a tomar la iniciativa y rescatar los niveles de credibilidad
y confianza que se han perdido recientemente.
Pero este
rescate de la credibilidad requiere de acciones, más que de palabras.
Requiere sentar precedentes, tomar decisiones drásticas, enviar mensajes
claros y tomar una actitud inequívoca que muestre la voluntad de recrear
una cultura de cero tolerancia contra la corrupción, de cero impunidad
en todos los niveles, o como diríamos en mi país, de súper
mano dura.
Mientras no suceda un cambio de paradigma en las instituciones estatales,
los medios de comunicación seguirán teniendo su agenda llena
con los escándalos que tanto han empañado el nombre de nuestra
región en los últimos años.
Esa debe
ser la misión del periodismo, por supuesto: señalar los problemas
que nadie más podría señalar. La misión de los
estados, en cambio, es corregir de raíz los males y vicios históricos
que tiene la administración pública en muchos países
del hemisferio.
Y el tercer
punto de reflexión al que quiero referirme es la responsabilidad de
los medios de comunicación. Sé que no es una discusión
fácil, en un entorno donde las fronteras entre la libertad de información,
el intercambio de ideas y opiniones, el entretenimiento, la divulgación
de conocimientos son más tenues y la competencia es mucho más
intensa.
Pero el
caso de los medios es delicado, porque el ciudadano siempre guarda la esperanza
de contar con la prensa, con la radio y la televisión, como el último
refugio de confianza. Por ello, el compromiso de vigilar la credibilidad es
más demandante, a mi juicio, en un medio de comunicación, por
cuanto es su principal fuente de vida.
A pesar
de tropiezos que siempre encontramos en el camino y algunos casos aislados
de la mala praxis, creo que los medios independientes, legalmente establecidos
en todo el hemisferio, han hecho un buen trabajo para defender la credibilidad
y la confianza de los ciudadanos. En muchos países, incluido El Salvador,
la prensa, la radio y la televisión, son la institución con
mayor credibilidad para los ciudadanos.
Para sustentar
la credibilidad debe prevalecer la honestidad y la responsabilidad, como dice
Jack Fuller en su libro “la busca de la verdad no le da al periodista
licencia para ser un irresponsable”. Lo cierto es que la responsabilidad
es una es una obligación a la que estamos llamados todos los actores
en una democracia y debemos cuidarla porque a veces también se vuelve
escasa.
Sobre
el tema de la responsabilidad, creo que todos estamos llamados a reflexionar
sobre la importancia de que funcionen las instituciones, pero que funcionen
con responsabilidad.
Creo que
los gobernantes modernos tenemos la obligación moral de llevar a la
discusión publica aquellos temas tradicionalmente incómodos.
Debemos claramente decir que en muchos países los partidos políticos
forman parte de la lista de las instituciones que están perdiendo la
sintonía con el ciudadano. Y también, por supuesto, hay muchísimas
instituciones estatales en nuestros países que están sufriendo
de pérdida de credibilidad.
En los
últimos anos, además, hemos visto cómo empresas privadas
y medios de comunicación caen también en ese agujero de la duda.
Nadie está exento del escrutinio ciudadano, de su vigilancia permanente.
Esa realidad del ciudadano guardián es una buena noticia, ese celo
de los pueblos por informarse, por cuestionar el poder, por examinar con lupa
lo que pasa a su alrededor, es lo que mantiene saludable a la democracia.
Esa mirada
escéptica del ciudadano y la ayuda de los medios libres e independientes,
son parte del sistema natural de pesos y contrapesos que debe cuidar todo
país que se diga democrático. No debemos apartarnos de esa mirada
del ciudadano, sino defender la libertad que el ciudadano tiene a mirar abiertamente
su entorno y cuestionarlo.
Con el
despertar de nuestros ciudadanos y la valentía del periodismo independiente,
los gobiernos también debemos despertar a las nuevas realidades. Los
gobiernos sin duda tenemos la obligación de rescatar la credibilidad
perdida y reconstruir los tejidos rotos de la confianza.
El tema
de la confianza debe preocuparnos a todos. Creo que en estos momentos de incertidumbre
mundial y de múltiples preocupaciones globales, debemos todos cuidar
los cimientos democráticos. Debemos vigilar y resolver de raíz
el profundo desencanto ciudadano.
Deseo
plantearles un desafío constructivo y provocativo. Quiero invitarlos
a que fortalezcan el periodismo como columna de la democracia, a que continúen
esa valiosa labor de escrutinio, esa búsqueda de la verdad, esa labor
de vigilancia de las libertades, siempre en un marco constructivo y profesional.
Quiero
invitarles a que, con ánimo responsable y espíritu democrático,
sigamos construyendo esa canción con voces diversas que sugiere Jack
Fuller, pero procuremos colocarle a la canción el tono de optimismo
y el ritmo de esperanza que nuestros pueblos necesitan en este momento.
Siempre
he mantenido que la libertad de expresión y la democracia son hermanas
gemelas: nacen juntas, crecen juntas, se desarrollan juntas y también
mueren juntas. Una no puede vivir sin la otra.
Los invito
a que no desmayen, que no se descuiden su misión, porque la lucha por
la noble y santa misión de la libertad de expresión es una tarea
permanente, una tarea de vigilancia eterna.
MUCHAS
GRACIAS