Reunión de Medio Año





 

 
60 Asamblea General de la SIP .
Antigua, Guatemala,
22 - 26 de octubre 2004


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Discurso del presidente de El Salvador, Elías Antonio Saca,
60a. Asamblea General de la S I P, Antigua,
25 de octubre de 2004

Siempre he creído que el trabajo en periodismo tiene la virtud de acercar, a quien lo ejerce, a los problemas, necesidades y motivaciones del ciudadano. Creo que nadie esta más cerca de entender las aspiraciones ciudadanas, y por eso siempre he tenido un profundo respeto y admiración por las buenas prácticas del periodismo.

Por eso para comenzar mi mensaje, quiero utilizar una cita del presidente de la SIP, el señor Jack Fuller, quien es uno de los más importantes pensadores del periodismo en la actualidad. En su libro Los valores de la noticia dice Jack que el reto de un periódico es hacer que las voces diversas suenen juntas en una misma canción.

Quiero partir de esa idea porque refleja el sentido incluyente y la vocación democrática con la que deben actuar los medios de prensa independientes en una sociedad libre. Creo que la frase, además, es relevante en vista de las realidades de pluralidad y diversidad social de nuestros países.

Incluir todas las voces diversas en una misma canción es conveniente para la salud de una democracia. Quienes estamos en este foto sabemos que en algunos países todavía hay gobiernos que mandan a callar a los medios que dan espacio a las voces críticas, a las posiciones disonantes.

Y por otro lado, también sabemos que en los países democráticos las voces ciudadanas escuchadas por el periodismo cuando hay problemas, han provocado cambios y enmiendas que garantizan la gobernabilidad y estabilidad.

También sabemos de los abusos, pero nuestra obligación es vigilar que las libertades nos sirvan para construir y para garantizar los valores positivos de la democracia.

Celebro que ustedes estén reunidos aquí precisamente para reflexionar sobre el papel de la prensa, sobre los valores del sistema democrático, sobre los mejores estándares éticos del periodismo y en especial sobre libertades y responsabilidades.

Para abonar a su discusión, quiero referirme a tres conceptos que, dadas las circunstancias que vivimos, son a mi juicio fundamentales si queremos consolidar las libertades democráticas y los ideales de progreso.
1. El derecho a la libertad de expresión.
2. La obligación de transparencia de los gobiernos.
3. La responsabilidad de los medios de comunicación.

Sobre el derecho a la libertad de expresión quizá lo más importante es señalar enfáticamente que la libertad es un derecho. No se trata de un favor o una concesión, no es un privilegio especial otorgado por ninguna autoridad. La libertad de expresión es un valor inherente a nuestra condición de sociedades libres.

La libertad es un derecho individual que debemos proteger porque siempre está amenazado.

Así lo proclamaron hace 52 años dos organizaciones de merecido prestigio como son la Sociedad Interamericana de Prensa y la Asociación Internacional de Radiodifusión, al suscribir conjuntamente la célebre doctrina de Panamá, que estableció el compromiso de ambas organizaciones para la defensa común de la libertad de expresión en los hemisferios americanos y, como objetivo específico, el laborar por el mantenimiento de los principios básicos de una sociedad libre y democrática que permita la existencia de la libertad individual y la dignidad humana.

La libertad es un derecho que en el pasado no hemos ejercido con tranquilidad en Latinoamérica, porque vivimos muchas experiencias de intolerancia, persecuciones y también reservas de expresar las verdades en público por medio de represalias.

Hemos superado en los últimos años esos condicionamientos y miedos, pero debemos tener claro que la intolerancia no ha muerto.

Ustedes mejor que yo saben que la libertad no la puede regular nadie. La libertad le pertenece al individuo y cuando se usa bien nos permite progresar y avanzar. La libertad facilita nuestras posibilidades de superarnos en la medida en que tomamos decisiones individuales y colectivas que abonan al progreso de nuestros respectivos países.

La historia nos ha regalado múltiples lecciones sobre la correlación entre democracias efectivas y la libertad de los medios de comunicación.

Las democracias que funcionan son aquellas donde la libertad de expresión es real, donde las posibilidades del consenso y el disenso conviven libre y fluidamente.

No hay democracias sanas donde no hay medios libres. No hay ciudadanos libres donde no hay medios independientes. Las democracias sanas se alimentan del intercambio libre de ideas, sustentadas por individuos que tienen acceso a información abierta, diversa, plural y sobre todo información sin restricciones.

Pero nadie es dueño de la libertad, sin embargo. Son los medios de comunicación independientes los llamados a intermediar y ejercer el mejor uso de las libertades, con un propósito constructivo, responsable y orientador, siempre al servicio de los ciudadanos urgidos de que su voz se incluya en la canción, como sugiere Jack.

También deseo referirme al compromiso de los gobiernos con la transparencia.

Mi visión particular es de apertura, pues la transparencia requiere compromiso e iniciativas constantes. Creo que los gobiernos deben generar confianza, rindiendo cuentas, informando, atendiendo las críticas y sobre todo escuchando. En mi país el noble ejercicio de escuchar nos ha generado frutos muy positivos.

Pero además de escuchar y abrirnos a la crítica, lo más importante para la legitimidad democrática y gobernabilidad de cualquier gobierno es hacer cumplir la ley. En Latinoamérica, especialmente, los gobiernos estamos llamados a tomar la iniciativa y rescatar los niveles de credibilidad y confianza que se han perdido recientemente.

Pero este rescate de la credibilidad requiere de acciones, más que de palabras. Requiere sentar precedentes, tomar decisiones drásticas, enviar mensajes claros y tomar una actitud inequívoca que muestre la voluntad de recrear una cultura de cero tolerancia contra la corrupción, de cero impunidad en todos los niveles, o como diríamos en mi país, de súper mano dura.
Mientras no suceda un cambio de paradigma en las instituciones estatales, los medios de comunicación seguirán teniendo su agenda llena con los escándalos que tanto han empañado el nombre de nuestra región en los últimos años.

Esa debe ser la misión del periodismo, por supuesto: señalar los problemas que nadie más podría señalar. La misión de los estados, en cambio, es corregir de raíz los males y vicios históricos que tiene la administración pública en muchos países del hemisferio.

Y el tercer punto de reflexión al que quiero referirme es la responsabilidad de los medios de comunicación. Sé que no es una discusión fácil, en un entorno donde las fronteras entre la libertad de información, el intercambio de ideas y opiniones, el entretenimiento, la divulgación de conocimientos son más tenues y la competencia es mucho más intensa.

Pero el caso de los medios es delicado, porque el ciudadano siempre guarda la esperanza de contar con la prensa, con la radio y la televisión, como el último refugio de confianza. Por ello, el compromiso de vigilar la credibilidad es más demandante, a mi juicio, en un medio de comunicación, por cuanto es su principal fuente de vida.

A pesar de tropiezos que siempre encontramos en el camino y algunos casos aislados de la mala praxis, creo que los medios independientes, legalmente establecidos en todo el hemisferio, han hecho un buen trabajo para defender la credibilidad y la confianza de los ciudadanos. En muchos países, incluido El Salvador, la prensa, la radio y la televisión, son la institución con mayor credibilidad para los ciudadanos.

Para sustentar la credibilidad debe prevalecer la honestidad y la responsabilidad, como dice Jack Fuller en su libro “la busca de la verdad no le da al periodista licencia para ser un irresponsable”. Lo cierto es que la responsabilidad es una es una obligación a la que estamos llamados todos los actores en una democracia y debemos cuidarla porque a veces también se vuelve escasa.

Sobre el tema de la responsabilidad, creo que todos estamos llamados a reflexionar sobre la importancia de que funcionen las instituciones, pero que funcionen con responsabilidad.

Creo que los gobernantes modernos tenemos la obligación moral de llevar a la discusión publica aquellos temas tradicionalmente incómodos. Debemos claramente decir que en muchos países los partidos políticos forman parte de la lista de las instituciones que están perdiendo la sintonía con el ciudadano. Y también, por supuesto, hay muchísimas instituciones estatales en nuestros países que están sufriendo de pérdida de credibilidad.

En los últimos anos, además, hemos visto cómo empresas privadas y medios de comunicación caen también en ese agujero de la duda. Nadie está exento del escrutinio ciudadano, de su vigilancia permanente. Esa realidad del ciudadano guardián es una buena noticia, ese celo de los pueblos por informarse, por cuestionar el poder, por examinar con lupa lo que pasa a su alrededor, es lo que mantiene saludable a la democracia.

Esa mirada escéptica del ciudadano y la ayuda de los medios libres e independientes, son parte del sistema natural de pesos y contrapesos que debe cuidar todo país que se diga democrático. No debemos apartarnos de esa mirada del ciudadano, sino defender la libertad que el ciudadano tiene a mirar abiertamente su entorno y cuestionarlo.

Con el despertar de nuestros ciudadanos y la valentía del periodismo independiente, los gobiernos también debemos despertar a las nuevas realidades. Los gobiernos sin duda tenemos la obligación de rescatar la credibilidad perdida y reconstruir los tejidos rotos de la confianza.

El tema de la confianza debe preocuparnos a todos. Creo que en estos momentos de incertidumbre mundial y de múltiples preocupaciones globales, debemos todos cuidar los cimientos democráticos. Debemos vigilar y resolver de raíz el profundo desencanto ciudadano.

Deseo plantearles un desafío constructivo y provocativo. Quiero invitarlos a que fortalezcan el periodismo como columna de la democracia, a que continúen esa valiosa labor de escrutinio, esa búsqueda de la verdad, esa labor de vigilancia de las libertades, siempre en un marco constructivo y profesional.

Quiero invitarles a que, con ánimo responsable y espíritu democrático, sigamos construyendo esa canción con voces diversas que sugiere Jack Fuller, pero procuremos colocarle a la canción el tono de optimismo y el ritmo de esperanza que nuestros pueblos necesitan en este momento.

Siempre he mantenido que la libertad de expresión y la democracia son hermanas gemelas: nacen juntas, crecen juntas, se desarrollan juntas y también mueren juntas. Una no puede vivir sin la otra.

Los invito a que no desmayen, que no se descuiden su misión, porque la lucha por la noble y santa misión de la libertad de expresión es una tarea permanente, una tarea de vigilancia eterna.

MUCHAS GRACIAS


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