Eliminar la corrupción en América latina

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Cuando el premio Nobel Mario Vargas Llosa me dijo en una entrevista pública frente a 300 editores de periódicos que "la corrupción es la mayor amenaza a la democracia en América latina", mi primera reacción fue pensar que era una exageración. Pero, pensándolo bien, puede que tenga razón.
Andrés Oppenheimer, columnista de The Miami Herald y El Nuevo Herald, Miami, EEUU [caption id="attachment_1155976" align="aligncenter" width="300"]Oppenheimer y Vargas Llosa en conversatorio durante asamblea de la SIP. (MJ) Oppenheimer y Vargas Llosa en conversatorio durante asamblea de la SIP. (MJ)[/caption] Vargas Llosa hizo el comentario durante la reunión anual de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) en Charleston, Carolina del Sur, y pensé que otros problemas como la excesiva dependencia de las exportaciones de materias primas, el narcotráfico, y los bajos estándares de educación e innovación son problemas tan graves para la región como lo es la corrupción. Pero puede que la corrupción sea el principal problema. "Es muy interesante el caso de Brasil, porque era un país que parecía haber despegado, parecía una potencia en movimiento. De pronto, ¿qué es lo que frena eso y comienza a hacer retroceder a Brasil? Es la corrupción, que alcanza niveles de apogeo en un gobierno que el mundo creía que era un gobierno ejemplar, el de Lula", dijo Vargas Llosa. Brasil no se derrumbó por factores externos, ni por un desastre natural. Su economía se derrumbó tras el escándalo por los pagos ilegales de la petrolera nacional Petrobras a líderes del partido gobernante por U$S 800 millones, cuando la actual presidenta Dilma Rousseff era miembro de la junta directiva. "Hoy, los inversores se van, no quieren poner un centavo en Brasil", dijo Vargas Llosa. "¡Y es por la corrupción!". De hecho, las nuevas proyecciones económicas dadas a conocer por el Fondo Monetario Internacional (FMI) muestran que Brasil tendrá un crecimiento negativo del 3% este año. Vargas Llosa no mencionó otros países, pero lo mismo podría decirse de México. Hace apenas un año y medio, México era visto como una de las economías emergentes más prometedoras del mundo. La reforma energética del país para abrir su industria petrolera a la inversión extranjera, además de las audaces reformas educativas y fiscales, parecían estar llevando al país hacia tasas de crecimiento anuales de más del 5 por ciento. Sin embargo, de repente, una serie de escándalos de corrupción y violaciones de derechos humanos sacudieron el país, creando un clima de pesimismo generalizado. La desaparición de 43 activistas estudiantiles en Iguala en septiembre de 2014 y la compra de una mansión de U$S 7 millones por parte de la primera dama Angélica Rivera, llevaron a un estado de desencanto político que frenó las inversiones. El FMI estima que México crecerá sólo un 2,3% este año. En Chile, que crecía a tasas anuales del 5% hubo un escándalo de corrupción que involucra al hijo de la presidenta Michelle Bachelet junto con las reformas educativas y fiscales que fueron fuertemente resistidas desaceleraron la economía a un crecimiento del 2,3% este año. Y, por supuesto, Venezuela, campeón de la corrupción en Latinoamérica donde una combinación de desastrosas políticas y el robo descarado de funcionarios tiene uno de los peores resultados económicos de la región con crecimiento negativo del 10% este año. Los demás también padecen esta epidemia que destruyen la credibilidad y perturba el crecimiento económico. Mi opinión: A largo plazo, el mayor desafío de América latina es ser más competitiva en la economía mundial y, entre otras cosas, diversificar sus exportaciones y mejorar sus pobres estándares de educación e innovación. Pero a corto plazo, Vargas Llosa tiene razón: la corrupción es la mayor amenaza para la región.

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