"El mensajero", documental sobre Robert Cox

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Se estrenó la película sobre el ex director del Buenos Aires Herald y su rol durante la última dictadura argentina.
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Retrato de un hombre capaz de no alzar la voz y de jugarse la vida
Se estrenó la película del australiano Jayson McNamara sobre el director del Buenos Aires Herald y su rol durante la última dictadura.

Retrato de un hombre capaz de no alzar la voz y de jugarse la vida
"El mensajero". El filme sobre Robert Cox se puede ver en el Gaumont y en el Museo Nacional de Bellas Artes.

Cine Argentino

Después de 140 años de existencia, en julio pasado dejó de editarse el Buenos Aires Herald, que será recordado como el único diario escrito en inglés en Latinoamérica y, también, el único que publicó noticias sobre las desapariciones durante la última dictadura militar. Su director en esos años era Robert Cox: el documental El mensajero, que se estrenó el jueves, cuenta la vida de este inglés que salvó vidas gracias a la visibilidad que les dio a los secuestros y detenciones ilegales.

El título original es en inglés: se llama Messenger on a White Horse y alude al padre de Cox que, con sólo 14 años, actuó como mensajero durante la Primera Guerra Mundial sobre un caballo blanco. No es un dato menor: Bob Cox provenía de una familia con simpatías por los militares, y él mismo había servido en las fuerzas armadas británicas. Lejos de idealizarlo, la película expone las contradicciones de su personaje central: muestra cómo este periodista, que en 1976 apoyó el Golpe de Estado y durante los primeros meses del Proceso manifestó su simpatía por Jorge Rafael Videla, fue dándose cuenta de lo que estaba ocurriendo y cambió su actitud ante el régimen.

Nacido en 1933 en Londres, Cox había llegado al país en 1959, contratado por el Buenos Aires Herald. Cumplía, así, el viejo sueño de su padre de emigrar a la Argentina. Cuando en 1968 se hizo cargo de la dirección, el diario estaba enfocado en las noticias internacionales y no acostumbraba opinar sobre los asuntos políticos locales. Eso fue modificándose paulatinamente, hasta que, durante la dictadura, sus páginas se convirtieron en el único lugar donde se podían leer noticias de las violaciones a los derechos humanos y editoriales -firmadas por el propio Cox- que las condenaban.

El documental resulta tan atrapante como emotivo. Aborda la historia desde una multiplicidad de ángulos y matices, con testimonios reveladores y un valiosísimo material de archivo, en gran parte inédito. Se ve a Cox en aquellos años, entrevistado en programas europeos, primero diciendo que la dictadura no era brutal y, luego, denunciando las desapariciones de periodistas. Esta ambivalencia también recaía sobre su persona: era visto como un inglés imperialista por la militancia peronista y la izquierda, y como un simpatizante de la guerrilla por los militares.

Se ven conmovedores reportes de las primeras rondas de las Madres (a las que Cox se acercó para averiguar qué estaba pasando, algo infrecuente en ese momento), escalofriantes imágenes de operativos policiales, increíbles propagandas de la dictadura, el testimonio de Cox en el juicio a las Juntas y su dificultad para revivir los hechos frente al tribunal. Ya desde el presente, los ex trabajadores del Herald de aquellos años reviven cómo la redacción pasó de ser casi un club británico de caballeros conservadores, con five o'clock tea incluido, a vivir en un ambiente de zozobra a raíz del compromiso de su director.

Las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo describen su vínculo con Cox, que si bien terminó siendo entrañable ("Nosotras íbamos a la casa de un amigo, no a un diario"), no estuvo exento de tensiones, porque él insistía en usar la palabra "terroristas" para referirse a sus hijos. También está, desde ya, el testimonio de Cox y su mujer, Maud, que entre otras cosas repasan cómo comprobaron, con sus propios ojos, la existencia de crematorios funcionando a la madrugada, y cómo a fines de 1979 tuvieron que irse del país por las amenazas contra el menor de sus cuatro hijos.

El documental, además, funciona como retrato de una época en la que era considerado "de mal gusto" hablar sobre las desapariciones en las reuniones sociales: "La gente no quería saber lo que estaba pasando", recuerda uno de los periodistas del Herald.

Es notable el saludable efecto de distanciamiento y de desprejuicio que produce la mirada extranjera: la de Cox, en aquellos años, y la de Jayson McNamara, director de El mensajero, ahora. Este australiano de 29 años vino por primera vez a la Argentina en 2006, a raíz de un intercambio que lo llevó a vivir con una familia de El Bolsón. En 2013 volvió, ya recibido de periodista, y al poco tiempo entró a trabajar en el Buenos Aires Herald, donde se encontró con la historia de Robert Cox. Se puso a investigar, consiguió material audiovisual de medios públicos europeos, entrevistó a los protagonistas de la historia y se encontró con frases como esta de una ex detenida: "Cox salvó mi vida y la de mis hijas".

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