I n t r o d u c c i o n  p o r 
J o r g e  E.  F a s c e t t o

Es presidente de la Sociedad Interamericana de Prensa 1998–1999. Director del Diario Popular, Buenos Aires, Argentina y presidente de la junta de directores del diario El Día, La Plata, Argentina. Fue vicepresidente del Comité Ejecutivo de la Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas (ADEPA), vicepresidente del Comité Ejecutivo de la Asociación de Diarios del Interior de la República Argentina y presidente de la junta de directores de la agencia de prensa, Noticias Argentinas. Es ingeniero civil graduado de la Universidad Nacional de La Plata.

La Declaración de Chapultepec nació de la Conferencia Hemisférica que la Sociedad Interamericana de Prensa organizó en marzo de 1994 en el castillo de Chapultepec en la Ciudad de México, que congregó a líderes políticos, escritores, académicos, abogados constitucionalistas, directores de periódicos y ciudadanos de toda América, para redactar un documento que contiene diez principios insoslayables para que una prensa libre pueda cumplir con su papel esencial en la democracia.

Vale decir que ya han pasado más de cinco años desde su redacción y aprobación, y durante dicho quinquenio la Sociedad Interamericana de Prensa ha venido cumpliendo en toda América una intensa y amplia campaña de difusión de sus principios, fundados todos ellos en el presupuesto esencial de que no debe existir ninguna ley o acto de poder que coarte la libertad de expresión o de prensa, cualquiera sea el medio de comunicación que se utilice para ello.

Y si bien es cierto que en la actualidad, esta Declaración ha sido firmada por los principales jefes de Estado de los países del hemisferio occidental, tomada ella como barómetro para medir la libertad real de prensa vigente en cada país de América Latina, vemos que dicha libertad no ha progresado a pesar de que hoy son mayoría los países cuyos gobiernos pueden considerarse democráticos. Porque ocurre a veces que los políticos que proclaman su fe en la democracia, pueden llegar a ser intolerantes ante la crítica. O que algunos sectores sociales adjudiquen a la prensa culpas inexistentes. Más grave aún: que jueces con poca visión exijan que los periodistas divulguen fuentes que deben permanecer en reserva, o también que funcionarios muy celosos nieguen a los ciudadanos acceso a la información pública. E incluso, que constituciones de algunos países democráticos contengan ciertos elementos de restricción sobre la prensa.

En efecto, del estudio comparado entre los diez principios del documento declarativo y la legislación de prensa de la región compilada en esta obra surge que los postulados de Chapultepec sólo se cumplen en forma parcial. Y ello es lamentablemente así, a pesar de existir consenso acerca de que una prensa libre es condición fundamental para que las sociedades resuelvan sus conflictos, promuevan el bienestar y protejan su libertad, ya que como bien lo establece el Principio primero, no hay personas ni sociedades libres sin libertad de expresión y de prensa y el ejercicio de ésta no es una concesión de las autoridades sino un derecho inalienable de los pueblos.

Si tuviésemos que fundar la importancia de la Declaración de Chapultepec sólo bastaría con señalar que su aceptación y cumplimiento constituyan ? a través del resguardo de la libertad de expresión y de prensa ? el único camino hacia la democracia, porque si se cercenan dichas libertades, desaparecen todas las demás. Y es por ello que la Sociedad Interamericana de Prensa ha transformado la difusión y concienciación de dicha Declaración en una de sus ideas fuerza, de la cual surge además otra muy importante, como es la lucha contra la impunidad de los crímenes contra periodistas, establecida en su Principio cuarto que reclama su investigación con prontitud y su sanción con celeridad.

Así las cosas, la difusión de la Declaración de Chapultepec debe multiplicarse por todo el Continente a través de los foros nacionales y esta tarea constituye un deber que no sólo debe recaer en los hombres de prensa sino también en los líderes de todos los estamentos de la sociedad, de manera tal que los pueblos de América tomen cada vez mayor conciencia de los derechos y responsabilidades que implica vivir en democracia.

No quisiera terminar sin antes agradecer a la Fundación McCormick Tribune su visión para apoyar y hacer posible la concreción de este maravilloso proyecto que persigue lo que bien dijo Javier Pérez de Cuéllar en ocasión de asumir la presidencia de la Conferencia de Chapultepec: ?El futuro de las Américas encuentra un enorme reto: la defensa y promoción de la libertad de expresión como vehículo para la defensa y promoción de la democracia?.


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