19 febrero 2020

La peligrosa extinción de la juventud de nuestro tiempo

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Artículo del profesor Miguel Pérez-Gaudio, rector del Colegio Universitario de Periodismo (CUP), Córdoba, Argentina.
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"Si alguien se siente herido y grita,

o es que su conciencia lo acusa, o teme

ser reconocido por culpable"

(Erasmosde Rotterdam – ELOGIO DE LA LOCURA)

Valiéndome de mis teorías y metodologías ("El Periodismo Idea") y apoyándome en uno de sus paradigmas ("Saber Pensar, Hacer Pensar y Dejar Pensar) considero fundamental este ensayo, para interceptar los silencios de contexto respecto a la problemática de los casos "Fernando", omitidos o vaciados por los adultos involucrados y en especial por los medios de comunicación.

Afirmo que la violencia de los jóvenes, no es improvisada y sin relación con un proceso complejo que ya hube de denunciar en mis artículos y libros desde hace muchos años.

La cultura y los protagonistas de la adolescencia y juventud, se han transformado al límite de un hondón sin perspectivas a la vista.

EL PROBLEMA

Los niños y jóvenes de aquí y ahora –nuestros hijos- son inducidos a una madurez contra natura, que les ha deshecho su inocencia natural impulsándolos a una seductora ideología: la de la inexperiencia.

"Compran" con facilismo cuanta adicción anda suelta acechándolos: tensión y conflicto con sus padres; indiferencia familiar; rebeldía con la educación formal; animadversión a la política; deserción religiosa; ignorancia de los valores trascendentes; decadencia e indisposición para el esfuerzo; vértigo e inestabilidad en las relaciones sentimentales; docilidad y exacerbación –con una precocidad inimaginable- para el consumo de sustancias psicoactivas, licitas e ilícitas. (Hay, sin embargo, numerosas excepciones cuyo testimonio alienta la esperanza).

He querido abordar la problemática para promover los gritos de auxilio emergentes, partiendo del concepto clave de que no existen dos sistemas: uno que sería bueno para los ricos y otro, para los pobres. Todos están involucrados en los contextos culturales dominantes, cuyo drama principal es que a los adolescentes los hacemos responsables de esta crisis, cuando nosotros mismos –los adultos- le hemos creado. Nosotros, los responsables de ejercer la autoridad referencial –los padres de familia, docentes, gobernantes, políticos, líderes sociales, académicos, comunicadores sociales y religiosos- nos comportamos como "funcionarios" de una misión extraña, eslabones de una cadena de ocultamientos de lo real. No hemos advertido lo que está pasando y que viene sucediendo desde hace muchos años.

LAS PERCEPCIONES

Hasta aquí hemos consignado los ejes del tema y su cobertura desde un método para construir el retrato del fenómeno –la extinción de la adolescencia- desde la vida real, interactuando con las publicaciones convergentes y desde los especialistas y pensadores para resolver un dilema habitual: el que no sabe lo que busca no entiende lo que encuentra.

Veamos algunas letras de canciones populares que representan, atemporalmente, en su lenguaje metafórico, la denuncia y el pedido de auxilio.

"Estaba empezando a preguntarme cosas raras/ ¿Qué busca la gente cuando uno sólo canta?/Será la necesidad de no sentirse nadie/soy uno más de ellos y menos uno en casa./En un país de heridas, donde nunca se las cierra,/dormimos todos juntos sobre penas nuevas./La vida dibujó una sonrisa en mi cara/ y en un minuto triste la borró./Como si nada./Ay de mí, ay de vos, ay de todos..." (Un minuto, León Gieco)

"Cambiaste de tiempo y de amor/y de música y de ideas/Cambiaste de sexo y de Dios/ de color y de fronteras/Pero en sí, nada más cambiarás/ y un sensual abandono vendrá y el fin/Y llevas el caño a tu sien/ apretando bien las muelas/Y cierras los ojos y ves/ todo el mar en primavera/ Bang, bang, ba,g/ hojas muertas que caen/Siempre igual/los que no pueden más se van". (Viernes 3AM, Charly García)

"En esta sucia ciudad no hay que seguir ni parar/ No quiero salir a fumar/ No quiero salir a la calle con vos/ No quiero empezar a pensar quien puso la yerba en el viejo cajón/ Buen día Lexotanil/ maldito sea tu amor, tu inmenso reino y tu ansiado dolor/ ¿Qué es lo que quieres de mí?/ Qué es lo que quieres saber/ Dicen que ya no soy yo" (Ciudad de Pobres Corazones, Fito Páez)

LOS ESCENARIOS Y LAS CONFIGURACIONES

Estos "voceros" informales de los adolescentes caracterizan percepciones simbólicas expresando el mismo saber que se tiene de determinados registros de la vida, de la vida tal cual como se da y se puede leer en las noticias que aluden a los adolescentes con abrumadora frecuencia, en las secciones policiales. Son cuestiones que tienen que ver con la credibilidad, no con toda la verdad y validación de los conocimientos subyacentes.

Los adolescentes son actores sociales cuyas relaciones tienen un alto grado de desintegración. La violencia en la familia, en los boliches, en las escuelas, expresa el rechazo a las normas de la sociedad como respuesta a la pérdida del sentido de la vida y a la falta de horizontes de esperanza.

El sistema de presión y exclusión que caracteriza la sociedad de la modernidad -una sociedad sin oposición- debe sondear las profundidades de lo humano para hacer aparecer lo humano en las relaciones existentes.

Para reconocer el problema, veamos respuestas que reflejan actitudes estándares, surgidas en una especie de reportaje en el hondón de los adolescentes:

"Quisiera hacer cualquier cosa contra mis defectos, pero no me siento capaz de ningún esfuerzo. Me he convertido en un inútil".

"Después de cada desilusión me siento abatido y deprimido. Entonces comienzo a beber y a evadirme de la vida".

"Me sumergí en el alcohol para llorar sobre mí mismo y esconder mi vergüenza".

En el medio de sus angustias personales, ante una cultura en crisis, de sus decepciones en la búsqueda de una orientación, surge en muchos de ellos una verdadera necesidad de pedir ayuda. Improvisan día a día, rechazando los conocimientos de las instituciones formales, y aceptando sólo lo que sus compañeros, también sin experiencia, les enseñan.

Se agrupan uniéndose unos a otros y, sólo así encuentran un mínimo de seguridad. La crisis existencial los conduce a la opción binaria: autismo o patotas violentas, lubricándose con el alcohol, el tabaco, los psicofármacos, con energizantes arbitrarios o con las drogas.

Son tentados a un cierto fatalismo y experimentan sentimientos de impotencia que los desesperan. En medio de la confusión de todos los valores, el principal dilema que se les presenta es ignorar con precisión lo que significa ser un ser humano en nuestro tiempo.

CUÁNDO Y CÓMO COMENZÓ TODO ESTO

Empezamos a estudiar el deterioro de la naturaleza y de la cultura de la infancia-adolescencia en las últimas décadas del siglo pasado y formulamos propuestas interceptoras y métodos de formación crítica, activa y creativa (ver Están solos y debemos ayudarlos, Periodismo Idea y otros libros de mi autoria).

EL EJE PRINCIPAL CONTRASTÓ LA INFLUENCIA DE LAS SOPRENDENTES TECNOLOGIAS CON LA NATURALEZA HUMANA

Priorizamos los efectos bióticos y no sólo los contenidos de entretenimiento. Es la naturaleza humana en su triple dimensión física, psíquica y espiritual, desde una irrefutable admonición: la naturaleza no perdona. La hipótesis fue muy concreta: el niño y el adolescente de nuestro tiempo, sujetos a la nueva comunicación audiovisual y a una educación polarizada, dispersa e indefinida, son fagocitados en su naturaleza espontánea y en su humanidad cultural. Ni se forman para crecer, ni se educan para saber.

Influye sobre los sentidos, especialmente el visual y el auditivo, pero que reverbera cerebralmente. El cerebro, como el órgano mayor del sistema nervioso central y centro de control para todo el cuerpo, tanto de actividades voluntarias como involuntarias, también es responsable de la complejidad del pensamiento, memoria, emociones y lenguajes orales, gestuales y kinéticos. Según el impacto cuantificable del consumo de recepciones televisuales –para un niño el promedio de exposición oscila entre una y seis horas diarias- así resultaran las consecuencias psicofísico-culturales del sistemas y sus relativas confrontaciones con otras formas de comunicación que se deterioran, particularmente en la familia y en la escuela. La televisión, los celulares, internet y redes sociales se apoderaron de la naturaleza de nuestros hijos, apropiándose de sus sentidos, sus aspiraciones y sus deseos, con efectos de hipnosis sensorial, sentimental y cultural.

Enumeremos otras consecuencias eventuales o potenciales, tales como la telefagia (crisis de ansiedad), escoliosis (desviación de la columna producida por largas y frecuentes sesiones ante la TV, internet, etc en posiciones físicas arbitrarias). Una hiperkinesis (incontinencia corporal) imposible de controlar en el hogar como en la escuela (más tarde en la calle o en los boliches).

Esto explicaría muchas de las causas no sólo de las violencias juveniles no relacionadas suficientemente por la medicina, psiquiátricas y psicológicas, con traumáticas rupturas.

Si a ello sumamos el análisis y los efectos pragmáticos de los contenidos comunicacionales actuales con gran difusión accesoria en las secciones Espectáculos de los medios, que intentan justificar numerosos comportamientos: todo se muestra, todo se dice apologéticamente, sin análisis crítico, activo y creativo y especialmente sin valores y principios morales y espirituales. Están preformados por la misma ideología dominante de un sistema maniático, sexopático, violento, consumista, depresivo.

Las evidencias nos permiten formular la pregunta esencial: ¿Hace al fondo de la cuestión o no, plantearse la denuncia del inconsciente "riesgo país" de la extinción de la adolescencia? Con semejante back-ground con más de 20 años de penetración, ¿Qué respuesta nos darían las academias nacionales, las políticas parlamentarias, el Comfer, Cedronar, directivos educacionales y fundamentalmente los padres?

ACUMULACIÓN DE CONSECUENCIAS

Un alerta y un desafío para los padres y para los que gobiernan: todo rostro adolescente me interpela y no puedo volverme a otro lado diciendo: "No me mira", porque precisamente "Él o ella me mira".

Son un reflejo de nuestra sociedad y el espejo de nuestra cultura. Sus angustias, como sus aspiraciones no son extrañas, porque viven en una crisis que proviene de nosotros. Los adultos damos con frecuencia la impresión de haber perdido el enfoque de las convicciones, huyéndole a los problemas.

Los adolescentes son, en gran parte, víctimas de la disolución de la institución familiar y del conflicto de los padres entre sí. Los martiriza la competencia entre los mismos y la transferencia de resentimientos. Cuanto más íntima es la gente más dolorosa se vuelven sus relaciones.

Por eso nos preguntamos: ¿En aún posible, en una sociedad en crisis, la función de la familia y de la educación formal? En términos precisos, está desestructurada hacia adentro y desde fuera: especialmente desde las políticas oficiales y de los medios de comunicación, con el mal uso de las incontinencias seductoras de las nuevas tecnologías y de sus modelos arbitrarios.

Una sociedad de éxitos tecnológicos, triunfalista en la negociación de la deuda externa o en las recaudaciones del fisco, pero indigente cultural, económica y socialmente se convierte en insoportable.

Es necesario reintegrar a los adolescentes las garantías para su dignidad ya que, al negárselas, por la ausencia de la calidad de vida, les imponemos la desgarradora opción de ser "robots" o "rebeldes".

Escuchemos la voz de los silenciosos y silenciados y seamos capaces de decir como adultos o como gobernantes y líderes sociales: ¡Ay, cómo me duelen mis hijos! Y así, tal vez comencemos a desandar un camino que restablezca el derecho a la adolescencia, evitando su extinción.

Quizá hoy la valoración de los Derechos Humanos debería complementarse con una exigencia de los deberes humanos que los he ido resumiendo.

¿QUIÉN SOY YO, TE PREGUNTAS?

"No te dejes engañar por mi/ No te engañen mis apariencias/ Porque sólo son una máscara que me da miedo quitarme/ aparento sentirme seguro y no necesitar de nadie/ pero no me creas te lo ruego/ Debajo, escondido, esta mi verdadero yo en la confusión, en el medio, en la soledad/ Me invade el pánico/ Por eso necesito constantemente crear una máscara que me oculte/ Lo único que puede ayudarme y de lo que no logro convencerme a mí mismo, es de que en verdad tengo algún valor/ Pero esto no te lo digo/ Tengo miedo, en el fondo, de que tú no te des cuenta y me rechaces/ Te cuento todo lo que no cuenta nada y nada de lo que en verdad es importante, de lo que me atormenta por dentro/ Escucha bien lo que no digo, lo que quisiera decir, pero no logro expresar/ Tan sólo tú puedes quitarme la máscara/ No me ignores, no pases de largo/ ¿Quién soy yo, te preguntas?/ Soy alguien a quien conoces muy bien".

Conclusión: "Un mundo que se destruye a sí mismo no permite que le hagan su retrato". (Paul Virilio – Ciudad Pánico)

MIGUEL PEREZ GAUDIO

Académico, periodista y escritor – RECTOR DEL CUP.

(Colegio Universitario de Periodismo)

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