Por Juan Lorenzo Holmann Chamorro *
“Un medio de difusión puede ser o tan bueno o tan malo, según sea dirigido; es un arma de doble filo” (1), le dijo el padre Rossi SJ a mi abuelo Pedro Joaquín Chamorro Zelaya. Tomando ese consejo, invirtió todo su capital para comprar la totalidad de las acciones de LA PRENSA. Así selló el destino de nuestra familia, heredándonos no solo una empresa, sino la responsabilidad y el compromiso permanente con la lucha por la libertad de expresión y de prensa en Nicaragua, con la verdad y la justicia y la construcción de una sociedad próspera y libre.
Don Pedro Joaquín no fue el fundador de esta empresa, pero sí fue el genuino fundador de lo que más tarde nuestro Director, Pablo Antonio Cuadra (PAC), bautizó como “La República de Papel”, porque fue Don Pedro Joaquín quien, con su entereza y honestidad, le imprimió el espíritu que ha marcado nuestra historia hasta hoy. Él plantó la semilla que germinó hasta convertirse en lo que ha sido y es hoy LA PRENSA. Don Pedro y su esposa Margarita nos enseñaron que debe uno estar dispuesto a dar todo por el prójimo, por el bien común, por la libertad. También nos enseñaron sobre dignidad, resiliencia y testarudez. Ambos no solo predicaron, sino que hicieron de sus vidas testimonio vivo de lo que predicaban y defendían, y ese legado supieron transmitirlo a sus descendientes, quienes han procurado honrar fielmente esa responsabilidad.
Estos 100 años que hoy cumplimos no han sido fáciles. De por sí, construir una empresa nunca lo es; pero en el caso de LA PRENSA ha sido mucho más duro. No han sido 100 años de publicaciones ininterrumpidas, pues en el camino hemos enfrentado -desde el inicio- cierres, censura, persecución, exilio, violencia, destrucción, robo y muerte, embates de los hombres, de aquellos a los que no les gusta oír lo que su pueblo les dice y prefieren imponer el silencio; y también calamidades producto de la naturaleza. De todas esas pruebas hemos sabido sobreponernos siempre con la ayuda de Dios y el apoyo de Nicaragua. Ninguna de ellas nos derrotó y, más bien, siempre hemos salido aún más fortalecidos. Hoy es importante recalcar que quienes hicieron todo por callarnos ya no están y nosotros seguimos. Y quienes hoy están de turno, violentando con la bota y el bozal, tampoco permanecerán, mientras nosotros seguiremos, porque LA PRENSA no solo es “El Diario de los Nicaragüenses”; LA PRENSA es Nicaragua y es de Nicaragua.
Según la RAE “la resiliencia es la capacidad de adaptación de un ser vivo frente a un agente perturbador o una situación adversa, es la capacidad humana de asumir con flexibilidad situaciones límite y sobreponerse a ellas”. Pero, para nosotros, la resiliencia nace de la fe: la fe que nos ha hecho construir, resistir, resurgir y no abandonar jamás, siempre confiados en el amor de Dios. La resiliencia de LA PRENSA es también una tenaz testarudez asistida del compromiso, de la razón y del deseo que todo ser humano tiene de ser libre.
LA PRENSA nunca ha sido un individuo ni una idea que se extinga con la muerte de una persona, y ese ha sido el error de nuestros detractores, que, buscando acabar con LA PRENSA, han atacado al individuo. Muchos hemos pasado por LA PRENSA, tantos que es imposible nombrarlos a todos. Todos y cada uno han puesto su empeño en construir y sostener este faro de libertad, en mantener viva su llama. Con el asesinato de nuestro director mártir Pedro Joaquín Chamorro Cardenal creyeron que todo terminaba, pero no entendieron que, como dijo PAC, “Pedro sembró la palabra mártir”, y esa semilla ya había germinado, incluso antes de su martirio y con mayor fuerza tras su desaparición física. ¡Ahora todos seremos Pedro”, dijo PAC y, efectivamente, todos pasamos a ser Pedro. Y esos cientos y miles de “Pedros” son los que han hecho posible que lleguemos a cumplir estos 100 años: periodistas, armadores, mecánicos, personal administrativo, departamentos de apoyo, los conductores, repartidores, voceadores; cada puesto, sin excepción, han sido vitales para que, ante cada adversidad, sigamos adelante. Siempre ha habido y habrá quien recoja la estafeta.
Pero LA PRENSA no solo es quienes allí laboramos. Nosotros hemos sido apenas los instrumentos que dan vida a la información, la voz de quienes no tienen voz. Los verdaderos protagonistas -a quienes se debe la mayor gloria de haber llegado a este centenario- son, en primer lugar, nuestros lectores. Sin ellos no seríamos nada; nuestro trabajo sería como arar en el mar. LA PRENSA vive en esa gran audiencia que se reconoce en sus páginas, que ve reflejados sus propios anhelos, comparte el sufrimiento y mantiene vivas las ansias de justicia y paz; que la ha hecho suya porque está arraigada -embebida- en el corazón de cada nicaragüense que es libre y desea seguir siéndolo. Al mismo tiempo, también están nuestras fuentes: quien denuncia, quien señala, quien aporta pruebas de un acto de corrupción, quien opina, debate, educa y guía; el pueblo, protagonista permanente de esta historia.
Este homenaje es para cada uno de ustedes y es para Nicaragua.
Estoy seguro de que mi abuelo Don Pedro Joaquín Chamorro Zelaya estaría muy orgulloso de nuestro centenario ¡Vaya que sí! Y aprobaría la forma en que lo hemos alcanzado, de la única forma posible de hacerlo: siendo fieles al legado de verdad y justicia que nos dejó, de pie y con dignidad.
La tinta puede agotarse, el papel puede ser secuestrado y la rotativa puede ser silenciada; pero la libertad, cuando está arraigada tan profundamente en el corazón de una nación, siempre vuelve a imprimirse. ¡Aquí seguiremos! Firmes, hasta que Dios -no el hombre- disponga otra cosa y seguros de que Nicaragua pronto volverá a ser República.
(1) Según lo relatado por Ana María Chamorro de Holmann (mi madre) en su artículo “La Prensa y mis recuerdos” publicado el 7 de marzo de 1998 en nuestra página de Opinión.
* El autor es Gerente General de La Prensa, nieto del fundador. Preso político de la dictadura sandinista de Daniel Ortega por 545 días, desterrado y desnacionalizado.
* Este editorial fue publicado hoy por el diario La Prensa.
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