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La consecuencia de la criminalidad que se erige impune contra el periodismo en México ha sido el silencio de muchos periodistas.
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LEÓN HERNÁNDEZ, lhernandez1@elnuevoherald.com

El acontecer sobre un flagelo como el narcotráfico pasó por las manos del periodista mexicano Javier Valdez, sin que el temor pudiera silenciarlo, a sabiendas de que su nombre podría engrosar la lista de colegas asesinados en su país. Con su asesinato, suman 126 desde el año 2000.

Él prefirió escribir, pero otros tenían otros planes. A plena luz del día, el pasado 19 de mayo, emplearon balas para manchar con su sangre el asfalto de Culiacán, en el estado de Sinaloa, la misma urbe que lo había visto llegar a este mundo 50 años atrás.

En plena calle cayó su pluma, la de los libros Malayerba, Miss Narco, Los morros del narco, Narcoperiodismo, entre otros; y calló su voz, con la que llegó a publicar en Twitter: "Que nos maten a todos, si esa es la condena de muerte por reportear este infierno", al referirse al asesinato de su colega Miroslava Breach, corresponsal del periódico La Jornada en Chihuahua, quien recibió ocho disparos al salir de su casa el pasado 23 de marzo.

"Javier era un tipo de convicciones, íntegro, que creía en el periodismo como un factor de cambio, pero como un factor de cambio que empezaba con uno mismo, desde cómo escribías y sobre lo que escribías, por eso tenías que estar convencido". Lo recordó así para el Nuevo Herald la periodista María Idalia Gómez, editora general del semanario Eje Central, quien conoció a Valdez 14 años atrás.

Tanto Valdez como Breach son parte de los seis periodistas que han sido asesinados en lo que va de 2017. En entrevista para el Nuevo Herald, Roberto Rock, presidente de la Comisión de Libertad de Prensa de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), señaló que México es un país de riesgo para el ejercicio periodístico, "quizá, el país donde sea más peligroso y que no exista un enfrentamiento, una guerra civil o conflicto armado en el lugar". Las dos naciones que lo anteceden en esta categoría son Siria y Afganistán.

"El ritmo de asesinatos de periodistas en México se ha ido agudizando, de 14 el último año entre 126 desde 2000 para acá. Eso no incluye los casos de 26 periodistas reportados como desaparecidos y por cuya vida, por supuesto, se tienen muchos temores", precisó el también director del proyecto de periodismo digital La Silla Rota.

Uno de los desaparecidos es Alfredo Jiménez Mota. La última vez que se le vio fue en Hermosillo, Sonora, en abril de 2005. Sus familiares, resignados, ya solicitaron que una calle recibiera su nombre en su memoria. "Uno de los mejores periodistas de este país", lo califica Gómez.

"Un joven que había hecho su trabajo impecable y que no se había dado cuenta que al momento de publicar investigaciones que le habían llegado y que había verificado sobre personajes del crimen organizado, que eran miembros de la sociedad, que salían en fotos de sociales, se estaba poniendo en medio. Nadie se había dado cuenta, porque Sonora en ese momento no aparecía en el radar. Lo desaparecieron, sigue desaparecido y su caso, impune", comenta la periodista.

Dolor crónico sin alivio

El clima contra los comunicadores fue abordado por el gobierno de México por dos vías, según expresó el canciller de México, Luis Videgaray, en entrevista con el periodista Andrés Oppenheimer, efectuada el 30 de mayo, en Miami. El funcionario calificó el problema como "un tema grave que nos duele y que nos ocupa".

"El presidente (Enrique) Peña Nieto anunció una serie de medidas para fortalecer los mecanismos, por un lado de protección hacia los periodistas y defensores de los Derechos Humanos y por otro lado para combatir la impunidad y asegurar que estos casos, todos ellos inaceptables, todos dolorosos, no queden impunes, sean llevados a la justicia y sean castigados", señaló, admitiendo que la impunidad contra los crímenes, en general, se estima en México en 97 por ciento.

"Es irrelevante la situación sobre la tasa (de impunidad). Con que quede un asesinato impune es inaceptable, y más en el caso de gente cuya labor, sean defensores de Derechos Humanos, o sean periodistas, es esencial para una democracia libre. Eso es algo que los mexicanos no pueden ver como normal, es algo que no podemos darnos el lujo de aceptar", declaró el canciller.

Videgaray aseguró que existe voluntad política para contrarrestar los efectos del crimen organizado, que, señaló, "tiene que ver en mucho con el tráfico de drogas hacia Estados Unidos y por eso es importante lo que estamos haciendo, por eso y por muchas razones más, el que tengamos un nuevo enfoque de combate a este fenómeno junto al gobierno de Estados Unidos".

Admitió que el estado mexicano tiene que "recuperar la confianza de los periodistas", porque "hasta ahora, muchos de ellos no han aceptado los mecanismos de protección. Tenemos más de 500 personas, entre ellas 160 periodistas, que están ya protegidos por el mecanismo, pero hay muchos otros que no han aceptado el mecanismo, entre ellos, lamentablemente, quienes han perdido la vida y no lo aceptan por un problema de confianza, porque no confían en la autoridad".

La postura del secretario de Relaciones Exteriores de México fue cuestionada por Roberto Rock: "Nos hemos enterado de que algunos periodistas, como el señor (Cecilio Pineda Brito), que trabajaba en Tierra Caliente, en el estado de Guerrero, y que fue asesinado este año (el 2 de marzo), estaba bajo la protección del mecanismo. El mecanismo argumenta que le había pedido salir del estado, que le habría pedido radicarse en la Ciudad de México y que él no lo hizo oportunamente, pero era un caso de un periodista protegido que fue asesinado".

"Nosotros pensamos que no hay suficiente claridad en el número y qué tipo de protección necesiten. Pensamos que pueden favorecer la defensa del mecanismo, una mayor transparencia, tanto en estos números, como en los recursos que se destinan a este tema y a qué empresas de seguridad se contratan al respecto", destacó el presidente de la Comisión de Libertad de Prensa de la (SIP).

Por otra parte, Rock lanzó una exhortación directa al funcionario: "El canciller tiene en su escritorio una petición desde hace meses, por parte de los relatores de libertad de expresión tanto de la OEA como de las Naciones Unidas, para realizar una visita conjunta a México y analizar el caso de los periodistas asesinados. Una visita similar fue realizada a México en el año 2010, pero tenemos información de que el gobierno mexicano se ha opuesto a autorizar una nueva visita".

"Sé que ante la crisis que se está viviendo en este momento sobre el tema, el gobierno mexicano está revisando su decisión y eventualmente puede anunciar, ojalá pronto, que ha autorizado esta visita conjunta y es algo que está en manos directamente del canciller Videgaray", señaló el vocero de la SIP.

Fallecen en medio de indiferencia

La periodista María Idalia Gómez destacó que la sociedad mexicana, en general, no ha clamado por respeto hacia sus periodistas, debido a la falta de solidaridad en el gremio, la escasa consciencia sobre la importancia de la libertad de expresión y al desprestigio por el mal ejercicio en algunos medios informativos. "No somos conscientes de los riesgos que enfrentamos, mucho menos de las amenazas externas, y por eso nos convertimos en nuestro propio enemigo".

El pueblo mexicano no confía en sus medios, por eso no los defiende, arguye la periodista. "No hay una disociación completa, pero en realidad nos hemos apartado, porque históricamente, el periodismo en México ha sido vinculado con el poder y ha habido un periodismo corrupto. Hay estados como Veracruz, donde la mayoría de los dueños de medios son políticos y ex políticos, entonces no hay confianza, no hay credibilidad natural, porque además el periodismo acá es de declaraciones, de filtración, de maniobra política", lamentó.

No obstante, también alzó loas por sus colegas comprometidos con la vocación. "El periodismo en general sigue existiendo, porque hay casos y podemos enumerar muchos, que sí estamos haciendo nuestro trabajo", dijo, reconociendo las dificultades en contrarrestar el problema de raíz, que, insistió, es la "falta de consciencia".

"Han matado a otros periodistas, del mismo talante de Javier, y no nos movilizamos. ¿Cómo podemos cambiar a la sociedad, si es una sociedad que por ese sistema que creó el PRI (Partido Revolucionario Institucional que mantuvo el poder en México entre 1929 y 1989) se desarticuló en sus derechos? En México, hasta hace 15 o 20 años podías escuchar: 'Yo tengo trabajo y como gracias al PRI, tengo un país estable gracias al PRI'. Ese sistema desarticuló al ciudadano en el ejercicio pleno de sus derechos y de consciencia", indicó Gómez.

"Hasta hace poco, los periodistas dijeron que eran propietarios de la libertad de expresión, 'yo tengo el ejercicio del derecho de informar'. Tenemos que empezar a decirle a la gente que no, que ese derecho es para el ejercicio de la ciudadanía, de la sociedad como un todo", destacó la editora del semanario "Eje Central".

Callar por temor a morir

La consecuencia de la criminalidad que se erige impune contra el periodismo en México ha sido el silencio de muchos periodistas.

"Nada se compara con lo que viven ellos. Vivir con el miedo todos los días. Ven perder la noción de que sí puedo publicar y que no puedo publicar por la sensación de inseguridad. Puede llegar al punto de que si publicas un accidente de tránsito, pero resulta que si en ese accidente de tránsito –que no sabías– iba un hijo de un narco o de alguien y no quieren que salga, te pueden amenazar o te pueden dar una golpiza o, incluso, te pueden desaparecer", comenta Gómez.

El temor genera desinformación. "La autocensura puede extenderse a la mayor parte del país, e incluso la Ciudad de México igual hace estos casos. Solamente ha habido casos aislados de periódicos que dicen, 'nosotros no cubrimos narcotráfico para proteger a nuestros periodistas', pero hay muchísimos periódicos que se autocensuran y no lo han confirmado públicamente", indicó Rock.

Luego, por decantación, la desinformación deriva en ceguera. "La inseguridad ha provocado que no sabes ni qué se cuenta a profundidad. Ni si se está contando todo en el país y yo creo que no se está contando todo", dijo Gómez.

"La tragedia es la falta de una respuesta organizada y eficaz por parte de los propios periodistas, de las empresas periodísticas, tanto de medios impresos, como de radio y televisión, para responder a este drama, a este desafío.(...) Tienen que trabajar en protocolos de seguridad para sus periodistas, en mejorar las condiciones laborales, en sueldos, seguros de vida. Tienen que acompañar de manera conjunta una gestión frente al Estado, no solamente frente al gobierno, sino también ante el Congreso, ante los jueces, para desarrollar una atmósfera de nuevas legislaciones", sugirió Rock.


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