El artículo "El retorno de la publicidad" escrito por la periodista Ernestina Rosell de la agencia Cuba Press que dirige Raúl Rivero, destaca que la publicidad reapareció después de haber sido desterrada por el régimen comunista.
Periódicamente la SIP vuelca en su pagina http://cuba.sipiapa.org notas de periodistas independientes, la mayoría referidas a temas de libertad de expresión y de prensa.
El retorno de la publicidad
Por Ernestina Rosell
Ha vuelto la publicidad a Cuba. Junto a ésta
el dólar desplaza al peso y el señor al compañero.
Ya también a nadie se le ocurre decir camarada, ni se estudia ruso, sino
inglés, alemán, francés Italiano... para fabricar anuncios
y comunicarse con los visitantes extranjeros.
Sí, la publicidad ha regresado a la isla y se percibe en revistas, vallas,
canales de televisión y letreros.
Hace un buen rato que va resurgiendo en Cuba, después de estar desaparecida
durante décadas, cuando la Revolución Socialista borró
todo símbolo de la sociedad de consumo y el consumo mismo quedó
reducido a lo mínimo.
Pero la nueva publicidad padece de distrofia.
Primero, porque no se permite llamarla así, publicidad. Hay que denominarla
promoción o divulgación, tal vez para no admitir abiertamente
su empleo en una sociedad que se proclama socialista hasta la mismísima
muerte.
Segundo, esa publicidad es raquítica porque está dirigida a la
Cuba extranjera, a la Cuba poseedora del dólar, a la elitista. No es
su destinataria la Cuba cubana, la de moneda nacional, la empobrecida, la mayor.
Así, en Cuba se hace publicidad a medias. Si existe de nuevo es porque
las circunstancias lo exigen, lo obligan.
A ningún extranjero podría vendérsele un paquete de café,
una botella de ron o de cerveza, una pasta de dientes, un jabón, ningún
producto, sin una etiqueta o marca que lo identifique. Y del dinero extranjero
se vive y se depende en Cuba.
Las mercancías sin nombre se dejan para el patio, es decir, para el consumo
nacional, para la exigua cuota, cada vez más exigua, que se distribuye
al pueblo cubano por la libreta de racionamiento. Productos anónimos
para la gente del montón, ese es el mercado interno, que hace sentir
a la mayoría como una nulidad humana, sin un poco de adorno para la vida.
Eso es el mercado socialista cubano.
Pero parece que ya no molesta a nadie, o a casi nadie, por ejemplo, cuando por
Radio Taína, la única emisora turística del país,
se escucha la oferta de exquisitos manjares, de suntuosos hoteles, de paradisiacas
playas, de ajuares finos, de un mundo ideal, para el disfrute exclusivo del
turismo extranjero. Todo, insertado aquí mismo, en medio de las miserias
y penurias que vive la Isla.
Tal vez por la fuerza de la costumbre o por la fuerza de lo impuesto, la gente
se ha resignado, y, así no se disgusta, no protesta, no critica, no le
presta atención al fenómeno publicitario. Como dice el pueblo,
no "coge lucha" con eso de la publicidad.
O, quizás, porque la inmensa mayoría de los cubanos piensa que
la publicidad misma es un anuncio en sí de que "ya viene llegando"
el cambio que todos esperan, aunque se callen.
En la observación de todo este fenómeno seudo publicitario, descubrí
un rostro muy conocido, de una destacada animadora, actriz y antigua anunciadora:
Consuelo Vidal.
En un shopping habanero Consuelo aparecía en una pancarta promoviendo,
como antes lo hacía, el jabón de lavar Rina.
Aunque el texto del anuncio era otro, recordé el famoso slogan que antes
le acompañaba y que ella hizo tan famoso en plena dictadura batistiana
y que tanto ánimo dio hasta los finales del año 56:
¡Hay que tener fe, que todo llega!
FUENTE: nota.texto7