Miami (25 de marzo del 2003) - La Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) resolvió,
al término de su reunión en San Salvador, pedir a la Organización
de los Estados Americanos (OEA) que descalifique la intención del presidente
de Venezuela, Hugo Chávez, de legitimarse únicamente sobre
la base de procesos electorales, pero atropellando y cortando libertades esenciales
de la persona y la sociedad, y violando el Estado de Derecho.
En una resolución denominada Llamado a la OEA, aprobada
por la asamblea de la
SIP que celebró del 21 al 24 de marzo su reunión con más
de 250 editores del continente, se pidió a los gobiernos del hemisferio
que condenen en la OEA la agresión contra los medios informativos
de Venezuela, exigiendo que el gobierno venezolano restituya el respeto a la
libertad de expresión como un requisito para recuperar su legitimidad
democrática.
Esta resolución de la SIP se basó en el informe de libertad de
prensa de Venezuela que se adjunta y también en los siguientes considerandos:
que existe una profunda preocupación por las agresiones del gobierno
venezolano contra los medios informativos, con la finalidad de cerrarlos o asfixiarlos;
que es absolutamente imposible la existencia de un sistema político democrático
sin diarios y emisoras libres, independientes del poder y capaces de resistir
coacciones y amenazas; que la libertad de expresión es el sustento de
todas las libertades de la persona y la sociedad; y que el artículo 3
de la Carta Democrática Interamericana de la OEA señala: Son
elementos esenciales de la democracia representativa, entre otros, el respeto
a los derechos humanos y las libertades fundamentales; el acceso al poder y
su ejercicio con sujeción al estado de derecho
.
VENEZUELA
La libertad de prensa y de expresión está severamente coartada,
no porque se haya aplicado una censura previa por parte de las autoridades,
sino por las consecuencias y riesgos inevitables a que se expone quien disienta
del parecer oficial y lo manifieste públicamente. Ello, en todo caso,
ha conducido a la autocensura de algunos medios, resultado de las reiteradas
amenazas, lo cual es quizá de igual o mayor gravedad que la propia censura.
Los acontecimientos del último año pueden caracterizarse como
parte de un proceso sistemático dirigido a controlar el contenido de
lo que se difunde a través de los medios de comunicación social,
a controlar el tipo de información que la sociedad tiene derecho a recibir
y, en último término, a coartar la libertad de expresión.
Los primeros años del gobierno de Hugo Chávez tampoco han sido
fáciles; pero este período según lo anunciado por el Presidente,
en su mensaje anual ante la Asamblea Nacional (del 17 de enero de 2003), será
el año de la batalla mediática. El pretexto sigue siendo el
mismo: exigir que se difunda la verdad, que obviamente debe corresponder con
la verdad oficial.
Las agresiones se han acentuado contra periodistas y medios de comunicación.
El periodismo se ha convertido en una profesión de alto riesgo, que ha
hecho indispensable para profesionales de la prensa el porte de chaleco antibalas
y máscara antigás. Aun así, más de un centenar de
periodistas ha resultado lesionado, y un reportero gráfico muerto mientras
cubría los sucesos del 11 de abril de 2002.
Es importante hacer notar que, cuando el gobierno no se atreve a hacerlo por
sí mismo, lo hace por medio de sus llamados círculos bolivarianos.
Esos grupos violentos no sólo han agredido físicamente a los periodistas,
fotógrafos y camarógrafos, sino que han destrozado sus equipos
e incendiado vehículos de los medios de comunicación social. También
exhiben pancartas dirigidas a intimidarlos, individualizando a sus propietarios
y directores, señalándolos como enemigos de la patria, mercaderes
del terror, y fabricantes de mentiras, tildándolos de golpistas. Recientemente
en Colombia el canciller venezolano acusó a los periodistas de estar
fraguando el asesinato del primer magistrado, para hacer a los medios blanco
fácil y propicio del odio del sector social que apoya al presidente Chávez.
Estos hechos han obligado a periodistas y medios de comunicación a buscar
la protección de la Comisión y Corte Interamericana de Derechos
Humanos, las cuales han dispuesto medidas cautelares y provisionales para garantizar
la vida, integridad física, y el ejercicio de la libertad de expresión.
Sin embargo, esas medidas no han sido debidamente acatadas, lo que ha generado
reiterados pronunciamientos por parte de ambos órganos, que condenan
la actitud del gobierno en relación con sus disposiciones e irrespeto
a libertad de prensa.
Debe subrayarse que, de conformidad con el artículo 31 de la Constitución
de Venezuela, el Estado está obligado a adoptar las medidas que sean
necesarias para dar cumplimiento a las decisiones emanadas de los órganos
internacionales creados por los tratados de derechos humanos y ratificados por
la República. Sin embargo, aunque esta disposición compromete
no sólo al Ejecutivo, sino a los demás órganos del Estado,
el Tribunal Supremo de Justicia se ha abstenido de dictar las medidas indispensables
para que se acaten fielmente los dictámenes de la Comisión o de
la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Cabe recordar en este particular
que fue precisamente la sentencia 1013, de 12 de junio de 2001, la que proporcionó
los elementos teóricos indispensables para restringir la libertad de
expresión, y dichos criterios han servido de base para muchas de las
acciones que se están emprendiendo ahora en contra de la libertad de
expresión.
Además de algunas acciones judiciales en contra de periodistas este año,
el gobierno de Venezuela ha iniciado procedimientos administrativos en contra
de cinco estaciones de televisión. Juicios originados por reportajes
fieles de lo manifestado por diversas personalidades, incluidos miembros de
la Asamblea Nacional, en relación con los sucesos del 11 de abril de
2002 y hechos posteriores. También se les quiere sancionar por difundir
lo manifestado por oficiales de la Fuerza Armada Nacional, que habían
sido citados a prestar declaración ante la Asamblea Nacional, y a quienes
el Tribunal Supremo de Justicia los exoneró de culpabilidad alguna. Con
estas actuaciones, además de amedrentar con el cierre temporal de canales
de televisión, se desconoce el sitio preponderante que ocupa la doctrina
del reporte fiel en el ejercicio de la libertad de prensa, se pretende intimidar
de manera general a todos los medios de comunicación social, incluida
la prensa escrita, para controlar el tipo de información que éstos
puedan difundir y orientar por una sola vía a la ciudadanía.
En su afán por coartar la libertad de expresión el Presidente
ha insistido reiteradamente en que ninguna libertad es absoluta. Curiosamente,
mientras periodistas y dueños de los medios de comunicación jamás
olvidamos que la libertad de expresión tiene ciertas limitaciones y pudiera
ser sometida a restricciones legítimas, el presidente Chávez omite
que, según el Art. 337 de la Constitución, la libertad de información
es un derecho intangible, que no puede suspenderse ni aun en casos de estado
de excepción.
Este año, el Gobierno ha propiciado iniciativas que concurren en la censura
previa, al imponer medidas punitivas, que tienen el efecto de operar como mecanismo
inhibitorio para impedir la difusión de determinadas informaciones e
ideas. Entre éstas, debe mencionarse el Proyecto de Ley Orgánica
de Participación Ciudadana, que contempla la creación de un Consejo
de Vigilancia de los Medios de Comunicación Social, configurado por
individuos de comunidades, barrios o parroquias, encargados de velar por la
veracidad e imparcialidad de las informaciones difundidas.
También existe el Proyecto de Ley sobre la Responsabilidad Social en
Radio y Televisión, que, con el pretexto de proteger a la infancia, tiene
el propósito de impedir la crítica política. Son disposiciones
que dejan amplio margen para la arbitrariedad, y que serán aplicadas
por un ente completamente manejado por el Poder Ejecutivo, y tratará
de impedir toda denuncia o crítica política. Un proyecto que sanciona
como infracción muy grave y merecedora de multas abultadas o suspensión
y clausura del medio, la difusión de mensajes que promuevan o inciten
al incumplimiento del ordenamiento jurídico, aunque tal conducta no constituya
delito.
Asimismo, ignorando el precedente de The New York Times vs. Sullivan, que estableció
principios hoy ampliamente reconocidos en materia de libertad de expresión,
y desconociendo reiteradas decisiones de la Comisión Interamericana de
Derechos Humanos, donde se señala que las leyes de desacato o vilipendio
son incompatibles con las disposiciones de la Convención Americana sobre
Derechos Humanos, el proyecto en discusión define como una infracción
muy grave el difundir mensajes que promuevan o inciten al irrespeto de las
instituciones y de autoridades como el Presidente de la República, ministros
de Estado, diputados, magistrados del Tribunal Supremo de Justicia, Defensor
del Pueblo, Fiscal General o Contralor General de la República. Ya que
a los medios de comunicación nunca se les será permitido ser los
guardianes de la libertad.
La severa crisis económica por la que atraviesa Venezuela ha obligado
al gobierno a adoptar un control de cambio que, desde enero pasado, ha impedido
el acceso de todos los venezolanos a las divisas indispensables para realizar
sus importaciones y pagos por servicios en el exterior. Sin embargo, el propio
Presidente ya ha anunciado que ese control de cambios se utilizará como
herramienta para premiar y castigar. Chávez anunció que no habrá
dólares para los golpistas, o para las empresas que se sumaron al paro
nacional que se desarrolló entre el 2 de diciembre pasado y el 2 de febrero
de este año. De otra parte, el Presidente ha afirmado que la importación
de papel para periódicos no es una prioridad y ello constituirá
un medio utilizable para restringir la libertad de expresión, lo que
está prohibido explícitamente por el Art. 13 N° 3 de la Convención
Americana sobre Derechos Humanos.
Estas acciones forman parte del contexto de la guerra que declaró el
gobierno de Venezuela en contra de las ideas, y particularmente de las ideas
políticas de quienes se oponen al actual régimen. Ello explica
los ataques contra la prensa, los autos de detención en contra de numerosos
dirigentes políticos de la oposición, y el acoso al que se ha
sometido a universidades públicas y privadas, incluida la amenaza de
intervención de algunas.