Haití

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George Michel, editorialista de Radio MetropoIe y frecuente colaborador de dos de los diarios establecidos de la capital Le Matin y Le Nouvelliste, cree que la pluma es más poderosa que la espada, pero no está dejando nada al azar. Cuando faltan dos meses para la celebración de elecciones y las muertes a manos de los escuadrones de la muerte aumentan por día, Michellleva un revólver Smith & Wesson calibre .38 en su maletín.

Michel y otros pocos periodistas que han estado poniendo a prueba los límites de la libertad de expresión en Haití después de la caída de Duvalier, están sintiendo presiones y a veces incluso llegan a ceder. A las transmisiones radiales sobre las fechorías de algunos seguidores de François "Papa Doc" Duvalier o su hijo, Jean-Claude, con frecuencia le siguen llamadas telefónicas amenazadoras. Con frecuencia se intenta sobornar a los periodistas con dinero y promesas. Muchos reporteros han sido confrontados en su labor por funcionarios y ciudadanos con posiciones políticas. La práctica del periodismo, tal como lo conocemos, está severamente limitada en Haití. Es una actividad peligrosa. Las amenazas son en su mayoría sólo eso, amenazas. Pero desde que Duvalier hijo abandonó el país con destino a Francia en febrero de 1986 y fue reemplazado por varios gobiernos militares provisionales de corta duración, los periodistas han sido objeto de golpizas y los soldados les han confiscado sus grabadores e identificaciones de prensa. Marcus Plaisimont, un periodista de Radio Metropole quien dice que ha sido golpeado por soldados cuando realizaba investigaciones sobre la corrupción en la compañía telefónica propiedad del estado, recibió una oferta de $5.000 de parte de un alto empleado del gobierno para que abandonara las investigaciones. Cuando se negó, dijo que le informaron que la persona que le ofreció el soborno podía mandarlo a matar por $50. Naturalmente, Plaisimont abandonó la información. Plaisimont dice que sus colegas están desalentados de practicar el periodismo. Joseph Celigny Celicourt, un corresponsal de Radio Citadelle en Cabo Haitiano y director de la sociedad local de periodistas, dijo que protestaba en los términos más severos la golpiza recibida en marzo por Joseph Claude Larrouse, otro periodista, mientras realizaba una información. Celicourt, quien realiza trabajos independientes para la Voz de los Estados Unidos de América, dice que su queja fue escuchada pero que no se ha actuado al respecto. Además de protestar, los periodistas en las calles de Haití han tenido que desarrollar un nuevo instinto de conservación. Jacques Damas, también de Radio Citadelle, dice que los soldados consideran enemigos a los periodistas. Los periodistas dicen que el estado de su profesión a medida que las elecciones se acercan refleja el caos y la confusión en la vida política del país. Se quejan de que tienen poco o ningún entrenamiento. Se preguntan si vale la pena arriesgar la vida por un salario promedio de $150 mensuales en una de las 20 estaciones de radio y periódicos del país. Además, los periodistas no tienen acceso a archivos o documentos en Haití. La cobertura de las elecciones, en general, está limitada a informaciones superficiales de los candidatos en vez de los profundos artículos investigativos que pudieran ayudar a los electores analfabetos a escoger entre el menor de dos maíes. El periodismo ha perdido mucha estatura en Haítí desde 1957, cuando "Papa Doc" Duvalier llegó al poder. Durante los 30 años que la familia gobernó el país, los periodistas fueron atemorizados por los tristemente célebres Tontons Macoutes. Los periodistas quedaron con pocas opciones: escribir noticias positivas sobre el gobierno, o la muerte. Muchos escaparon a Miami o Europa, o dejaron de escribir. La queja general en Haití es que la prensa no dice lo que el público necesita escuchar. En su lugar, le dice al público lo que éste quiere escuchar, una diferencia importante en un país donde más del 85 por ciento de la población no sabe leer ni escribir. Michelle Montes, graduada de Periodismo de la Universidad de Columbia y directora de noticias de Haiti Inter, otra de las estaciones de radio de la capital, se autocalifica de "periodista comprometida". Pocos medios de comunicación de países subdesarrollados practican el periodismo al estilo occidental, dijo Montes, agregando que los periodistas comprometidos tienen prioridades, y que en Haití la prioridad de los noticieros radiales son los pobres, quienes son la mayoría de la población. El analfabetismo y la inestabilidad política también afectan el juicio noticioso, expresó Montes. Los haitianos prefieren Haiti Inter en vez de la emisora gubernamental porque en la primera es donde encuentran respuestas, añadió. Montes agrega que su estación necesita más periodistas y que muchos reporteros están aprendiendo su labor en la práctica y no pueden distinguir lo importante, que es esencial, para ofrecérselo a sus radioescuchas. Montes señala que los periodistas en Haití pudieran ser comparados con los de un tabloide neoyorquino. No hay normas, poca ética. Sólo titulares escandalosos.

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