El futuro digital de La Voz nació en un seminario de la SIP

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Un traslado imprevisto nos convenció: "La Voz" tenía que estar en internet, el medio que las nuevas generaciones empezaban a elegir para informarse y vincularse.
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Tomado de La Voz del Interior

Guiños del destino para lanzarnos al futuro

Un traslado imprevisto nos convenció: "La Voz" tenía que estar en internet, el medio que las nuevas generaciones empezaban a elegir para informarse y vincularse.

Carlos Jornet

Martes, 21 de septiembre de 202100:31 hs

1° de mayo de 1996. Un minibús que no llegó signaría el lanzamiento, algo más de cuatro meses y medio después, de la primera versión de La Voz en internet.

Junto a Miguel "Cachoíto" de Lorenzi, el recordado editor de diseño del diario, participábamos del segundo Seminario para Jefes de Redacción, que organizaba la Sociedad Interamericana de Prensa en la ciudad de Reston, Virginia, a pocos kilómetros de la capital de Estados Unidos.

El programa preveía para ese miércoles primaveral una visita a Washington, con el propósito de recorrer el hoy desaparecido Newseum y participar de un debate en el Freedom Forum.

Los participantes del seminario aguardamos, frente al hotel donde nos alojábamos, que tres vehículos vinieran a buscarnos. Pero misteriosamente uno de los choferes avisó que no llegaría a tiempo. A la empresa de transporte no le quedó otra solución que enviar dos limusinas blancas para ubicar a los 10 pasajeros que habíamos quedado varados.

El destino jugó otra ficha, y con "Cachoíto" nos tocó sentarnos en el espacioso automóvil al frente de Homero Hinojosa, consultor mejicano que por entonces comenzaba a asesorar a diarios que quisieran llegar con sus contenidos a la red global. Decidimos aprovechar los 40 minutos de viaje para consultarle qué se necesitaba para diseñar un sitio en internet y qué costos podría implicar.

La pasión con la que Homero nos habló terminó de convencernos. Y al bajar de aquel traslado imprevisto, no nos quedaban dudas: La Voz tenía que asumir ese proyecto.

Tres días después, volvimos a Washington, de retorno hacia Córdoba, y nuevamente el destino nos tentó: al pasar por una biblioteca pública, vimos cómo dos jóvenes se zambullían en una pantalla a buscar información. Las nuevas generaciones empezaban a definir nuevos hábitos de acceso a las noticias.

En el vuelo de regreso avanzamos en el proyecto, que expusimos días después al directorio de la empresa, luego de sumar los decisivos apoyos del entonces director periodístico, Luis Remonda, y de Osvaldo Salas, en aquel tiempo gerente administrador.

Requerimos que nos asignaran dos redactores, dos computadoras, la asistencia de Hinojosa y la contratación de un programador externo (Fernando Triberi), para que tradujera el diseño al lenguaje digital.

PROYECTO APROBADO

En una reunión en la antigua sede de Colón 37, en el Centro de la ciudad de Córdoba, resumimos: el sitio se llamaría InterVoz, porque remitía a La Voz del Interior, pero también a interactiva e internacional, que era el perfil que marcaba aquella etapa de la naciente red.

En la provincia, las conexiones (dial up, por teléfono de línea) eran todavía escasas, caras y de baja calidad. Pero el diario podía ganar audiencia captando a los cordobeses distribuidos por el mundo, a quienes viajaban por trabajo o placer, y a extranjeros que quisieran hacer negocios con Córdoba o interesados en visitar la provincia.

Por esa razón, el sitio se actualizaría una vez al día, con noticias ya publicadas en la edición impresa, pero tendría un amplio desarrollo de contenidos de servicio, como una guía de turismo, otra con datos de la economía provincial, el estado del tiempo, la receta del día, el humor cordobés y el deporte de los clubes locales en números.

Sumaría un buzón de ideas y comentarios, y un espacio de debates sobre cordobeses en el exilio.

No sin dudas, la propuesta fue aceptada. Y con bastante audacia, nos propusimos que estaríamos online el sábado 21 de septiembre, Día de la Primavera y, además, primer aniversario de otro hito editorial: la primera edición color del diario papel.

La noche del viernes 20 nos arrepentíamos de aquel entusiasmo, porque las complicaciones se sumaban y la colorida página inicial que había diseñado "Cachoíto" (innovadora para entonces, aunque hoy suene a prehistoria) no llegaba a mostrarse. Finalmente, pasadas las 3 de la mañana del 21, y cuando ya los nervios nos dominaban, InterVoz llevó la voz de Córdoba al mundo. Nacía una nueva era para este medio de comunicación.

DE LOS ROLLOS DE FOTOS AL CELULAR

Los primeros tiempos fueron arduos. Los usuarios tardaban en sumarse; un poco porque aún no se enteraban y otro tanto porque la red estaba en pañales.

No obstante, cada día veíamos con atención desde dónde se conectaban y nos asombrábamos con usuarios en una lejana isla frente a la costa africana o recibíamos mensajes de académicos cordobeses radicados en Canadá o en el sudeste asiático.

La mayor sorpresa la tuvimos cuando decidimos apostar por primera vez a la actualización en tiempo real y "transmitimos" un clásico cordobés (si mal no recuerdo, un Talleres-Belgrano en el Chateau, hoy estadio Kempes).

Un periodista hablaba por teléfono a la Redacción con partes cada 10 minutos, o cuando sucedía algo destacado, y dos fotógrafos se turnaban para captar imágenes y enviar con remiseros los rollos de película al diario cada 20 minutos.

Al día siguiente recibimos un mensaje de agradecimiento de un grupo de hinchas de uno y de otro equipo, radicados en Suiza y en Italia, que se habían juntado en el salón de un poblado cercano a la frontera entre ambos países para ver en pantalla grande, con un proyector, las actualizaciones que les llegaban desde el otro lado del Atlántico. InterVoz cumplía aquel propósito inicial: ser interactiva y llegar a un público internacional.

Nadie podía imaginar, entonces, que 25 años después el número de usuarios pasaría los 12 millones cada mes, y que casi 45 mil se suscribirían para acceder a contenidos exclusivos e informarse sin límites con sólo mirar la pantalla de su teléfono.

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