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Urge un cambio cultural.

Uno de cada cuatro casos de violencia en medios corresponde a acoso sexual, advierten expertas en la SIP

La violencia de género en los medios sigue siendo una amenaza para la libertad de expresión, advirtieron las panelistas del foro “Acoso sexual en las redacciones: prevención, respuesta y liderazgo para construir espacios seguros”.

25 de octubre de 2026 - 14:30

Por: Mariana Belloso

Casi uno de cada cuatro casos de violencia registrados en los medios de comunicación corresponde a casos de acoso sexual, denunciaron este domingo las ponentes del panel “Acoso sexual en las redacciones: prevención, respuesta y liderazgo para construir espacios seguros”, realizado durante la 82 Asamblea General de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP). Durante el mismo, las expertas advirtieron que no puede haber libertad de prensa plena mientras persistan entornos laborales inseguros para las periodistas.

Las amenazas a la libertad de prensa en las Américas suelen asociarse a gobiernos autoritarios, crimen organizado, censura, violencia física o persecución judicial. Sin embargo, también existe una menos visible: la violencia que enfrentan las periodistas dentro de las propias redacciones. Este fue el tema que discutieron la periodista colombiana Jineth Bedoya Lima, editora de género del periódico El Tiempo; la periodista y escritora Claudia Palacios; la directora regional de ONU Mujeres para las Américas y el Caribe, Bibiana Aído, y la jurista Catalina Botero, exrelatora especial para la Libertad de Expresión de la CIDH. La conversación fue moderada por la periodista Graciela Rock, presidenta de la Comisión de Equidad de Género y Diversidad de la SIP.

Graciela Rock citó datos que muestran la magnitud del problema. Según el informe "Medios sin Violencia", publicado en 2024 por organizaciones de la región, casi la mitad de los casos de violencia reportados por periodistas ocurrieron en sus propios lugares de trabajo y el 28 % correspondía directamente a situaciones de acoso sexual. Además, en casi la mitad de los casos reportados el agresor ocupaba una posición jerárquica superior a la de la víctima.

Pese a lo alto de estos números, pocas periodistas denuncian formalmente y, cuando lo hacen, con frecuencia enfrentan represalias laborales. En más de la mitad de los casos conocidos, los agresores no reciben sanción alguna. “Una periodista que no puede denunciar el acoso dentro de su redacción tiene mucho menos margen para sostener una investigación incómoda, cuestionar decisiones editoriales o incluso permanecer en la profesión”, advirtió Rock.

Violencia diferenciada

Jineth Bedoya Lima recordó que la sentencia Bedoya Lima y otra vs. Colombia, de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, estableció por primera vez estándares específicos sobre la violencia diferenciada que sufren las mujeres periodistas. Esa decisión reconoció que las agresiones contra ellas suelen incluir componentes de violencia sexual y de género que no afectan de la misma manera a los periodistas hombres.

“Cuando tenemos ocho de cada diez mujeres en una redacción afectadas por violencia basada en género, tenemos que detenernos a pensar qué está ocurriendo”, afirmó. Bedoya insistió en que las redacciones deben conocer y aplicar esos estándares no solo para proteger a las periodistas, sino también para garantizar que quienes producen información puedan ejercer su trabajo en condiciones seguras.

“Era tan normal que ni siquiera le ponía nombre”

Claudia Palacios, por su parte, relató experiencias de acoso que vivió a lo largo de su carrera profesional. Recordó que, durante sus primeros años en los medios de comunicación, los comentarios sobre el cuerpo de las mujeres formaban parte de la cotidianidad y se percibían como algo normal dentro de la cultura organizacional.

“Era tan normal como la exigencia periodística. Ni siquiera le tenía nombre”, explicó.

La periodista relató cómo aprendió a convivir con ese ambiente porque entendía que era parte de las reglas implícitas del oficio. Sin embargo, años después, al regresar a Colombia tras trabajar en Estados Unidos, comenzó a reconocer esas conductas como formas de acoso y a cuestionar prácticas que se habían normalizado durante décadas.

El problema no se resolverá únicamente sancionando a personas individuales, sino desmontando culturas organizacionales que han tolerado durante años conductas inaceptables, acotó.

Jineth Bedoya hizo referencia a una denuncia reciente presentada por ella misma ante la Fiscalía colombiana. La periodista reveló que, tras un proceso de formación desarrollado en la redacción de El Tiempo, tomó la decisión de denunciar a un reconocido periodista que trabajó durante más de 25 años en el medio y que presuntamente habría acosado a varias practicantes y periodistas. “Lo primero que tenemos que hacer es asumir que el problema existe”, afirmó. “No podemos venir a hablar de cifras sin comprometernos a actuar”.

Para Bedoya, el silencio institucional sigue siendo uno de los principales obstáculos para enfrentar el problema, especialmente porque muchos medios temen el costo reputacional de reconocer públicamente que han existido casos de acoso dentro de sus organizaciones.

Protocolos y voluntad

La jurista Catalina Botero explicó la experiencia de Caracol Televisión, de Colombia, donde se recibieron denuncias de acoso sexual que involucraron a figuras de alto perfil dentro de la organización.

Según explicó, la respuesta efectiva requiere tres condiciones esenciales: reconocer y aprender de experiencias previas; involucrar a toda la organización, incluyendo periodistas, técnicos y directivos, y contar con un compromiso real de los niveles más altos de liderazgo.

Botero insistió en que los protocolos deben ser comprensibles, accesibles y creíbles. Además, destacó la necesidad de contar con mecanismos independientes para investigar denuncias y con personas que tengan la autoridad suficiente para tomar decisiones. “Lo más importante es que, cuando ocurre algo, haya consecuencias”, afirmó.

Consecuencias para la democracia

Desde una perspectiva regional, Bibiana Aído sostuvo que este es un problema que además afecta a las democracias. “La violencia contra las mujeres periodistas afecta directamente a la calidad de nuestras democracias y a la libertad de prensa”, afirmó.

La directora regional de ONU Mujeres recordó que el 75 % de las periodistas ha sufrido violencia digital durante el ejercicio de su trabajo y que el 45 % ha optado por autocensurarse como consecuencia de esos ataques. Además, una cuarta parte presenta síntomas asociados a estrés postraumático, ansiedad o depresión.

Aído subrayó que estas agresiones suelen cumplir una función “disciplinadora”, al enviar un mensaje a otras periodistas para que no investiguen, no denuncien y no ocupen espacios de visibilidad.

Una agenda pendiente

Las panelistas coincidieron en que los medios de comunicación no pueden exigir transparencia, rendición de cuentas y respeto a los derechos humanos desde afuera si no están dispuestos a revisar sus propias prácticas internas.

La conversación cerró con un llamado a que medios grandes, pequeños, nacionales, regionales y digitales adopten protocolos claros, generen canales seguros de denuncia, recopilen datos y promuevan transformaciones culturales sostenidas.

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