22 de Octubre de 2026
22 de Octubre de 2026
Señor presidente de la Sociedad Interamericana de Prensa, Pierre Manigault
Señor director ejecutivo de la Sociedad Interamericana de Prensa, Carlos Lauria
Señor presidente de RCN, José Antonio de Brigard
Apreciados amigos del comité ejecutivo y autoridades de la SIP, colegas e invitados especiales
El buen periodismo sabe escuchar. Es capaz de oír los vientos cambiantes de la historia, el clamor de las víctimas de los abusos del poder y el susurro de la gente que reclama la verdad.
Esa maravillosa virtud del reportero es la que les invito a poner en práctica desde hoy en estos cuatro días de la octagésima segunda Asamblea Anual de la Sociedad Interamericana de Prensa. Esta vez, para escucharnos reflexionar sobre nuestros desafíos y luchas y para oír lo que ocurre en esos rincones de las Américas donde la libertad de prensa sigue estando bajo amenazas de diversa índole.
Y me enorgullece mucho decir que venimos a hacerlo en Bogotá. Este es el tercer encuentro de este tipo que se realiza en la capital de Colombia y el primero en este siglo. Este lugar aparecieron los primeros periódicos de la historia del país y aquí surgió hace 115 años la casa editorial a la que pertenezco. Por eso gracias a todos los asistentes, a los equipos de la SIP, EL TIEMPO y RCN que han trabajado en la organización del evento, a los patrocinadores y aliados, a los profesores del Claep que le dieron vida a un ejercicio alterno con estudiantes de periodismo y especialmente a las autoridades de esta vibrante ciudad, que nos abrieron sus puertas convencidas de que una prensa sólida y libre es un pilar de futuro para cualquier sociedad.
Las conversaciones que tendremos estos días nos encuentran en un momento extraordinario y retador. Un momento que parece señalado por el destino. Hace 30 años, en un octubre como este, un colombiano inmortal, Gabriel García Márquez, que ejerció como reportero en esta capital de 2.600 metros de altura, pronunció en la asamblea anual de la SIP de 1996, en Los Ángeles, su discurso: El mejor oficio del mundo.
Tres décadas después, los que nos dedicamos a esta misión no solo seguimos alimentando esa frase, sino que tenemos claro que, en este momento de la historia, el periodismo es más necesario que nunca.
A las viejas amenazas contra la libertad de prensa se suman hoy la fuerza algorítmica de la desinformación, la polarización, el deterioro económico de los medios y la revolución de la inteligencia artificial que será fuente de logros increíbles para la humanidad, pero que también avanza con una velocidad que muchas de nuestras instituciones todavía no alcanzan a comprender.
Los retos son tan diversos como complejos. Abordarlos implica que todos los actores de nuestros países, los públicos y los privados, pero en especial los ciudadanos, comprendan lo que perderían sin la existencia de un periodismo fuerte y pluralista. En nuestra región la libertad de prensa necesita ser una conquista total y definitiva. Los asesinatos, las amenazas, los exilios y los crecientes casos de acoso judicial contra los periodistas son una herida que sigue abierta.
En Colombia, las balas de criminales continúan siendo el problema más grave para el ejercicio del oficio que defendió García Márquez. Desde el 2022, han sido asesinados un promedio anual de dos periodistas colombianos. Un solo periodista caído por cumplir su deber debería estremecer a cualquier democracia.
A esa violencia se suma una segunda tragedia: la falta de justicia. Cuando una amenaza no se investiga, cuando un asesinato no se esclarece, cuando los autores intelectuales no son procesados, la impunidad se convierte en un nuevo sicario.
Otra amenaza, que no llega con un arma, es la fragilidad económica de muchos de los medios de nuestro continente, que los pone al borde del abismo. Y quienes están más cerca del precipicio son muchos periódicos locales y regionales, los que con frecuencia constituyen el último contrapeso informativo en sus comunidades. Cuando desaparece un medio local se pierde la conciencia de una comunidad, la vigilancia ciudadana y una tribuna para la conversación pública.
Otro reto, en ese terreno de la sostenibilidad financiera que garantiza el periodismo de calidad, es el de la inteligencia artificial. Esta tecnología, que ya tiene asiento en las salas de redacción, nos ha ayudado a investigar mejor, a procesar cantidades inmensas de información y a liberar a nuestros periodistas de tareas rutinarias para concentrarlos en aquello que realmente agrega valor.
Pero existe una paradoja que no podemos ignorar: los modelos de inteligencia artificial se alimentan, con gula y sin recato, de los contenidos que durante años los medios hemos producido con equipos de periodistas formados en la interacción humana que hace posible la mejor reportería. Detrás de cada información rigurosa hay recursos, tiempo y talento. Ese esfuerzo intelectual y económico tiene valor.
Las legislaciones de nuestras naciones son diferentes y en muchos casos fueron construidas para un mundo que ya es del pasado. Pero esa diversidad jurídica no debe llevarnos a la resignación. Los medios de las Américas tenemos que buscar estrategias comunes, aprender de las experiencias que están surgiendo en distintos países y defender conjuntamente la propiedad intelectual y el valor económico del periodismo profesional.
Ese escenario también les conviene a las grandes plataformas de inteligencia artificial. Su carrera no consiste únicamente en ofrecer la respuesta más rápida. Al final tendrán que ganarse algo mucho más difícil: la confianza. Una inteligencia artificial que responde con información falsa, que confunde un rumor con un hecho o que alucina con enorme seguridad termina deteriorando su credibilidad y su capacidad de ser útil. Empezar por reconocer el valor que los medios podemos ofrecer como fuente de información verificada no solo debe ser el primer paso, sino el más justo.
Es cierto que el balance no es alentador. En nuestras naciones tenemos colegas asesinados, amenazados, acosados, encarcelados o forzados al exilio. Tenemos medios que luchan por sobrevivir y tecnologías que están transformando nuestras certezas. Pero también es cierto que quienes hemos dedicado nuestras vidas a este oficio sabemos que el periodismo se reinventa, resiste y sobrevive. Lo ha hecho frente a la censura, las dictaduras, la violencia y frente a cada transformación tecnológica que nos pronosticaba nuestra desaparición.
Por eso esta Asamblea es una buena noticia. Que estemos aquí reporteros, editores, ejecutivos y directores de medios y asociaciones de las Américas y España quiere decir que nos reúne una causa. Seguimos dispuestos a mantener vivo el periodismo. Sus aportes a una sociedad que necesita estar bien informada continúan siendo indispensables. Por eso, venimos a escucharnos sobre nuestras batallas, encrucijadas, caminos posibles y rutas innovadoras. Venimos a oírnos con la certeza de que este oficio, como lo dijo Gabo hace 30 años, “es una pasión insaciable que sólo puede digerirse y humanizarse por su confrontación descarnada con la realidad”.
Bienvenidos a Bogotá. Y muchas gracias.