La persecución, las amenazas y las restricciones a la libertad de prensa han obligado a cientos de periodistas latinoamericanos a abandonar sus países. Lejos de silenciar sus voces están dando lugar a nuevas redes de colaboración, apoyo y producción periodística transfronteriza.
El exilio se ha convertido en una de las expresiones más alarmantes de la crisis de libertad de prensa que atraviesa América Latina. Lo que durante años fue una situación excepcional asociada a dictaduras o conflictos armados hoy afecta a periodistas de diversos países, quienes se ven obligados a abandonar sus hogares para proteger su seguridad, su libertad o su capacidad de seguir informando.
Ese fue el eje del panel “Periodismo bajo asedio: el exilio y el desplazamiento forzado”, celebrado durante la 82ª Asamblea General de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) en Bogotá, un encuentro que reúne a líderes de medios, periodistas y expertos de todo el continente para debatir sobre la libertad de prensa, la transformación digital y los desafíos que enfrenta el periodismo independiente.
Participaron Roberto Deniz, cofundador de Armando.info (Venezuela); Carlos Lauría, director ejecutivo de la SIP; y Luisa Ortiz Pérez, directora ejecutiva de Vita-Activa. Moderó la conversación Fernando Quijano Velasco, director del diario colombiano La República.
Una amenaza creciente
Durante el panel, Carlos Lauría señaló que el exilio periodístico se ha convertido en una tendencia regional cada vez más extendida. Si durante años se asociaba principalmente con países como Cuba, Venezuela o Nicaragua, hoy también afecta a periodistas de otras naciones donde aumentan las presiones políticas, judiciales o criminales contra la prensa.
La consecuencia trasciende a quienes se ven obligados a partir. Cuando un periodista es expulsado de su entorno o un medio debe trasladar sus operaciones fuera de sus fronteras, también pierde la sociedad que deja de recibir información independiente, vigilante y de interés público.
Frente a esta realidad, la SIP impulsó en octubre de 2024 la creación de la Red Latinoamericana de Periodismo en el Exilio (RELPEX), una iniciativa regional diseñada para acompañar a periodistas y medios que continúan ejerciendo su labor desde fuera de sus países.
Actualmente, la RELPEX articula una comunidad regional de periodistas y desarrolla programas de asistencia de emergencia, apoyo legal, acompañamiento psicosocial, capacitación profesional y empleabilidad. Su objetivo es fortalecer la capacidad de estos profesionales para continuar ejerciendo el oficio.
Entre sus iniciativas destaca el Programa de Estipendio de Empleabilidad, que facilita la incorporación temporal de periodistas exiliados en medios de comunicación de distintos países de la región. Este mecanismo permite a los profesionales mantenerse activos, generar ingresos y seguir fortaleciendo sus capacidades mientras reconstruyen sus proyectos de vida.
También promueve redes de colaboración transfronterizas que permiten a periodistas desplazados seguir investigando y cubriendo la realidad de sus países desde el exterior, una tarea cada vez más relevante en contextos donde el acceso a la información está restringido.
Informar desde el exilio
La experiencia de Roberto Deniz ilustra muchos de estos desafíos. El periodista venezolano recordó que tuvo que abandonar Venezuela tras las represalias derivadas de investigaciones de Armando.info sobre redes de corrupción vinculadas al empresario Alex Saab. Sin embargo, aseguró que el principal reto comenzó tras cruzar la frontera.
“Uno sale pensando en la seguridad, pero después surge otra pregunta: ¿cómo seguir haciendo periodismo?”, explicó. Según Deniz, el riesgo para los periodistas exiliados es perder el contacto con la realidad de sus países o ser absorbidos por la dinámica política del destierro. Por ello, sostuvo que el desafío consiste en mantener una agenda editorial independiente y producir investigaciones rigurosas.
Varios medios venezolanos operan actualmente desde el exilio y continúan publicando algunas de las investigaciones más relevantes sobre la corrupción, el poder político y el crimen organizado en ese país.
El costo humano del desplazamiento
La conversación también abordó los efectos emocionales y psicológicos del desplazamiento forzado. Luisa Ortiz Pérez, directora ejecutiva de Vita-Activa, explicó que muchas de las secuelas aparecen años después de la salida del país, cuando los periodistas alcanzan cierta estabilidad económica y emocional.
“El periodista sigue siendo periodista. No deja de serlo porque una ley lo silencie o porque tenga que cruzar una frontera”, afirmó. Ortiz destacó que el exilio supone la pérdida de redes de apoyo, vínculos familiares, identidad profesional y sentido de pertenencia. Por ello, consideró fundamental complementar la protección física con apoyo psicosocial y estrategias de resiliencia.
Del desplazamiento a la colaboración
A pesar del diagnóstico preocupante, el panel transmitió un mensaje de esperanza: el exilio no implica necesariamente el fin del periodismo. Los participantes coincidieron en que la colaboración internacional entre periodistas, medios y organizaciones de apoyo ha permitido que numerosas investigaciones continúen desarrollándose desde fuera de los países donde se originaron.
En ese sentido, iniciativas como la RELPEX buscan transformar una condición de vulnerabilidad en una plataforma de resistencia y continuidad profesional. La principal conclusión de la conversación fue que el exilio ya no puede entenderse únicamente como un drama individual. Se trata de un desafío regional para la libertad de prensa y para el derecho de las sociedades a estar informadas. Frente a esa realidad, las redes de apoyo, la cooperación y la empleabilidad se han convertido en herramientas esenciales para que los periodistas desplazados sigan cumpliendo su misión de informar, investigar y buscar la verdad