Cuba

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La celebración de esta asamblea coincide con un momento verdaderamente dramático para las libertades civiles y el periodismo independiente en Cuba. En la presente semana, el gobierno cubano ha desatado una violenta oleada represiva que incluye allanamientos de domicilios, registros, confiscaciones y arrestos dirigidos a desmantelar la creciente oposición pacífica y el movimiento de periodistas independientes en el país. En los días previos han sido arrestados una veintena de profesionales independientes como parte de operativos policiales en La Habana y varias ciudades del interior, alentados por un discurso gubernamental que recuerda las más burdas apelaciones de la propaganda fascista. La ofensiva gubernamental contra la prensa alternativa se inició el 18 de marzo con la ocupación y requisa por 11 horas de la vivienda de Ricardo González Alfonso, presidente de la Sociedad de Periodistas Márquez Sterling y director de la revista De Cuba. Las autoridades incautaron la computadora y los materiales de trabajo con que se confeccionaba la publicación, así como 200 copias del segundo número, que estaba comenzando a circular entre lectores de la isla. Su director permanece detenido en la sede de la Seguridad del Estado. La noche del 20 de marzo, la policía irrumpió en la casa de Raúl Rivero, vicepresidente regional de la Comisión de Libertad de Prensa e Información. Tras la confiscación de libros y fotografias familiares, Rivero fue arrestado en medio de insultos y gritos de unas 300 personas, convocadas para el repudio por el comité de barrio. Según los reportes obtenidos, en la lista de periodistas arrestados durante los recientes operativos figuran además: Jorge Olivera (Habana Press), José Luis García Paneque (Agencia Libertad), Omar Rodríguez Saludes (fotoreportero), Víctor Rolando Arroyo, Miguel Galván, Edel José García (Norte Centro Press), Pedro Arguelles Morán (Cooperativa Avileña de Periodistas Independientes), Julio César Gálvez, Héctor Maseda, Manuel Vázquez Portal (Grupo Decoro), Oscar Espinosa Chepe, Adolfo Fernández Saínz, Enrique Mayo, Normando Hernández (Colegio de Periodistas Independientes de Camagüey), Fabio Llorente, Carmelo Díaz Fernández, Luis González Pentón, Juan Carlos Herrera Acosta. Las autoridades gubernamentales afirmaron en una nota oficial que los detenidos serán sometidos a los tribunales y se aplicarán las leyes “con el rigor que sea necesario”. La declaración los calificó de servidores de la política de Estados Unidos para justificar la asfixia económica y el aislamiento de Cuba, comparándolos incluso con la “fuerza mercenaria” que invadió por Bahía de Cochinos en 1961, “esta vez disfrazados de aparentes inofensivos corderos”. El canciller cubano Felipe Pérez Roque dijo que los arrestados enfrentarán los cargos previstos en las leyes cubanas para quienes han colaborado con una potencia extranjera y fabricado informaciones falsas para desestabilizar al país. Los periodistas independientes podrían ser juzgados bajo la llamada Ley de Protección de la Independencia Nacional y la Economía de Cuba, de 1999, la cual establece condenas de hasta 20 años de cárcel para estos casos. El hostigamiento a los representantes de la prensa no gubernamental se produce al calor de una escalada represiva general contra la población, disfrazada en los medios oficiales como una campana para acabar con el flagelo de las drogas, la corrupción y otras ilegalidades internas. En esta ofensiva policial en barrios y localidades a lo largo del país, se incluyen los desmantelamientos de los bancos de videos clandestinos y la incautación de las antenas de fabricación casera para captar señales de televisión no autorizadas, lo cual constituían alternativas de información y entretenimiento para una gran parte de la población. El propio diario Granma, órgano del Partido Comunista de Cuba, ha salido en defensa de esas acciones desmedidas frente a las protestas de varios ciudadanos, que han desobedecido e incluso enfrentado físicamente a las fuerzas policiales en descuerdo con los excesos cometidos. Todas esas acciones de control y represión no solo sepultan el espacio de relativa tolerancia conquistado por los periodistas independientes durante los últimos meses, sino que ponen en peligro la propia existencia de ese movimiento alternativo, fraguado desde comienzos de la década del 90. La más estimulante noticia de la etapa que analizamos fue la salida de dos números de la revista bimestral De Cuba, editada por la Sociedad Márquez Sterling. De Cuba comenzó a editarse el pasado diciembre de manera artesanal, y acaba de poner en circulación una segunda entrega. Ambas ediciones, que se calculan en un total de apenas 500 ejemplares, se estaban distribuyendo a través del proyecto de bibliotecas independientes, extendido ya a todas las provincias del país. Lamentablemente, la directora del proyecto, Gisela Delgado, aparece entre las personas arrestadas esta semana. A pesar de la modestia del esfuerzo, la importancia de De Cuba es que se trata de una revista dirigida al lector cubano que reside en la isla, con el propósito de abrir una ventana de libertad informativa en el censurado ámbito interno. La circulación de De Cuba se produce en el contexto de un naciente auge de revistas y boletines alternativos dentro de la isla, favorecido por el acceso a equipos de computación y fotocopiadoras, y la cooperación proveniente de organismos y personas en el exterior. Con periodicidad irregular han aparecido en La Habana, en el último año, los boletines Trabajador Cubano, editado por sindicalistas independientes, y Nueva Izquierda, de la disidente Corriente Socialista Democrática Cubana. A la vez se anuncian los primeros dos números de la revista Perfil Social, auspiciada por la Fundación Jesús Yánez Pelletier. En la provincia de Camagüey se desarrolla el otro foco importante de impresos alternativos. La agencia El Mayor y el Colegio de Periodistas acaban de lanzar la revista Luz de Cuba, también para la audiencia interna. La agencia El Mayor edita desde el pasado año un boletín de noticias y comentarios, y realiza semanalmente, con recursos precarios, un noticiero de televisión donde se abordan sucesos locales escamoteados por la propaganda oficial. Mientras tanto, en Santiago de Cuba comenzó a publicarse la revista Fueros, con temas de política y cultura. Este clima de creatividad, vigor profesional y pensamiento alternativo se corresponde con un mayor interés por la capacitación de los periodistas independientes. Varios grupos han organizado cursos técnicos y otros periodistas continúan estudios bajo el programa especial de la Universidad Internacional de la Florida. El 14 de marzo, fecha en que se celebra el Día de la Prensa Cubana con gran despliegue oficial, la Federación de Periodistas Cubanos (FEPEC) convocó a unos 60 profesionales independientes de todo el país para realizar un taller de ética periodística. La FEDEC y la Sociedad Márquez Sterling son las dos organizaciones gremiales donde se agrupan la casi totalidad de los reporteros independientes de la isla. Otros casos notorios de encarcelamiento y agresiones en el período analizado son los siguientes: • Continúa en prisión Bernardo Arévalo Padrón, en condiciones deplorables de trabajo forzado, en la cárcel de Ariza, provincia de Cienfuegos. Arévalo, fundador de la agencia independiente Línea Sur, cumple una condena de seis años desde el 28 de noviembre de 1997, acusado de desacato a la figura del presidente Fidel Castro y del vicepresidente Carlos Lage. • También se mantienen arrestados desde comienzos del pasado año, en espera de juicio, otros tres periodistas independientes: Carlos Alberto Domínguez (Agencia Cuba Verdad), en la prisión de Valle Grande en La Habana; Carlos Brizuela Yera (Colegio de Periodistas Independientes de Camagüey), en la prisión de Holguín; y Léster Téllez (Agencia de Prensa Libre Avileña), en la prisión de Canaleta, Ciego de Avila. Brizuela Yera fue golpeado violentamente por un carcelero el pasado 31 de enero. Téllez recibió recientemente tratamiento médico en un hospital de La Habana pues perdió la visión de un ojo y presenta graves problemas en el otro. • Las autoridades policiales han reprimido fuertemente a periodistas independientes que intentan dar cobertura a los actos de la oposición interna y los presos de conciencia. Los reporteros María del Carmen Carro y Carlos Ríos Otero, quienes han enviado informes al exterior sobre el prisionero Leonardo Bruzón Avila, recibieron amenazas físicas y verbales. El 28 de febrero Carro fue interceptada en La Habana por oficiales de Seguridad del Estado, quienes trataron de aterrorizarla. El 4 de marzo, en la farmacia de un barrio habanero, un oficial de ese cuerpo policial arremetió a patadas contra Ríos, delante del público que permanecía allí. • La periodista María Elena Alpízar, de 60 años, corresponsal del Grupo Decoro en la localidad de Placetas, Villaclara, fue agredida por un policía mientras cubría una protesta de opositores en las cercanías de la cárcel de Nieves Morejón, en la provincia de Sancti Spíritus. • Otros miembros de la prensa independiente fueron víctimas de los métodos policiales al uso para obstaculizarles el acceso a las fuentes de información. Detenciones temporales, advertencias, retenciones, amenazas y multas sufrieron en este período los siguientes periodistas: Milagros Beatón, José Ramón Castillo, Carlos Cerpa Maceira, Dorka Céspedes, Luis Cino Alvarez, Ana Leonor Díaz Chamizo, Juan Carlos Garcell, José Luis García Paneque, Marvin Hernández Monzón, Marilín Lahera, Isabel Rey, Juan Téllez Rodríguez y Adelina Soto. • El 8 de octubre las autoridades registraron e incautaron todo el material de trabajo a la periodista francesa Catherine David, del semanario Le Nouvel Observateur, en el aeropuerto de La Habana. David había entrado al país con visa de turista, y aprovechó la visita para entrevistar a miembros del movimiento disidente. Se le incautaron los casetes de audio y fueron copiados sus ficheros informáticos de su ordenador personal. • El 11 de febrero, la Seguridad del Estado arrestó cerca de la ciudad de Matanzas al periodista y académico argentino Fernando Ruiz Parra, profesor de la Universidad Austral de Buenos Aires, quien realizaba allí una investigación sobre el crecimiento del periodismo independiente. La política de visados a profesionales sigue siendo así un instrumento para controlar la información y la imagen internacional del país. Si bien algunos miembros de la prensa independiente han recibido recientemente el permiso gubernamental para emigrar, persisten otros casos de demoras y negativas cuando se trata de solicitudes de viaje al extranjero. El caso más prolongado es el del periodista y poeta Raúl Rivero, a quien no se le ha permitido por los últimos 15 años salir temporalmente para cumplir invitaciones profesionales y académicas, aunque se le propone abandonar el país con carácter definitivo. El control gubernamental sobre la información no sólo afecta a los periodistas independientes, sino también a otros profesionales y religiosos, y frena cualquier iniciativa por facilitar el libre acceso de la población a diferentes fuentes de pensamiento. A comienzos de este año, el gobierno cubano impidió a la Sección de Intereses de Estados Unidos en La Habana la importación y distribución de un cargamento de libros de literatura, historia y conocimiento general, los cuales iban a ser entregados gratuitamente a la población. La prohibición fue criticada por el Departamento de Estado el pasado 6 de marzo, alegando que Washington no ha puesto restricciones sobre materiales de la misma índole que diplomáticos cubanos en Washington y en la sede de Naciones Unidas, en Nueva York, distribuyen regularmente, sin interferencia de las autoridades norteamericanas. En enero, al cumplirse el quinto aniversario de la visita del Papa Juan Pablo II, la Iglesia Católica señaló que las autoridades gubernamentales continúan bloqueándole el acceso a los medios de comunicación y limitando la difusión de su mensaje religioso. Una reciente Carta Pastoral del Cardenal Jaime Ortega Alamino, Arzobispo de La Habana, indicó que “el poder político no debe obstaculizar o impedir el anuncio del mensaje de Cristo, que la Iglesia debe hacer utilizando incluso los medios actuales de comunicación social”. La obsesión totalitaria sobre la información llega a niveles absurdos. El pasado 25 de febrero las autoridades policiales secuestraron todos los ejemplares de un número de L’amateur de cigare, que iba a ser distribuido durante el Festival del Habano que se celebró en la capital. La incautación policial fue hecha a solicitud de la sociedad cubana Habanos S.A., argumentando que la revista contenía en sus páginas un dibujo representando al guerrillero Ernesto “Che” Guevara con orejas de Mickey Mouse. La demagogia del discurso gubernamental es sustentada por la oficialista Unión de Periodistas de Cuba (UPEC), que a comienzos de enero envió una delegación al Foro Social Mundial, celebrado en Brasil, para criticar “la desigual distribución de la información” y “el monopolio de las grandes transnacionales que detentan el control de los flujos informativos y las tecnologías de la comunicación”. La UPEC auspició el pasado diciembre el IV Festival de la Prensa Escrita, unos 700 periodistas oficiales discutieron cómo lograr “una cobertura periodística más profesional” en el ámbito de la llamada “batalla de ideas” declarada por Castro, la cual ha sumado al cotidiano aluvión propagandístico de la Mesa Redonda, los discursos y alocuciones del presidente venezolano Hugo Chávez por la radio y televisión nacionales. La celebración del Día de la Prensa Cubana sirvió este 14 de marzo para lanzar alabanzas al “periodismo militante comprometido con la revolución” castrista y llamar a continuar la campaña internacional, por todos los medios posibles, a favor de la liberación de los proclamados Cinco Héroes Prisioneros del Imperio, los cinco cubanos condenados por espionaje en Estados Unidos. El 5 de febrero el gobierno nombró como nuevo director de la agencia oficial Prensa Latina a Francisco González, ex funcionario de la misión en Naciones Unidas. González fue uno de los cuatro diplomáticos expulsados el pasado noviembre de Estados Unidos por acusaciones de desarrollar actividades de espionaje.

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