Nicaragua

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Debido a los acontecimientos políticos la situación de libre información es cada vez más  incierta. En este período el gobierno de Daniel Ortega ha incrementado la concentración de poder tras reformar la Constitución y luego de unas elecciones amañadas realizadas en las dos regiones autónomas de la costa Caribe, consumando así el control de todos los poderes del Estado, municipalidades y regiones autónomas, incluidas. Las reformas constitucionales que le permiten a Ortega ser reelecto indefinidamente, eliminan artículos que aseguraban la separación de los poderes. Le dan al Presidente poder legislativo y, mediante reformas al Código Militar y la Ley de Policía, le permiten controlar los cambios de mando y los retiros en el Ejército y la Policía, pudiendo los militares activos asumir cargos civiles. Los artículos relativos a la libertad de prensa e información no fueron modificados. Sin embargo la libertad de prensa e información sigue igual o peor. El secretismo del Ejecutivo sigue siendo absoluto, ninguna información o declaración se ofrece a los pocos medios independientes o semi independientes, siendo que solo los medios oficiales reciben noticias y declaraciones de los funcionarios. Ni siquiera por una epidemia de dengue, el Ministerio de Salud ofreció información sobre prevención a través de medios no oficiales. Cada vez más medios de radio y televisión son controlados o adquiridos por el gobierno o la familia Ortega Murillo y los pocos que quedan están neutralizados o mediatizados. La publicidad oficial, que se confunde con la del Partido y la de exaltación de la figura del Presidente, es exclusiva de los medios oficiales o de la familia. La Ley de Acceso a la Información Pública aprobada en 2007, no se cumple a excepción del Banco Central, la Asamblea Nacional y Enatrel, (ente administrador de las líneas de transmisión eléctrica). El investigador de esta ley, Guillermo Medrano, señaló que las páginas web de las instituciones del Estado, incluyendo las alcaldías gobernadas por el FSLN, “están copadas de información política, y escasas de información institucional”, siendo utilizadas para propaganda política. El gobierno, además del secretismo para impedir el flujo de información, usa la represión policial. En noviembre pasado un equipo periodístico de La Prensa fue detenido ilegalmente por dos horas por la Policía Nacional. Los periodistas estaban tomando fotografías a una casa decomisada por un supuesto vínculo con el narcotráfico; la cual estaba siendo reparada con la intención de que la ocuparía una persona ligada al gobierno. Durante una conferencia de prensa del presidente del Consejo Supremo Electoral en noviembre sobre las elecciones del Caribe, el vocero del Consejo se acercó donde estaban las grabadoras de los periodistas y apagó la de Tatiana Silva, periodista de La Prensa. En una aparente acción de represalia, el presidente del Colegio de Periodistas de Nicaragua, Leonel Laguna, fue despedido por la Asociación de Profesionales de la Radiodifusión Nicaragüense (Apranic), propietaria de la oficialista Radio La Primerísima, con quien mantenía una relación laboral desde hace 25 años. La causa del despido sería la publicación en La Prensa del 16 de enero de declaraciones de Laguna en su calidad de presidente del CPN y no como socio trabajador de esa emisora. En aquella nota titulada “Desprecio al CPN y a sus periodistas”, Laguna criticó que el gobierno de Ortega le dio la espalda a los periodistas de esa organización, la mayoría de ellos militantes del partido oficialista. La mayor actitud de secreto oficial se evidenció con la “desaparición” del presidente Ortega este año. Por el término de 10 días el gobierno canceló todas sus actividades oficiales, incluidas la visita del presidente de Ecuador, Rafael Correa, y un acto de conmemoración de un alzamiento indígena donde murió un hermano de Ortega. Al final de la inusitada ausencia, Ortega apareció en el aeropuerto para recibir al nuevo cardenal, Leopoldo Brenes Solórzano, a quien le dijo: “Cardenal Brenes, usted ha hecho su primer milagro, me ha resucitado”, refiriéndose a los rumores de que había muerto en Cuba.  

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