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Bajo tensión.

Hemisferio en alerta: se normaliza la hostilidad contra la prensa

El presidente de la SIP inauguró la Reunión de Medio Año de la organización y presentó un panorama complejo de la libertad de prensa en nuestra región.

23 de abril de 2026 - 09:38

Miami (23 de abril de 2026) - En un momento crítico para el hemisferio, Pierre Manigault, presidente de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), advirtió durante la inauguración de su Reunión de Medio Año, que la libertad de prensa enfrenta un asedio coordinado, sofisticado y cada vez más normalizado, que trasciende regímenes y fronteras: desde la retórica hostil que estigmatiza al periodismo, el acoso judicial y las restricciones al acceso a la información, hasta la violencia impune, la fragilidad económica de los medios y las nuevas amenazas digitales.

Subrayó que incluso Estados Unidos muestra señales alarmantes de estas mismas tendencias, lo que agrava el riesgo regional, pero también abre una oportunidad para la acción colectiva basada en la experiencia latinoamericana. Frente a este panorama, llamó a reforzar la unidad, la incidencia y la rendición de cuentas —incluida la reactivación de mecanismos contra la impunidad— y a apostar por la sostenibilidad del periodismo, dejando claro que no hay espacio para la ambigüedad: defender la libertad de prensa es defender la democracia, porque todo ataque al periodismo en las Américas repercute sobre el conjunto del sistema democrático.

A continuación, el texto íntegro del mensaje de Manigault, presidente del grupo Evening Post Publishing Inc., con sede en Charleston, Carolina del Sur, Estados Unidos.

"Distinguidos colegas, amigos y defensores de la libertad de prensa: hoy nos reunimos en una coyuntura crítica para nuestro hemisferio.

Este no es un momento usual en la vida de nuestra institución. En toda América, la libertad de prensa no solo está bajo presión, sino que enfrenta formas de ataque coordinadas, en evolución y cada vez más sofisticadas. Lo que antes eran tácticas asociadas principalmente con sistemas autoritarios hoy cruzan fronteras, vuelven los límites más difusos y aparecen en lugares donde se pensaba que las instituciones democráticas eran sólidas.

En este entorno, la misión de la Sociedad Interamericana de Prensa nunca ha sido más relevante. Tampoco ha sido más necesario que enfrentemos estas tendencias de manera conjunta.

Una región bajo tensión

En todo nuestro hemisferio ha surgido un patrón preocupante.

Estamos presenciando la normalización de la hostilidad hacia la prensa. Cada vez más, líderes políticos emplean una retórica agresiva que deslegitima al periodismo, alimenta la polarización y erosiona la confianza pública. Las palabras importan. Y cuando esas palabras presentan a los periodistas como adversarios en lugar de participantes esenciales de la democracia, crean un clima donde prospera la intimidación y se instala la autocensura.

Al mismo tiempo, observamos el aumento del acoso judicial y la presión regulatoria. Demandas, leyes de difamación penal y mecanismos administrativos se utilizan no para garantizar la justicia, sino para silenciar el escrutinio. La litigación estratégica se ha convertido en una herramienta de control, diseñada para desgastar e intimidar a las voces independientes.

En demasiados lugares, la violencia sigue siendo una amenaza constante. Los periodistas continúan enfrentando ataques, amenazas y, trágicamente, asesinatos, a menudo en contextos marcados por el crimen organizado. Esta violencia se sostiene por una persistente impunidad y genera un miedo sistémico.

También enfrentamos crecientes restricciones al acceso a la información. Los gobiernos limitan datos públicos, restringen acreditaciones y manipulan sistemas de transparencia, socavando no solo al periodismo, sino el derecho fundamental del público a permanecer informado.

A estas presiones se suma la fragilidad económica de los medios. La reducción de ingresos, las transiciones digitales desiguales y el uso discrecional de la publicidad estatal debilitan a los medios independientes, dejándolos vulnerables a la influencia y al deterioro.

Y, cada vez más, el campo de batalla es digital. El acoso en línea dirigido, la vigilancia y las campañas de desinformación —demasiadas veces dirigidas de manera desproporcionada contra mujeres periodistas— están configurando una nueva y peligrosa frontera para la libertad de prensa.

Así, en toda nuestra región, aunque en distintos países y contextos, encontramos las mismas amenazas de fondo.

Un momento decisivo en Estados Unidos

Por primera vez en la historia moderna, también debemos reconocer un cambio profundo: Estados Unidos está experimentando presiones sistémicas sobre la libertad de prensa que reflejan patrones observados durante mucho tiempo en América Latina.

Vemos una escalada de la hostilidad institucional y política —incluyendo demandas, estigmatización pública y una retórica desde los más altos niveles de gobierno que presenta a los periodistas como adversarios—. Esta retórica está generando un entorno de trabajo cada vez más peligroso.

Observamos preocupaciones sobre el uso del poder estatal y de la autoridad regulatoria, incluidas acciones que involucran a organismos como la Comisión Federal de Comunicaciones, lo que plantea interrogantes sobre el posible uso indebido del poder del Estado —directa o indirectamente— para influir en la independencia editorial.

También vemos restricciones al acceso de los medios, así como prácticas de represalia vinculadas a decisiones editoriales y contenidos.

Y constatamos un aumento alarmante de la violencia y las detenciones, particularmente durante la cobertura de protestas, lo que indica un deterioro de las condiciones de seguridad en las que operan los periodistas.

¿Por qué importa este momento sin precedentes en Estados Unidos?

Porque cuando la libertad de prensa se debilita en Estados Unidos, envía una señal a todo el hemisferio, envalentonando a otros gobiernos a hacer lo mismo.

Pero aquí también reside una oportunidad para nosotros como organización cuya principal misión es la defensa y la promoción de la libertad de expresión. La resiliencia, el coraje y la experiencia de los periodistas de América Latina —que han enfrentado estos desafíos durante décadas— pueden ahora servir como fuente de fortaleza y orientación. El intercambio de esas experiencias ya no es teórico: es esencial.

Incidencia que marca la diferencia

En momentos como este, nuestras herramientas importan.

Las misiones de incidencia siguen siendo uno de los instrumentos más poderosos con los que contamos. Abren el diálogo, elevan la visibilidad y generan rendición de cuentas y compromiso.

Nuestra reciente misión a Uruguay es un ejemplo de lo que es posible.

Nos alentó la disposición del presidente Yamandú Orsi, cuya firma de las Declaraciones de Chapultepec y Salta II refleja un compromiso institucional claro y significativo con la libertad de prensa. Es un recordatorio de que un liderazgo democrático, basado en el respeto y la apertura, puede generar avances concretos.

Esta experiencia nos muestra algo importante: el involucramiento —no solo la confrontación— puede hacernos avanzar.

Y nos desafía a replicar este modelo en todo el hemisferio, especialmente donde la hostilidad hacia la prensa se ha normalizado.

Enfrentar la impunidad

Si hay una amenaza que exige, por encima de todas, nuestra atención inquebrantable, es la impunidad.

Más del 90 por ciento de los asesinatos de periodistas en las Américas siguen sin resolverse. Esto no es solo una estadística: es una falla sistémica.

Hoy anunciamos que la SIP reactivará su Unidad de Respuesta Rápida, con el apoyo del Fondo Mundial para la Defensa de los Medios de la UNESCO.

Esta unidad investigará casos emblemáticos de periodistas asesinados, reabrirá investigaciones y trabajará mediante un periodismo riguroso y coordinación legal para buscar justicia. Apoyará a las familias. Buscará reparaciones. Y aplicará litigio estratégico y presión internacional donde más se necesite.

Cada caso servirá como detonante: generando evidencia, activando procesos legales, exponiendo patrones y promoviendo reformas.

Porque la impunidad no es inevitable. Es el resultado de la inacción. Y cuando hay visibilidad —cuando hay coordinación, cuando hay presión sostenida— los Estados responden.

Construir un futuro sostenible

La libertad de prensa no puede existir sin medios sostenibles.

Por eso la SIP sigue priorizando la innovación y la resiliencia. Nuestro Laboratorio de Productos de IA ha demostrado lo que es posible: apoyar la transformación, fortalecer capacidades y ayudar a las organizaciones periodísticas a adaptarse a un entorno en rápida evolución.

Al concluir esta fase, estamos trabajando estrechamente con la Google News Initiative para lanzar un esfuerzo renovado que profundice nuestro compromiso con la sostenibilidad, la innovación y el futuro del periodismo en las Américas.

Un llamado a la unidad

En todo el hemisferio, el patrón es inconfundible.

Diferentes naciones. Diferentes sistemas. Pero las mismas amenazas de fondo.

Y por eso nuestra respuesta debe ser igualmente clara:

  • Mayor coordinación.
  • Más profunda solidaridad.
  • Acción más decidida.

La misión de la Sociedad Interamericana de Prensa no ha cambiado. Pero la urgencia sí.

Estamos llamados a defender la libertad de prensa dondequiera que esté amenazada, sin vacilación y sin excepciones.

Porque, al final, el principio que nos une es simple e innegociable:

Un ataque contra el periodismo en cualquier lugar de las Américas es un ataque contra la democracia en todas partes."

La SIP es una organización sin fines de lucro dedicada a defender y promover la libertad de prensa y expresión en las Américas. Está integrada por más de 1.300 publicaciones del hemisferio occidental y tiene su sede en Miami, Florida, Estados Unidos.

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