Carlos Jornet, Presidente de la Comisión de Libertad de Prensa e Información

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78 Asamblea General

27 - 30 de octubre de 2022

Madrid, España

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28 de octubre de 2022

Como ya se recordó en esta asamblea, el 7 de este mes se cumplieron tres años desde nuestra última sesión presencial.

Y el miércoles de esta semana, 1.000 días de cuando la Organización Mundial de la Salud declaró que el Covid-19 era una emergencia sanitaria internacional.

Fue el 30 de enero de 2020.

Cuarenta días después, el 11 de marzo de 2020, el mundo se sumergía en la pandemia.

Desde entonces, lamentamos millones de muertos; cuarentenas que aún afectan la economía mundial; un cambio quizá irreversible en el modo de relacionarnos en lo laboral y académico...

En paralelo, la ciencia y la tecnología consiguieron avances significativos, como desarrollar vacunas en tiempo récord y permitirnos trabajar a distancia como nunca imaginamos.

Pero junto a estos logros, afrontamos hechos deleznables, que se tradujeron en retrocesos también inimaginables.

Mientras miles de personas trabajaban para recuperar la esperanza, hubo quienes aprovecharon la tragedia para delinquir, para consolidar regímenes autoritarios.

Situaciones similares se vivieron en todo el mundo. Pero en América la pandemia desató una ola de violencia y represión que tiene a la prensa como uno de sus objetivos prioritarios.

En estos 1.000 días, el crimen organizado asesinó a unos 70 periodistas. En muchos casos con la complicidad y casi siempre con la desidia de gobiernos y fuerzas de seguridad. Y con un "bill de impunidad" que actúa como aliciente para la violencia brutal.

En 2020, los colegas caídos fueron 25, pese a que el mundo se paralizó durante largas semanas. En 2021, mientras se retomaba la normalidad, los asesinos terminaron con la vida de 14 periodistas. Y en este 2022, la ola de homicidios ya es imparable.

En los menos de 10 meses transcurridos hasta hoy, son 38 los comunicadores silenciados por ataques que, en su enorme mayoría, aún no son esclarecidos. Y suman 40 desde nuestra asamblea de octubre de 2021, 21 de ellos en México. Si contamos desde nuestra reunión de abril, la cifra llega a 25, 11 de los cuales fueron en México.

Como alertamos desde comienzos del año, la situación es crítica en ese país. La violencia contra la prensa parece no tener freno, ante la pasividad de los gobiernos estaduales y de la administración federal, y por la ineficacia de los mecanismos de protección.

Un repaso por estas gráficas nos muestra la patética realidad de ejercer el periodismo bajo fuego. La primera nos muestra la cantidad de colegas abatidos o desaparecidos en México desde 1987; en los últimos 36 años, con sexenios de relativa contención de la violencia y una aceleración a partir de 2006.

En los 2.190 días de gobierno de Felipe Calderón, hubo 59 periodistas asesinados; en los 2.190 días de Enrique Peña Nieto, 48 muertos, y en la gestión actual, 52 asesinatos, cerca del récord de Calderón. Pero en apenas 1.384 días, ya que aún falta más de un tercio del mandato de Andrés Manuel López Obrador.

En esta otra gráfica, vemos cómo, sobre 660 comunicadores asesinados en 36 años, México supera por un tercio la cifra de muertos de Colombia y triplica la de Brasil, otros dos países que padecen el flagelo de la inseguridad para la prensa.

Una tercera gráfica expone los 660 muertos año por año, donde 2022 se acerca al récord histórico de 1989 y duplica el promedio del período.

Dejo para el final, como fondo de estas palabras, la contundencia de esta imagen: 613 periodistas varones y 47 mujeres abatidos en 36 años. Y sólo un 9% de casos esclarecidos, lo que revela la otra cara de la tragedia: la alta tasa de impunidad, que termina incentivando la violencia criminal.

660 personas. Para tomar dimensión de esta tragedia, imaginen que cada asiento de este salón está ocupado por una persona. Repleto de público. Imaginen ahora un salón igual a este, también repleto. Y otro salón. Y otro. Y un quinto salón. A eso equivale esta cifra: a cinco sesiones como esta, a sala llena.

Por ello, este año hemos querido simbolizar el compromiso de la SIP en la lucha contra la inseguridad que afecta a medios y periodistas. Y a modo de reconocimiento póstumo hacia las víctimas, de respaldo a quienes siguen informando en condiciones tan difíciles y como reclamo reiterado al presidente AMLO y gobernantes estaduales, hoy entregaremos nuestro Gran Premio Libertad de Prensa "in memoriam" a los y las colegas mexicanos abatidos este año.

Al presidente López Obrador le decimos una vez más: en medio de esta tragedia, es irresponsable confrontar día tras día con la prensa. Modere su discurso, presidente, porque así sólo aviva el fuego que está consumiendo la libertad de expresión.

Porque cada voz que es silenciada es una posibilidad menos de develar la escalada narco, la corrupción, las mafias enquistadas en las instituciones.

Porque cuando se silencia a un periodista, se silencian miles de voces, se vulnera el derecho ciudadano a informarse y debatir.

La respuesta de López Obrador, con quien esperamos dialogar en nuestra asamblea 2023, suele ser que él cuestiona a ciertos periodistas y medios, no a quienes informan lejos de la Capital. Pero su responsabilidad cívica es dar ejemplo. Y si es intolerante ante la crítica, termina avalando el accionar criminal.

En estos meses también hubo asesinatos en otras latitudes: uno en Brasil, Chile, Estados Unidos y Paraguay, respectivamente; dos en Ecuador, Haití y Honduras; y tres en Colombia.

El caso de Haití es parte de una tragedia humanitaria que golpea a toda la sociedad, y que tiene profundo impacto sobre la seguridad del periodismo y la sostenibilidad de los medios de comunicación.

Un dato alentador es que Ecuador y Paraguay están creando sistemas de protección para periodistas, que se sumarán a los ya existentes, aunque no siempre eficientes, en Brasil, Colombia, Honduras y México.

El periodismo vive horas dramáticas en las Américas, y ello debe conmovernos e instarnos a la acción. Por esa razón, junto a nuestro presidente y otros directivos de la SIP, realizamos en mayo una misión especial a Washington para advertir de la grave situación que vive la prensa del continente.

En reuniones con el secretario general de la OEA, con el relator de libertad de expresión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, con legisladores demócratas y republicanos, con funcionarios y con organizaciones de la sociedad civil, expresamos preocupación por la seguridad de periodistas y por la escalada del régimen de Nicaragua contra el periodismo libre.

Nuestra comitiva expuso un plan de acción acordado con otras 26 instituciones globales y regionales, para recuperar la institucionalidad en ese Estado totalitario, consolidado durante la pandemia. Y en el que, como es habitual en toda tiranía, el periodismo es una de las primeras víctimas.

¿A qué le teme Daniel Ortega, para ensañarse así con quienes sólo buscan ejercer su derecho humano a expresarse sin censuras? ¿En qué quedó el grito de libertad de quienes lucharon contra la dictadura de Anastasio Somoza?

Colegas asambleístas, Anastasio Somoza, "Tacho" Somoza, se ha reencarnado en Daniel Ortega. Mimetizado como progresista, Ortega es el Somoza del siglo 21.

La voz de los perseguidos en Nicaragua, Cuba, El Salvador y Venezuela sonará con fuerza en un panel que realizaremos en la continuidad de esta jornada, junto con Reporteros sin Fronteras.

Para comprender la gravedad del problema, baste decir que en Nicaragua son 15 los periodistas exiliados desde abril; en El Salvador, 10; en Cuba, 3, mientras que en Venezuela prácticamente no quedan periodistas que ejerzan el oficio en libertad. Y en Colombia, otro colega anunció recientemente su decisión de autoexiliarse.

Cuando bregamos por la plena vigencia de la libertad de prensa, no lo hacemos con espíritu de defensa corporativa. Medios y periodistas estamos siempre dispuestos a asumir responsabilidad civil por errores o acciones que afectan indebidamente a personas o instituciones.

Cuando abogamos por la libertad de prensa lo hacemos porque esta es inseparable del derecho ciudadano a la libre expresión.

Sin plena vigencia de esas libertades, la democracia se debilita, la sociedad queda inerme ante el poder y se deteriora su calidad de vida.

Esta tarde, cuando presentemos la edición 2022 del Índice Chapultepec, mostraremos la correlación que hay entre el aumento de las restricciones al trabajo periodístico y el crecimiento de la corrupción, la caída del producto interno y la pérdida de competitividad.

Pero autócratas de todo signo ideológico apelan al acoso judicial para amedrentar a la prensa. Estigmatizaciones, descalificaciones por redes sociales y ataques verbales de gobernantes y otros funcionarios son el primer paso para intentar neutralizar investigaciones que comprometan a quienes ejercen el poder.

Son también el preámbulo para institucionalizar la censura; para hacer cibervigilancia, para forzar al exilio o encarcelar a periodistas críticos.

Desde hace un largo año, Juan Lorenzo Holmann Chamorro, gerente general de La Prensa, de Managua, y vicepresidente en ese país de la comisión que presido, padece un trato ilegal e inhumano en una cárcel nicaragüense.

Lo mismo ocurre desde julio en Guatemala con José Rubén Zamora, director de elPeriódico, y la gerenta financiera de ese medio. Y hay otros cinco comunicadores y dos directivos de La Prensa presos en Nicaragua, dos en El Salvador, dos en Guatemala. Y en Cuba, un periodista, dos influencers y cuatro ciudadanos que difundieron videos sobre protestas callejeras.

Las detenciones arbitrarias en Guatemala, y otros intentos para controlar medios de comunicación, motivaron una reunión virtual con directivos y periodistas que piden nuestro apoyo para neutralizar la avanzada oficial sobre la libre expresión.

Un planteo similar recibimos de medios peruanos, por los condicionamientos del gobierno de Pedro Castillo al trabajo periodístico.

Lo preocupante es que la política de denigrar a la prensa, de limitar el acceso a información pública, suele ser además una luz verde para la violencia física, los ataques callejeros y, en circunstancias extremas, los homicidios del personal de prensa.

Los casos se replican en Ecuador, El Salvador, Brasil, Argentina, Colombia, Bolivia, Costa Rica.

El desafío de un buen líder democrático, de un estadista, es convencer, no vencer; persuadir, no someter; enmendar errores, no disimularlos u ocultarlos para que la prensa no cuestione su gestión.

Hace unas semanas, me consultaban si la prensa de las Américas vive hoy su momento más crítico. Y respondí que no si comparamos el contexto actual con la época de las dictaduras militares del siglo pasado. Pero si centramos el análisis en lo que va del milenio, sin duda vivimos la época más crítica.

Es cierto que en la primera década de esta centuria coincidieron gobiernos que confrontaron duramente al periodismo, como los de Hugo Chávez en Venezuela, los Kirchner en Argentina, Rafael Correa en Ecuador y Evo Morales en Bolivia.

La diferencia está en que ahora coinciden regímenes aún más duros que aquellos, que ahogan toda expresión de periodismo libre, como los de Cuba, Nicaragua y Venezuela, con gobiernos que se proclaman democráticos pero descargan presiones de todo tipo sobre la prensa, mientras esta padece una ola de ataques y asesinatos, en su mayoría impunes.

Y esto ocurre, además, cuando los medios de comunicación afrontan cambios acelerados y una competencia global que, ante la pasividad de los estados, extiende la desertificación informativa de un extremo al otro del continente.

Para cerrar, una alusión a mi país. En Argentina, cada 7 de junio se celebra el Día del Periodista, en homenaje al primer periódico patrio. La Gazeta de Buenos Aires llevaba en su portada esta muy vigente frase de Tácito: "Rara felicidad la de los tiempos en que es lícito sentir lo que se quiere y decir lo que se siente".

Lamentablemente, en vastas zonas de las Américas estos no son tiempos felices, sino tenebrosos. Tiempos plagados de nubarrones que presagian tormentas de intolerancia, vendavales de autoritarismo, torrentes de censura y persecuciones.

Desde esta bella Madrid, exhorto a nuestros colegas europeos, a medios y agencias internacionales, a la sociedad toda, a unir fuerzas contra los autoritarismos, contra los represores, contra la violencia asesina de las libertades.

Para evitar que esta sea la imagen trágica del periodismo latinoamericano y nos quedemos con la luz de esperanza de cientos de colegas como los que hoy recibirán sus premios a la excelencia por demostrar compromiso, pasión y creatividad.

De nuestra parte, redoblaremos los esfuerzos para que el sol vuelva a brillar sobre quienes deseen expresarse en libertad y vivir sin temor a represalias por discrepar con los poderosos de turno.

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