Palabras del Presidente de la SIP, Gonzalo Marroquín

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Palabras del Presidente de la Sociedad Interamericana de Prensa Gonzalo Marroquín En la 67ª. Asamblea General 17 de octubre de 2011, Lima, Perú

Un pueblo sin libertad para expresarse, sin la información necesaria para ejercer sus derechos, no es un pueblo que viva en democracia.

Para la Sociedad Interamericana de Prensa es un verdadero honor estar celebrado esta 67ª. Asamblea General en Perú, el país que tiene como ejemplo de la lucha por la libertad a un personaje como Tupac Amarú, el primer mártir que tuvo el continente americano en su lucha por defender la libertad y la independencia. Ello ocurrió en el siglo XVIII. En aquella época ni había democracia, y el concepto de prensa apenas se conocía.

Y ahora, quiero trasladarme a mediados del siglo XX, hasta la década de los 80´s, momento en que Latinoamérica vivió feroces dictaduras militares que acallaron las voces de nuestros pueblos, y lo hicieron reprimiendo y silenciando a periodistas y medios. El resultado fue una serie de violaciones a los derechos humanos que aun hoy lamentamos.

Con el retorno de la democracia al continente, con la única excepción de Cuba, se recobraron también las libertades y derechos de las personas y sociedades, pero al mismo tiempo la nueva clase política principió a mostrar, en algunos casos, su peor faceta: la del autoritarismo y la intolerancia.

Hoy en día vivimos la era de la información. Nunca antes el hombre tenía tantas facilidades para conocer lo que sucede a su alrededor y el mundo, así como para expresarse y comunicarse, pero no por ello se han ampliado necesariamente los espacios de libertad, ya que hay gobernantes que basan su lucha por retener el poder, precisamente en el control de otro poder, el de la información. Poder éste que cuando está en manos de las personas, fortalece la democracia y contribuye a la libertad de las sociedades, pero cuando es el Estado quien lo controla, el resultado es totalmente el opuesto.

Ayer, en el inicio de las discusiones de esta Asamblea, hemos hecho un repaso de la situación de la prensa en las Américas, y sabemos perfectamente que hay suficientes razones para estar preocupados, y que cuando declaramos el 2011 como Año por la Libertad de Expresión, teníamos suficientes argumentos para comprender que estamos en medio de una guerra, la guerra entre el autoritarismo y la libertad.

Hoy tenemos razones para estar preocupados. Preocupados porque de poco vale que la Declaración Universal de los Derechos Humanos y la Convención Americana de Derechos Humanos contemplen que se debe respetar irrestrictamente el Derecho a la libre expresión, cuando hay gobiernos que pisotean constantemente estos tratados internacionales que son ley en nuestros países. Preocupados, porque sabemos que se quiere silenciar a la prensa, con la finalidad de impedir que los ciudadanos tengan acceso a la información, sabiendo que una sociedad sin información, es manipulable y puede mantenerse bajo control.

No hablo únicamente del derecho de los periodistas, y de cualquier persona, a difundir noticias y sus opiniones. Estoy hablando, fundamentalmente, del derecho que tiene la población a recibir información, como el único medio que le permite conocer su entorno político, social, económico o cultural.

Veamos entonces lo que ocurre en nuestro Hemisferio. Hay dos grandes enemigos de la libertad de expresión y libertad de prensa, para referirme únicamente a los principales riesgos que debemos enfrentar hoy en día.

Estos enemigos son: por un lado el crimen organizado, y por el otro los gobiernos intolerantes y autoritarios que antes mencioné. En ambos casos pretenden limitar, restringir o terminar completamente con el libre tráfico de información que tanto les incomoda por razones que resultan más que obvias.

Al crimen organizado le incomoda la información que desnuda su actividad, y amenazan o asesinan a los periodistas. Pero también a ciertos gobernantes les molesta que la prensa investigue y descubra hechos de corrupción, que advierta sobre sus fines aviesos de manipulación o simplemente revele su incapacidad.

Esta comparación que hago y he expuesto antes en otros foros, puede parecer burda, pero es cierto que ambos, gobernantes intolerantes y crimen organizado, persiguen el mismo fin: controlar la información y sacar provecho de ello.

Los mecanismos pueden diferir. Los unos, amenazan y asesinan, como sucede en México con los cárteles de la droga, mientras que los otros recurren a métodos más sofisticados, métodos que en Ecuador, Argentina, Bolivia, y Venezuela, para citar los más notables, ya los sufren en carne propia, y podemos citar algunos de ellos: · La aprobación de leyes restrictivas en materia de libertad de prensa, · Persecución judicial a periodistas y medios, · Manipulación de la publicidad oficial como premio o castigo. · Ataques, acoso verbal y campañas de desprestigio con el fin de minar el valor más importante que tiene la prensa, como es su credibilidad.

A la prensa se le atribuye ser el cuarto poder. Nosotros no debemos siquiera contemplar de serlo, pero lo que sí es importante es que seamos un contrapeso fiscalizador de los poderes del Estado y sus abusos en contra de la sociedad a la que los organismos estatales están llamados a servir.

Hay gobiernos de nuestro continente que han tejido o lo están haciendo, toda una maraña de leyes restrictivas, con el claro objetivo de impedir que la población reciba información. La mecánica es entonces limitar, atacar, acosar y silenciar a la prensa independiente, la que se convierte en el blanco, pero no en la víctima principal. Esta, la víctima principal, no es otra que la sociedad misma, que se ve limitada y que sin duda puede entonces ser sometida por regímenes autoritarios.

Hay un común denominador en los discursos de los gobernantes autoritarios cuando atacan a la prensa independiente y explican la razón de sus acciones. Todos, sin excepción, aseguran que quienes les critican están en contra de la democracia, pero por supuesto no explican que en realidad se refieren a “su democracia”, que no es más que un sistema político que cada vez más se acerca a un totalitarismo a ultranza.

Por eso, basado en los principios y valores que conocemos y respetamos dentro de toda democracia auténtica, y cito particularmente, libertad, justicia y respeto, es que puedo afirmar que hay gobernantes, como Hugo Chávez, Cristina Fernández de Kirchner, Daniel Ortega y Rafael Correa, que traicionan reiteradamente estos principios.

Los periodistas debemos reconocer que la Prensa no es una institución perfecta. Sin embargo, es la mejor herramienta que existe hasta nuestros días para informarnos de lo que sucede. Hoy, la diversidad de las redes sociales en Internet, enriquecen este intercambio de opiniones y por ello es que quienes sueñan con controlar la información enfrentan cada vez más resistencia y un ejemplo reciente de esto es la forma en que las redes sociales han provocado la caída de dictaduras en otras regiones del mundo.

Algo que no me canso de repetir, es que no estamos ante un fenómeno que tiene que ver con las ideologías. Se trata de una acción derivada al autoritarismo que he mencionado, a lo que se suma el desmedido afán por perpetuarse en el poder.

Ocurrió con el gobierno de Alberto Fujimori aquí en Perú, en donde se actuaba comprando o pegando a la prensa, algo bastante similar a lo que ocurre ahora en países de distinta corriente ideológica. El control de la información lo pretendían las dictaduras militares de derecha, como lo buscan los gobiernos que he mencionado.

Todos sabemos que el poder corrompe si no tiene contrapesos, y si es absoluto, hay corrupción de manera absoluta de los principios y valores democráticos.

Aun con las fricciones propias que se tienen con todo gobierno, la Prensa es aliada de aquellos que pretenden caminar por el buen camino, que están al servicio de la sociedad que les eligió, porque la fiscalización y las denuncias que hace, son una alarma que sirve para corregir el rumbo cuando se cometen errores en cualquiera de las instancias del Estado.

Por eso consideramos como un mensaje positivo para la sociedad la presencia en esta Asamblea del Presidente Ollanta Humala, porque demuestra su voluntad de agotar hasta la última gota de tolerancia, con el fin de que se puedan preservar esos valores democráticos que tanto hemos mencionado y mencionaremos durante estos días.

Como dijo un célebre presidente de Estados Unidos, en un momento en que era blanco de críticas de la prensa, (cito) Si tuviera que elegir entre un gobierno sin prensa, o una prensa sin gobierno, me quedaría con la segunda. Hoy, pareciera que la corriente de nuestros gobernantes es a buscar los gobiernos sin prensa.

Cuando un Presidente puede darse el lujo de entablar un juicio multimillonario contra periodistas y medios como demanda “personal”, y utilizando todos los poderes del Estado para obtener un fallo favorable, cuando otro gobernante cierra medios, cuando varios de ellos promueven leyes restrictivas, no cabe más que reconocer que enfrentamos un poder demasiado grande y ambicioso.

Por eso, en este Año por la Libertad de Expresión, nos hemos impuesto como tarea involucrar a toda persona, a cada sector representativo de la sociedad, en la lucha por la libertad. No luchamos por un privilegio, mucho menos por intereses particulares o de los medios, lo hacemos porque creemos que solamente las sociedades bien informadas, aquellas en donde hay debate de ideas, pueden vivir en auténtica libertad. La tarea apenas ha principiado, pero debemos hablar más a los pueblos que a los gobernantes, porque la fuerza de la democracia recae en ellos, no en quienes detentan el poder.

Hacemos este llamado, porque es importante que se comprenda que, cuando un medio es silenciado, cuando un periodista es asesinado o acallado, el daño no es solamente para la Prensa, es para las personas, que ven así reducido su derecho a la información. El ataque es contra todos, contra nosotros, pero también contra la sociedad.

Siendo así, reiteramos en la Sociedad Interamericana de Prensa que esta es una guerra que no debemos librar solos. Es una guerra que requiere la participación de todos los ciudadanos, de todas las personas amantes de la paz y que desean para ellos y sus hijos sociedades libres para desarrollarse.

Cuando se legisla para restringir la información, aunque sea por medio de un manipulado concepto de referéndum, se quiere controlar el libre flujo informativo.

Los casos de RCTV, Globovisión, Sexto Poder en Venezuela. El Universo en Ecuador, La Nación y Clarín en Argentina, pero muchos más en esos mismos países no son casos aislados. Estamos ante gobernantes que no quieren que el poder de la información esté en manos de sus pueblos y por ello concentran medios y tratan de acabar con la prensa independiente.

Mi reflexión hoy es, en primer lugar para los periodistas. Debemos ejercer nuestra profesión con firme convicción y debemos estrechar nuestros lazos con todos los sectores de las sociedades, en cada país, en cada ciudad. Debemos robustecer nuestro compromiso con la búsqueda de la verdad y promover que la justicia y el desarrollo lleguen a todos. Debemos ser la voz de los pueblos, y debemos también estar unidos a nivel hemisférico en este momento, porque lo que hoy viven nuestros colegas en algunos países, mañana puede sucedernos a los demás.

Un llamado también a las sociedades del todo el continente. A los líderes intersectoriales de todas las Américas: ¡No se dejen engañar!. Cuando se ataca a la Prensa, se les ataca a ustedes. El fin de la libertad, principia cuando no nos dejan informarnos, cuando no permiten que nos expresemos.

El panorama no es para nada halagüeño, pero tampoco es para doblar rodillas. Los tiranos llegan y se van, los principios, los valores prevalecen.

En la SIP, tenemos como Visión la Declaración de Chapultepec, y por eso, quisiera concluir esta noche citando uno de sus considerandos que contiene una profunda realidad. Dice así:

Sólo mediante la discusión abierta y la información sin barreras será posible buscar respuestas a los grandes problemas colectivos, crear consensos, permitir que el desarrollo beneficie a todos los sectores, ejercer la justicia social y avanzar en el logro de la equidad. Por esto, rechazamos con vehemencia a quienes postulan que libertad y progreso, libertad y orden, libertad y estabilidad, libertad y justicia, libertad y gobernabilidad, son valores contrapuestos.

Muchas gracias y que Dios bendiga al Perú, que Dios bendiga a las Américas, y acompañe siempre las acciones de la SIP.

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