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Asesinato de Rubén Espinosa Becerril y cuatro mujeres en Ciudad de México
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Rubén Espinosa Becerril tenía 31 años, era fotorreportero y tenía miedo, por eso huyó de Veracruz, y se refugió en el Distrito Federal. El viernes fue torturado y asesinado en la ciudad que se creía seguro.

En el mismo lugar y al mismo tiempo, fueron torturadas y vejadas, cuatro mujeres, una de ellas, Nadia, activista desde hace más de 10 años y que también huyó de Veracruz por miedo.

El procurador de justicia del Distrito Federal, Rodolfo Ríos Garza, reconoció el domingo en conferencia de prensa, que no se investigan todas las hipótesis, aunque para entonces, 16 horas después, reconoció tácitamente contar con poca información sobre lo ocurrido, debido a que los peritos continuaban trabajando en el departamento donde ocurrió el multihomicidio, ubicado en la Colonia Narvarte, al sur de la Ciudad de México, una zona de clase media en donde los delitos son menores y no graves.

Los asesinatos provocaron el domingo la movilización espontánea de centenares de activistas y periodistas que exigieron detener los feminicidios y los ataques a la libertad de expresión.

Los crímenes del fotorreportero y de Nadia, es un hecho inédito por el lugar y la forma en que fue cometido, y su condición de desplazados. De confirmarse que el móvil es su actividad profesional y activismo, significaría una escalada en la violencia contra la libertad de expresión en México.

La Procuraduría General de la República informó que inició un acta circunstanciada por el crimen, lo que le permitirá por ley, obtener información e investigar para definir si el ataque a Rubén y a Nadia está vinculado con sus actividades, de ser así podrá atraer el caso. Aunque el comunicado la dependencia sólo manifestó que "se mantiene atenta a los avances de la investigación" y que en su momento "si es necesario, la dependencia federal coadyuvará en la referida indagatoria y determinará las acciones que le corresponde a la Fiscalía de acuerdo a su ámbito de competencia".

Veintitrés meses de intimidación

Rubén tenía 31 años y 10 años atrás, cuando no sabía qué hacer de su vida, la cámara se topó con él y nunca más la soltó. Se volvió obsesivamente perfeccionista con sus imágenes, su ángulo siempre fue el social y para eso era incansable, así proyectó un mosaico de realidades de un México vivo, sin recursos y sin justicia.

Hace ocho años decidió irse a Xalapa y allí trabajar como fotorreportero. Siempre vivió de lo que ganaba, no más de 500 dólares al mes (precio actual del dólar), por eso pocas veces tenía dinero en los bolsillos, pero era demasiado honesto y ético, para aceptar los billetes que muchas veces le ofrecieron desde oficinas del gobierno del estado.

Los problemas sociales en Veracruz siempre han sido graves: pobreza, falta de acceso a servicios, pocos empleos bien remunerados; pero desde 2005, al estallar la violencia, el desplazamiento obligado de personas, los secuestros y extorsiones a comerciantes, junto con otros factores, incluido la corrupción, generaron una crisis mayor que cada año fue escalando.

Las autoridades, desde entonces, eligieron como método la censura, a través de pagos de supuesta publicidad o de presiones directas a los reporteros y medios, con la intención de que no se difundiera lo que ocurría en la entidad.

En septiembre de 2013 en una manifestación de maestros, la policía estatal golpeó a Rubén y a cuatro periodistas, en algunos casos perdieron su equipo. En esa ocasión le dijeron a Rubén elementos policiacos adscritos a la ayudantía del gobierno del estado: "deja de tomar fotos si no quieres terminar como Regina (Martínez, periodista asesinada en 2012). Presentaron denuncias que todavía siguen su curso.

Desde entonces, hace 23 meses, comenzaron las amenazas directas e indirectas al grupo de reporteros y fotógrafos que no se dejaban censurar ni comprar, los vigilaban en eventos públicos y los fotografiaban o los enfrentaban con pequeños roces, por ejemplo.

"Rubén siempre estuvo muy claro en su posición -recuerda una amiga-. Decía la verdad. Estaba en movilizaciones, desalojos, protestas, y contaba esa parte de la realidad que allá no todos cuentan".

En el caso de Rubén, las fotografías de portada que el semanario Proceso publicó de él, muchas veces molestaron al gobernador y en una ocasión recientemente ordenó la compra de todas las revistas que llegaron a Xalapa y al Puerto de Veracruz.

Cuando en abril de este año pusieron una placa en memoria de la periodista Regina Martínez, asesinada en 2012, la intimidación creció, incluso ordenaron en varias redacciones no acudir al evento, y un mes después que volvieron a poner una placa similar en honor a Regina porque se habían robado la anterior, las cosas empeoraron.

Aunque le costó mucho trabajo dejar todo, sus amigos, su trabajo y sus bienes, incluyendo a su perro Cosmos, salió los primeros días de junio de Xalapa, porque la vigilancia y provocaciones eran más directas y claras.

Las primeras semanas recibió el acompañamiento de organizaciones, también de sus compañeros, familia y amigos, y se convirtió en colaborador de Proceso y la agencia de foto Cuartosocuro. Pasaron los días y no sabía qué hacer, quería regresarse a Veracruz y a la vez tenía miedo, porque pensaba que la Ciudad de México estaba más seguro.

Activista y dedicada a la cultura

Nadia tenía 32 años, nació en Chiapas y viajó hace 10 años a Xalapa para estudiar Antropología Social en la Universidad Veracruzana.

Sonriente y activa, desde el principio se involucró en los problemas sociales de cafetaleros, indígenas o estudiantes, colaboraba en periódicos murales, conferencias de prensa y manifestaciones para crear conciencia y denunciar injusticias.

Hace unos años la identificaron del colectivo de los del #132 en Xalapa, pero en realidad su activismo, cuenta una de sus amigas, era más añejo, profundo y comprometido, no tan efímero como las movilizaciones que crearon ese colectivo en 2012.

Nunca tuvo un trabajo estable, más bien de freelancer como gestora cultural. La identificaban mucho en la organización de las presentaciones para sus hermanos, que forman parte de un grupo de danza.

En Veracruz se conocieron Nadia y Rubén, a quien la comunidad identificaba como de los pocos reporteros gráficos que a través de sus imágenes contaba la realidad de las protestas.

Y por eso ambos coincidieron y compartieron la cotidianidad.
Nadia también recibió amenazas, incluso se metieron a su casa supuestamente a robar, pero para ella fue un mensaje de intimidación.

Dudó mucho en dejar todo, lo pensó algunos meses hasta que le fue imposible sentirse segura y poco empacó y mucho dejó atrás, amigos, causas, trabajo, familia y bienes, todo lo que tenía que era mucho y a la vez poco, pero representaban 10 años de vida.

Primero Nadia se fue a Chiapas con su familia y luego al D.F, llegó antes de Rubén, hace menos de un año y con el poco dinero que tenía, siempre tuvo que compartir los gastos y en el departamento de la Narvarte hizo lo mismo con dos o tres chicas, para pagar la renta.

Con ella vivían Yesenia, una chica que viajó desde Baja California para estudiar, su familia asegurar que era muy independiente y que no sabía con quién vivía ni qué hacía, pero que le habían enviado hace poco los documentos para que pudiera comenzar la escuela.

Otra de las chicas hay duda de donde procedía, la Procuraduría capitalina asegura que del Estado de México y era empleada doméstica, pero sus familiares aseguran que era de Michoacán, que era estilista y sólo estaba de visita.

La cuarta chica aún nadie la identifica, las autoridades aseguraron que tiene 29 años y que era originaria de Colombia.

Las cuatro fueron violentadas y asesinadas en el mismo departamento en el que encontraron a Rubén. Les dispararon en la cabeza con una pistola nueve milímetros.

¿Qué pasó?

El jueves Nadia hizo una reunión en su departamento, fueron varios amigos, entre ellos Rubén, quien llegó acompañado de un amigo de la infancia y avisó a sus compañeros dónde estaba, porque así lo habían acordado que debía hacerlo por su seguridad.

Una de las compañeras de Nadia se fue a descansar porque al día siguiente debía trabajar. Salió alrededor de las 8 de la mañana y junto con ella aprovechó para irse el amigo de Rubén, quien trató de convencerlo de irse juntos, pero el fotorreportero prefirió seguir durmiendo.

El celular de Rubén que tenía algunas fallas, para poder enviar mensajes de WhatsApp tenía que conectarse a una red wifi, por eso sus compañeros saben que el último mensaje que les envió a las 2 de la tarde, provino del departamento de Nadia, en el que les avisaba que ya salía de la Narvarte entre las 14:00 y 19:00 horas del viernes ocurrió el crimen. ¿Cómo fue posible que lograran ingresar a un edificio de difícil acceso, en una zona tranquila? ¿Por qué ningún vecino escuchó gritos o cinco disparos? ¿Por qué revolvieron el departamento o era sólo para disfrazar el ataque como un robo? ¿Por qué los golpes y vejaciones a cada uno?

Una de las compañeras de Nadia en el departamento, la que salió temprano a trabajar, regresó como siempre, en la noche, después de las ocho y al abrir encontró todo revuelto y de inmediato los cuerpos, torturados, algunos desnudos y con las manos atadas a la espalda, boca abajo, con un tiro en la nuca. Señales de pelea, de sometimiento, de desesperación, fueron los primeros rastros que vio. Y gritó, pidió auxilio y corrió.

Ya sólo quedó dolor y sangre, rabia y frustración. Silencio, solo silencio. Alrededor de las nueve de la noche la policía llegó y tomo control del lugar.

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