Gustavo Mohme - Inauguración

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74ª Asamblea General de la SIP
Viernes 19 de octubre de 2018
Salta, Argentina
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Informe del presidente de la SIP

Gustavo Mohme, La República, Lima, Perú

Inauguración de la 74ª Asamblea General de la SIP

Viernes 19 de octubre de 2018

Salta, Argentina

Buenos días. Bienvenidos Sr. Gobernador de Salta, Juan Manuel Urtubey; Sra. Gobernadora de Buenos Aires, María Eugenia Vidal; Sr. Secretario Nacional de Comunicación del Ecuador, Andrés Michelena en representación del Sr. Presidente Lenín Moreno; el "embajador de Salta la linda en la SIP, mi querido amigo Sergio Romero, responsable de que estemos aquí. Colegas de todo el hemisferio y muy especialmente los estudiantes universitarios de la Universidad Católica Argentina de Buenos Aires, de la Universidad Católica de Salta y de la Universidad San Pablo de Tucumán.

Sé que estamos en épocas difíciles para la prensa; en general, por la crisis económica que sacude a todos los países. Sin embargo, pese a ello, sabemos de la vitalidad de las prensa, por ejemplo aquí en Argentina al haber puesto al descubierto el caso de los Cuadernos de la corrupción o la de mi país, Perú, por el papel determinante al denunciar los recientes contubernios del Poder Judicial. Más ejemplos tendremos este domingo en nuestra Gala de Premios. Ahí apreciaremos lo mejor del Periodismo de las Américas y cómo, pese a las dificultades, las agresiones y la violencia, la calidad periodística se ha impuesto para poner al descubierto lo que muchos quieren que permanezca en la oscuridad.

En otras épocas, cuando el populismo en Argentina y en Ecuador cortó los espacios de poder, así como en Venezuela y Nicaragua, lo primero que hicieron aquellos gobiernos fue crear una estrategia anti libertad de prensa que se manifestó mediante la persecución personal de periodistas y la asfixia de los medios de comunicación. Todas las formas habidas y por haber fueron usadas contra la prensa.

Todo esto sucedía ante la mirada permisiva de poderes públicos sin independencia y el acoso de quienes adictos o secuestrados por el poder político, engendraron estructuras legales que los amparara. En Ecuador fue la Ley Orgánica de Comunicación y en Argentina la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual. Ambas, bajo la excusa de garantizar "democracia en los medios de comunicación", a semejanza de la ley de Responsabilidad Social en Venezuela, fueron las armas nefastas en contra del periodismo independiente.

En esta sala están presente algunos de nuestros colegas víctimas del poder amañado. Carlos Pérez de El Universo de Guayaquil a quien Rafael Correa lo demandó por 40 millones de dólares, o Jaime Mantilla a quien Correa le cerró el diario Hoy y sus otros medios, y esto es solo por dar un par de ejemplos. Tampoco podré olvidar cuando los periodistas argentinos en la época del gobierno del matrimonio Kirchner eran enjuiciados públicamente en la Plaza de Mayo tratando de arrebatarles su credibilidad o poniéndolos en la vereda del político opositor.

Hoy somos optimistas con los nuevos gobiernos en ambos países. Se respira un ambiente de mayor respeto a la libertad de expresión. Hace unos meses lo visitamos con una misión de la SIP al presidente Lenín Moreno y estamos confiados que en la reforma a la Ley de Comunicación que impulsa, desaparezca para siempre el delito atribuido a los medios de "linchamiento mediático" y que se elimine a la SUPERCOM, la oficina de la censura que a fuerza de multas y sanciones hizo cerrar a docenas de medios por el solo hecho de criticar al poder.

Como sabemos, los gobiernos que representaron los Kirchner y Correa no son casos únicos en la historia de nuestro continente. Los ataques contra la libertad de prensa no tienen color ideológico ni político: los ejemplos van desde Pinochet, a Stroessner, Pérez Jiménez, Noriega, Rodríguez Lara, Fujimori, Videla, pasando por los Castro, Chávez, Morales, Maduro, Ortega... la lista es larga... muy larga. Y en la SIP, con nuestros 75 años de historia, tuvimos que confrontar a todos esos poderes.

Con esto no quiero decir que los problemas se han acabado. Este año, además de la gratificante visita al Presidente Moreno; estuvimos en Washington y en Managua por motivos de preocupación. En EE.UU. junto a la Comisión de Reporteros para la Libertad de Prensa, nos entrevistamos con legisladores, jueces y líderes de opinión, para descifrar el ojo de la tormenta en el que está metida la prensa que está siendo confrontada por el presidente Donald Trump. Expresamos que los calificativos de Trump contra la prensa de "enemigos del pueblo" o su retórica incendiaria y constante puede derivar en consecuencias mayores. Pero nos preocupó aún más el retroceso en materia de acceso a la información pública y que los periodistas sigan siendo perseguidos judicialmente para que revelen sus fuentes.

Entendemos, claro, que los contrapesos de los poderes públicos y la Primera Enmienda son buenos atributos de la cultura estadounidense, pero igual sentimos la necesidad de alertar sobre estos temas.

La visita a Nicaragua fue distinta. Volvimos al siglo 14. A una dictadura familiar, cuasi monárquica. A un sistema donde un gobierno se cree Estado. Un país donde los resortes de una república ya dejaron de existir. Donde las fuerzas de seguridad y la Justicia están al servicio del Poder Ejecutivo, así como las fuerzas paraestatales que generan violencia para el Estado pero se resguardan en la ilegitimidad. Muchos periodistas fueron agredidos, sus medios incendiados, otro, Fue asesinado, y muchos medios se vieron obligados a cerrar sus puertas. Los ataques de los cibermilitantes son atroces, la difamación y la estigmatización hacen inviable la libertad de prensa. Pero también por esa determinación a seguir informando y denunciando al poder, pese a las graves consecuencias, merecen todo nuestro respeto y admiración y por ello han recibido el máximo galardón de nuestra institución, el Gran Premios a la Libertad de Prensa.

Cuba y Venezuela fueron los dos países a los que no pudimos ir este año, por obvias razones. Sus gobiernos no quieren saber nada de la SIP. Nuestro sitio está bloqueado en Cuba. Mañana en las discusiones de libertad de prensa, podremos apreciar el oscuro panorama en ambos países. Nicolás Maduro ya pasó a otra esfera de la censura, a los más de 100 periódicos que dejaron de circular porque ni siquiera se les da acceso a comprar papel del monopolio estatal, ahora el régimen está activo acosando a medios y periodistas en internet. Antes el internet era el resquicio para la libertad, hoy el régimen está más consciente de ello y lo utiliza para hacer propaganda y para combatir la crítica y el disenso.

Cuba siempre ha sido el laboratorio de la censura. Mañana, ustedes los estudiantes universitarios podrán apreciar el privilegio que tienen para estudiar Periodismo en sus países. En Cuba si algún joven desea estudiar Periodismo debe pasar una prueba de "aptitud". No es otra cosa que demostrar su pensamiento y compromiso cercanos al gobierno. Lamentamos y denunciamos aquí a que a nuestro vicepresidente regional en Cuba, Henry Constatin, el régimen nuevamente le imposibilitó que estuviera en Salta. Eso es Cuba, censura al libre albedrío, no solo represión a la libertad de prensa y expresión.

Por todos estos problemas, no quiero soslayar el luto permanente con el que vivimos en nuestro continente. En este 2018, 29 periodistas han sido asesinados, sin contar al colega haitiano que permanece desaparecido desde marzo pasado. Ya cuando estuvimos en Medellín vivimos en carne propia cuando supimos que los tres integrantes del equipo de El Comercio de Quito, Javier Ortega, Paul Rivas y Efraín Segarra, fueron asesinados por las FARC.

Este año tuvimos uno de los logros más importantes de nuestra historia. La Corte Interamericana de Derechos Humanos sentenció a Colombia por el caso del periodista Nelson Carvajal que la SIP investigó, reclamó, litigó para que finalmente su familia tenga algo de paz y justicia. Seguimos trabajando fuerte en el Sistema Interamericano por el caso de Guillermo Cano, de Gerardo Bedoya, entre otros, sabiendo que nunca podremos hacer suficiente para tratar de hacer disminuir los índices de impunidad y la violencia.

Dije al principio que más allá de la crisis económica que perjudica la vida de los medios, también los medios estamos afectados por una crisis de identidad. No solo tenemos una caída por ingresos de publicidad o porque la publicidad se ha ido a otras plataformas o porque debemos afrontar insumos cada vez más caros, también muchos son los que tienen lentitud para adaptarse al nuevo ecosistema digital.

En esta nueva tormenta que algunos llaman perfecta, esta era digital nos enreda en una especie de crisis de identidad, en la que podemos ser presa fácil de la incertidumbre y el miedo. También nosotros en La República tuvimos esas dudas, pero llegó un momento en que hicimos el "cambio de chip" y empezamos a buscar todas las oportunidades que el ecosistema digital nos ofrece.

No les diré que ya somos enteramente sustentables, seguimos batallando como todos, pero en una forma constante estamos aprendiendo a adaptarnos a este clima de evolución constante que demanda grandes esfuerzos.

Y si llevamos eso al ambiente nuestro de la libertad de prensa, también hemos vivido y hemos sido testigos de cómo los legisladores, los gobiernos, los grupos de poder, también debido a los cambios rotundos y a la incertidumbre que acarrea lo nuevo y lo desconocido empezaron a legislar con medidas que pueden ser tan peligrosas que la más férrea de las censuras.

Por eso, como lo expusimos esta mañana, pensamos que debíamos contar con una nueva Declaración, que de la misma forma que tenemos la Declaración de Chapultepec, nos sirviera de faro ante los nuevos desafíos que plantea la era digital en materia de libertad de expresión. No se trata de principios escritos sobre piedra, porque justamente deberemos adaptarlos a los cambios de contextos, a las precipitadas leyes y fallos judiciales que puedan emerger con el fin de censurar las libertades.

Deseo que en esta asamblea tengamos las mejores discusiones, que disfrutemos de todos los expertos que hemos traído y que sigamos demostrando nuestra fortaleza por defender no el privilegio corporativo de los medios, sino el derecho inalienable del pueblo a informarse y gozar de su libertad de expresión.

Muchas gracias.

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