Discurso Inaugural - María Elvira Domínguez

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75 Asamblea General de la SIP

Del 4 al 7 de octubre de 2019

Coral Gables, Florida

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Discurso Inaugural

Presidente de la SIP

María Elvira Domínguez, El País, Cali, Colombia

75ª Asamblea General de la Sociedad Interamericana de Prensa

4 de octubre de 2019

Buenos días. Bienvenidos Sr. Alcalde de Coral Gables, Raúl Valdés-Fauli; miembros del Comité Anfitrión: Aminda Marques y Alejandro Aguirre. Mi agradecimiento especial a nuestro presidente honorario, Scott Schurz, sin cuyo apoyo generoso no podríamos estar celebrando esta asamblea en Miami.

GRACIAS, colegas, amigos y amigas, que han llegado de todos los rincones del continente convencidos de que nuestra misión y nuestra labor son tan fundamentales hoy como hace 75 años.

Mi profundo agradecimiento por entender que tanto ayer como hoy, es importante seguir mostrando nuestra fuerza, nuestra unión, y sobre todo nuestra solidaridad para con todos aquellos colegas que enfrentan restricciones para el ejercicio del periodismo, y con todas aquellas sociedades que viven bajo regímenes de opresión sin poder disfrutar de la libertad de expresión.

En esta reunión celebramos el 75 aniversario de nuestra asamblea, habiendo sido la primera en 1942 en México. Sin embargo, el espíritu de nuestra institución nació mucho antes, en 1923. Seguramente los padres fundadores de la SIP, como los distinguidos periodistas Carlos Mantilla Ortega el primer presidente y Tom Wallace, el segundo presidente, habrían pensado que 75 años después viviríamos en un mundo ideal, sin censura y con amplia libertad.

Hoy sabemos que la lucha por la libertad, así como con la felicidad y otros anhelos de la humanidad, es una búsqueda cotidiana y permanente. No podemos bajar los brazos un instante y de ahí la importancia de una organización como la nuestra, que se nutre de esa lucha por lograr espacios para que predomine la libertad, la justicia y el pleno respeto a los derechos humanos.

Mi experiencia este año fue agridulce. Por un lado, quedé muy preocupada al conocer más de cerca que en cada rincón de nuestro continente, ya sea por violencia, estigmatizaciones o persecuciones, los medios y periodistas no encuentran el clima ideal de libertad para trabajar. Pero también aprendí que en todos los rincones, existen medios y periodistas, que encuentran rendijas en la censura y con resiliencia y coraje, logran llegar al público con información.

Aprendí que la libertad de prensa no solo implica la búsqueda por descubrir la verdad, sino también es la aliada fundamental de la justicia y la equidad.

A principios de esta semana, en Cali, mi ciudad, sucedió un hecho extraordinario. Gerardo Bedoya, el director de Opinión de mi diario, El País de Cali, fue asesinado en 1997. La SIP adoptó el caso, lo investigó y por más de 15 años estuvo procurando justicia mediante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Cuando digo procurando justicia no solo me refiero al impulso de los procesos judiciales que hemos exigido, sino también a que los familiares encontraran algo de paz y sosiego después de tantos años de sufrimiento, a través de una reparación moral y económica que pudiera servirles para cerrar un capítulo de dura impunidad en sus vidas. Esta semana fuimos testigos del compromiso del gobierno, por seguir buscando a los autores materiales e intelectuales del asesinato de Bedoya. Agradezco al actual gobierno de Colombia que haya asumido responsabilidades de Estado por un crimen cometido décadas atrás.

Recordarán ustedes que en marzo pasado en Cartagena, también tuvimos un acto de reconocimiento por parte del Estado colombiano a favor del caso de Nelson Carvajal, que exitosamente litigamos ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

En ambos casos, se pone en evidencia que nuestra lucha por la libertad de prensa está ligada al derecho a la vida y a una justicia digna. Nuestra satisfacción deviene por el hecho de dar aliento y esperanza a los familiares de las víctimas, quienes no solo debieron soportar el homicidio de su ser querido, sino también debieron refugiarse en otros países para protegerse de las amenazas que los asesinos extendieron hacia ellos por el solo hecho de exigir justicia.

Hoy, gracias a la CIDH, estamos enfrascados en otros casos de asesinatos de México, Colombia y Brasil con el mismo fin. Estamos cosechando los frutos que sembramos con nuestro proyecto contra la impunidad hace 25 años. Dicen que la justicia tardía y lenta no es justicia, pero créanme que cuando experimentamos la sensación de reparación que tuvieron los familiares de Carvajal y de Bedoya, sentimos que la justicia, llegue cuando llegue, siempre es bienvenida.

Nuestra labor es imperiosa ante el horror de la violencia. En los últimos 30 años en las Américas, han sido asesinados un promedio de 18 periodistas por año. En 2019 este horror de la violencia nos sigue consumiendo. Han sido asesinados 18 periodistas, lo que nos obliga a redoblar nuestros esfuerzos. Es necesario que sigamos contando esta historia a la sociedad, que no nos detengamos ni un segundo, que no ahorremos palabras para denunciar cuando se silencia a un periodista.

Esta violencia contra la libertad de prensa y la falta de justicia también la sentimos en Nicaragua, donde desde abril de 2018 el gobierno de Daniel Ortega redobló su persecución y ataques contra periodistas y medios independientes. En junio pasado visitamos Managua para solicitar in-situ la liberación de tres periodistas, que cesen los atentados de toda índole contra los medios y que se ofrezcan las condiciones para el regreso de casi un centenar de periodistas que se vieron obligados a exiliarse. Uno de nuestros objetivos se cumplió mientras estábamos en Managua: Fueron liberados Miguel Mora, Lucía Pineda y Marlon Powell Sánchez.

Pido a Miguel y a su esposa Verónica Graciela que se pongan de pie para que los podamos aplaudir por su valentía y su compromiso inquebrantable con la libertad de prensa y la defensa de los derechos humanos.

Les recuerdo que Miguel fue apresado pocas semanas después de nuestra asamblea en Salta, cuando a nombre de todos los periodistas independientes recibió el Gran Premio Libertad de Prensa de la SIP. Dijimos en su oportunidad, que por su fuerte discurso seguramente recibiría represalias. No nos equivocamos. Lo apresaron junto a la jefa de Redacción y todavía hoy, su medio, 100% Noticias, sigue ocupado por policías.

En otra visita anterior a Managua y a Washington, expresamos que la SIP no permitiría que se ignore el tema de Nicaragua de la agenda internacional, pese a noticias de mayor envergadura. Ante el gobierno de Nicaragua y ante congresistas estadounidenses insistimos para que Ortega entregue los bienes retenidos en la Aduana a los diarios La Prensa y El Nuevo Diario y, entre otras demandas, exigimos una investigación judicial por el asesinato del periodista Miguel Ángel Gahona. Por esta causa, hemos trabajado de la mano de la Fundación Chamorro, con la que presentamos informes al Consejo de los Derechos Humanos de la ONU. Quiero agradecer a Ana Elisa Martínez, directora ejecutiva de la Fundación y a su presidenta, Cristiana Chamorro, hija de la expresidenta Violeta y de uno de los mártires de la SIP, Pedro Joaquín Chamorro. Gracias por estar presentes.

También acabamos de regresar de una misión a México en la que nos reunimos con autoridades nacionales y del estado de Veracruz en esa permanente búsqueda de justicia que reclaman los familiares de periodistas asesinados. Hemos reclamado por muchos casos de asesinatos que permanecen en total impunidad y también por que haya avances en la construcción de un mecanismo de protección verdaderamente eficiente tanto a nivel de investigación, apertura de procesos, protección, y especialmente en prevención. Pese a ello, venimos esperanzados ya que un grupo de medios mexicanos líderes del país, como El Universal, la Organización Editorial Mexicana, Televisa, TV Azteca, Milenio, Cadena Fórmula, La Silla Rota, entre otras, han decidido unirse para combatir la impunidad y luchar colectivamente por la libertad de prensa.

Además de Nicaragua... Cuba y Venezuela son el ejemplo palpable que cuando la libertad de prensa es perseguida y censurada, las estructuras y el desarrollo de la sociedad se desmoronan, condenando a sus ciudadanos a la pobreza y al ostracismo.

Los informes de libertad de prensa que escucharemos mañana nos ilustrarán sobre la falta de libertades. También conoceremos los aspectos fundamentales, de la metodología y los avances del primer índice de Chapultepec, un termómetro que estamos construyendo con la prestigiosa Universidad Católica Andrés Bello de Venezuela. Este proyecto tiene el objetivo de medir las restricciones jurídicas y legales que pueden afectar en forma nociva y permanente la libertad de prensa en cada país. Quiero expresar mi agradecimiento a los grupos empresariales de Colombia, el Grupo Sura y la Fundación Bolívar del Grupo Bolivar, así como a nuestro expresidente Edward Seaton y su esposa Karen, por apoyarnos generosamente con este proyecto con el que celebramos el reverdecer de la Declaración de Chapultepec. Como saben y hemos celebrado apropiadamente en Cartagena, este año se cumplieron los 25 años de la Declaración de Chapultepec y por ello quiero agradecer a Susan McClatchy su apoyo constante para que la visión de su esposo, nuestro expresidente Jim McClatchy siga teniendo la relevancia que la SIP soñó hace 25 años.

Queridos amigos y amigas. Este no es el mejor año ni la mejor época para nuestros medios de comunicación. Nuestra industria sigue absorbiendo las consecuencias de las crisis económicas por las que atraviesan algunos de nuestros países. Y a ello debemos sumarle la crisis del modelo de negocio de nuestra industria. La situación es compleja. Por un lado, abrazamos los grandes avances que ha traído el internet al haber hecho la comunicación más horizontal y democrática. Pero, por el otro, los nuevos espacios digitales han traído grandes desafíos como recalcamos en nuestra Declaración de Salta.

Cualquiera podría decir que los medios no han sabido abrazar la transformación a tiempo, pero no es cierto. Todos, desde hace años, hemos iniciado este proceso, con mayor dinamismo unos que otros, buscando fórmulas y modelos adecuados que nos procuren sostenibilidad hacia el futuro. Creo francamente que hay mayor optimismo ahora del que había una década atrás.

En todo caso, lo cierto es que parte del éxito de las plataformas se debe al valor de los contenidos que los medios producimos. Por ello, estoy convencida, como lo hemos estipulado en el artículo 12 de la Declaración de Salta, que entre plataformas y medios se debe buscar un balance adecuado y una convivencia que asegure la libertad de expresión, el respeto por los derechos de autor y los beneficios económicos que generan esos contenidos.

No estamos seguros cuál es la mejor receta. En Europa se cocinan algunas, en Latinoamérica se pretenden otras y en EE.UU. hay un movimiento que busca que medios y plataformas se sienten en la misma mesa a debatir. David Chavern, presidente de la Media Alliance, nos contará hoy sobre sus gestiones en el Congreso estadounidense para que se les permita discutir con las plataformas. Esperamos que esas conversaciones sean posibles y exitosas y sirvan para marcar el camino, incluso para otras asociaciones regionales de prensa.

Sabemos que Facebook y Google están cada vez más sensibles a las necesidades de los medios y trabajan para ello. Este lunes el vicepresidente de Google News, Richard Gingras, hablará sobre los avances de Google para favorecer y dar la relevancia que merecen los medios y sus contenidos.

Hoy más que nuca los medios estamos comprometidos a seguir produciendo contenidos responsables y de calidad, sobre todo en épocas en que la información se ha convertido en un commodity banal y las fake news y la propaganda generados por botcenters y personas inescrupulosas, no solo desinforman sino que también han demostrado su capacidad para incluso descarrilar procesos electorales.

Crear información en forma responsable y con altos estándares de calidad que requiere el deber democrático, es costoso. Una muestra de esa calidad la verán esta noche en la entrega de los premios a la excelencia. Apreciaremos como medios tradicionales como La Nación de Buenos Aires, El Tiempo de Bogotá, AZ de Oaxaca y el medio digital brasileño Metrópoles han invertido en periodismo investigativo y de calidad, cuyas publicaciones han generado grandes cambios en la sociedad.

La calidad periodística y los contenidos tienen un precio. Los medios pagamos por ello. Pero es esto lo que nos hace diferentes. Es nuestra fortaleza, lo que nos hace imbatibles.

Por último, quiero aprovechar esta asamblea en esta ciudad que tanto nos acoge, para invitar a los periodistas y medios estadounidenses a comprometerse, aún más de lo que están, con la misión y el trabajo de nuestra organización. En este sentido, quiero recordar el compromiso que grandes periodistas como Tom Wallace, Jack Knight, Lee Hills, Andrew Heiskel y Jules Dubois tenían por nuestra organización, convencidos que los problemas de unos, sin importar en qué país de las Américas ocurrieran, eran la causa de todos.

Colegas, la nuestra es una organización interamericana y como tal quiero abrazar el espíritu y el legado que nos dejó la primera presidenta mujer de la SIP, Argentina Hills, quien asumió el liderazgo de esta organización en 1977 y a quien homenajearemos el domingo. Por interamericanismo ella entendía, que todos teníamos la responsabilidad de defendernos de cualquier ataque que en cualquier país de las Américas pudiera mermar la libertad de prensa y la justicia.

La lucha por la libertad de prensa no es una lucha de salvación personal, sino una lucha de todos y muchas veces a favor de los más vulnerables, sin importar si desde la comodidad de mi región debo luchar, por ejemplo, por los colegas venezolanos o nicaragüenses o para que se procure justicia a favor de los familiares de periodistas caídos en Brasil, Colombia o México.

Amigos y amigas, nuestra organización viene luchando desde hace 75 años y estoy segura que con el compromiso de todos, nuestro espíritu combativo se extenderá por 75 años más. TODOS los medios de las Américas tenemos la obligación de renovar nuestro esfuerzo por esta lucha, que es de todos. Recojo el espíritu de 1923 cuando nació la idea de esta organización y luego se cristalizó en 1942. Aquellos, nuestros antecesores, enfrentando igual turbulencia a la que nos enfrentamos hoy, supieron que en la unión y en la solidaridad estaba la fuerza y que una organización como la nuestra valía la pena que existiera. Hoy, como ayer, estamos convencidos que la SIP vale la pena.

Muchas gracias.

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