Renata Holman es hija del gerente general de La Prensa de Managua, Juan Lorenzo Holmann Chamorro, sentenciado a nueve años de prisión; también es vicepresidente regional de la Comisión de Libertad de Prensa e Información de la SIP. El testimonio fue brindado el 19 de abril de 2022, durante la Reunión de Medios Año de la SIP.
Buenas tardes a todos. Antes de comenzar, quisiera tomar esta oportunidad para agradecer a la SIP por la invitación al igual que por su labor denunciando los abusos de la dictadura. También quisiera agradecer a todos los demás panelistas quienes han compartido sus testimonios y a todos ustedes que nos escuchan hoy.
Mi nombre es Renata Holmann, soy hija de Juan Lorenzo Holmann Chamorro, gerente general del diario La Prensa en Nicaragua, quien hoy cumple 249 días ilegalmente detenido en las celdas del Nuevo Chipote. El pasado 31 de marzo fue declarado culpable del supuesto delito de lavado de dinero y sentenciado a 9 años de cárcel más una multa millonaria en un juicio ilegal y sin fundamentos.
La última vez que hablé con mi papá fue el 12 de agosto, la noche antes del allanamiento a La Prensa. Fue la ultima vez que pude escuchar su voz. Esa mañana, La Prensa había anunciado que circularía su última edición impresa y que se veía obligada a continuar informando a través de los medios digitales debido a la retención ilegal del papel por la dictadura Ortega Murillo.
El día después, viernes 13 de agosto, la policía nacional se tomo las instalaciones. Durante el allanamiento, mi papá colaboró con la policía dándole la información que pedían y cooperando con la investigación. Estuvo pendiente del estado del personal, aprovechando cada momento que pudo para tranquilizarlos, darles ánimo y palabras de aliento. Después de mas de 12 horas de allanamiento, en la madrugada la policía traslado a mi papá al Chipote bajo la impresión que solo iba a firmar unos papeles. 249 días después sigue secuestrado.
Desde su detención, el proceso judicial ha sido marcado por arbitrariedades y abusos a los derechos humanos de mi papá. Por 249 días, lo han mantenido aislado e incomunicado, solo se le han permitido 6 visitas con sus familiares violando sus derechos. Ha sido sometido a audiencias secretas en las que no tuvo acceso a su abogado defensor, ni a entrevistas libres y privadas como la ley ordena.
La última vez que mi mamá logró verlo hace casi un mes, se encontraba en una celda de dos por dos metros, sellada, sin ventilación y con tan poca luz que a veces no puede ver ni lo que se come. En las paredes hay moho, no tiene acceso al aire libre, lo cual es un grave peligro para su salud. Estas condiciones inhumanas en las que se encuentra han causado un deterioro severo de su salud física y mental. Sus enfermedades crónicas de las que padecía han empeorado por falta de atención médica adecuada y ha comenzado a desarrollar nuevos problemas de los que antes no padecía. Sin embargo, él se mantiene firme en sus valores y compromiso con La Prensa y con Nicaragua.
Tres meses antes de su secuestro, mi papá había asumido el reto de dirigir a La Prensa en uno de sus momentos más difíciles, no solo del punto de vista político sino también del económico. A pesar de los riesgos que conlleva ser el líder del periódico, tomó estas nuevas responsabilidades con el mismo orgullo y compromiso que siempre ha tenido La Prensa con Nicaragua, el cual le ha sido inculcado por su familia y él ha sabido transmitir a nosotros.
Desgraciadamente, no ha sido la primera vez que los Ortega-Murillo han atacado a La Prensa y a mi familia. Desde abril de 2018, la represión, censura y ataques a los medios independientes se intensificaron. La dictadura retuvo el papel de La Prensa por más de 500 días y la persecución hacia sus periodistas llevó a muchos al exilio. Sin embargo, hoy, a pesar de que La Prensa tiene a su gerente general y a dos directivos presos, sus instalaciones ocupadas, sus cuentas bancarias cerradas, y que está operando con tan solo el 19% de su personal, sigue informando y cumpliendo su deber de denunciar e informar. Esto es porque La Prensa es Nicaragua.
El que La Prensa siga informando en línea, le da esperanza a mi papa y a todos los nicaragüenses. Por eso hoy mas que nunca mi papá ve la importancia de defender la libertad de expresión, un derecho que siempre ha visto como fundamental, segundo solo al derecho a la vida. Estamos sumamente preocupados por su condición física y mental, al igual que la de más de 180 presos políticos. Rechazamos las acusaciones y sentencia – es inocente. Exigimos su libertad y que se respeten todos sus derechos y dignidad. A la comunidad internacional, les pedimos como familiares de un preso político que mantengan sus ojos puestos en Nicaragua, porque en Nicaragua estamos todos presos.